Introducción
1.Actitudes saludables
1.1. Actitud de vida.
1.2. Sentirse responsable de la propia vida.
1.4. Lo que da estabilidad a la conducta es actuar por
convicción.
1.5. Guiarnos por actitudes y comportamientos más que por resultados.
poner la seguridad donde realmente está.
1.6. Actuación en conciencia.
1.7. Guiarse por la raíz de los problemas. No intentar tratar sólo las
manifestaciones.
1.8. A la hora de solucionar un problema, tener una amplia visión de
todas las personas implicadas.
1.9. Pasos buenos. Hay una forma idónea de lograr las
cosas.
1.10. Confianza en los resultados. No intentar controlar lo que no
depende de nosotros.
1.11.Aceptación de las circunstancias adversas.
1.12. Sana autocrítica ante los acontecimientos
adversos.
1.13. Sinceridad con los propios sentimientos.
1.14. El mayor bien o el mayor mal sale de nosotros
1.15. Huir de satisfacciones mediocres.
1.16.La preocupación no es inocua.
1.17. Las mayores limitaciones proceden de la mente.
1.18. De nuestra falta de desarrollo no se va a beneficiar
nadie.
1.19. No se puede demorar nuestra buena actuación hasta que no actúe así
la mayoría o intentar disculparnos de nuestra mala actuación porque así actúa la
mayoría.
1.20. Atreverse a ser uno mismo.
1.21. Tengamos la actitud de aprender continuamente.
2. A tener en
cuenta:
2.1. El trabajo siempre da sus
frutos.
2.2.No hay nada sin trabajo previo.
2.3. Toda buena acción por pequeña que sea da sus
frutos.
2.4. No es lo deseable estar esperando que otro se comprometa para
nosotros no complicarnos en absoluto. cada persona tiene su
responsabilidad.
2.5. El sentido de la vida
de forma deseable no es nada concreto, es una actitud.
2.6. El criterio ajeno no es el que marca la
eficacia de una acción sino que es su intención.
2.7. Lo que importa
es lo que sea, no lo que parezca.
2.9. Todo lo que uno haga en su vida privada repercute en la sociedad.
2.10. No sólo los gobernantes o la administración tienen responsabilidad.
2.11. El tener buena intención protege.
2.12. No es compatible intentar hacerlo uno lo mejor posible y pretender uno tener aplauso social, o ni tan siquiera ser entendido por todos.
2.13. El óptimo desarrollo de la creatividad se logrará con un óptimo enfoque vital.
2.14. Una de las cosas que produce libertad y tranquilidad es reconocer las propias limitaciones, los propios fallos.
2.15. Todo lo que uno haga en su vida privada repercute en la sociedad.
2.16. Lo que cada uno puede hacer es mucho.
3. Implicación de estas actitudes en
situaciones concretas.
3.1. Ante una agresión.
3. 2.
Afrontamiento del estrés.
3. 3. Depresión, actitudes que podrían
mejorarla o prevenirla.
3. 4. Incorporarse a una
ONG.
3. 5. Cómo evitar que haya
cárceles.
3. 6. Educación de
hijos.
3. 7. Si has ingresado en
prisión.
3. 8. Si un familiar ha ingresado en
prisión.
3. 9. Causas de la violencia.
3. 10. Implicación de la
actitud en el tratamiento de la drogodependencia.
3. 11. Óptimo
enfoque de los estudios científicos. la influencia de la actitud de los
profesionales.
3. 12. Violencia doméstica.
3. 13.
Situación de paro en jóvenes y adultos.
3. 14.
Tratamiento de la pobreza material en el mundo.
3. 15. Cuidados
familiares a un enfermo mental.
3. 16.
Interesados en promover la paz.
3. 17. Ante la
injusticia y ante la contrariedad.
3. 18. A la
hora de acercarnos a un enfermo.
3.19.
Es fundamental estar mentalmente activos en la tercera edad.
3.20. El
matrimonio.
3.21. Influencia de los factores psíquicos en la
enfermedad.
3.22. "Tengo
que ocuparme de mí".
3.23. Educación
en la escuela.
Conclusiones.
Bibliografía.
INTRODUCCIÓN
El concepto de salud mental es un concepto más amplio que la simple
ausencia de enfermedad: hace referencia a un estado de bienestar y óptimo
desarrollo de la persona. La Federación
Mental define la salud mental como "el mejor estado posible dentro de las
condiciones existentes". Según esto, podríamos decir que se puede tener salud
teniendo una enfermedad o se puede estar poco sano a pesar de no tener
enfermedad alguna; todo dependería de lo que se hace en ambas
circunstancias.
En la salud mental influyen factores biológicos, factores ambientales y
la propia participación o elección de la persona, así como la interacción
resultante de todos ellos a lo largo de todo nuestro desarrollo, en la cual
están incluidos nuestros conocimientos y nuestras experiencias. Todo ello va
determinando nuestra salud mental y configurando nuestra personalidad o
particular forma de percibir el ambiente, pensar sobre el entorno y
relacionarnos. En edades infantiles, al igual que ocurre en ciertas patologías
que incapacitan a la persona para alcanzar la madurez, conservarla o incluso que
impidan actuar conforme a ella, la persona está con menos protección frente al ambiente siendo poco
relevante, aunque generalmente presente, su participación personal, si bien
pueda ser difícil en cada caso determinar su cuantía. A medida que la persona va
adquiriendo formación y madurez, va adquiriendo protagonismo su participación,
la persona va tomando conciencia de la gran influencia de sus decisiones y
elecciones en su propio curso vital. No estamos determinados biológica ni
ambientalmente.
Nos encontramos en el
momento actual con unas capacidades potenciales que hemos desarrollado en mayor
o menor medida, una serie de
limitaciones producto, bien de nuestra constitución, o bien de la forma en la
que hemos afrontado los acontecimientos, en un momento en el que contábamos con
unos determinados recursos personales. Todo lo que hemos ido viviendo y
decidiendo nos ha ido condicionando
en un sentido u otro.
Dada la interacción de todos los factores implicados en la salud mental
puede incidirse en cualquiera de ellos o bien en todos ellos. El abordaje desde
varios ángulos no es incompatible sino que, por el contrario, al igual que
ocurre en el abordaje de enfermedades mentales, puede ser necesario. Con
respecto a los factores biológicos, cada día avanza el conocimiento de factores
que influyen en la salud mental y, en concreto, en ciertos rasgos de
personalidad. Con respecto a los cambios ambientales, creo que estos se derivan
de los cambios individuales y si quisiéramos incidir en ellos siempre será a
través de nuestro propio cambio personal.
Independientemente del complejo origen de nuestras actitudes actuales,
creo saludable la adopción, en principio consciente, de una serie de actitudes
que favorecerían un mayor desarrollo de las cualidades que cada persona posee,
así como la superación de sus limitaciones e incluso le acercarían, si la
persona lo requiriese, a otro tipo de tratamientos de los cuales sería un buen
complemento.
En las siguientes páginas expondré las actitudes que creo más saludables,
así como su implicación en algunas situaciones, con la intención de que sirvan
de punto de reflexión al lector.
1.1. ACTITUD DE
VIDA
A grandes rasgos, podríamos hablar de la existencia de dos actitudes
vitales contrarias y extremas. La
actitud más deseable, según mi criterio, sería el encaminarse a hacer lo máximo
posible por el bien común con la propia vida, con los propios talentos. La
actitud menos deseable sería, por el contrario, sólo pensar en beneficiarse a
uno mismo o a los suyos. Ambas actitudes, como direcciones u objetivos vitales,
son incompatibles. Hay que elegir una.
La actuación encaminada al
bien común tendrá que estar libre de intereses particulares, los cuales pueden
ser muy sutiles y sencillos como, por ejemplo, no querer salirse de lo habitual
en lo más mínimo.
A veces una actuación, con una dirección aparentemente acertada, no ha
resultado beneficiosa. Muchos me diréis que se han hecho grandes atrocidades en
nombre de una buena causa. Sin duda, estas personas, en algún momento del
camino, confundieron sus intereses superficiales personales con los intereses
comunes y trabajaron, pero no de forma desinteresada. En este caso, los demás no
serían sino meras disculpas para sus propias ganancias, ya fueran económicas, de
popularidad, de poder o comodidad, y, en definitiva, para la satisfacción del
egoísmo personal. Por eso, es fundamental estar atento a todo aquello que nos
tira y nos influye pero no nos conduce al bien de los demás, ni tampoco al
propio bien verdadero, ya que sólo serviría, inútilmente, para satisfacer
nuestra vanidad. Tenemos que saber que la vanidad nos tira, que las presiones
familiares y sociales nos tiran y que "el qué dirán" nos influye. Tenemos que
saber todo esto para poder sobreponernos a todos estos intereses, que, en
definitiva, son intereses superficiales y egoístas, porque no están guiados por
hacer un bien real a las personas por las que nos sentimos presionados, sino,
tan sólo, por un bien superficial y pobre. Podríamos dejarnos llevar por todas
estas presiones con la ilusión de ser personas aparentemente adaptadas y
normales. Tenemos que ser muy
conscientes de ello para poder sobreponernos y buscar un bien real de los que
nos rodean, optando, una vez más, por lo real, y no por lo
aparente.
Como decíamos, con esta dirección de lo que en principio una persona
pudiera pensar que es el bien común, no todo vale. A veces se oyen barbaridades
sobre lo que la gente dice que haría por el bien común. Sin duda, cada uno verá
la solución según lo que haya vivido hasta ese momento, ya que la conciencia se
forma y se deforma, teniendo en cuenta, además, que, en principio, la intención
no está purificada de intereses particulares. Cómo espectadores externos
podríamos ver en algunos casos como es el odio, la rabia o la hostilidad los que guiarían este tipo de
conductas. Sin embargo, el ser humano no admite fácilmente que actúa por motivos
poco loables, tendiendo al autoengaño y a disculparse, y a intentar creerse que,
en realidad, las que le guiaban eran otras intenciones más elevadas moralmente.
Yo le diría a alguien que quiera cambiar de vida que, en principio,
cuente con que puede tener la conciencia deformada por sus decisiones anteriores
y que, en principio, descarte, al menos, lo que considere malo y lo ilegal como
solución de las cosas. Si va avanzando por el camino de búsqueda del bien
desinteresado y va depurando su intención día a día, ya irá viendo que hay una
forma idónea de conseguir las cosas.
La intención tiene que estar muy depurada para trabajar por el bien dado
que lo más eficaz, muchas veces, puede parecer inútil, y existe la tentación de
elegir lo aparente, el ser aplaudido, y luego, al comprobar que no se ha
solucionado nada o se han empeorado las cosas, eximirse de cualquier
responsabilidad, lo cual, en cuanto a comportamiento humano, es fácil, dada la
cantidad de factores que influyen, aunque, sin duda, lo bien intencionado genera
un mayor bien.
La actitud de vida es la actitud básica en la que se van a sustentar las
demás. Es como la actitud troncal de la que se van a derivar todas las actitudes
ante determinadas situaciones como ramificaciones de este tronco o árbol. Con
una buena actitud vital tenemos todas las demás, y sin ella, no tendremos
ninguna realmente. Por eso, muchos padres, por ejemplo, desean el bien para sus
hijos, pero su actitud hacia ellos, vendrá marcada por su propia actitud vital.
Su concepto de lo que es bueno vendrá determinado por su actitud vital, por su
dirección en la vida y por su adherencia al propio dictado de la conciencia en
esa dirección. Y eso que consideran bueno lo desearán para sus hijos,
encaminándose con su actuación a ello. Si esa persona tiene una actitud vital
muy materialista, muy egoísta, aunque su egoísmo incluya la familia, los
conocidos o incluso la propia asociación o partido, pero en definitiva, uno
mismo y sus asuntos, su concepto del bien se irá empobreciendo. Deseará para su
hijo no que sea una persona coherente, que haga lo que tenga que hacer, aunque
esto suponga "complicarse" la vida, que trabaje por un mundo mejor, que actúe en
conciencia, sino que, por el contrario, deseará que "triunfe", en el sentido de
que tenga un puesto y reconocimiento sociales, que tenga todo tipo de
comodidades y bienestar en su vida y que se adapte sin problema a la estructura
de grandes intereses particulares creados. Quizá sin quererlo, le está haciendo
un daño a su hijo. Si surgiesen problemas de conducta en su hijo o falta de
motivación estaría dispuesto a
hacer cualquier cosa, dar la vuelta al mundo, por ejemplo, buscando el mejor
médico o psicólogo. Estaría dispuesto a todo menos a lo fundamental, a cambiar
su propia actitud vital, a hacer una sana autocrítica, y a replantearse qué está
captando su hijo de su ejemplo.
A la hora de elegir una
actitud vital de dirigirnos al mayor bien común que podamos, tenemos que ser conscientes de su
dificultad, no para echarnos atrás, puesto que las ventajas son sobradas. No
podemos engañarnos a nosotros mismos y no ver la cantidad de intereses
superficiales y particulares por los que se mueve una gran parte de la
población. Tenemos que ser conscientes de la existencia de dicha estructura de
intereses, porque eso dificulta en gran medida la actuación en conciencia y
encaminada al bien común de una persona que quiera seguir este camino. Sin duda,
la persona con una actuación de este tipo enseguida chocará con intereses
particulares. Si persiste en guiarse por lo que considera el bien común, es
posible que le hagan la vida imposible, que sea un estorbo aparentemente. Uno no
puede engañarse y decir que en realidad es mejor, entonces, actuar mal para
tener a todo el mundo contento superficialmente. Siempre es mejor lo bueno, pero
es más difícil que dejarse llevar por "lo que hace todo el mundo". Cuando el deseo del bien a los demás
está por encima del propio interés material, incluyendo consentir con los
intereses ajenos superficiales, que no reales, se puede colaborar en la mejora
del mundo.
Si se vive para uno mismo, haciendo como que se hace algo, los demás no
serán sino meras disculpas para hacer lo que se hace. Y se intentará hacer bien
las cosas, pero en la línea de la venta o del propio interés material, lo cual,
no es lo mismo que ofrecer el mejor servicio que uno pueda. Por supuesto,
tenemos unas necesidades materiales, pero creo que éstas no nos sirven como
enfoque o dirección vital. Creo que una dirección acertada hacia el bien común,
y no hacia cubrir nuestras propias necesidades, no nos acerca a tener estas
últimas sin cubrir, sino que, por el contrario, se cubrirán de la mejor manera.
Entre otros factores, la mente se hace más creativa y capaz cuando trabaja en la
dirección del bien común.
La actitud vital acertada es básica. La misma va a marcar la actitud
hacia los acontecimientos de cada día, hacia la adversidad, así como el acierto,
en mayor o menor medida, del afrontamiento. La actitud vital será el tronco y
las actitudes hacia los acontecimientos concretos serán las ramificaciones. Sin
duda, los comienzos pueden ser múltiples. Uno de ellos podría ser comenzar por
afrontar bien un acontecimiento, vencerse y buscar el bien real de todas las
personas implicadas en el mismo, porque el bien real es uno, el mismo para
todos, no ocurriendo lo mismo con los bienes superficiales o intereses
materiales, los cuales pueden nutrirse del daño del otro en este sentido
material.
A alguien que quisiera poner esto a prueba, yo le diría, que empiece a
trabajar en conciencia en su trabajo, por ejemplo, que empiece a tener la
actitud de beneficiar a los que reciben el fruto de su trabajo o servicio de la
mejor forma posible. Si da el
primer paso, en cuanto sea capaz de hacer algo bueno, aún a riesgo de quedar mal
o de perder en alguna medida en lo que se refiere a su imagen personal, siendo
por ejemplo criticado, tendrá la
alegría de haber hecho algo bueno y sabrá, en alguna medida, ya en este primer
paso, que de su acción se va a derivar un bien, aunque no lo vea. Yo creo que al trabajar por los demás
hay dos grandes tipos de esfuerzo: el primero, un esfuerzo físico y el segundo,
un esfuerzo de vencer la propia vanidad, la esclavitud de la propia imagen,
nuestro afán de poder, aún en pequeña escala, o nuestra necesidad de poner la
seguridad en lo material o tangible, en vez de ponerla en donde verdaderamente
está, en nuestra propia actuación bienintencionada y en conciencia. La vanidad
nos puede vencer en cosas muy sutiles incluso revestidas de bien, así como, la
presión externa que pudieran hacernos con la intención de manipular nuestra
conducta, también puede hacer alusión a un bien por supuesto ficticio o
aparente. Con respecto al esfuerzo físico, y sin quitarle el mérito que tenga,
diré que no parece que sea el más difícil de poner en práctica por la gran
mayoría de la población. Sin embargo, el otro tipo de esfuerzo es totalmente
minoritario, ¿quién está dispuesto a perder su trabajo por hacer un bien?,
¿quién está dispuesto a ser poco considerado por hacer un bien?, ¿quién está
dispuesto a quedar por raro o diferente por beneficiar al mundo? A veces el
actuar bien puede parecer a los ojos mundanos no hacer nada, colaborar con el
mal o hacer el tonto. Pero la diferencia entre actuar totalmente conscientes de
la propia actuación encaminada a un bien real y la actuación sin sentido o tonta
es que la primera tiene un objetivo muy claro, y la segunda no. La persona que
tiene intereses creados en otro sentido presionará con todas sus armas,
económicas y de imagen entre otras, e incluso, hará un llamamiento a valores
aparentemente éticos o a cualquier cosa que se le ocurra. La presión no sólo
puede ser clara y aludiendo a que le molesta que actúes bien, como, por
ejemplo, alguien que te diga: "No
actúes bien porque a mí no me interesa", sino que, puede ser mucho más sutil y
hace que tu buena actuación parezca mala, de tal forma, que incluso tú mismo
puedas llegar a dudar de si estás o no en lo cierto. Así podrían decirte: "Eres
un egoísta, no te interesan los demás, sólo te interesan tú y tu conciencia".
Hay que tener muy clara la buena intención, para no sucumbir ante toda esta
presión. Cuando uno actúa bien, desde luego, la ganancia está asegurada incluso
para el que presiona, el cual por lo menos recibe un
ejemplo.
La elección de un camino no sería más que elegir en dónde poner nuestra
seguridad. Podemos poner nuestra seguridad en lo material o tangible, es decir
en el sueldo que recibamos, en tener aseguradas como sea nuestras necesidades
materiales, o bien, sin dejar de hacer una cierta previsión de todo lo anterior,
poner nuestra seguridad en nuestra actuación bien encaminada hacia lo que
creamos bueno. Yo creo que el que pone la seguridad en lo material, la pone
donde no está. La casa o castillo se le puede desmoronar en un día, y dirá que
lo ha perdido todo, que ha perdido todo lo que había hecho, y realmente sería
así, si ese fuera el único fruto de su trabajo. En cambio, el que va trabajando
por el bien común camina sobre sólido, eso ya no se pierde en un segundo, ni se
lo lleva ninguna riada, eso perdura, y la persona se adaptará mejor a la
adversidad por difícil que sea.
Hay que elegir dónde se pone
la seguridad y esa es una decisión personal. Una vez tomada, uno se podrá unir a
un grupo, o incluso pudo haber sido previamente ayudado a la hora de tomar tal
decisión, pero la decisión no es del grupo, sino que es individual, aunque pueda
vivirse en grupo o de cualquier
otra forma. Uno no puede decir que no elige eso hasta que no lo elija la
mayoría. Yo creo que el que tiene la suerte siquiera de vislumbrar que eligiendo
lo bueno acierta y eligiendo lo aparente o interesado se equivoca, no debería
demorar su elección. Puede que en otro momento ya se le olvide al ser llevado
por la corriente que arrastra fuerte.
La naturaleza y el ser humano son muy ricos. No sabemos ni podemos
imaginarnos lo que ambos podrían dar de sí, si todo el mundo trabajase por el
bien común. Si esto fuera así, todos los avances se harían con el sello de
beneficiar al hombre; no se harían, como sucede en la actualidad, con la
intención prioritaria de vender algo al hombre y obtener uno mismo una ganancia
material, lo cual, sin duda condiciona la actuación. Por supuesto, surgen
herramientas muy útiles en todos los campos, pero ¿nos podríamos imaginar lo que
surgiría si todos trabajásemos por un mundo mejor? Sin duda, los acompañantes
negativos del progreso de la tecnología actual no surgirían, o al menos en menor
medida. Estamos recibiendo
continuamente avisos de que algo está fallando, surgen accidentes aquí y allá.
En muchos de ellos vemos importantes intereses materiales detrás. Vemos el
motivo por el que se mueven la industria alimentaria, la industria
farmacológica, el tendero de la esquina, el agricultor, el estudiante, el ama de
casa, el dueño del restaurante o la cafetería y el médico o el abogado. Menos
mal que algunas personas podrían estar comenzando a replantearse que así no
podemos seguir. La naturaleza, que es muy sabia, da avisos como pueden ser
aumento de los niños con problemas de conducta, desmotivación, consumo de
alcohol y accidentes en jóvenes, separaciones de matrimonios, enfermedades, ansiedad, depresión, además de grupos
violentos, accidentes medio-ambientales, guerras, sectas. No sabemos por
supuesto qué porcentaje de alguna de estas situaciones surgiría en el caso de
que el mundo se moviese por otro tipo de intereses, aunque, sin duda, serían
menos frecuentes.
Si la actitud de vida que se elige es ir haciendo lo máximo por el bien
común, no cabe duda de que se verán las cosas de forma diferente a la hora de
afrontar cualquier adversidad, además de ser uno más consciente del efecto de la
propia actuación o respuesta ante dicha adversidad. Por dolorosa que sea una
circunstancia que nos surja, se le
intentará ver un sentido y creo que esto se facilita poniéndolo todo, incluida
esa circunstancia, en la misma
dirección del bien común. Esa circunstancia, aunque nos resulte dolorosa, nos
hace acceder a mundos nuevos, quizá hasta ahora desconocidos por nosotros.
Podemos salir enriquecidos si tenemos una buena actitud.
Pensando en el máximo bien
común, no el limitado a lo físico, sino equiparándolo a la vida plena, esto es,
llena de sentido, creo que nos pondremos en la línea de encontrarle un sentido a
las pérdidas y acontecimientos dolorosos de cada día, sin que esto signifique
necesariamente eliminar el dolor. Se eliminaría el sufrimiento eliminable, y es
posible, que quedase el resto amortiguado. Un acontecimiento doloroso al que se
suma mucha rabia y hostilidad
multiplica su dolor.
La persona humana se desarrolla en diferentes ámbitos, estando
relacionada su conducta en los mismos. La persona es una, está integrada por su
actitud en los diferentes ámbitos en los que se mueve: laboral, estudiantil,
social o personal. La actuación de una persona en un ámbito, no es ajena a la
actuación en otro ámbito. Una
persona poco honesta en el campo laboral , ¿qué impedimento va a tener para no
dejarse guiar por lo que le apetece en el terreno personal y familiar, y ser
infiel a su cónyuge por ejemplo? El vacío de su vida, su baja satisfacción y
contento personal, su visión de las cosas, le llevarán a una relación de pareja
pobre y, sin duda, poco satisfactoria. Una vez que esto ha ocurrido, si aparece
una tercera persona, ¿cuál sería el impedimento para dejarse llevar por lo
aparentemente más placentero? Si un miembro de la pareja crece como persona
ayudará a crecer a su pareja y al contrario; esto es muy importante, aunque por
supuesto existen otros factores y otras influencias. La influencia que un
miembro de la pareja ejerza en un ámbito, por ejemplo, en el laboral, influirá
en el ámbito de su propia relación de pareja al hacerlo en la persona integral
del otro. Así por ejemplo, si un miembro de la pareja ayuda al otro a crecer
como persona desarrollando una
actividad laboral encaminada al bien común, se acercará a tener una buena
relación de pareja y, por el contrario, si un miembro de la pareja no ayuda a su
pareja en este sentido o lo incita, por ejemplo, a encaminarse a un
enriquecimiento material con su trabajo puede sufrir las consecuencias adversas
que no desea en otros terrenos como su propia relación de pareja. Por supuesto, para ayudar a otra persona
a crecer, uno mismo tiene que ir creciendo como persona, con una buena actitud
vital. Será también esta actitud la que favorezca el óptimo afrontamiento de las
dificultades que sin duda surgen en una vida en común, así como el afrontamiento
de las limitaciones o defectos del otro.
Las cualidades de la persona se desarrollan mejor con un buen objetivo,
que es el que dirige la conducta. El objetivo que considero más saludable es el
pensar en aportar algo a los demás; paradójicamente, creo que es este objetivo
de buscar el bien común lo que más desarrollo personal y felicidad nos puede
producir, sobre todo cuanto más desinteresado sea.
La actuación concreta que se deriva de una buena actitud, es muy amplia y
variada dado que la actitud es fundamentalmente una dirección, y la conducta
dependerá de las cualidades y circunstancias personales de la persona con esa
dirección. Los talentos son
diversos, por lo que para calificar a algo de bueno o malo tendremos que
recurrir a la motivación y al grado de formación de la conciencia, excepto,
claro está, cuando la conducta sea ya claramente no deseable o mala en sí misma.
Cada uno tendrá que ir viéndolo en su caso. Una buena actitud vital y con ello
un aprovechamiento óptimo de la vida está al alcance de cualquier persona. No
así, por supuesto, el llegar a tal o cual puesto, para lo cual en ocasiones se
necesitan cualidades específicas.
El tener una buena actitud no quiere decir que una persona deje de tener
dudas o bien que actúe de la mejor forma posible, sino que la buena actitud le
predispone a elegir y a hacerlo de la mejor forma posible dentro de sus
posibilidades o bien facilitaría el derivarlo a otra persona si considerase que
ésta lo haría mejor.
Una óptima actitud ante una situación familiar requiere una buena actitud
vital en terrenos donde no están tan implicados, en principio, los afectos como
el terreno social o laboral. Es posible, que en un momento determinado uno tenga
muy buena intención para mejorar a su hijo, amigo o conocido. Su forma de ver
las cosas y sobre todo la forma de ver lo que les viene bien o necesitan esas
personas estará condicionada por su actitud vital.
Para mí, la forma de ver las cosas que tiene una persona es un indicador
de su fidelidad a los dictados de su conciencia. Una persona acostumbrada a
actuar interesadamente no soportará las dificultades, y tenderá a reaccionar
agrediendo todo aquello que cree que le molesta. Por supuesto, mientras viva,
está a tiempo de rectificar, siendo el primer paso el reconocimiento de ello. La
mente tiene múltiples defensas, para que una persona no tenga que decirse a sí
misma que no ha actuado en conciencia. Disculpas como: "En realidad era lo
mejor, con la otra solución se hubiese enfadado o disgustado menganito o
fulanito", intentan, sin conseguirlo, hacerle creer que en realidad actúa bien.
No se sabe en qué punto ha dado el primer paso en una dirección equivocada, pero
siempre puede dar el primer paso en
el buen sentido.
Aunque en principio estemos contaminados con múltiples intereses e
interferencias de todo tipo, convendrá ir intentando sobreponerse a ellas, y, en
principio, adaptar nuestra conducta a una actuación hacia el bien de las
personas, lo cual facilitará que surja el sentimiento de amor por ellas. Los
sentimientos no se pueden manejar directamente a voluntad de la persona, pero sí
podemos hacer mucho con nuestra conducta para facilitar que surjan. Así, por
ejemplo, el amor no lo podemos crear voluntariamente pero sí podemos hacer
muchas cosas que nos encaminen hacia sentir amor por los demás como sería el
reconocimiento de las cualidades, que sin duda tiene cada persona, la
comprensión de su conducta, y, fundamentalmente, pensar en qué podemos hacer
para beneficiarla. Esto facilitará que surja el sentimiento favorable. Por el
contrario, el juzgarla como persona, la falta de comprensión, así como el no
beneficiarla en nada, nos alejará del sentimiento de amor. Interferencias o
intereses que podrían hacer desviar nuestra conducta de su objetivo podrían ser
además del beneficio económico, una necesidad de gratificación, halago o buena
imagen o una necesidad de
garantizar unos resultados al 100%. Con respecto a este último punto tenemos que
tener en cuenta que, cuando está implicada en los resultados la actuación de
otra persona, siempre tenemos que contar con su libertad personal. Si obviamos
esta libertad personal y queremos controlar u obtener unos resultados concretos
y a corto plazo aparentes, tendremos que saber que estos muchas veces son
contraproducentes con respecto a la consecución de unos verdaderos resultados a
largo plazo, en los que también esté implicada la convicción de una persona. Muy
importante de cara al voluntariado o a personas que brindan cuidado a los demás
es tener en cuenta que lo que da más estabilidad a la conducta son las
motivaciones sólidas. El actuar por miedo a un castigo o a un peligro, o adoptar
una determinada conducta para obtener una gratificación, son motivaciones que no
dan estabilidad a la conducta. Sin embargo, el actuar bienintencionadamente,
independientemente de la obtención de una gratificación o de la evitación de un
castigo, es lo único que da estabilidad a la conducta, la cual continuará con la
misma dirección constructiva independientemente de la respuesta superficial
exterior de halago o crítica. Intentar beneficiar a los demás no debe
confundirse con dejarse manipular y hacer lo que otra persona quiere o decida
que hagamos. Una persona puede pensar que es mejor o puede sentirse obligada a
hacer lo que otra dice. Tenemos que darnos cuenta de la dificultad en ocasiones
de dejar de complacer a alguien o decirle que no a sus demandas buscando
precisamente su bien real. Se puede tener miedo a quedar como egoísta al decir
que no, o incluso alguien podría pensar que para ser bueno tiene que atender las
demandas superficiales de los demás. La buena intención seguramente facilitará
el que uno se pueda sobreponer a esta dificultad e interferencia en su mejor
actuación posible. El dejarse manipular tiene unas graves consecuencias
negativas. Sirve de ejemplo poco constructivo para los demás, se transmite
inseguridad en la propia actuación bien encaminada, y se potencian actitudes
poco saludables de la persona que manipula como enfocarse la misma hacia recibir
más que hacia dar. Nada tranquiliza
tanto a una persona manipuladora como encontrarse con otra que, lejos de atender
sus demandas superficiales, atiende las necesidades reales que subyacen a éstas
y para ello, en principio, nada mejor que el ejemplo de la propia actuación bien
intencionada aún a riesgo de no ser la más aparente. Por supuesto, en este caso
la propia conducta no se explica, sino que se deja que hable por sí misma. Las
explicaciones de la propia conducta, cuando no están indicadas o cuando se
encaminan a que el otro nos de la razón, podrían evidenciar inseguridad, lo
cual, sin duda, no calmaría a la persona que manipula, porque no le sirve de
ejemplo de algo sólido. En estas ocasiones es mejor dejar que hable la conducta
por sí sola, ya habrá tiempo para explicaciones siempre que se guíen por formar
a la otra persona y no vayan encaminadas a disculparse o a defenderse uno mismo.
Saber que, independientemente de la respuesta, si la conducta es desinteresada y
bienintencionada obtiene un beneficio la persona que aporta este bien, así como
la persona que lo recibe aunque en ese momento no se muestre agradecida. La
persona nunca se sentirá defraudada si ha actuado como creía que beneficiaría de
forma desinteresada, sino que, por el contrario, se sentiría defraudada y
resentida si hubiese actuado interesadamente buscando su propia imagen o quedar
bien en apariencia, y no buscando el bien auténtico del
otro.
Siempre es mejor pensar globalmente en aportar algo. Esto no quiere decir
que si uno necesita ayuda no la pida en un aspecto concreto, sino que, por el
contrario, el pedir algo puede ser
un signo de generosidad al mostrarse uno mismo y dar al otro una
oportunidad de actuación, pero nunca basando nuestra estabilidad en lo que
depende de otra persona.
Las personas que piensan que van a ser felices recibiendo cosas de los
demás se hacen insaciables. Si una
persona tiene la actitud de pensar que su felicidad depende del cariño que le
brinden, dado que aún en el caso de que exista, no le llenará su vacío, se hará
insaciable, y seguirá demandando más y más aunque tenga la atención de sus
familiares las 24 horas. Esto supondrá una pesada carga para la familia. La
solución no es complacerlos en todas sus demandas, lo cual, no les beneficia,
sino facilitarles que descubran, en un marco de afecto pero dirigido a su bien
auténtico, no a su mera complacencia inmediata, que serán más felices en la
medida que aporten algo a los demás y esa actitud además será la que más les
acerque a recibir el amor que sin duda les tienen sus
familias.
Varias de las aplicaciones concretas de una generosa actitud vital serían
las siguientes:
ELECCIÓN
DE ESTUDIOS
A la hora de la elección de una carrera creo que lo más saludable es
elegirla siguiendo las propias inclinaciones con la dirección del bien común. No
sería dar pasos seguros la elección de una carrera, porque parezca que va a
tener más salidas laborales, se va a ganar más dinero, se quiere conseguir un
título, ni sería tampoco dar pasos seguros la elección de cursos postgraduados
con el objetivo de conseguir puntos
para el curriculum.
Creo que al elegir estudios por una motivación sólida nunca llegaremos a
decir:
"Vaya,
he hecho eso y no me ha servido de nada", ya que, pase lo que pase, aunque no
nos den luego el trabajo que quisiéramos, es mejor a la larga, ya que hemos
hecho esos estudios por el aprendizaje que reportaban y eso siempre sirve si lo
englobamos en el servicio a los demás. El gusto o la inclinación por una
materia, siempre que sea educado y fruto de lo que la persona quiere realmente,
no teniendo que coincidir exactamente con lo que a la persona le apetece en un
momento determinado, está en relación con la habilidad que la persona tiene para
una materia. Existe una relación bidireccional entre ellas, ya que el gusto
también fomenta la habilidad. Es difícil imaginarse una persona muy hábil en una
cosa y que no le guste, ¿os pondríais en manos de un cirujano que no le guste
operar o en un avión con un piloto que no le guste pilotar? Desde luego daría
que pensar que no le gustase.
ÁREA
LABORAL
Con respecto al área laboral diremos que es un área definitiva donde se
va a poner de manifiesto nuestra
actitud vital, dado que es un área en donde no trabajamos para las personas más
cercanas, sino que tenemos la oportunidad de hacer una labor por la sociedad.
En el caso de una persona que ya tiene un puesto de trabajo, le
beneficiará pensar en aportar algo y basar en ello su seguridad y no en el mero
mantenimiento de su puesto de trabajo a costa, quizá, de un trabajo inútil o
perjudicial. Pensando en hacer algo se desarrolla más su mente, si es que ha
decidido quedarse en ese trabajo. Creo que no sería una buena motivación el
continuar con un trabajo por el mero beneficio económico.
Alguien me puede decir que si hace algo de todo esto lo echan ya en el
día. Yo le diría que lo bueno siempre es mejor aunque tenga esas consecuencias.
Me dirá que su familia tiene que comer y que tiene multitud de gastos fijos. A
pesar de todo no creo que sea bueno persistir colaborando en lo malo, aunque sea
por omisión, para asegurarse la manutención. Si una persona piensa en hacer algo
bueno, seguro que no sale defraudada pase lo que pase. Otra cosa es que nadie lo
entienda, incluida su familia, pero
desde luego él estará generando un bien a su alrededor y para sí mismo. Además, es posible que pudiese hacer
algo con respecto a ser despedido
por esa causa, aunque seguramente intentarían disfrazar el motivo
aludiendo a cualquier razón legítimamente válida como, por ejemplo, un mal
rendimiento. El que ha empezado en el camino de buscar el bien común no tiene
que escandalizarse de nada, observarlo todo y persistir con su actitud de
mejorar las cosas que vea, no de tomarse la revancha ni cosas parecidas, ya que
si no caería en lo mismo que observa que no está bien.
En el caso de una persona que quiera crear una empresa, creo que es más
rentable pensar en la creación de un servicio. Por un lado, la persona se
desarrolla más, mejora su relación
con su familia y la educación de sus hijos, ya que la educación se basa
fundamentalmente en el ejemplo. Además, creo que la calidad también es rentable
y seguro que se descubren otros valores que hacen menos necesario el dinero o al
menos el dinero mal ganado. Si una persona crea una empresa con el objetivo de
ganar dinero, el enfoque no es tan saludable, ni su desarrollo será tan bueno,
y correrá el riesgo de que llegue
un momento en el que se pregunte qué ha hecho con su vida, tanto, por ejemplo,
si consigue llegar a ganar mucho
dinero y descubre que esto no le da la felicidad, como si no llega a ganarlo y
sabe que todo lo que ha hecho no le ha valido a nadie. En cambio, el que se
dirige a prestar un servicio ya puede arruinarse, que no va a pensar lo mismo;
además, creo que será difícil que
se arruine. Muchas personas pueden decir: " Pero yo tengo que comer, de mí
dependen varios niños"; yo siempre digo: "Pero ¿quien dice que por la vía de
brindar un servicio no vas a comer? Es posible, incluso, que mejor, ya que
tenemos que tener en cuenta que la inteligencia se desarrolla más con un
objetivo constructivo. Además saldrán muy beneficiados los hijos, los cuales se
nutren más de la integridad del padre que de la comida.
Con respecto a las personas que se encuentran en el paro, siempre es más
saludable pensar qué puede esa persona aportar a la sociedad, lo cual, por
supuesto, no se consigue en un segundo diciendo: "Nada...", sino que incluso
esto podría plantearse como un trabajo, pensar qué puede uno aportar. Ya sabemos
que las ideas no surgen sin dedicarle tiempo. Vemos pues que se beneficiaría más
la persona pensando en aportar algo que pensando en conseguir un sueldo como
sea. Seguramente, si una empresa está buscando un trabajador, pensará antes en
el que está activo que en el que está con los brazos cruzados sin querer hacer
nada antes de que le paguen. El hacer algo le acercará, sin duda, a una mayor
experiencia laboral, mayores relaciones personales, más ideas, mejor estado de
ánimo y el no hacer nada le acercará a todo lo contrario. Se ha generalizado el
decir que no hay trabajo para referirse a que no hay empleo o contrato, pero
vemos que hace falta gente que aporte su trabajo en todas las esquinas. Creo
que siempre será mejor para el
parado pensar en lo que quiere y puede aportar.
VOLUNTARIADO
Con respecto al voluntariado, dado que la actitud de vida es básica, de
nada serviría hacer un trabajo materialista y luego ir corriendo a ayudar
durante dos horas a los necesitados.
¿Qué tipo de ayuda se brindaría con esto? Creo que en definitiva se
causaría un daño. La actitud de la persona materialista le llevaría a pensar que
dependemos de lo que otro diga o haga, en vez de transmitir a la persona, sobre
todo si está necesitada, que depende fundamentalmente de sí misma, de su propia
actitud y actuación por difícil que sea la situación en la que se encuentre. Por
supuesto, si reconocemos que tienen una situación ambiental difícil y unas
necesidades materiales importantes, el transmitirle esta actitud no es
incompatible con colaborar, en la medida de nuestras posibilidades, en mejorar
sus circunstancias. No solamente no es incompatible, sino que orientaría esta
ayuda material en su mejor sentido. La ayuda a cualquier persona necesitada
tendría que tener necesariamente estas dos vertientes: el mejorar la actitud de
las personas necesitadas, siendo conscientes de su influencia y, por otro lado,
mejorar las circunstancias en las que se encuentran, si es posible, lo cual
generalmente depende a su vez de la actitud de otras personas. Sin duda, lo peor
en cuanto a la ayuda a los necesitados sería el decirle que nosotros no podemos
hacer nada por su situación, más que acompañarlos en el sentimiento y ,como más
grave, corroborarles su posible sentimiento de indefensión. Es posible, que una
persona que brinde esta ayuda, pueda causar más daño que bien, ya que, por
ejemplo, puede no ayudar a la
persona a su crecimiento y a su autocrítica, sino que, por el contrario, puede
llevarle a adoptar el camino aparentemente más fácil, aunque con más costo a la
larga. Podría inducir a culpar de su situación a los de fuera, generalmente a
los que tienen un mayor poder mundano al menos aparente y tienen más medios. Se
podría hacer daño si se incitase a culpar y con ello fácilmente a odiar a otras
personas como causantes de la propia situación desafortunada. Es cierto que la
injusticia del mundo recae como una pesada losa sobre la gente con menos
recursos, pero es la actitud materialista generalizada, y no la de unos pocos,
la que generaría esta situación.
Si un voluntario en su vida y en su trabajo pone su seguridad en lo
exterior a él mismo, en mantener su
puesto de trabajo a toda costa, por ejemplo, eso es lo que le transmitirá
a la persona necesitada, su dependencia del exterior. Y, por supuesto, el que
tenga una buena actitud vital reconocerá y colaborará, si puede, en suplir esta
falta de recursos, pero en ningún momento, por difícil que sea la situación,
transmitirá a otro ser humano que no tiene libertad de elección. Porque lo que
está en manos de cada ser humano es
hacer lo máximo con lo que tiene, sea esto lo que sea. Eso está al alcance de todo el mundo.
Sin embargo, es fácil caer en la tentación de agarrarse a lo que se ve, a lo
tangible también cuando uno está necesitado. Si se elige la seguridad material y
no el buen hacer, no se puede uno disculpar ni echar la culpa a nadie. ¿Qué
haría esa persona que se agarra a lo tangible si en vez de estar abajo en la
escala social estuviese arriba? ¿Cuál es la diferencia entre dos personas
pertenecientes a diferente escala social? Muchas veces la única diferencia es la
existente en cuanto a recursos o talentos de los que parten. Puede no existir
una diferencia ni en su actitud ni con respecto a lo que hacen con dichos
talentos. Lo fundamental en cualquier estamento es la actitud que adopte cada
uno. Creo que la persona humana y la naturaleza son lo bastante ricas para
responder favorablemente a quien confía en su propia
aportación.
Por supuesto, si estamos brindando ayuda a personas y creemos que esta
actitud es saludable, sería bueno transmitirla y no mantener a nadie siendo un
mero receptor de ayuda, sin la posibilidad de que él o ella pueda también
encontrarse sano y satisfecho aportando algo, y poner su seguridad donde
realmente está. Si estamos brindando ayuda a alguien creo que una de las mejores
ayudas es crear el clima necesario para que esa persona se encuentre a sí misma.
Tengo por experiencia que en este contexto, cuando uno le sirve de guía, no de
control, y le brinda afecto encaminado a su bien auténtico y aceptación
incondicional, surge lo mejor de la persona.
Otras múltiples situaciones
en las que podríamos pensar en aportar algo más que en recibir son en las
numerosas ocasiones en las que tendemos a sentirnos heridos o dolidos por algo
que nos ha hecho alguien. Aquí también sería saludable, aunque tengamos que
hacer, en principio, un esfuerzo por sobreponernos, adoptar esta actitud de pensar en
beneficiar a la persona que supuestamente nos ha dañado y no limitarnos a
defendernos. ¿Cómo podemos ayudarla? En primer lugar, teniendo en cuenta que sus
hechos o palabras no tienen la capacidad de dañarnos realmente, sino que el daño
provendría fundamentalmente de nuestra interpretación de los mismos. En segundo
lugar, por ejemplo, comprendiendo a esa persona que nos ha insultado. A mí me
sirve pensar que nadie actúa mal realmente porque quiere, sino por enfermedad,
falta de conocimientos o por la elección de un camino equivocado. La
persona puede pensar
equivocadamente que dañando a los demás va a ser más feliz cuando es todo lo
contrario. Es decir, podría ser una búsqueda de la felicidad por un camino
equivocado, o bien tratarse de una enfermedad mental. La comprensión ya disuelve
desde la raíz nuestros propios malos sentimientos que podrían existir hacia la
persona, y facilitaría el hacer algo más por ella, aunque ya nuestra respuesta
comprensiva es de un gran valor y, por sí sola, ya sería eficaz para la otra
persona, dado que cualquier sentimiento se transmite al exterior. Luego,
podríamos pensar en ese estado de tranquilidad si podemos hacer algo más, puesto
que los buenos sentimientos producen mucha tranquilidad, al contrario que los
malos, y la mente en ese estado es mucho más creativa. Uno puede hacer una prueba imaginándose
a alguien hacia el cual tiene buenos sentimientos, con lo cual notará que su
cuerpo estará mucho más relajado que si imagina a alguien hacia el que tiene
malos sentimientos, con lo cual observará que su cuerpo está en tensión, y estos
cambios que observamos en un momento podemos pensar que también van a producir
otros cambios si se perpetúan. Sabemos que la hostilidad se relaciona con todo
tipo de enfermedades psicosomáticas y cánceres, como uno de los factores que
influyen, así como el amor se
relaciona con un aumento de la inmunidad y el bienestar general (Cooper
1983).
Lo ideal sería que ante cualquier mala acción de los demás hacia nosotros
o hacia otros pudiéramos sobreponernos al daño sufrido y nos encaminásemos a
aportar algo a esa persona en realidad necesitada de ayuda y
orientación.
La persona materialista puede pensar, según su escala de valores, que una
persona que hace daño sale ganando porque obtiene un determinado bien material.
Sólo el que actúa encaminándose hacia el bien común es capaz de ver lo
necesitada que está la persona que actúa mal.
Nadie puede pensar que va a actuar desinteresadamente por solo decirlo,
lo mejor será empezar a actuar en este sentido hasta que pueda surgir realmente
este sentimiento. Como los sentimientos no los manejamos exactamente a voluntad,
el camino sería adoptar una determinada actitud y facilitar con ello que el
sentimiento surja, intentando actuar en algo que beneficie a los demás, aunque
al principio estemos muy contaminados con nuestro propio
interés.
Con esta actitud se obtiene un mayor desarrollo de la persona. Se evitan
los conflictos mentales de guiarse por un objetivo económico, lo cual puede ir
en contra de lo que la persona piensa que más favorece a los demás. En el caso
de la persona que actuase como cree que tiene que actuar y no como se espera de
ella, si ha actuado con su mejor intención, ya podría recibir críticas que no se
inmutaría, dado que sabe que está actuando correctamente y que, a pesar de
posibles críticas, está beneficiando a las personas que la rodean, incluso a los
que emiten las críticas, ya que el ejemplo es lo que más sirve para educar a las
personas. Si una persona actúa correctamente, de su actuación siempre se va a
derivar algún beneficio aunque no lo vea. Sin duda, una persona que actúa así,
sí lo sabe. Sabe que colabora en la mejora de las cosas, aunque pueda recibir
críticas de ciertos sectores. Todo trabajo tiene su fruto, aunque a veces no sea
el que nosotros queramos. A veces fallamos y nos estresamos al querer controlar
conducta y resultados. Por ejemplo, queremos actuar correctamente pero parece
que no creemos en la eficacia de ello, y queremos halagos o unos resultados
concretos. Si no obtenemos esos resultados concretos podría darnos la impresión
de que no estamos haciendo nada, cuando tenemos que ser conscientes de que de
una buena actuación siempre se deriva un beneficio propio y para los demás. El
beneficio a los demás, no depende de complacerlos superficialmente o dejarlos
muy agradecidos, sino de producirles un auténtico bien. Sin duda, esta actuación bien orientada,
no daría lugar a arrepentimientos posteriores, de decir ¿qué he hecho con mi
vida?, como podría sucederle al que ha estado toda su vida persiguiendo un
beneficio material y al final de la vida, tanto si lo ha logrado, como si no, no
se siente satisfecho. Si lo ha logrado, ha visto que no era eso lo que le daba
la felicidad, además de vivir otros tipos de complicaciones de su actuación,
como mala educación de los hijos o un posible malestar con su familia, ya que
una persona cuanto menos se desarrolla, sus relaciones son peores y su amor es
de menor calidad. Sería, por ejemplo, prácticamente imposible una persona poco
honrada en su trabajo que tuviese una relación matrimonial óptima, ya que la
falta de honradez en el trabajo le va a producir falta de satisfacción y
desarrollo, lo cual, se va a notar en forma de descontento y falta de visión de
las cosas. Nadie se imagina que una persona que esté poco contenta con lo que
aporta en el trabajo sea el marido o la esposa más felices. Aunque, alguno pueda
pensar que el dinero hace la felicidad,
no es así, y, de hecho, estamos asistiendo a un gran número de rupturas
matrimoniales y no precisamente entre las clases sociales más desfavorecidas,
sino todo lo contrario. El buscar
la satisfacción del trabajo en el dinero o beneficio material, no en
motivaciones sólidas va muchas veces acompañado de su equivalente en la vida
familiar. Aquí, también puede pensarse que la satisfacción inmediata de los
deseos y no el amor sólido es lo más satisfactorio cuando es todo lo contrario.
Como vemos, esto no tiene nada que ver con olvidarse de uno, sino que,
por el contrario, sabemos que nos desarrollaremos mejor pensando en los demás, y
cuanto más desinteresada sea esta ayuda, mejor, ya que nos desprenderemos de
todos los estorbos o intereses personales superficiales y
egoístas.
Esta actitud de pensar en dar más que en recibir tiene varios beneficios
claros. El primero, sería el contar con una mayor tranquilidad y seguridad, ya
que tendremos la sensación de estar
dando pasos valiosos en sí mismos, que ya no dependen de ningún resultado
posterior concreto. Sabemos que son beneficiosos por sí mismos, ya que del
trabajo bien hecho siempre se obtiene su fruto, aunque no sepamos exactamente
cómo ni cuándo. En definitiva,
iremos caminando sobre sólido, sobre lo que vale.
Esta actitud de dar es la actitud que paradójicamente más nos acerca a
recibir, en el sentido de que es la que más hace desarrollar la mente y más
beneficios causa alrededor, fomentando el crecimiento de las personas y, con
ello, también sus buenos sentimientos, incluyendo sus sentimientos hacia
nosotros.
Si alguien me preguntase cómo podría empezar a vivir esta actitud le
diría que lo mejor será comenzar por un primer paso. No se llega a lo más bueno
ni a lo más malo en un día, dado que la conciencia y con ello la forma de ver y
resolver las cosas se van formando o deformando.
Si alguien quisiera dar el primer paso en este sentido sólo le diría que
empiece a actuar siguiendo los dictados de la conciencia y con el objetivo de
causar un bien. Yo le diría que, en principio, descarte lo malo, como, por
ejemplo, agresiones, mentiras o
abortos como forma de solución de nada, teniendo en cuenta que puede tener la
conciencia deformada. Si quiere avanzar más, yo le diría, que lo descarte, en
principio, mientras no lo vea todavía claro. No creo que sea una petición en
absoluto irracional, dado que son cosas en las que suele haber unanimidad en que
no es lo deseable. Por supuesto que si alguien ha cometido algo de todo esto,
también puede empezar a cambiar en cualquier momento. Veremos más tarde, en el
capítulo de cómo analizar y afrontar nuestros fallos pasados (sana
autocrítica ante los acontecimientos adversos), cómo podemos utilizarlos, como cualquier otra
circunstancia, para un aprendizaje y bien futuro.
Si una persona es capaz de dar un primer paso eligiendo lo bueno y no lo
aparente, eligiendo el beneficio real de otro y no su mera complacencia,
eligiendo el bien de otro y no la satisfacción de los propios intereses
personales, habrá dado ya el primer paso y se llevará la sorpresa de que después
de esa dificultad de tener que renunciar al egoísmo personal, tiene una inmensa
alegría, y sabe que su acción ha causado un efecto beneficioso aunque, en
principio, quizá sufra varios inconvenientes personales superficiales. Después,
se trataría de persistir en ese camino por muchos inconvenientes que pudieran
surgir. No serviría en este momento, y ante una posible mala acogida, cambiar de
actitud y empezar a actuar mal y no actuar bien nunca más. Se trataría de creer
en lo bueno como forma de actuar pase lo que pase. Cada vez nos haremos más
fuertes para poder hacer frente a las múltiples presiones externas que nos
inducen a actuar como la mayoría, a seguir los caminos ya trillados o a asegurar
los intereses materiales o el puesto de poder de unas cuantas
personas.
No nos debe sorprender la dificultad de actuar buscando el bien y en
conciencia, dada la estructura de grandes intereses particulares creada. Cuando
la persona haya sido capaz de dar un primer paso en este sentido, creo que
tendrá el siguiente más fácil y por lo menos verá las dificultades que existen
y, sobre todo, las ventajas de ello.
Las presiones pueden ser claras como amenazas de despido o de pérdidas
materiales o bien pueden ser tan sutiles como el temor de ser considerado una
rareza entre los propios compañeros de trabajo. Las presiones sutiles podrían,
incluso, aludir a una supuesta falta de bondad, pudiendo llegar a ser acusado de
egoísta, de causar un mal ambiente laboral; en la familia podrías ser acusado
también de egoísta, de que ya no te importa ni tu cónyuge, ni tus hijos, ni
nadie. En fin, las presiones son múltiples y también las hay que intentan
incidir en lo que se podría llamar buena conciencia, pero que no es otra cosa
que garantizar que todo siga igual y con ello unas relaciones superficiales sin
problemas. Las presiones, no lo
dudes, pueden ser variadísimas. Si persistes en tu buena actuación, pronto verás
claros beneficios, incluso para los que te critican, y, desde luego, si eliges
seguir la corriente a los demás, pronto verás los efectos negativos de tu
acción.
A nosotros nos toca elegir qué camino queremos. Si elegimos el camino
bueno seguramente tendremos alguna caída, pero es mejor una caída por el camino
acertado que la gran equivocación de elegir el camino de los propios intereses
particulares, aunque no se tenga, en principio, porque todo va creciendo, muy
mala intención hacia los demás, y se pueda hacer un servicio a los mismos,
siempre que no interfiera demasiado con lo propios intereses.
Nada de esto se consigue en un día, pero se trata de intentar hacerlo, ya
que es una buena forma de facilitar que surja el buen hábito y los buenos
sentimientos. Tener un buen
objetivo es fundamental para dirigir correctamente nuestra conducta y nuestro
pensamiento. Se logrará un mayor desarrollo cuanto mejor enfocado esté, y cuanto
menos contaminado de otros intereses personales.
Generalmente, éste es un síntoma que diferencia la persona madura de la
inmadura o la actitud infantil en la que la persona cree que conseguirá la
felicidad consiguiendo que los demás le den cosas u obteniendo cosas de los
demás, ya sea afecto, admiración o bienes materiales. En esta etapa de
inmadurez, se centraría la estabilidad de la conducta en las circunstancias
externas en vez de basarla en uno mismo, con lo cual, vemos que sería precaria.
La persona se sentiría insegura al pensar que depende de que los demás le
quieran y le brinden lo que crea necesitar. El objetivo de beneficiar a los
demás, cuanto más desinteresado sea, mayor felicidad y desarrollo producirá. Si
nos hemos referido antes a la salud como estado de bienestar, podemos darnos
cuenta de que nadie se va a encontrar muy bien si nota que no está haciendo con
su existencia nada más que dejar pasar los días.
Por supuesto, esta actitud no habla de ninguna actuación concreta,
excepto descartando, como está incluido en una de las siguientes actitudes, lo
malo. No se consigue ningún bien con lo malo. La única explicación, para
aquellos que han utilizado la agresión en nombre de un bien común, es su falta
de depuración de su intención en alguna parte de su camino. Igual que no se
llega a lo muy bueno en un momento, no se llega a lo muy malo en otro momento,
sino que, generalmente, se han dado pasos previos de bondad o maldad intermedia.
Generalmente todo ha tenido sus avisos, si bien es posible que no se haya hecho
caso de ellos. Es posible que, por un afecto mal entendido, no se hayan tomado
medidas dejando que las cosas siguiesen su camino
equivocado.
La consideración que tengamos de lo que es bueno o malo va a depender de
la formación de nuestra conciencia, es decir, de haberla utilizado para lo que
considerábamos bueno de verdad o al servicio de lo aparente o propio
beneficio.
1. 2. : SENTIRSE RESPONSABLE DE LA PROPIA VIDA.
Hay una cosa que sí depende de nosotros y es hacer lo máximo con las
cualidades, limitaciones y circunstancias que tenemos. Esto no quiere decir que
esté en nuestra mano hacer cualquier cosa. Hay muchas cosas que no podemos hacer
por carecer de cualidades específicas para ello, tanto en este momento, como
quizá para siempre. Cada uno tendrá que evaluar lo que puede o no puede, pero lo
que sí está claro es que todos podemos aprovechar la vida, todos podemos hacer
lo máximo con lo que tenemos.
Nadie tiene todas las cualidades y nadie carece de todas ellas. Todas las
personas tenemos unas cuantas. Para mí, el poner el ejercicio de estas cualidades en la dirección del servicio
a los demás es la mejor forma de aprovecharlas al máximo.
Hay gente que en vez de valorar lo que tiene, ve lo que no tiene. Están
tan obsesionados con lo que les falta, cuya carencia, además, no aceptan que
pueden llegar a creer que no tienen nada.
¿Por qué se quiere tener lo que a uno le falta? Muchas veces es por
comodidad o por vanidad. Todo el mundo quiere ser guapo, inteligente, brillante,
¿se quiere por hacer más labor social o por egoísmo
propio?
Muchas veces, uno pretende eximirse de su responsabilidad vital
refiriendo la existencia de diversas circunstancias adversas o limitaciones.
Refiere que ya hará algo cuando mejore o cambie tal o cual circunstancia o en el
caso de que cambie tal persona que le molesta.
Somos responsables de lo que hagamos con nuestra vida en cualquier
circunstancia externa por difícil que sea. Con respecto a lo fundamental, qué
hacer con lo que tenemos, nunca
estamos a expensas de los demás, ni es bueno que nos sintamos
así.
Cada circunstancia externa, por adversa que parezca, puede ser un motivo
para crecer. A
veces, tenemos un criterio muy cuadriculado y equiparamos el aprovechar la vida
con hacer cosas o no tener problemas.
Nos han dado una vida para administrar y disfrutar. Nos la han dado con
una serie de características diferentes a cualquier otra. Sería una pena que no
la aceptásemos ni le viésemos sus múltiples posibilidades. Cuanto más la
pongamos al servicio de los demás, más le veremos sus posibilidades. Por el
contrario, cuanto más la pongamos al servicio propio, menos se las veremos, y
tendremos la sensación de que nos falta algo, o bien querremos tener más de
aquello o de lo otro, quizá, para un mayor lucimiento o comodidad personales. Y
curiosamente, cuanto más la pongamos al servicio de los demás, también de esta
forma nos beneficiaremos más, nos cuidaremos más, y nos acercaremos al mayor
grado de felicidad dentro de lo humanamente posible.
Hay gente que dice que ya pensará en hacer algo por alguien cuando se
encuentre bien. Yo creo que el orden es inverso, al menos, como objetivo,
aunque, por supuesto, el pensar en hacer algo por los demás ya incluya, y de la
mejor manera, cuidarse a uno mismo. Por supuesto, hacer algo no es hacerlo de
forma llamativa, sino que consiste, fundamentalmente y en principio, en tener la
actitud de hacerlo.
Ninguna circunstancia, por difícil que sea, puede hacer que nos eximamos
de nuestra responsabilidad vital. Pongo por ejemplo la existencia de un marido
alcohólico, un padre enfermo, un hijo retrasado. No es sano ir retrasando el
cambio de actitud esperando la resolución de una determinada circunstancia
externa, la cual difícilmente va a resolverse de esta forma, porque,
paradójicamente, cuanto mejor nos tomemos una circunstancia, en principio no
deseada, e incluso le veamos o intentemos verle su parte positiva o encontrarle
un sentido, más nos acercaremos a su resolución. Así por ejemplo la persona que
tiene un hijo con retraso mental si
le ve un sentido a esto, no sólo no propiciará con esta aceptación el
estancamiento de su hijo sino que, por el contrario, se acercará de la mejor
forma a su tratamiento, si lo hubiere, presente o futuro. Posiblemente su hijo
se acercará con más facilidad a un posible tratamiento que si estuviese la madre
quejándose todo el día de su desgracia, además de que el componente psicológico
de la aceptación de la enfermedad evitaría, sin duda, complicaciones de dicha
enfermedad.
Lo malo es que, a veces, no queremos jugar con las cartas que nos han
tocado, sino que nos gustaría jugar con las del vecino. Podemos llegar a
obsesionarnos con alguna característica que nos falta, y pensar que, si la
tuviésemos, entonces la cosa cambiaría. Esto es un engaño, por esta vía siempre
faltaría algo. La actitud o el grado de aprovechamiento de la vida nunca cambia
exclusivamente por el cambio de una determinada circunstancia externa. Puede
cambiar el grado de comodidad temporal, pero no la actitud ante los
acontecimientos, que es lo fundamental. Si no hay cambio de actitud, siempre
puede dar la sensación de que falta algo, o bien, el bienestar se acabará ante
la primera dificultad, la cual, por cierto, con una deficiente actitud surge con
más facilidad, dado que así como la deficiente actitud dificulta el
afrontamiento de las situaciones difíciles, también las fáciles se afrontarían
deficientemente, no queriendo tener problemas o complicarse, por ejemplo, la
persona, quizá a costa de evitar muchas situaciones o de evitar actuar para
romper el frágil orden logrado. La única solución estaría en el cambio de
actitud, empezar a actuar con lo que ya tenemos. En cuanto a las circunstancias
externas, siempre hay algo imperfecto. Si exigimos la perfección de las mismas
antes de cambiar nosotros, nunca cambiaremos, siempre nos faltará algo, siempre
estaremos descontentos y cualquier disculpa parecerá buena o bien tendremos un
bienestar superficial o precario.
Al pensar que nos falta algo podemos llegar a pensar que no tenemos nada.
"Yo no tengo nada": no es inhabitual oír. A lo mejor esta persona está tan
preocupada por su situación económica que no ve todo lo que tiene, hasta que,
por supuesto, le falte. Entonces sí va a añorar todo eso y decir: "Si
tuviera..., haría...". O se hace con lo que se tiene o nunca se hará nada a no
ser, claro está, que se cambie de actitud.
Las circunstancias vienen muchas veces dadas, otras las hemos propiciado
nosotros, pero qué hacer a partir de este momento con ellas depende única y
exclusivamente de nosotros.
No podemos echarle la culpa a nadie de no aprovechar la vida. Las
disculpas pueden ser múltiples para no asumir esa responsabilidad, como echarle
la culpa al vecino, al jefe, al marido, de los cuales uno puede pensar que hacen
la vida imposible. Todas esas no son más que circunstancias, que quizá hayamos
propiciado, como luego veremos, que nos pueden influir, no cabe duda, pero que
nunca son responsables de nuestra conducta, ya que la respuesta a dichas
circunstancias es variada y es nuestra y nada más que nuestra. La respuesta
individual ante un determinado acontecimiento es nuestra. Las circunstancias
son, quizá, ajenas a nosotros, pero nuestra respuesta no es ajena a nosotros. De
nuestra respuesta somos los únicos responsables. Pensar otra cosa sería
eximirnos de nuestra responsabilidad y poner la vida en manos de los demás o de
las circunstancias, lo cual no sería sano aunque sí ,quizá, más cómodo al
principio.
A veces a una persona que tenga grandes aspiraciones, y tema no
conseguirlas, también le resulta cómoda la disculpa de la existencia de una
circunstancia difícil. Así se evita el tener que enfrentarse con el riesgo de no
lograr lo que pretendía. Si nos olvidamos del lucimiento personal y vamos
haciendo lo que podemos, también evitaremos el tener planes irreales para
nosotros y no pretender que todo salga como a nosotros nos hubiera gustado. La
perfección no es lograr tal o cual resultado, sino hacer lo máximo que cada uno
puede hacer. Curiosamente, para ponerse en el camino de una perfección real, hay
que huir de perfeccionismos superficiales inmovilizadores en los que la persona
no se atreve a dar un paso para no mostrar las limitaciones que, sin duda, todo
ser humano tiene o por el temor a cometer los errores normales de todo caminar.
Si se hacen las cosas existe un aprendizaje y lo normal es que cada vez se hagan
mejor. No vamos a dejar de hacer las cosas si estamos suficientemente preparados
para ello, porque dentro de 5 años las hubiésemos hecho mejor. Dentro de 5 años
se harán mejor si se hacen hoy, no si se dejan de hacer. Si se dejan de hacer ya
no hay aprendizaje alguno, sino todo lo contrario. El peor error sería dejar de
hacer las cosas sin motivo justificado para ello. Cuando uno intenta una cosa,
claro que se expone. Se expone, entre otras cosas, al riesgo de no obtener el
resultado que esperaba y quedar en ridículo. Si nuestra intención es la
acertada, a pesar de todo, sean cuales sean los resultados, habrá sido un
acierto. Si uno se expone por el camino acertado, pase lo que pase, avanza. No
así el que se retrae y prefiere que quede la duda de lo que hubiese podido ser
si él actúa. Esta persona no avanza. La persona que prefiere no exponerse,
porque pone su confianza en los resultados y no en su buena actuación, puede
tener la tentación de disculparse por circunstancias externas, ya sea un marido,
un hijo, otro familiar o un vecino o amigo. De todas formas, una persona que no
se haya atrevido a ser y a actuar, siempre está a tiempo. Tiene tiempo hasta que
la vida física se le acabe. Entonces sí que ya no le quedaría tiempo para
esto.
Es bueno que nos sintamos responsables, tengamos la salud o la edad que
tengamos. Cómo aprovechar la vida no
tiene que ver ni con unos determinados resultados ni con tener un puesto de
trabajo de 8 horas. Cualquier persona puede aprovechar la vida, aunque tenga una
avanzada edad o tenga una enfermedad. Para hacer algo sólo hace falta tener la
intención de hacerlo. El qué hacer ya dependerá de las circunstancias de cada
uno. Por ejemplo, en el caso de una señora mayor postrada en cama, no sería sano
que dijera: "Ahora a mi edad o con mi salud no puedo hacer nada". Efectivamente,
con el paso de los años o con la enfermedad surgen unas limitaciones en algún
sentido, pero surgen otras posibilidades. Dichas limitaciones también permiten
el acceso a diferentes mundos, que de otro modo quizá se desconocerían. En algún
sentido, como sería en el caso de intentar ser auténticamente persona humana
para el que se pone en este camino, nunca habría un envejecimiento. En este
sentido, siempre podría haber un avance hasta que nos muramos. Todo el mundo puede pensar, por ejemplo,
en los diferentes modos en los que puede estar una persona enferma e
imposibilitada en la cama. Sin hacer aparentemente nada, puede hacer mucho bien
o mucho mal. Hacer una cosa u otra sólo dependerá de su intención de hacer o
dejar de hacer lo que esté en su mano. Puede pensar en el bien común o bien en
el suyo propio. En ambos casos podría estar tumbada en la cama, pero, sin duda,
lo que aportase sería bien diferente. Su actitud seguro que se transmitirá en
todas sus acciones y palabras, incluso a la hora de dejar que le administren los cuidados
que pudiera necesitar. Todos podemos imaginarnos lo que puede alterar a una
familia una persona que está en esta situación y no la acepta, y que con el paso
de los años no ha ido creciendo en hacer el bien, sino que se ha agudizado la
actitud de pensar en sí misma. Y,
por otro lado, podemos imaginarnos la bendición de la persona que, a pesar de su
estado, piense en los demás. La fuente de alegría para su familia puede ser
inmensa. Mientras hay vida no
termina nuestra labor y para ello sólo hace falta tener la intención de
aprovechar lo que tenemos al servicio de los demás. No hace falta que nadie nos
contrate para ello ni tener unas circunstancias externas perfectas.
1.
3. COMENZAR POR NUESTRA ACTUACIÓN EN
POSITIVO. NO COMENZAR POR LAS DEMANDAS. COMENZAR EL CAMBIO POR NOSOTROS
MISMOS
Continuamente vemos lo que está mal, lo que no nos gusta.
Parecería, incluso, que tenemos una especial percepción para ello. Nos gustaría
que nuestro jefe, amigo, pareja, madre, padre, hijo, se comportaran de otro
modo, incluyendo su comportamiento hacia nosotros. Hay mucho que mejorar, pero
¿por dónde empezar? Los cambios fundamentales siempre empiezan por uno mismo.
Nos podemos pasar la vida intentando cambiar a los demás, controlar lo
incontrolable, pero, ¿qué es lo único que está en nuestras
manos?
Nos pasamos la vida deseando que otro haga tal cosa, que otro nos quiera,
pero, ¿qué es lo único que está en nuestras manos y además nos acerca
indirectamente a lo anterior? Hacer nosotros y querer nosotros. ¿Cómo podríamos hacerlo? Poniendo nuestras
cualidades al servicio de lo que consideremos el bien común.
La realidad es como es, imperfecta y, si queremos aportar nuestra parte,
tendremos que encaminarnos, sin dilación, a mejorarla, no entreteniéndonos en
constatar lo mal que está. Esa parte ya está hecha.
¿Por dónde podríamos empezar la mejora?, ¿por decirle a alguien lo que
tiene que hacer?, o lo que sería peor, ¿por intentar controlar la conducta de
otro? Hay un dicho popular que dice que es fácil cambiar el mundo, pero lo difícil es cambiar
uno.
De nosotros no depende directamente la conducta de otro. Sólo hay una
conducta que sí depende directamente de nosotros y esa es la nuestra. Por ahí
tendríamos que empezar si queremos colaborar en todo lo que vemos que es
mejorable.
Creo que es más sano y efectivo empezar por lo que podemos aportar en
positivo en vez de empezar con demandas o críticas ajenas.
Muchas veces nos enfrascamos en críticas ajenas, vemos lo que es injusto, lo que
no nos gusta de los demás e intentamos controlar lo que depende de otros
descuidando posiblemente lo único que depende de nosotros, nuestra conducta. Nos
olvidamos de que lo único que está en nuestra mano es nuestra propia conducta
incluyendo nuestras actitudes, nuestro pensamiento, sentimientos y
comportamiento. Por ejemplo, si no me gusta mi situación laboral y he decidido
permanecer, al menos por el momento, en ella y veo múltiples cosas que no me
gustan, puedo pensar en qué puedo aportar yo en positivo, no en críticas. Creo
que es más saludable y creativo enfrascarse en lo que podemos aportar en positivo y no
en comenzar haciendo demandas a los demás.
Generalmente, la mejora de
las circunstancias externas pasa por nuestra propia mejora. Así como la mejora
de las circunstancias externas es indirecta, la única directa es la nuestra
propia, la cual, por supuesto, influye en los demás.
Intentar controlar lo que depende de nosotros, pero no intentar
controlar, al menos directamente, lo que ya no depende. En las próximas páginas
veremos que la vía de intervención sobre la conducta de los demás que no creamos
adecuada, no es la vía del control, sino facilitar el descubrimiento de
actitudes más eficaces. Ser conscientes del gran campo de lo que cada uno puede
hacer. Por ejemplo: en una relación de pareja, cuántas veces oímos que cada uno
de los miembros de la pareja cree que sería más feliz si el otro cambiase. No
nos damos cuenta de que lo único que depende de nosotros es nuestra propia
actuación y nuestro propio pensamiento. Todos estamos dispuestos a recibir amor,
cuidados, atención. Sin embargo, lo único que depende de nosotros es darlo, lo
cual curiosamente, si lo hacemos de forma desinteresada y deseando el bien
auténtico de una persona, es lo que más nos acercaría a recibirlo, ya que
tendería a surgir lo bueno de esa otra persona. La persona que brinda amor se
desarrolla más y este desarrollo es fundamental para que pueda existir una
comunicación con otra persona ya que sin un desarrollo individual no hay
crecimiento en pareja. Es un mejor enfoque dar amor que encaminarse a recibirlo
haciendo múltiples demandas, lo cual lejos de acercarnos a recibirlo, nos aleja.
Muchas personas pueden decir que quieren mejorar su matrimonio pero, ¿lo quieren
realmente? Es posible que quieran el resultado pero no quieran el esfuerzo que
puede suponer su cambio personal o deshacerse de ciertas seguridades, aunque
éstas sean mediocres. Es como si viésemos a una persona que dice que quiere ser
médico, pero no se matricula ni estudia, e insiste en que quiere ser médico, ¿lo
quiere realmente? Parecería que no está dispuesto a pasar por las condiciones
necesarias. Es frecuente oír: "Yo cambiaré cuando él o ella cambie", y así
pueden llegar a ancianos sin cambiar ninguno. El que tiene la suerte de ver la
necesidad de mejorar no puede supeditar su propio cambio al cambio del otro ni
comenzar con exigencias. Es mejor comenzar aportando, sabiendo que tan sólo con
eso, e independientemente de los resultados, beneficiamos y nos beneficiaremos
de la mejor forma posible. Si una esposa brinda a su marido un amor
desinteresado encaminado a lo que considere lo mejor para él, facilitará que
surja lo mejor de él mismo. Su acción tendrá un beneficio seguro derivado de
haberle brindado amor, y se acercará, a su vez, a ser querida, ya que facilitará
que surjan buenos sentimientos también por parte del marido. Estos cuidados no
tienen que ser muy llamativos, ya que esos muchas veces son los más interesados.
Por ejemplo: a lo mejor una esposa hace mucho por su esposo si ordena la casa y
crea un clima agradable; sabe que, aunque el marido no lo note conscientemente y
no lo atribuya a ella, se va a beneficiar, y posiblemente se encuentre en mejor
disposición de hablar o trabajar o hacer cualquier cosa. Lo más saludable sería
que se dedicase cada uno a beneficiar al otro y ya el beneficio del otro se
considere la mayor gratificación en sí misma, no esperando su reconocimiento.
Para el que ya tiene un puesto de trabajo en el que puede brindar un
servicio útil y ha decidido continuar en él, creo que es mejor pensar en aportar
algo en positivo y no en hacer excesivas demandas. Existen muchas cosas que
están mal en todas las empresas pero creo que lo más saludable es comenzar por
aportar cada uno lo que pueda sin retrasar esta actuación hasta que mejoren
ciertas condiciones externas. Yo creo que el orden idóneo es comenzar por
mejorar nuestra actuación. Con ello colaboraremos en la mejora de las
circunstancias externas, que a su vez nos potenciarán y ayudarán.
Así pues, incluso ante cualquier situación que creamos que nos limita
como por ejemplo la cárcel, podemos pensar en qué podemos aportar a los demás en
esa circunstancia. Sabemos que circunstancias perfectas no existen y no se van a
conseguir esperando con los brazos cruzados que lleguen. Incluso para una
persona que quiera cambiar de trabajo creo que mientras no lo haga, lo que más
le acerca a ello es rendir lo más posible en el actual. Por el contrario, el
limitarse a quejarse en el actual trabajo le aleja de poder encontrar uno nuevo.
En este último caso tenderá a bajar el estado de ánimo, la seguridad propia y la
autoestima, la mente será menos creativa y además las relaciones sociales y
personales empeorarán. En el caso de una persona que busque trabajo, no podrá
decir que no hay cosas que hacer. Incluso el pensar qué puede aportar requiere
una dedicación. Sabemos que trabajo o cosas que hacer hay en todas las esquinas.
Creo que el pensar qué se puede hacer que beneficie a alguien en vez de pensar en obtener un
sueldo también es más saludable. A un parado trabajando en este sentido de
aportar algo al bien común creo que le surgirá alguna
idea.
Por supuesto, dentro de la propia actuación está lo que uno tiene que
hacer ante lo que ve que está mal. No intentar obligar a nadie, sino ver lo que
uno puede hacer ante la mala actuación del otro. Observar todo esto y, si
persiste, ver las medidas que habría que adoptar. No obligando a que ellos actúen, sino
actuando nosotros, y haciendo, por ejemplo, lo que tenemos que hacer al
respecto, lo cual puede incluir por supuesto hablar con esa persona como primera
medida exponiendo nuestro punto de vista, así como, posteriormente, utilizando
todo tipo de recursos legales existentes. Por ejemplo, es más cómodo que otro se
exponga a hacer bien su labor, quizá sufriendo las consecuencias derivadas de
ello, que exponerse uno. Si uno no hace lo que tiene que hacer, ya no tiene nada
que decirle al que hace lo mismo.
Efectivamente, actuar bien puede traer aparentes complicaciones
personales. Si no lo hacemos nosotros, no podemos obligar a
nadie.
Por ejemplo, en el caso de
las personas que no toleran la injusticia de otros, yo pienso que la mejor forma
que uno tiene de aportar justicia es comenzar por pensar qué puede hacer él en
positivo por los demás de forma global y en esa situación concreta. Es más fácil
ser incluso una persona que se limita a protestar, pero no hace lo que tiene que
hacer por miedo a salir perjudicado, que ser alguien que sí hace lo que tiene que hacer, incluyendo la
utilización de cauces legales y, sin duda, adquiriendo un mayor compromiso en esa causa. El que
se dedica a protestar sin hacer nada más es posible que se escude en que no cree
en la Justicia. La mala actuación de las instituciones o las personas no debe
eximirnos de nuestra actuación correcta. Por la vía de hacer nuestra parte
seguramente podremos hacer algo al respecto de lo que veamos
mal.
No se puede justificar una persona y decir que no hace lo que tiene que
hacer, porque otro no lo hace tampoco. La responsabilidad es individual e
intransferible, cada uno tiene la suya.
¿Quién tiene más culpa, el que promueve lo que está mal o el que
consiente con ello? Si nadie consintiese lo malo, muchas veces por particulares
intereses, no surgiría la iniciativa de lo malo en muchos casos. Los que
promueven el mal están muchas veces muy seguros de que nadie se va a exponer con
su buena actuación a "complicarse" la vida y van a preferir consentir con ese
mal, haciendo, claro está, un mal a su vez. Me pasma, incluso, que cosas que
antes permanecían en el terreno de lo implícito se digan ahora explícitamente:
"Si no haces esto, ya sabes a qué atenerte". Muy seguras tienen que estar estas
personas de que nadie va a mover un dedo para que las cosas mejoren si con ello
pueden salir mínimamente perjudicadas en sus intereses
particulares.
1.
4, LO QUE DA ESTABILIDAD A LA
CONDUCTA ES ACTUAR POR CONVICCIÓN.
El bien sólo se puede elegir libremente. A la fuerza se eligen otras
cosas pero no el bien. Para elegirlo se necesita libertad y estar convencido de
su eficacia independientemente de los resultados aparentes que se obtengan de
dicha elección.
La conducta puede guiarse por imitación, como ocurre en ciertos
retrasados mentales, por búsqueda de una gratificación o evitación de un castigo
o bien puede guiarse por convicción. La motivación más evolucionada es la
convicción, y es la única que da estabilidad a la conducta. Con las otras
motivaciones, la conducta dependería de ciertas circunstancias externas, con lo
cual no tendría estabilidad en absoluto.
En la motivación de búsqueda de una gratificación o evitación de un
castigo, la persona no cree en el beneficio de una buena actuación. Es posible,
que se ajuste a las normas pero sin entender su auténtico sentido, con lo cual,
en el caso de que las cumpla, lo hará de forma superficial. Por supuesto, que
toda norma tiene un sentido y lo mejor para cumplirla totalmente es entender el
sentido que tiene. El cumplirla por saber que lo contrario sería antijurídico,
no es lo deseable, y no figura entre las motivaciones más evolucionadas. Lo
fundamental para cumplir una norma es creer que tiene un sentido, aunque en
algunos casos lo desconozcamos por no conocer la materia que trata. Si esa norma
no tuviera sentido habría que trabajar para que no estuviese ahí, pero no
saltársela rápidamente porque sí, cuando seguramente otro grupo de personas que
han estudiado el tema la han considerado conveniente.
El que sólo actúa bien
cuando le van a dar una gratificación o para que no le castiguen, ya os podéis
imaginar que su comportamiento dependerá única y exclusivamente de
circunstancias externas y no de él mismo. Su conducta, claro está, no tendría
estabilidad. A veces las conductas cambian de forma sorprendente debido a este
motivo, a que no se caminaba sobre sólido sino que se hacía en el aire, sobre
motivaciones poco estables.
Tampoco tiene estabilidad el que está bien mientras no tenga ninguna
dificultad en el exterior. Sólo está bien el que está en condiciones de afrontar
de la forma más constructiva lo que se le presente, sea fácil o difícil, sea
bueno o malo. El que sólo sabe afrontar o estar bien ante lo bueno, claramente,
no tiene estabilidad. Pensará que para estar bien, el otro tiene que portarse
bien con él, y si no lo hiciese, creería
que es un motivo suficiente para responder con la misma moneda o
encontrarse mal. Claramente, esa persona no cree en la eficacia de lo bueno en
cualquier circunstancia.
Cuando uno cree en una respuesta buena tampoco cabría decir: "Hasta que
se pueda". Si se cree en lo bueno y no en otra cosa, no hay un tope. La persona
que le pone un tope, "hasta aquí", no cree en lo bueno. Le parecerá, si acaso,
con más ventajas, pero no cree en su eficacia. Y por supuesto, antes de llegar a
ese tope su conducta ya será más pobre que la de una persona que sí cree
realmente. Por supuesto, actuar
bien no es hacer el tonto, sino hacerlo todo con la mejor intención. Actuar bien
no es ser un sensiblero al que le de mucha pena una persona y por eso no pueda
ver lo que necesita realmente, cuando a lo mejor lo que necesita es recibir un
tratamiento o ingresar en prisión, para protegerse de su propia conducta
equivocada.
El que sólo se porta bien con los simpáticos, con los que se portan bien
con él, ¿qué mérito tiene? La conducta del otro es la conducta del otro, que
habrá elegido en función de sus conocimientos, sus circunstancias y sus
elecciones. La única conducta que podemos elegir directamente es la nuestra. El
que elige la buena pero de forma condicionada: "Siempre que el otro se porte bien
conmigo", no cree sin duda en la eficacia de lo bueno, sólo cree en su
conveniencia. Sin duda elegirá lo
bueno mientras le convenga pero dejará de hacerlo cuando no le convenga, y el
bien no siempre conviene particularmente.
Por supuesto, el que sólo cree en lo bueno si los demás se portan bien,
ni siquiera en estas circunstancias su conducta sería buena auténticamente, ya
que sin duda no querría las complicaciones que esto podría
comportarle.
Sólo está auténticamente bien el que está en condiciones de afrontar lo
que se le presente, sea esto lo que sea. Cuando alguien dice: "Yo respeto al
otro, el otro me tiene que respetar a mí". De uno sólo depende directamente la
propia conducta, no la del otro. Al
actuar bien ante una mala actuación del otro ya le brindas un ejemplo útil. No
sabemos si va a acoger el ejemplo ahora, en algún momento o nunca, pero, sí
sabemos que hemos hecho nuestra parte al brindarle el conocer una forma
diferente de actuar. Posiblemente, hay mucha gente que sólo ha recibido malas
respuestas por su mala conducta. El encontrarse con alguien con intención
constructiva ante una mala conducta es una sorpresa; sin duda, ese hecho no
pasará desapercibido.
No se puede estar bien si uno no depende para ello de sí mismo, sino que
depende de lo que otros hagan. Sin duda, en este último caso su estar bien sería
sólo aparente y muy precario. Por supuesto, el bien que elegirían estas personas
mientras todo a su alrededor va bien sería muy precario, además de superficial y
poco comprometido, más bien encaminado a estar uno bien y tranquilo que a
procurar el bien real del otro.
Para elegir el bien de verdad hay que estar muy convencido de que esto es
lo mejor, entre otras cosas porque no siempre va a ser bien recibido, ya que
muchas personas prefieren quedarse como están aunque estén mal. Prefieren, por
ejemplo, seguir atados a mil ataduras como podría ser el tener una imagen de
buenecito ante la familia y amigos (aunque eso signifique ser sumiso y dejarse
llevar, cosa sin duda poco sana). En una estructura como nuestra sociedad con
tantos intereses creados, sin duda es difícil actuar bien y nadie te lo pone en
bandeja. La única gratificación que puede esperar el que actúa bien es el saber
que su conducta es eficaz y le sirve a muchas personas. Elegir este bien con
mayúsculas puede complicarte la vida, y por ello, nadie lo elige a la fuerza. Si
hacer el bien coincidiera con quedar bien, ya sería otra cuestión, pero no tienen por qué coincidir,
siendo, además, contrarios como objetivos o dirección de la actuación. Hacer el bien no es una actuación
interesada, no es actuar para
obtener una gratificación personal, sino que el objetivo es hacer un bien
real.
Para optar por el bien real, se necesita libertad. No es posible elegirlo
a la fuerza. A la fuerza sólo podría elegirse un bien muy superficial que, en
definitiva, sería un mal, aunque sólo sea por omisión. Para elegir el bien hace
falta creer en él, independientemente de que nos traiga alguna complicación,
salgamos criticados o superficialmente perjudicados en nuestras
apetencias.
Si una persona actuase dependiendo de la respuesta externa de sus
actuaciones, su estabilidad sería muy precaria. Puede aparentar tenerla mientras
las circunstancias externas son del todo favorables, pero se vería que no es así
ante cualquier contrariedad. Por eso, a veces, las circunstancias externas
desfavorables no provocan algo malo, sino que ponen de manifiesto lo que de
verdad hay.
Si una persona actúa interesadamente para obtener una gratificación o
para evitar un castigo, su conducta puede volverse del revés en cualquier
momento, aunque haya tenido una conducta aparentemente adaptada durante muchos
años. Alguien podría decir que parecía muy normal, que nunca había tenido
problemas. Sin duda, no se llega a las cosas por casualidad. Su actuación
durante todos esos años no habría sido la ideal.
Se ha generalizado el considerar normal que cada persona actúe y trabaje para su
propio interés. "Eso da dinero, de eso comen muchas familias...", "eso no se
puede tocar porque da dinero y crea puestos de trabajo": se dice. Da igual que esos puestos de
trabajo causen grandes daños. Da igual el daño que eso haga, el perjuicio que
eso produzca; parece que hay que mantenerlo, porque da dinero. Eso no causa
ningún bien ni obtiene ninguna riqueza, sólo mueve el dinero a las manos de los
que hacen ese tipo de trabajo. No se distingue entre mover dinero y generar
auténtica riqueza, para lo cual se necesitaría una visión amplia del
asunto. Si el objetivo de nuestro
trabajo es tener una ganancia material particular, seguramente, se está generando un mal, al menos en
términos globales. El tener una intención de ganar dinero también puede provocar
en ciertos sectores una actitud inmovilista, se ve todo como una amenaza a la
propia ganancia material en vez de alegrarse con todos aquellos avances tecnológicos que
facilitan las tareas. Con respecto a los servicios privados el objetivo de la
ganancia material no lo veo saludable, aunque en muchos casos pienso que podría
ser lícito. Sin embargo, en lo que se refiere a las Administraciones Públicas,
este interés material particular, además de no ser saludable, no es lícito, dado
que la Constitución Española en su artículo 103, apartado 1 refiere: "La
administración Pública sirve con objetividad los intereses generales...". Dentro
del Régimen Disciplinario de los
Funcionarios de la Administración del Estado, figura dentro del capítulo II de
faltas disciplinarias y dentro de faltas graves: "El abuso de autoridad en el
ejercicio del cargo". Belén Marina Calvo ( 1999) refiere con respecto a esta
infracción disciplinaria: "En esta infracción se incardinan las conductas de los
funcionarios que, prevaliéndose de su cargo, obtienen un beneficio para sí o
para terceros" Los funcionarios también se deben a este servicio público y, en
este sentido, están sometidos a la ley y no necesariamente a las órdenes de sus
superiores si no se rigiesen por
estos principios. "...el inferior está subordinado a la legalidad y las reglas
técnicas de la profesión" (Belén Marina Calvo 1999) Sin embargo, en la detección y
confirmación de esto yo, que no soy jurista sino psiquiatra, veo un problema, y es que, como decíamos
, la conciencia y con ello la forma de ver las cosas se forma y se deforma.
¿Cómo confirmar que alguien no ha actuado dirigiéndose hacia el bien común real
si la persona ya tiene toda una serie de ideas equívocas sobre el comportamiento
humano, por ejemplo?, quizá podría intentar ampararse en su forma de pensar
posiblemente modelada por múltiples actuaciones interesadas anteriores. Otro problema es que para ver la actitud
del otro, uno tiene que vivir una buena actitud. En una cosa es imposible el
engaño: en las actitudes vitales de una persona, ya que con ellas cambia la
forma de ver las cosas, siempre, por supuesto, que el receptor sí tenga unas
buenas actitudes vitales. En caso contrario, cualquier comportamiento
superficial le podría engañar.
El actuar por convicción, creyendo en la utilidad de lo bienintencionado,
pase lo que pase, es lo único que da estabilidad a la conducta, y lo único que
la protege de ser convertida en una conducta mala al faltar una gratificación o
al faltar el riesgo de un castigo.
No basta con actuar bien cuando se va a obtener una gratificación, sino
que hay que actuar bien siempre independientemente de la misma. Cuando se actúa
bien sólo cuando se va a obtener una gratificación, se corre el riesgo de actuar
mal ya sea activamente o por omisión cuando falte la gratificación o se sepa que
la evitación del castigo está asegurada.
El que sólo actúa bien para obtener una gratificación o siempre que eso
no le cause ningún perjuicio a nivel personal, realmente no actúa bien en esta
sociedad, y con ello se expone a todas las graves consecuencias de poner su
confianza donde no está, en los resultados externos, y no es su propia conducta.
1.
5. GUIARNOS POR ACTITUDES Y
COMPORTAMIENTOS MÁS QUE POR RESULTADOS. PONER LA SEGURIDAD DONDE REALMENTE
ESTÁ.
Depende de nosotros el que la intención que nos guíe y nuestro
comportamiento sean los mejores posibles de acuerdo a nuestras posibilidades.
Sin embargo, en el resultado de dicha actuación es posible que intervengan otros
factores. El olvidarnos en la medida de lo posible del mismo nos hará rendir
más, ser más eficaces, y evitará el estrés derivado de pensar que el beneficio
de nuestra actuación bienintencionada depende, únicamente, del logro de un
determinado resultado.
De una buena actuación van a derivarse buenos resultados con seguridad,
aunque no sepamos cuándo ni cómo exactamente. Sobre todo, si brindamos ayuda a
otra persona tenemos que saber que toda la ayuda que le brindemos, sobre todo si
pretendemos educarla, tendrá que ser incidiendo en su libertad, dado que lo que
da estabilidad a la conducta es actuar por convicción, y para eso se necesita
libertad. Otras formas quizá más seguras de controlar la conducta a corto plazo
como inducir al miedo, prometer una gratificación inmediata, no facilitarían
pautas permanentes y saludables de actuación. La conducta no tendría
estabilidad.
Una vez que hayamos actuado, tener confianza en que se resolverá de la
mejor forma posible. Añadir a nuestra actuación nuestra preocupación y nuestro
intento de control de unos determinados resultados pondría de manifiesto nuestra
inseguridad y falta de confianza en nuestra actuación y en la de los demás.
Crearía una expectativa negativa, que sería perjudicial.
Una de las cosas que más ansiedad produce es estar pendiente del logro de
un resultado. Es más saludable y tranquilizador estar pendiente de una depurada
intención y actuación. Lo demás no
hay forma de controlarlo por una vía sana.
Todo lo hecho con buena intención sirve, y no se puede supeditar la
utilidad de una acción al hecho de conseguir un determinado resultado. No se
puede pensar que una acción bienintencionada no serviría de nada, porque no se
consiga un resultado concreto, en cuya obtención, seguramente, hay más factores
implicados.
No es sano no soportar lo
impredecible, la incertidumbre y, en definitiva, lo que no está bajo el control
de uno. Todo eso, lo ajeno a nuestra propia actuación, nunca va a ser definitivo
en nuestras vidas. Se necesita, pues, un cambio en esa actitud si se quiere
evitar el estrés, ya que no se evita el estrés si se sigue pensando que la
propia vida depende de lo que otra persona haga o decida.
Es muy importante para la salud
actuar en conciencia. Es la mejor forma de evitarse conflictos mentales.
A pesar de eso, no es tan habitual como sería deseable. Muchos amoldan su vida a
los criterios imperantes en la época y pueden llegar a pensar que actúan en
conciencia. Si se lo preguntas a cualquier persona seguramente te dirá que ya
actúa en conciencia, cuando, a lo mejor, se refiere a que adapta su conducta a
lo más popular del momento, con lo cual, a su conciencia, ya ni la oye. La tiene
tan a raya que de momento no le da problemas. Nos encontraríamos, en esta
situación, ante un caso grave de engaño personal.
Nadie sabe donde está la conciencia, pero todos tienen experiencia de su
existencia.
Tenemos todo lo necesario para aprovechar la vida: unos talentos, una
libertad para elegir la dirección del bien común, y una conciencia, la cual, una
vez elegido el camino anterior, nos va indicando lo que está bien o lo que está
mal.
Muchas personas me pueden decir que lo que está bien para una persona,
puede estar mal para otra.
Efectivamente, uno verá las cosas según el grado de formación de su
conciencia, al haberla utilizado y seguido o no. Pero como cada uno tiene que
partir desde donde está, no desde dónde tendría que estar, será bueno que vaya
caminando con la dirección del bien común, tirando de su propia conciencia en el
grado en el que ésta esté, contando
por supuesto en principio con esta posible deformación; aunque creo que puede ir
con tranquilidad si su intención es realmente buena, ya que yo creo que eso ya
ejercería una protección frente a tomar decisiones muy desacertadas incluso en
fases iniciales.
1. 7. GUIARSE
POR LA RAÍZ DE LOS PROBLEMAS. NO INTENTAR TRATAR SÓLO LAS
MANIFESTACIONES.
En el tratamiento de
cualquier problema es fundamental el tratamiento de la raíz del mismo y no sólo
de las manifestaciones o síntomas más evidentes. Si esas manifestaciones son
graves, por supuesto que deberán tratarse, pero sin desocuparse del tratamiento de lo
fundamental, ya que, en caso contrario, van a volver a reproducirse los síntomas
o manifestaciones graves. Así como por ejemplo: ante una hemorragia con
importante pérdida de sangre quizá se necesite una transfusión, pero poca ayuda
se prestará al enfermo si se le transfunde sangre, pero no se trata el punto de
hemorragia que originó dicha pérdida de sangre. En este caso donde las
manifestaciones son graves hay que tratar éstas, y hay que tratar la causa de
las mismas. Si no se trata la causa, la ayuda habría sido inútil. Si, por
ejemplo, se tratase de una hemorragia leve, con tratar la causa sería más que
suficiente, y ya desaparecerían las manifestaciones sobre las que no habría que
hacer nada en concreto. En el caso por ejemplo de una guerra, al igual que es
necesario tratar las consecuencias sanitarias y alimentarias de la misma, es
necesario con igual urgencia comenzar un tratamiento encaminado a evitar que
esos problemas vuelvan a producirse o se perpetúen. En este sentido creo que es
un factor fundamental el mejorar las actitudes de las personas implicadas. En
ningún caso puede pensarse que no puede hacerse nada en este sentido. Creo que
esto sería perjudicial.
Lo mejor es encaminarse a la solución óptima del problema, y no
encaminarse a una solución mediocre o que sea un parche, descartando la idónea
por idílica. El planteamiento idóneo siempre logrará los mejores resultados. Por
ejemplo, en un barrio marginal, donde existen niños en condiciones sociales
precarias, yo creo que la mejor solución será enfocar el asunto hacia un
tratamiento de toda la familia, padres e hijos, de cara a que permanezcan juntos
pero en condiciones más saludables y si, a pesar de este enfoque idóneo, no fuese posible la convivencia por
patología de alguno de ellos, el buen enfoque siempre orientará en la mejor
dirección, y además facilitará a los niños que comprendan la actitud de los
padres lo cual ,sin duda, les hará un gran bien.
Yo creo que el tipo de soluciones parciales y mediocres y las óptimas son
totalmente incompatibles, ya que quien pone en práctica las primeras
prácticamente parte de la base de que no cree en la curación del ser humano ni
en su cambio. Se le transmitiría a
la persona afectada que no se piensa que pueda cambiar, y eso no es lo
deseable.
Creo que la mente funciona
mejor al encaminarse a la resolución íntegra de una cuestión. De otra forma,
estaríamos limitando las posibilidades de una solución óptima. No creo que la
solución óptima sea utópica, además creo que es la única realmente válida. Las
otras no son buenas ni eficaces, y traen nuevos males. Lo ideal es dar pasos que
nos acerquen hacia resolver la raíz
del problema. Muchas veces tratando la raíz desaparece una manifestación. Por
ejemplo, en el caso de un adolescente con trastornos de conducta, se logrará
mucho más brindándole afecto y aceptación incondicional que señalándole su mala
conducta, lo cual lo único que haría sería perpetuarla. Lo más eficaz será
fomentar el potencial de una persona lo cual se logra de la mejor forma
permitiendo que surja con afecto y aceptación incondicional. A mí me sirve
pensar que el hombre en plena libertad tiende al bien, y todo lo que se encamine
a fomentar esa libertad siempre es lo mejor. El señalar e intentar controlar
aisladamente una mala conducta, con la idea subyacente de que el niño por
ejemplo tiende al mal y que hay que controlarlo no me parece en absoluto eficaz
y, de hecho, no creo que resuelva nada, sino que, por el contrario, el recibir esas críticas le
empeora. Todo lo más que podría conseguirse con críticas o castigos sería que el
niño adoptase durante unos años, por ejemplo, una determinada conducta correcta
a base de mucha tensión; pero no se conseguiría que aprendiese nada sólido ni que
tuviese motivaciones sólidas.
Para entender esta actitud de guiarse por la raíz de los problemas
podríamos pensar en una planta. Si se le secan las hojas, a nadie se le ocurre
arrancárselas sin más, sino que verá si, por ejemplo, le falta agua u otra cosa,
pensará por qué se le han secado las hojas. Seguramente si le falta agua y la
riega no tendría que hacer nada más, las hojas secas ya se caerían por sí
solas. Cualquier retoque de las
hojas si fuera necesario sería después o junto al tratamiento de raíz, y ,sin
duda, sería mínimo y no muy agresivo,
sino ayudando a la propia naturaleza de la planta.
1. 8. A LA HORA DE SOLUCIONAR UN PROBLEMA,
TENER UNA AMPLIA VISIÓN DE TODAS
LAS PERSONAS IMPLICADAS
El objetivo hacia el que nos dirijamos a la hora de enfocar una situación
particular es muy importante. Es importante que se encamine a aportar el máximo
bien con una visión amplia del asunto. La visión amplia incluye una visión a
largo plazo, mirando al futuro, no a los próximas horas ni días; así como una
visión incluyendo a todas las personas implicadas en ese asunto que queramos
resolver y, de forma deseable, una visión de fondo todavía mayor incluyendo a
toda la humanidad.
Esta visión amplia lejos de interferir en la resolución de un problema
concreto, colabora de la mejor forma en su resolución. Podría parecer complicado
pero, por el contrario, simplifica las cosas.
En el caso por ejemplo del terrorismo tendrá que tenerse una visión
amplia del asunto a lo largo y a lo ancho si se quiere que todo mejore de la
mejor manera. La visión tiene que
ser amplia, incluyendo a todas las personas implicadas y sin perder de vista la
extensión de toda la humanidad. Si excluimos de la resolución de este tipo de
problemas a alguien, no lo estaremos haciendo bien, y si sólo incluimos a los
directamente implicados, tampoco. Luego veremos que a la hora de resolver los
problemas no todo vale. Si alguien pretende resolver un asunto, por ejemplo el
tema del terrorismo, a costa de lo
que sea, lo primero que tiene que saber es que a la fuerza no se obtiene ninguna
solución sólida; e incluso en el caso de que cesasen unas determinadas
manifestaciones por lo recortado de un determinado asunto, si se ha hecho mal,
seguro que surgen otros asuntos peores, y podrían surgir, por ejemplo, desde
otro foco de la sociedad. Por eso es importante tener un objetivo muy amplio. No
se trata de resolver lo que hace un grupo y exponerse a que surja otro, sino que
habrá que buscar que haya paz, y además eso como concepto en positivo, no como
gritos contra la violencia, que eso no es paz.
Con respecto a otro ejemplo de un matrimonio, si una pareja muestra su
ternura pero no tienen el objetivo de procurarse el máximo bien el uno al otro,
esta manifestación podría volverse del signo contrario en cualquier momento.
Incluso en el momento mismo en el que todo va aparentemente bien tampoco tendría
los ingredientes óptimos. Sería algo aparente.
Si una madre da de comer a su hijo, lo hará de forma muy diferente si
tiene en mente su educación para todo la vida, que si sólo tiene en mente que
coma ese día. El objetivo final le hará afrontar cualquier imprevisto de la
forma mejor posible.
1.9. PASOS BUENOS. HAY
UNA FORMA IDÓNEA DE LOGRAR LAS COSAS
Por supuesto que es saludable actuar siempre con pasos buenos y correctos en sí mismos de
cara a ese objetivo que nos hemos propuesto. Todo esto favorece un avance real.
Si una persona comienza a actuar en conciencia, yo le haría ver que es posible
que su conciencia esté deformada y le animaría a que mientras su avance no sea
mayor, descarte, por ejemplo, las agresiones y mentiras.
Al encaminarse a un objetivo bueno, no se trata de conseguirlo pase lo
que pase, sino que se trata de hacer todo lo que esté en nuestra mano con pasos
buenos y confiar en el resultado de ello. La mente es mucho más creativa cuando
tiene un buen objetivo, cuando se encamina a beneficiar a los demás, que cuando,
por ejemplo, se encamina al mal o bien únicamente a defenderse
uno.
Si, por ejemplo, una persona miente por no herir superficialmente a otro,
le hace un daño. Estaría optando por un bien superficial y no real. Esa mentira,
además de transmitirse de alguna forma, crea barreras enormes, de comunicación
entre otras. Es más sano decir la verdad, y si el afrontamiento de esa verdad
por parte del otro no es el adecuado, ya se tratará. Optar por la mentira es el
camino más rápido, pero el más perjudicial a la larga. Si no se conoce la
verdad, no es posible afrontarla. Facilita que uno viva en el engaño y eso nunca
es bueno.
Con respecto a la agresión a los demás, me gustaría decir que el pensar
en hacer daño bloquea la mente al contrario que el pensar en hacer bien. Hay
gente que vería como una única solución de una situación el agredir a quien por
ejemplo nos está agrediendo o amenazando. Si se tuviera buena intención es
posible que, en principio, no se llegase a esa situación tan crítica como, por
ejemplo, la que nos muestran las películas después de haber dado los
protagonistas una serie de pasos nefastos. Y, por otro lado, se les podría
ocurrir algo más que pensar que se trata del bien de uno u otro. Es mejor pensar
en todos los implicados en una situación.
No se consigue lo bueno con lo malo, así como no se consigue la paz con
los diferentes tipos de agresión incluida la indiferencia.
Es más fácil demandar lo bueno que vivir lo bueno, con lo cual quedamos
más expuestos al ridículo. El pedir o exigir lo bueno se equipara a una
situación de exigencia, de aparente fuerza. Por el contrario el vivir lo bueno
muchas veces se equipara a algo aparentemente muy débil, aunque por supuesto
tenga la inmensa fortaleza de dejarse guiar por lo que es realmente bueno para
el bien común y no dejarse esclavizar por lo aparente.
Tanto lo bueno como lo malo se expanden por lo que no podemos decir que
actuamos mal para lograr un bien. Globalmente del bien sale más bien que del
mal. Como ejemplo remito al lector
a la situación de interesados en promover la paz.
1.10. CONFIANZA
EN LOS RESULTADOS. NO INTENTAR CONTROLAR LO QUE NO DEPENDE DE NOSOTROS
Una vez que hemos actuado haremos bien en olvidarnos de los resultados,
no en el sentido de tener hacia ellos indiferencia, sino en el sentido de no
intentar controlar lo que ya no depende de nosotros y si se trata de un cuidado
que hemos brindado a otra persona tener en cuenta su participación. No es
recomendable obsesionarse con que tienen que surgir necesariamente unos
determinados resultados. Además en ese sentido, en cuanto a resultados, o en
cuanto a lo concreto, no sabemos
exactamente lo que es mejor para nosotros. Por ejemplo, seguro que habrá
personas que sufrieron un despido, que a lo mejor interpretaron como una
catástrofe, y pasado el tiempo
descubrieron que fue lo mejor que pudo ocurrirles, aunque no les apeteciese o
les complicase la vida en ese momento.
Una vez que uno ha actuado en la dirección acertada, con el mejor
objetivo, es hora de tener confianza en los resultados. El no hacerlo así
pondría de manifiesto que no ponemos la confianza ni creemos en el valor de
nuestra actuación bienintencionada y en conciencia. En muchos casos también
pondríamos de manifiesto que no creemos en la necesidad de la libertad humana
para elegir lo bueno. Sería un mal ejemplo sin duda. Pondría de manifiesto que
no se cree en todo lo anterior, y por ello se pretende controlar como sea los
factores que ya no dependen directamente de uno. No es posible controlar lo que
depende de otra persona, sino hacer hincapié en lo que uno puede aportar en
positivo.
Si pretendemos educar a una persona, la educación es una guía en la que
transmitimos, sobre todo, lo que vivimos. No transmitimos otra cosa. Tenemos que
respetar la libertad del otro. Si quisiéramos forzar la conducta del otro
estaríamos poniendo de manifiesto que no pensamos que lo que da estabilidad a la
conducta es la convicción. Estaríamos pretendiendo modificar a la fuerza un
resultado, una conducta como si eso tuviera algún valor con un enfoque amplio.
El tener confianza en los resultados también incluye una visión amplia de los
asuntos o problemas. Por supuesto
que nosotros tenemos que observar la conducta del otro y actuar en consecuencia,
aunque al otro no le apetezca. Eso ya forma parte de nuestra actuación, no de la
del otro.
1.11.
ACEPTACIÓN DE LAS CIRCUNSTANCIAS EN PRINCIPIO ADVERSAS
Aceptación no es resignación ni tener aguante. Aceptación es verle un
sentido positivo a lo que nos ocurre y para ello nada mejor que incluir dicha
circunstancia dentro de un servicio a los demás.
Darnos cuenta de que por esa circunstancia es posible que nos haya
cambiado la vida, pero no podemos decir que hubiéramos sido más felices sin
ella. Es posible que pudiéramos decir en muchos casos que estaríamos más
cómodos. Gracias a esa circunstancia imprevista muchas veces accedemos a mundos
desconocidos por nosotros hasta ese momento. Como por ejemplo la persona a la
que le surge una enfermedad mental, gracias a ella conoce el mundo de la
sanidad, toma contacto con otros pacientes, psiquiatras, conoce carencias,
necesidades. Sin duda aprende cosas y puede colaborar en la mejora de todos
estos sitios a los que accede. No es infrecuente oír decir a personas con una
enfermedad importante que se han hecho más humanas gracias a la enfermedad.
Si miramos en el Diccionario de la Lengua Española (RAE 1992), uno de los significados de aceptar sería
aprobar, dar por bueno. Si es una circunstancia que no tiene en principio
remedio, sin duda, será mejor darla por buena, verle su parte positiva, lo cual,
sin duda, no interferirá con la resolución del tema si fuera
posible.
A lo largo de la vida surgen situaciones adversas, unas remediables,
otras irremediables. Con respecto a las irremediables, podemos aceptar su
existencia o no. Dentro de la no
aceptación hay varias modalidades: la manifiesta o la encubierta o la
resignación. Quizá la resignación sea la que peores consecuencias traiga por
correr el riesgo la persona que tiene esta actitud de pensar que está teniendo
una buena actitud y, como consecuencia de ello, pensar que no hay nada que
necesite modificar ni mejorar. Como por ejemplo, a veces se ha considerado digna
de alabanza la resignación o el aguante cuando no es así. Lo único bueno es la
aceptación de esa circunstancia, lo cual no quiere decir que se acoja la
circunstancia como una pesada losa, como podría ser en el caso de un hijo
retrasado o en el de un marido con problemas de conducta, sino viéndole un
sentido a esa dificultad.
Muchas personas creen que aceptan algo sencillamente porque se ven
obligadas a vivir con ello. ¡Qué remedio!, dicen refiriéndose equivocadamente a
su aceptación. La circunstancia difícil no va a desaparecer en principio porque
se acepte y menos porque no se acepte.
Siempre surgen dificultades a lo largo de la vida. En el matrimonio se
comprometen los esposos a quererse en la salud y en la enfermedad, en la riqueza
y en la pobreza. Lo malo es cuando uno de los miembros de la pareja no quiere
dificultades sino sólo lo fácil, pensando que así va a ser más feliz. Es una
pena pensar en qué pocos
matrimonios resistirían la prueba de una grave enfermedad del otro como
por ejemplo una invalidez. En este caso la invalidez o cualquier otra
circunstancia adversa sólo pondría de manifiesto el amor que se tienen, el deseo
de bien que se tienen o por el contrario el estar con el otro sólo en la medida
del propio bienestar y no por querer al otro. Cuando la enfermedad cursa con
trastornos de conducta se entiende peor, y, en muy pocos casos, el amor al otro
supera el deseo de la propia comodidad y de que le quiten a uno el problema de
delante cuanto antes, complicándose, por supuesto, por esta vía, ese asunto. Por
supuesto que si no existe amor entre los cónyuges, mientras no surjan problemas,
todo puede ir sólo aparentemente bien.
Me ha dado mucha pena cuando he visto a alguna madre calificar la
existencia de su hijo retrasado como una desgracia que hay que aguantar. Esta
visión me parece muy empobrecedora. Todas las vidas humanas tienen la misma
dignidad, pero sin duda diferente misión. Cada uno tiene que trabajar con sus
cualidades. El retrasado necesita que le suplan sus limitaciones, pero no que se
le anule como persona. Las personas con retraso mental tienen derecho a que se
le reconozca la dignidad y grandeza de su vida, como la de cualquier otra
persona. Sobre todo, cuando estas personas están más desprotegidas frente al
ambiente que un adulto con buena capacidad intelectual. Esta persona se
beneficiaría de que se considerase la dignidad de su vida, de que se reconozca
su vida como una bendición, no como una maldición. No es ninguna desgracia tener
un hijo retrasado mental. Para mí la auténtica desgracia es actuar mal. La
persona que tiene un retraso mental tiene que vivir con esa limitación, pero su
vida tiene un sentido como toda vida, y su vida tiene una utilidad si está bien
enfocada y no anulada. Es contradictorio que a una persona retrasada mental por un lado se intente integrarla, pero,
por otro lado, se considere tan poco valiosa como para estar incluida por su
padecimiento dentro de los presupuestos del aborto legal. Sería deseable para colaborar en su
auténtica integración que eso no fuera así. ¿Qué pueden pensar de los cuidados
que reciban si saben que si se hubiese detectado a tiempo su patología quizá no
hubiesen existido? Yo creo que la primera barrera a romper sería esa. Tienen
derecho a la vida como cualquier otro ser humano. Si los padres no los quieren
que no le quiten al menos la vida, que les den una oportunidad. Estas personas
tienen el mismo derecho a la vida que otra persona sin retraso mental. Nadie, ni
su padre ni su madre, tienen derecho moral, aunque sí legal, de
arrebatársela. No tienen derecho a
quitarle la vida a su hijo por
pensar que a ellos les va a causar trabajo o problemas. Si no quisieran o
pudieran asumir el cuidado de sus hijos, podrían dejarlos temporal o
definitivamente en una institución.
Nos adaptaremos mejor a las circunstancias adversas si equiparamos el
mayor bien con tener una vida plena, esto es, una vida llena de
sentido.
Si nuestro criterio del máximo bien es muy limitado y cuadriculado, y lo
equiparamos a tener salud física y todo tipo de comodidades físicas y
emocionales, no aceptaremos fácilmente una circunstancia adversa, ¿qué sentido
tendría para nosotros? La consideraríamos un estorbo.
En cambio, si el máximo bien lo equiparamos a tener una vida plena, llena
de sentido, haciendo lo máximo con lo que tenemos en la dirección del bien
común, hará que todo, incluyendo circunstancias dolorosas, cobre un nuevo
sentido. Creo que algo que facilitaría que le viésemos un sentido a esta
circunstancia sería también incluirla en la dirección del
bien común.
1.12. INTENTAR
VER LA PROPIA PARTICIPACIÓN EN LAS CIRCUNSTANCIAS ADVERSAS. SANA AUTOCRÍTICA
ANTE LAS CIRCUNSTANCIAS ADVERSAS
Muchas circunstancias que nos ocurren a lo largo de la vida no ocurren,
como sabemos, por casualidad.
Es difícil pensar que hemos
participado en circunstancias dolorosas, pero, sin duda, es lo más enriquecedor
ya que nos permite aprender. El echarle la culpa a los demás nos impediría
aprender.
Ante una circunstancia adversa será sano ver en qué medida la hemos
favorecido. Independientemente de que hayan colaborado otros factores, tenemos
que darnos cuenta de que nuestra conducta es la única que está en nuestras manos
y por ello la única que podemos mejorar o empeorar directamente. Si queremos
aprender tenemos que hacer el esfuerzo de ver nuestra parte, siempre, claro
está, con la intención del aprendizaje de cara a un futuro. Sería perpetuar el
error el entretenerse o anclarse en sentirse culpables por lo mal que lo hemos
hecho en el pasado y dejar de hacer
lo que tenemos que hacer en el presente y en el futuro.
Tenemos que intentar ver nuestra parte en todo lo que nos ocurra, aunque
la participación mayor haya sido de
otro.
Además de no ser habitual que sea casualidad la situación en la que nos
encontramos, no sería sano que tendiésemos a considerarla así, una casualidad.
Muchas veces las circunstancias adversas no son más que avisos de que no
lo estamos haciendo bien del todo. Si no atendemos los avisos, estos tenderán a
hacerse mayores sin duda. A veces hay personas que se encuentran en situaciones
francamente difíciles. Yo creo que la mejor forma de salir de las mismas es una
buena actitud, la cual ya les llevará a todo lo demás. Da igual lo difícil que
sea la situación en la que se encuentre. Si quiere mejorar, muchas veces se
requerirá una sana autocrítica y un cambio de actitud ante la vida, lo cual es
la única solución y siempre es posible mientras haya vida e independientemente
de lo difícil que sea su situación. Si esa persona no atiende los avisos y no
hace autocrítica, tenderá a
continuar en la misma actitud y así, por ejemplo, ante una difícil situación
económica y familiar se le podría ocurrir llevar a cabo acciones ilegales como
solución de su situación, lo cual no haría sino continuar complicando la
situación. La solución idónea será
un cambio de actitud desde donde esté, por difícil que sea su situación. Y, por
supuesto, no hay atajos, ya que otro tipo de ssoluciones no harían sino
complicar el asunto. Por ejemplo si una persona de 40 años quiere ir a la
Universidad y es analfabeta, tendremos que decirle que tiene que empezar por
aprender a leer y a escribir y después vendrá todo lo demás. No puede escudarse
en su edad o en cualquier otra circunstancia para decir que quiere entrar ya en
la Universidad. Si hubiese perdido el tiempo antes, ahora tiene que recuperarlo
pero con calma. No se pueden recuperar 20 años en un día. Lo mismo el señor de
40 ó 50 años que no ha querido hacer nada en su vida. Ahora se encuentra en una
situación dificilísima, por ejemplo, se encuentra a punto de que le embarguen la
casa, con 4 ó 5 hijos, alguno con problemas de conducta o drogas, no sabe hacer
nada, no tiene profesión, no sería beneficioso para él pensar que lo mejor fuese
salir a robar, y terminar de complicarse o perder la vida, sino que le vendría
mejor hacer balance de por qué se encuentra en esa situación y cambiar de
actitud, por ejemplo empezar a hacer algo y por supuesto solicitar las ayudas
que crea necesitar, pero sin duda hacer hincapié en lo que él puede aportar. Sin
duda, será la mejor forma de resolver su difícil situación. Si se limita a pedir
sin dar nada o a caer en conductas manifiestamente ilegales pasarán otros 20
años, y seguramente su situación será todavía peor, es posible que se encuentre
ya en la calle y su familia totalmente destrozada, varios hijos en la cárcel o
algo así por ejemplo. También en este último momento en la solución sería
fundamental el cambio de actitud, si se tiene la suerte de vislumbrar esta
necesidad.
Sin duda, cuanta más edad tenga la persona puede serle por un lado más
difícil cambiar, dado que al mirar hacia atrás se verán más años y más errores
que si uno tiene menos edad y, por el contrario, al mirar hacia delante se ven
en principio menos años que los que ve una persona joven. Por otro lado, una persona de más
edad tendría más facilidades para cambiar al haber tenido más oportunidades para
ver las dificultades que le surgen con actitudes poco óptimas y pudo haberse
parado a reflexionar o bien haber
atendido los avisos que sin duda le ha dado la vida. Además la misma edad creo que ya sería
como uno de los últimos avisos para cambiar de actitud si uno no tiene la
óptima. Con la edad se pierden muchos de los atractivos de la juventud, hay un
envejecimiento en las capacidades físicas e intelectuales, podría surgir un
problema de salud y esa situación puede favorecer que la persona se encuentre
con lo que realmente importa de la vida al estar despojada de muchos de los
adornos de la juventud.
Si hemos recibido una agresión también será saludable que veamos si
nuestra reacción fue la más adecuada. Esto lejos de culpabilizar a una persona
la tranquiliza, cuando la misma es capaz de analizar serenamente lo que ha
ocurrido e incluso ver en qué medida podría haber actuado mejor. De otro modo, es posible que se quedase
con una sensación de culpabilidad que no pudiese expresar y analizar, la cual
podría tender a enquistarse; además, al no reconocer nuestra participación no
aprenderíamos nada de esta
experiencia si creemos que nuestra reacción o actuación ha sido perfecta y que
toda la culpa la tiene el otro.
Generalmente, en una agresión participa el agresor y, generalmente,
participa la víctima en alguna medida.
Por ejemplo: una persona se encuentra en una situación de abstinencia de
droga o con gran deseo de ella, o bien alterada por su consumo, por su propia personalidad o por el
padecimiento de una enfermedad mental.
En este contexto, es posible que sea visto por muchos ciudadanos: siendo
posible que un día, por ejemplo, el dueño del bar se limite a echarlo de su
establecimiento por resultarle molesto, los ciudadanos que lo ven en una
situación de necesidad se limiten a quitarse de en medio y así, hasta que comete
el delito o agresión. La actuación o reacción de la víctima claro que en
principio va a influir, al menos en la sociedad española en el momento actual.
Quizá si continúa un desarrollo tecnológico sin el consiguiente desarrollo
humano, o bien no se atienda a los avisos que estamos recibiendo y cada uno siga
ocupándose de su asunto, nos encontremos con personas con mayores rasgos
antisociales además de más psicopatología en general, que pudieran hacer a la
persona más insensible al ambiente. Tenemos que mirar a otros países más
"avanzados" que el nuestro y pensar que si ellos tienen mayor porcentaje de
agresiones, eso es lo que nos espera, con nuestras particulares características,
si no le ponemos remedio para que no ocurra. El remedio consistiría en que cada
uno mejorase su actitud de vida, abandonase la actitud egoísta, aunque ésta
incluya a un número amplio de personas, y acogiese una actitud de encaminarse al
bien común con lo que haga. Ya eso llevará a mejores servicios en todo. Como
veremos más adelante hay muchas formas de agresión y una de ellas es la
indiferencia: "Esta persona me da igual y lo único que me importa es que no me
complique a mí". La agresión, sea del tipo que sea, fomenta la agresividad. Todo lo que haya
sido indiferencia hacia la otra persona o bien insultos o agresiones
verbales, sin duda alguna, potencia
la agresión, que por la personalidad o patología del otro pudiera tener graves
consecuencias.
Sin duda, aprenderemos más con esta actitud de autocrítica que si nos
limitamos a echarle la culpa de todo a los demás, sobre todo teniendo en cuenta
que la única conducta que depende de nosotros y por tanto que podemos mejorar
directamente es la nuestra.
1.
13. SINCERIDAD CON LOS PROPIOS
SENTIMIENTOS
Siempre es sano ser sinceros con nosotros mismos. Si tenemos sentimientos
de hostilidad hacia alguien es bueno reconocerlos. No sería saludable
reprimirlos sin más ya que a la fuerza nada funciona, sino que por la vía de
comprender a la otra persona. A mí me sirve pensar que nadie actúa mal porque
realmente quiere, sino más bien por falta de conocimientos o por enfermedad
mental. La comprensión en ningún caso es una actuación pasiva, como muchos
puedan pensar. No puede confundirse tampoco con indiferencia la cual no sería en absoluto saludable.
Al hablar de indiferencia poco saludable me refiero al simple control de la
conducta externa con una actitud crítica,
juzgando al autor de la conducta equivocada y sin pretender hacer nada
por él. La tranquilidad y la comprensión crean el clima necesario por si
estuvieran indicadas posteriores actuaciones. En este contexto se podría pensar
qué más podríamos hacer por esa persona, si es posible, lo cual no quiere decir
hacer algo de forma inmediata y llamativa, sino siendo sensibles a lo que
realmente necesita. Esta sensibilidad,
a pesar de las diferencias individuales, se fomentará con la buena
intención auténtica y la comprensión.
Partir de una actitud de
reconocer nuestros valores y nuestras limitaciones sin intentar adornarlas, ya
que ello nos limita más que nos facilita el crecimiento. Este
reconocimiento nos da mucha
libertad para actuar, y nos evita en gran medida la inhibición del tan frecuente
miedo al fracaso. Reconocer nuestros sentimientos y no partir de un
perfeccionismo superficial, de no querer admitir ningún sentimiento
desfavorable. Es mejor reconocer
los malos sentimientos, no para quedarse estancado en ellos, sino para
resolverlos desde la raíz.
No es deseable partir de un perfeccionismo superficial, ya que esto
impediría el reconocer determinados sentimientos que parecerían impropios de una
persona perfecta. Creo que lo único que conduce a una mayor perfección real es
la buena intención, y eso contrarrestaría o eliminaría finalmente todos los
condicionantes mentales más egoístas. Esto facilitará el ser humilde y reconocer
en su justa medida las propias capacidades y limitaciones, lo cual nos hará
rendir más.
Si sentimos odio o aversión por una persona por ejemplo por algo que nos
ha hecho, no podemos pensar que ese sentimiento es indigno de nosotros y decir
de repente: "Ahora voy a sentir amor". Estaríamos ejerciendo una represión de un
sentimiento que en algún momento nos saldría por algún lado, bien en forma de
enfermedades psicosomáticas, falta de energía u otras consecuencias. Sin
embargo, si reconocemos: "Siento odio por esa persona, pero el odio no es
saludable, el mayor perjudicado soy yo mismo, que lo siento, ¿qué puedo hacer ya
que a la fuerza nada funciona?" Creo que, en primer lugar, sabiendo
efectivamente que los mayores perjudicados seremos nosotros. En segundo lugar,
intentando comprender o saber que existen motivos para la conducta del otro.
Esta comprensión de la persona tenderá a disolver ese sentimiento negativo.
Además, el tener un objetivo bueno ante una persona que por ejemplo creemos que
no se ha portado bien, en vez de encaminarnos a defendernos, ya facilitará ese
sentimiento favorable. Puede ser útil pensar: "¿Qué puedo hacer por esa persona
que actúa así de mal en ese aspecto?" Saber que nuestra comprensión ya le causa
mucho beneficio. Luego, si pensamos cómo podríamos ayudarla se nos podría
ocurrir alguna cosa más. Posteriormente, reconocer nuestra participación en el
suceso, reconocer cómo podríamos haber actuado mejor, quizá no exponiéndonos a
lo sucedido o reaccionando mejor.
1. 14. DARNOS
CUENTA DE QUE EL MAYOR BIEN Y EL MAYOR MAL NOS LO HACEMOS NOSOTROS MISMOS.
Si nos sentimos disgustados por un insulto, seguramente serán nuestra
propia interpretación de los hechos y nuestros propios sentimientos los que nos
hagan sufrir.
El ser conscientes de que el mayor bien o el mayor daño nos lo hacemos
nosotros mismos evitará ver el entorno como amenazante y culpable de nuestros
perjuicios. Evitará también la desconfianza del medio, ya que el posible enemigo
no está fuera sino dentro de nosotros mismos. Nos dañan sobre todo las
interpretaciones de los acontecimientos externos, pero no los acontecimientos en
sí. Si nos sentimos disgustados por un insulto, seguramente lo que nos haga
sufrir será nuestra propia interpretación de los hechos y nuestros propios
sentimientos. Si una persona actúa
dependiendo de las circunstancias externas, su estabilidad será muy precaria,
puede aparentar tenerla mientras las circunstancias externas son del todo
favorables pero se vería que no es así ante cualquier
contrariedad.
Es muy empobrecedor poner nuestra confianza con respecto a nuestro
bienestar en las circunstancias externas. No nos da tanta seguridad como si la
ponemos en nuestro propio comportamiento correcto, contando con la eficacia del
mismo. Por supuesto, no quiere esto decir que seamos insensibles, ya que podemos
beneficiarnos o perjudicarnos con lo que nos hagan, pero no sería sano hacer
depender nuestra estabilidad de una circunstancia externa a nosotros
mismos.
Esta actitud no debe confundirse con indiferencia o egoísmo, cuando es
todo lo contrario. El tomar conciencia de esto es fundamental, sabremos que lo
ajeno a nosotros no nos va a dañar vitalmente, si nosotros no queremos, sino
que, por el contrario, siempre puede ser una ocasión para nuestra mejora, si
equiparamos el estar bien con ser auténticamente personas y afrontar de la mejor
manera lo que nos suceda.
1. 15. HUIR DE SATISFACCIONES
MEDIOCRES
Ante cualquier acontecimiento que no nos guste o ante una injusticia,
siempre es mejor pensar en la posibilidad de aportar algo para solucionarlo. No
quedarse enfrascado en comentarios inútiles. Es muy importante eliminar
cualquier comentario si no se hace con la intención de obtener un beneficio de los mismos. Pongo como
ejemplo de esto último el comentarlo a una persona que sí pudiera intervenir
beneficiosamente en el tema. Siempre sería mejor guiarse por una eficacia y por
satisfacciones a largo plazo. Huir de satisfacciones mediocres como devolver una
mala acción o críticas para desahogarse, ya que no satisfacen realmente y no
favorecen la búsqueda de soluciones.
Huir de satisfacciones mediocres como también sucede con otro tipo de
satisfacciones inmediatas como podrían ser el responder con agresión ante una
agresión. Cuando oímos decir: "No, es que me quedé muy a gusto dándole, se lo
tenía merecido" o "es que así me desahogo". Vemos que ese tipo de satisfacciones
mediocres a la larga producen más insatisfacción que otra cosa, además de
posibles consecuencias negativas de la agresión en sí como por ejemplo problemas
legales o la pesadumbre de haber hecho daño al agredido o incluso repercusiones
en la propia salud. Vemos que privándose de este tipo de satisfacciones
mediocres siempre se gana. A muchas personas en este caso, así como en el caso
de críticas o cotilleos, les cuesta trabajo suprimir este tipo de satisfacciones
sobre todo cuando tienen una cierta popularidad social. Así vemos, por ejemplo,
que responder con agresión a una agresión muchas personas, a pesar de lo
ineficaz de la medida, lo ven casi obligado para no quedar mal y, por otro lado,
otro tipo de medidas más eficaces como la comprensión no las utilizan por el
miedo a lo que van a decir los que
las rodean, ya que muchas veces respuestas eficaces como la comprensión o
intentar favorecer a esa persona que supuestamente no está del todo bien, ya que
está agresiva, se interpretan como medidas totalmente ineficaces. La eficacia de
una respuesta tranquila y comprensiva es indudable, ya que la persona podría
aprender muchísimo al ver que está haciendo daño a una persona y esta persona
responde con buena intención. Nosotros, si elegimos responder bien, estaremos
mucho más protegidos. Imaginémonos que alguien nos insulta porque está de mal
humor ya que ha sufrido un doloroso acontecimiento. Si nosotros respondiésemos
agresivamente y luego nos enteráramos, diríamos: "Vaya, esta persona quizá
necesitaba mi ayuda, y yo no se la he brindado" No es sano tampoco una agresividad
interior o falta de interés aunque no haya agresividad física. Las únicas
respuestas válidas son las bienintencionadas, guiadas por motivaciones sólidas o
las que nacen del interior de la persona. No estaría indicado el controlar sólo
nuestra conducta externa, sino que debemos actuar desde nuestro interior y
buscando soluciones óptimas. Por ejemplo, no estaría indicado no responder por
fuera, pero sentir rabia por dentro. Además de no ser eficaz, la hostilidad y
sobre todo la reprimida está relacionada con todo tipo de enfermedades
psicosomáticas (Cooper 1983)
La satisfacción mediocre facilita que uno se distraiga de lo que
realmente tiene que hacer. Cuantas veces por ejemplo, criticando la conducta de
los demás en el coche estamos a punto de tener un accidente. Por eso dicen que
las desgracias nunca vienen solas. Pueden formarse accidentes en cascada si la
persona deja de hacer lo que tiene que hacer por mal que se haya portado el otro
conductor; seguramente tendría que poner más atención, con más razón.
Es bueno no distraerse de la solución eficaz de cualquier cosa. Eliminar
las interferencias del tipo sentirse dolido, menospreciado o bien querer tomarse
una revancha o agredir al otro física o psíquicamente. En definitiva, siempre en
cualquier situación, será sano pensar qué podemos hacer sabiendo que lo que
podemos hacer es mucho y no dejarse
llevar por las críticas, las cuales interfieren con la buena actuación. Por
supuesto que hay muchos fallos humanos, injusticias, cosas que están mal, pero
uno tiene que pensar qué puede aportar, ya que si no, está cayendo en lo mismo
que critica, en no hacer nada o en hacerlo mal. Todo lo que dejamos de hacer son
nuevas injusticias que añadimos a las que ya existen.
Es bueno guiarse por una eficacia y por satisfacciones a largo plazo y
huir de satisfacciones mediocres del tipo: devolver la mala acción, críticas,
las cuales perjudicarían nuestra salud a pesar de la posibilidad de un aparente
beneficio o desahogo inmediato. En el caso concreto de las críticas seguro que,
aunque la otra persona no se entere, sí nos enteramos nosotros y, sin duda, esto
repercutirá en nuestra relación con ella.
1. 16. DARNOS
CUENTA DE QUE LA PREOCUPACIÓN NO ES ALGO INOCUO
La preocupación no es algo inocuo, sino que tiene unos efectos negativos
claros como, por ejemplo, una disminución de la energía. ¿Qué podemos hacer para
evitarla? Se me ocurre que ocuparnos en el asunto. No pensar que no podemos
hacer nada, ya que siempre hay algo que hacer.
Ser conscientes de que de la preocupación no va a beneficiarse nadie y
una forma de evitarla no es a la fuerza, por supuesto, sino ocupándonos en ese
asunto si eso es posible. Esto no tiene nada que ver con ser insensibles ni poco
afectuosos, sino que, por el contrario, si se quiere de verdad a una persona se
utilizará el raciocinio de cara a lograr una conducta más
eficaz.
Cuanto tiempo perdemos sencillamente estando preocupados. A veces creemos
que es obligatorio. Si no nos preocupamos parece que nos falta algo. Nos
preocupamos por lo que ha de venir. En una ocasión oí o leí al escritor Pérez
Reverte en una entrevista, algo así como que le daba tiempo a hacer muchas
cosas, porque tenía la costumbre de no preocuparse antes de tiempo; seguía el
lema de no empezar a bailar antes de que empiece la música. Realmente parece un
ahorro de tiempo grande.
A veces si estamos preocupados, que no ocupados, la mente vaga sin llegar
a ningún fin. Sencillamente estamos consumiendo nuestra energía y nuestras
posibilidades. Por el contrario, cuando uno se ocupa de un asunto siempre surgen
ideas. Me llama la atención, y creo que corresponde a la realidad, cuando, por
ejemplo, en una película está el protagonista u otro ante un asunto que parece
sin solución o que no sabe ni por dónde comenzar. Empieza a ocuparse activamente
de lo que tiene como una fotos, por ejemplo, y esa ocupación siempre trae su
fruto, siempre ve algo o le surge alguna idea. Durante esta ocupación activa la
persona está en disposición física y mental de ocuparse, de llevar a cabo un
trabajo. Podría estar, por ejemplo, sentada delante de un escritorio o algo
parecido. La diferencia con el preocuparse sería que en este caso la persona no
estaría en disposición de ocuparse sino que dejaría que los pensamientos vagasen
y le abrumasen. Seguro que en este caso un guionista no lo sentaría en un
escritorio, sino que más bien lo tumbaría con aspecto abatido en un
sofá.
Algo que también podría evitar que nos preocupásemos sería al menos no
permitir estar con un asunto las 24 horas, sino ponerle un horario, ya no para
preocuparse, sino para ocuparse y pensar o hacer algo al respecto. En este
horario ya podríamos incluso ponernos en posición física de ocuparnos
activamente.
No adelantarnos a los acontecimientos. Relativizarlo todo, siempre bajo
la amplia visión del bien real. ¿Sabemos acaso lo que es mejor en cada caso con
respecto a lo concreto? Sabemos lo que es mejor en cuanto a actitud, pero en
cuanto a lo concreto no lo sabemos. Lo que pasa es que a veces estamos muy
contaminados con nuestro deseo de algo y podemos llegar a pensar que eso es lo
mejor. ¿Podemos acaso decir que es mejor continuar en tal trabajo y no que nos
despidan por ejemplo? No lo sabemos. Sabemos que tenemos que persistir en lo
bueno, pase lo que pase, y nada más. ¿Sabemos acaso que es mejor que esa persona
de la que es posible que nos sintamos enamorados nos corresponda?, no lo
sabemos. Sólo podemos decir que nos apetecería que fuera así, no que sea
necesariamente lo mejor. Para hablar de lo mejor sería necesaria una visión
objetiva y muy amplia que en un momento de enamoramiento quizá tendríamos con
más dificultad.
1. 17. LAS MAYORES LIMITACIONES PROCEDEN DE LA
MENTE
Por muy difíciles que sean las circunstancias, las mayores limitaciones
siempre proceden de la mente, de la interpretación de dichas circunstancias, de
la falta de sinceridad personal, de la dificultad para reconocer las
limitaciones y la responsabilidad personal o de evadirse de dicha
responsabilidad señalando fallos ajenos o pretendiendo cambios estructurales.
Nos cuesta desprendernos de muchos condicionantes mentales. Los buenos
sentimientos pueden lograr que vayamos desprendiéndonos de todos los
condicionantes, y el ser conscientes de que de ello saldremos nosotros y los
demás más beneficiados, y será el mayor signo de amor.
Lo que tiene más capacidad para restar libertad a la persona es su propia
mente y su propia actitud. Se puede tener libertad, entendida en su amplio
sentido, en cualquier sitio, incluida la prisión. No son los barrotes físicos
los que restan la verdadera libertad al ser humano. Siempre existen varias posibilidades de
actuación y todo depende de la actitud de la persona.
Si nos empeñamos en que una situación tiene que ser diferente a como es,
será ese empeño y no la situación en sí la que nos limite. Nada del exterior,
por difícil que sea nos limita tanto como nosotros mismos.
A veces una persona se queja de lo limitado que ha estado y está por sus
familiares, los cuales no le facilitan hacer nada. Esa persona puede pararse a
reflexionar y pensar si ella se lo permite a sí misma. ¿Se lo permite a pesar de
las dificultades? Sería doloroso
decir que no y persistir en esa negativa. Uno siempre puede tratarse bien a sí
mismo permitiéndose ser persona. La persona siempre tiene libertad de actuación
con lo que tiene.
1. 18. DE NUESTRA FALTA DE
DESARROLLO NO SE VA A BENEFICIAR NADIE
De nuestra falta de desarrollo no se va a beneficiar nadie, así como de
que actuemos en contra de como creemos que tenemos que actuar. Es preferible
actuar como creemos que tenemos que actuar siempre guiados por el bien auténtico
y no por complacer superficialmente a una persona, lo cual es muy distinto y
habla más bien de una falta de desarrollo y visión personales, así como de una
necesidad personal de quedar bien más que de una auténtica buena intención. ¿Cómo pueden resistirse las presiones
tanto familiares o sociales que surgen cuando uno actúa como cree que es más
beneficioso? Creo que únicamente con la convicción de que de ello se derivará
tanto un beneficio personal como de los demás, incluyendo el de las personas que
puedan criticar tal conducta. Lo que no beneficia a nadie es la mediocridad y el
actuar como la mayoría, porque así actúa la mayoría; pero, eso sí, pasa más
desapercibido. La persona podría vivir con la ilusión de ser una persona
"adaptada, normal". Sin embargo, es posible que no aceptase bien una alusión a
esto, porque en el fondo no lograría engañarse. Su estabilidad sería muy
precaria y estaría, sin duda, insatisfecha. Observaría como por lo que ha
optado, la imagen personal, u otros bienes materiales no le satisfacen.
Siguiendo este objetivo idóneo es deseable actuar siguiendo el propio
criterio de lo que es más eficaz. Dada la dificultad de esto en muchas
ocasiones, ¿cómo se logra? Siendo
conscientes de que de actuar siguiendo nuestro propio criterio se deriva
tanto nuestro mayor beneficio como el de los demás, beneficiando incluso a
aquellos de los que podamos recibir críticas. El ser conscientes de esto creo
que es lo único que hace posible la dificultad, por lo menos al principio, de
hacer frente a las múltiples presiones sociales, o familiares. Por supuesto que
este actuar según el propio criterio incluye el oír información, consejos y el
ser conscientes de la propia formación. No se trata pues de una obstinación,
sino de actuar por convicción auténtica. Nos ayudará a actuar según el propio
criterio el ser conscientes, en primer lugar, de su mayor beneficio. Por
ejemplo, una esposa puede acceder a los deseos de su esposo de no salir nunca de
casa. Por esta vía de complacencia superficial vemos que no beneficia a nadie.
En primer lugar, de su falta de
desarrollo no se va a beneficiar ni su esposo ni sus hijos, aunque pueda ser que
en principio no surjan mayores problemas. Si tiene la convicción que de actuar
siguiendo su propio criterio se va a beneficiar su marido, aunque, en principio,
sea más difícil, dará lugar quizá a una tratamiento o crecimiento del marido y
mejorará la relación. Otro ejemplo sería el de un hijo que realiza unos estudios
determinados para complacer al padre. Otro ejemplo más sería el de una madre que
pega a su hijo aunque cree que es ineficaz pero se siente obligada a ello por
las personas que la rodean.
Es muy importante no actuar nunca con el objetivo principal de complacer
de forma inmediata a los demás o actuar según lo que van a pensar los demás.
Esto nunca es eficaz. Tendremos que pensar no en cómo complacer superficialmente
sino en cómo podemos beneficiarla realmente, lo cual sí coincidirá con nuestro
criterio. La dificultad de actuar bien en muchas ocasiones estriba en que no
coincide generalmente lo que pensamos que es mejor y lo que parece mejor, o
incluso la demanda superficial que nos hace alguien que está aferrado a sus
deseos, lo cual confunde equivocadamente con lo que quiere realmente, con lo que
necesita o con lo que le va a venir mejor. No siempre coincide lo que a una
persona le apetece en un momento determinado con lo que la persona quiere de
verdad. Por ejemplo a lo mejor a un
drogodependiente le apetece droga o a un obeso más comida de la necesaria.
Realmente no quieren eso pero se sienten esclavizados por su apetencia por eso.
En el fondo apreciarán al que los considere lo suficientemente personas como
para considerarlos con capacidad de salir de esta dependencia insana.
De nuestro mayor desarrollo y de actuar siguiendo nuestro propio criterio
depende la mayor calidad de cuidados que brindemos, o sea que nos jugamos mucho
con nuestra elección al respecto. Si queremos tener un comportamiento afectuoso,
éste tendrá que ser racional, dado que es más eficaz que el comportamiento
desbordado por las emociones, aunque éste popularmente se pueda identificar con
un comportamiento mejor. Por ejemplo, muchas personas no pueden decir no ya que
no soportan la idea de quedar como egoístas, aunque el comportamiento egoísta es
precisamente éste, que prevalezca la propia imagen sobre un posible beneficio a
los demás.
1. 19. NO SE PUEDE DEMORAR NUESTRA BUENA
ACTUACIÓN HASTA QUE NO ACTÚE ASÍ LA MAYORÍA O INTENTAR DISCULPARNOS DE NUESTRA
MALA ACTUACIÓN PORQUE ASÍ ACTÚA LA MAYORÍA
Para mí la auténtica suerte, la auténtica lotería surge cuando uno tiene
la posibilidad de replantearse su camino en la vida y elige lo bueno. Para mí no
es una suerte que alguien se enriquezca robando, que alguien sea muy aplaudido
al hacerlo mal o que alguien se libre de la cárcel a pesar de cometer un delito.
Para mí, nada de esto último es una suerte sino una
desgracia.
Es posible que ciertas ganancias particulares las obtenga con más
facilidad los que creen en todo lo malo y no dudan en hacer lo que sea para
obtener sus objetivos. Por eso precisamente se elige en muchas ocasiones lo
malo, por la ganancia inmediata y particular. Sin embargo, no se gana realmente
por esta vía.
Si alguien en este mundo con tantos intereses creados elige lo bueno ya
sabe a qué se expone, junto con todas las ventajas, por supuesto. Se expone por
lo menos a no ser entendido y seguramente, si sigue avanzando por ese camino, a
algo más. Posiblemente, si su avance fuese muy grande, provocaría que las mismas
autoridades tomasen medidas frente al que actúa de forma autónoma y libre y no
se deja manipular por los demás. Lo verían, como ha sucedido en la historia,
como un auténtico estorbo.
La decisión de la elección del camino en la vida es individual y no se
puede supeditar a la decisión del otro. Si el otro sigue actuando como todo el
mundo no tiene ninguna suerte sino una desgracia, la cual habrá que intentar
curar.
Si una persona tiene la suerte en un momento determinado de ver lo que
realmente vale la pena, yo le aconsejaría que no demorase su elección y que
empiece por hacer su parte y no por exigir a los demás. Ya irá viendo la mejor
forma, por supuesto, de transmitir esto que ha descubierto a los demás, pero,
sin duda, lo fundamental es su ejemplo.
1.20. ATREVERSE
A SER UNO MISMO
Ser uno mismo ya está facilitado por las actitudes anteriores, sin
embargo he preferido especificarlo.
Cada persona es diferente y yo creo que la buena intención nos hace
todavía más diferentes unos de otros. Por el contrario, el carecer de buena
intención o el tener una intención interesada uniformiza y adocena.
La comunicación se favorece cuando las personas implicadas en la misma
son más personas y cuando el grupo no les impone como condición implícita o
explícita una determinada forma de ser o de comportarse.
La persona para comunicarse de forma óptima necesita libertad para
mostrarse como es. De otra forma, la comunicación sería solo una
fachada.
El mostrarse como uno es, sin duda diferente a los demás, incluso con sus
defectos y manías, quizá es el mejor test para ver al otro. Sin duda, mucha
gente no soporta la diferencia, no soporta que uno se salga del carril de lo
establecido. Al no tener la aprobación del otro uno puede volver a su
predeterminado carril, lo cual sería lo más fácil de inmediato pero más costoso
a la larga, o bien sobreponerse a la posibilidad de no ser entendido y seguir
por su propio camino.
Sin duda el ser uno mismo tiene todas las ventajas para uno mismo como
para los que nos rodean. Siempre alguien podría decidirse a hacer lo
mismo.
El mostrarse como uno es, incluso con sus limitaciones y manías, crea un
clima de autenticidad que también facilita que el otro haga lo mismo.
1.21. TENGAMOS
LA ACTITUD DE APRENDER CONTINUAMENTE
De lo que nos sucede, de lo que nos digan, de lo que leamos y oigamos
siempre podemos aprender algo. Todo depende de nuestra actitud. Con una óptima actitud se aprovecha
todo, incluso lo malo. Con respecto a lo que nos sucede siempre podemos
preguntarnos por qué nos ha sucedido, si hemos colaborado nosotros y también nos
sirve de experiencia y como aprendizaje de cara al futuro. Esa experiencia si la
ponemos al servicio de los demás también podrá tener su utilidad. Con respecto a
lo que nos dicen siempre podemos
ver qué parte de verdad hay en ello y aprender. Si tenemos la suerte de contar
con alguien que nos diga lo que piensa, eso es una bendición. Siempre podemos
mejorar, así es que cuanto más aprendamos más nos acercaremos a estar de la
mejor forma posible.
2. A TENER EN
CUENTA
2.1. EL TRABAJO SIEMPRE
DA SUS FRUTOS
El trabajo siempre tiene un efecto. Si una persona se pone a trabajar en
un tema siempre obtiene frutos aunque tenga que romper todo lo que ha hecho ese
día por considerarlo inválido. Aún en ese caso, el trabajo habrá servido para
algo. Todo ese trabajo, aún en el caso de que no sirva de forma directa, habrá servido para el que haga los días
siguientes. En este sentido, uno no puede esperar a sentirse especialmente
inspirado o animado, aunque sí, por supuesto, después del oportuno
descanso, para ponerse a trabajar,
porque quizá el orden es inverso. Ya vendrán la inspiración y la animación con
el trabajo. No deja de sorprenderme lo que la persona da de sí cuando trabaja o
cuando se crean grupos de trabajo.
2.2. NO HAY NADA SIN TRABAJO
PREVIO
Las cosas no surgen por casualidad. La inspiración surge cuando uno ha
trabajado. Entonces puede surgir en cualquier momento, ya sea cuando uno se
levanta o cuando pasea. Sin duda esa inspiración no hubiera surgido sin el
trabajo previo.
Por eso es tan desaconsejable que las personas se mantengan inactivas. Y
para mantenerse activas no es necesario estar contratadas, sino que uno ya tiene
básicamente lo necesario: su mente y su cuerpo. Para ponerlos a trabajar sólo
hace falta dirigirlos un poco y uno mismo puede ser su propio
director.
Por supuesto que la mente necesita su descanso, tan necesario, pero si se
la pone a trabajar hace falta ponerle una dirección a los pensamientos que en
principio vagan de un lado a otro. Y por supuesto que esta última función
también es necesaria para el descanso. Si se pone una dirección a lo que se
piensa ya se está trabajando. Y
luego ya se escribirá o grabará si se quiere recordar. Y si no tiene nada de
esto a mano y como la memoria realmente no es muy fiable, existen sencillos
ejercicios memorísticos en los que se crea una historia visual con una serie de
objetos que previamente hemos asociado a sus respectivos números. Luego, sólo
hay que recordar el objeto que le corresponde a cada número y surgirá la idea
(Dale Carnegie).
2.3. TODA BUENA ACCIÓN POR PEQUEÑA QUE SEA DA
SUS FRUTOS
De toda buena acción siempre se obtiene un efecto, aunque no sea el
resultado que hubiésemos deseado. Todo sirve si lo que queremos es que mejoren
las cosas. De cara a ese objetivo, toda pequeña acción, por pequeña que sea,
sirve. Aunque no lo veamos siempre sale algo bueno de cualquier
acción.
Lo que efectivamente no está
asegurado es que surja un resultado concreto y que nos beneficie particularmente
a nosotros. Esa actitud interesada
es la que quizá retraiga a muchas personas de hacer lo que tienen que hacer y
con ello se facilite que las cosas que estén mal se queden como
estaban.
Los métodos idóneos de procurar un bien común son efectivamente
incompatibles con los métodos encaminados a conseguir algo sea como sea. Así por
ejemplo ante una situación laboral susceptible de mejora se podría ir por el
camino de utilizar los recursos legales existentes, los cuales sin duda
producirían una mejora, aunque sólo consistiese en principio en que unas cuantas
personas pensasen sobre el asunto o bien en el hecho de sentar un precedente.
Aunque sólo fuese eso ya sería haber hecho algo independientemente de lo que se
pueda hacer posteriormente. ¿Qué pasa cuando un trabajador ve que las cosas
están mal y las quiere resolver como sea en su propio beneficio?
Seguramente tenderá a descartar el
método idóneo de utilizar los recursos legales hasta donde le lleven y tenderá a
preferir utilizar una vía corta de cara a obtener un resultado como sea. En este sentido, se podría llegar a
recurrir a métodos que considero poco sanos como la coacción, presión y la
amenaza. Sin duda, estos métodos son eficaces de cara a conseguir algo concreto,
pero mirado el asunto de forma global seguro que se pierden cosas. Se pierde al
menos en cuanto a desarrollo personal, además de las posibles consecuencias de
la mala acción. Ya no digo nada de la huelga, que aunque me parece de este
último estilo, al menos es legal y quizá podría tener su utilidad como
manifestación y puesta en conocimiento de un problema. Si se utiliza como
coacción o como obligar a alguien, yo particularmente no la veo saludable. Sin
duda se consiguen por esta vía cosas, pero creo que se conseguirían muchas más
en términos globales utilizando todos los recursos legales. Lo malo es cuando el
trabajador no quiere que mejoren las cosas, sino que quiere que mejore su
situación particular. No cabe duda que asustará menos a un gobernante
inmovilista 1000 personas gritando que 1000 personas
pensando.
Por eso uno no puede disculparse diciendo que no hace lo bueno porque no
va a servir de nada. ¿A quién no le va a servir? Todo sirve, pero claro eso no
garantiza ningún beneficio particular excepto, por supuesto, los beneficios de
actuar como uno tiene que actuar que son muchísimos, una mejor salud entre
otros.
Hay gente que dice, ¿para
qué denunciar si no van a hacer nada? Si todos se retraen nunca mejorarán las
cosas. Si las personas buscasen lo bueno en vez de su propio beneficio
mejorarían algo más. ¿Para qué denunciar, por ejemplo, algo denunciable si quizá
no obtenga el resultado esperado y me complique la vida?
2.4. ESTAR ESPERANDO QUE
OTRO SE COMPROMETA PARA NOSOTROS NO COMPLICARNOS EN ABSOLUTO NO ES LO DESEABLE.
CADA PERSONA TIENE SU RESPONSABILIDAD Y EL ACTUAR BIEN GENERA COMPLICACIONES
PARA TODO EL MUNDO.
Muchas veces puede haber trabajadores que quieren conseguir ventajas pero
sin exponerse ellos a nada. No quieren utilizar los recursos legales existentes
porque eso podría suponerles complicarse la existencia. Sin embargo, a la hora
de pedir a los demás parecen no darse cuenta de que si el otro accede a sus
demandas tendría las mismas complicaciones que precisamente ellos quieren
evitar. Quizá a la persona a la que uno de ellos dirija sus demandas, el hecho
de acceder a sus peticiones podría suponerle directamente un despido. ¿Quién
tiene más responsabilidad, el que hace una cosa que está mal o el que la
consiente y no hace su parte para ponerle remedio? Sin duda, cada uno tiene la
suya. Cada uno, por supuesto en lo suyo, en su parcela, tiene una gran
responsabilidad. Lo malo no se mantendría si una gran mayoría no lo mantuviese.
Y se mantiene desde diversas escalas sociales, porque precisamente la actitud
que predomina es que cada uno busca beneficiarse a sí
mismo.
Cuando se pone la seguridad en lo material es igual de poco sano que la
pongas en un plato de lentejas o en tener un yate. No valen disculpas de que se
necesita para comer. Poner la seguridad en lo material es una actitud poco
saludable, independientemente de que las necesidades materiales sean pocas o
muchas. Si una persona está esclavizada por ese poco que cree necesitar, sin
duda ese poco la tendrá condicionada. Por supuesto que al que tiene poco puede
serle algo más fácil el cambio pero sin duda necesita un cambio que le será
costoso. Para el que tiene mucho, sin duda, la complicación y atadura es todavía
mucho mayor.
No es real que en una empresa o sociedad sólo los dirigentes tengan
responsabilidad. Cada uno tiene la suya personal e ineludible.
Nadie puede decir que se suma a ese trabajo que genera un mal porque es
la única vía de subsistencia que tiene. Si cree en lo bueno y descarta lo
ilegal, seguro que le surgen ideas y posibilidades. La naturaleza responde a los
que creen en ella.
Y ya no es sólo que el empleado se sienta poco responsable, sino que
muchas veces al dirigente le interesará que se sienta así, para que acceda a lo
que él dice, sea legal o raye en la ilegalidad. No es cierto que los que
organizan tengan toda la responsabilidad. Tendrán la responsabilidad de
organizar y, por supuesto, ver lo que hace cada uno, pero la responsabilidad de
cada uno no es transferible. No se puede confundir el organizar con meterse en
el terreno profesional de cada uno. Si una persona permite la intromisión en su
terreno estará seguramente respondiendo a intereses particulares y no a los de
hacer bien el servicio que le corresponda, ya sea por ejemplo en el ejercicio de
la medicina u otros. Como luego nadie pide responsabilidades ni denuncia nada
pues se cierra el círculo, sufriendo las consecuencias seguramente aquellos con
menos recursos. Está claro que hay
una colaboración con lo malo. Por ejemplo, con respecto al cierre de unidades
psiquiátricas de larga estancia y a que estén muchos enfermos mentales en la
calle, no es cierto que sólo la administración como ente abstracto tenga la
responsabilidad. Ellos tienen una, no cabe duda, pero cuando un psiquiatra da el
alta a un paciente aunque el paciente no esté en condiciones de vivir en su
domicilio, la responsabilidad es suya.
¿Qué pasaría en ciertos centros si un psiquiatra hace lo que cree y no da
el alta a un paciente que no está en condiciones de hacer vida en su domicilio?
Sin duda se montaría la de san Quintín: presiones por todos los sitios y si está
contratado podría irse a la calle por falta de "operatividad" o de resolver la papeleta de la forma más
económica o de acuerdo con la organización política. En ningún caso esa
organización tendría que entrar en la decisión de un profesional, y ese
profesional si permite una intromisión de ese tipo, es responsable de ello. Un
médico tampoco debería permitir que alguien le dijese en cuanto tiempo tiene que
ver a sus pacientes. Si hay lista de espera no se va a solucionar viendo a los
pacientes de prisa y corriendo. Por el contrario, eso generaría que se pudiese
pasar por alto una patología grave, se podría causar yatrogenia con esa visita
médica, y al día siguiente ese paciente podría estar en la lista de espera de
otro médico. Creo que si hay mucha demanda, la solución sería, por el contrario,
ver bien a los pacientes. Además de
esta forma evitaremos patología futura. Si un médico hace lo que cree que tiene
que hacer, creo que en un sentido ya es fuente de salud para sus pacientes. Pero, sin duda, actuar bien en cualquier
labor, y no atender las demandas indebidas de los demás, es difícil. La decisión
es de cada uno.
2.5. EL SENTIDO DE LA VIDA DE FORMA DESEABLE
NO ES NADA CONCRETO, ES UNA ACTITUD.
El sentido de la vida es una actitud y, aunque esa actitud pueda
manifestarse en algo concreto en un momento determinado, no es bueno confundir
el sentido de una vida con ese algo concreto mismo, aunque eso sea, por ejemplo,
el cuidado de un marido o mujer e hijos. El sentido de la vida al ser una
actitud no se puede equiparar con algo concreto. El sentido de la vida es algo
que nos tiene que acompañar hasta que nos muramos permitiéndonos adaptarnos a
todas las situaciones que pudieran surgirnos, por ello no puede ser algo
concreto referido a un momento determinado.
Para mí, el óptimo sentido de la vida se corresponde con la actitud
vital. El óptimo sentido de la vida sería hacer lo máximo que cada uno puede
hacer por el bien común con lo que tiene. Por supuesto, ese hacer puede ser en
un momento determinado el criar a unos hijos o bien realizar un determinado
trabajo. Pero, aunque nos estemos dedicando a algo concreto, no será bueno
perder de vista la visión global de lo que podemos hacer. Así, por ejemplo, si
unos padres están criando unos hijos, lo cual, por supuesto, es un bien social,
no sería lo más sano que perdiesen la visión global que englobe a lo anterior,
porque quizá además de criar a sus hijos tengan que hacer otras labores. Con una
visión global hacia la sociedad, curiosamente se educa mejor a los hijos que si
el único objetivo y las únicas miras son los propios hijos. Se correría el
riesgo en este último caso de maleducar a esos hijos y transmitirles una actitud
egoísta que en absoluto sería beneficiosa. Si el objetivo de la vida son los
hijos y nada más, se les hace daño. Muchos padres podrían pensar que no pueden
perder un segundo en cualquier otro asunto que no sea su hijo. Curiosamente al
hijo se le va a educar fundamentalmente con el ejemplo y el ejemplo es la vida
de los padres. La educación de los hijos será mejor cuanto más plena, esto es,
llena de sentido, sea la vida de los padres.
El sentido de la vida no es
ni la familia, ni el trabajo ni los hijos. Eso es totalmente erróneo. Creo que
el sentido de la vida es una actitud que puede en un momento determinado
concretarse en todo eso, pero no es eso. El tener un sentido de la vida permite
una óptima adaptación ante los cambios que trae la vida como podría ser la
emancipación de los hijos o la enfermedad, además de que permite el entender la
vida o la labor social como algo un poco más dinámico que ponerse a hacer una
labor sin más replanteamientos en toda la vida. Puede ser que lo que sirva en
una etapa, no sea lo más conveniente en otra. Creo que la dirección de hacer lo
más posible nos guiará de la mejor manera. Algunas personas pueden pensar que se
han quedado sus vidas sin un sentido por ejemplo al emanciparse los hijos,. La
vida siempre tiene un sentido. Lo mejor en términos operativos será equipararlo
a una actitud, una dirección. Qué
hacer en un momento concreto variará dependiendo de las circunstancias. Lo ideal
es una actitud dirigida al bien común y ya verá cada uno lo que tiene que hacer
en cada momento determinado. Por supuesto, el traer hijos al mundo y educarlos
es algo muy bueno. El que esté incluido en las cosas que se pueden hacer en un
momento determinado por el bien común, no debe confundirse con aquello que da
sentido a la vida. Por supuesto que los hijos alegran, dan muchas alegrías, mil
cosas, pero creo que no debe confundirse, al menos operativamente para
entendernos, con la globalidad del
sentido de una vida que de forma deseable incluye una visión amplia y no
limitada.
2.6. EL CRITERIO AJENO
NO ES EL QUE MARCA LA EFICACIA DE UNA ACCIÓN SINO QUE ES SU
INTENCIÓN
Las cosas no están bien o mal dependiendo de su apariencia o dependiendo
de lo que los demás opinen de ellas. La calidad de las cosas depende de la
intención con la que se hayan hecho.
El criterio ajeno puede ser un elemento más de presión sobre nuestra
conducta. En el fondo nos agrada que los demás se queden contentos con nosotros,
complacerles. Tenemos que hacer un esfuerzo para sobreponernos y hacer lo que
creemos que tengamos que hacer. El esfuerzo que uno tenga que hacer será cada
día menor.
2.7. LO QUE
IMPORTA ES LO QUE SEA, NO LO QUE PAREZCA
Lo que es real, con una buena intención de verdad, es lo único eficaz.
Por el contrario, lo realizado con la intención de la mera apariencia o con una
intención superficial, no tiene eficacia alguna. Esto último sólo serviría
inútilmente para quedar como muy normal y adaptado. Muchas veces lo interesado o
aparente choca con lo más desinteresado porque esto último es en algún sentido
más sencillo aunque no más simple ni menos pensado.
Con lo aparente no se obtienen beneficios reales. Por esta vía el día
menos pensado todo el castillo en el aire se derrumba. Porqué es un enfoque tan extendido el
elegir lo aparente para mí es un misterio. En cambio por la vía de hacer algo
real se va construyendo sobre sólido. Eso no se lo lleva ninguna
riada.
Con lo aparente se podrá engañar a mucha gente pero no a la naturaleza.
Un ejemplo familiar sería el de la madre que vive atada a su papel de madraza.
Si sus hijos la adoran le costará cambiar, por ejemplo, porque el coste será
entre otras cosas que sus hijos la dejen de adorar y que incluso, como es lo
normal, le vean sus defectos. Sin duda, la madre que actúa bien lo notará en los
resultados y la que elige el camino aparente sufrirá con creces las
consecuencias de esta elección.
2.8. NO ES
POSIBLE SER PERFECTO SI UNO ES EGOÍSTA
Es incompatible ser egoísta con ser perfecto. Me imagino que los
comienzos de la perfección auténtica pueden ser variados: puede uno buscar el
bien común y que eso le vaya llevando a deshacerse de todas sus ataduras
egoístas, o bien puede uno deshacerse de todo aquello que suponga pensar sólo en
sí mismo, y que por este camino llegue a hacer algo por los
demás.
Es incompatible, entre otras cosas, porque los asuntos se ven de forma
diferente cuando uno piensa en los demás. Así que, ¿cuál será el modelo de
perfección de una persona que no tiene esta motivación del bien común? La
perfección no es algo concreto, ni algo estático. Es, por el contrario, dinámico
necesariamente y se concretará, de una forma u otra, dependiendo de nuestras
características. Lo importante es tener buena intención, y ya se irá
descubriendo todos los aspectos que entorpecen ese camino, o bien todo lo que
sirve de ayuda. Deshacerse de la vanidad, de la soberbia, del deseo de tener
cosas, de tener poder me imagino que está muy bien siempre que lo englobemos
dentro de una buena dirección de vida. En otro caso, sin duda se verá diferente
y puede que en algún aspecto clave una persona diga, ¿qué mal hago yo con esto?
Nadie hace nada por los demás si le puede su vanidad, su soberbia, su
propio egoísmo y, por otro lado, no es posible deshacerse totalmente de lo
anterior si el motivo para ello no es la búsqueda del bien común, aunque sí
podría, por ejemplo, comenzar por ahí y que eso se lo
facilitase.
Los comienzos pueden ser muy variados, pero, al final, es incompatible
ser egoísta y perfecto. El que quiera ser perfecto tendrá que dejar de ser
egoísta, pero de verdad, porque si
no, no funciona. Si lo logra por supuesto que se beneficiará mucho, se cuidará
de la mejor forma, pero precisamente porque piensa en los demás, no porque sólo
piensa en sí mismo. Si sólo piensa en sí mismo, no ha logrado la perfección,
algo le ha fallado, curiosamente se habrá privado de los infinitos beneficios de
su vida bien encaminada.
El que piensa en los demás de verdad se beneficia y no hay nada de malo
en ello. El que sólo piensa en sí mismo se perjudica muchísimo, no sabe el daño
que se hace. Uno se cuida de la mejor forma al pensar en el bien común y otro de
la peor forma, al pensar sólo en sí mismo.
2.9. LA
VERDADERA FORTALEZA ES INTERIOR
No es posible ser fuerte sólo por fuera. Ese tipo de fortaleza exterior
podría deshacerse en un momento, además de que no es eficaz mientras se
mantiene. La auténtica fortaleza es interior, tener buena intención
independientemente de las circunstancias externas.
2.10. NO SÓLO
LOS GOBERNANTES O LA ADMINISTRACIÓN TIENEN RESP
Cada persona tiene su responsabilidad particular. Sea más o sea menos,
siempre es proporcionalmente la misma de acuerdo a sus posibilidades. A veces,
es fácil ver cómo podían haber actuado los gobernantes. Un día oí en la radio
decir que estos no eran ningunos angelitos y no se les podía pedir que lo fueran
si el resto de la población no lo era . Por supuesto que lo ideal, lo más
deseable es que cada uno busque el bien común. Sin embargo, hoy en día actuar
bien lleva consigo por lo general poner en peligro la seguridad de tu puesto o
de tu empleo, ya sea uno un empleado o un empresario o gobernante. Por supuesto,
el que pone su confianza en hacer el bien no se sentirá defraudado. No sirve de
nada exigir a alguien que haga lo que uno mismo no hace. Entre otras cosas,
porque el que no lo vive lo exigirá a la fuerza, piensa que el comportamiento
bueno puede llevarse a cabo a la fuerza. El que lo vive sabe que no es posible a
la fuerza. Sin duda recurrirá a otros métodos para intentar mejorar al otro y
hará él lo que tenga que hacer con lo que ve.
2.11. EL TENER
BUENA INTENCIÓN PROTEGE
Pocas cosas protegen tanto como tener buena intención. Eso junto con
tener una buena formación y un adecuado desarrollo, creo que es lo que más
protege.
La desconfianza no protege sino que, por el contrario, puede acrecentar
la agresividad, dado que en ciertos momentos desconfiar puede suponer una
agresión. La desconfianza tampoco habla de poner la confianza en la propia
actuación.
Yo creo que es bueno tener prudencia, pero una prudencia normal, ni
mucha, lo cual haría retraernos de muchas situaciones, ni poca, lo cual sería
temerario al no saber cómo pueden estar ciertas personas en la sociedad
.
El tener buena intención por
un lado hará que se vean mejor las cosas. Dado que uno se encamina a mejorarlas,
se verán quizá en su justa medida. Si surgen imprevistos siempre se reaccionará
mejor. Y por último, el que tiene buena intención no contará con la enorme
desventaja, a la hora de la protección, de querer algo concreto del otro o de la
situación. Si una persona quiere algo para sí misma, y lo quiere como sea, está
mucho más desprotegida. Sin duda será un blanco fácil para que alguien estudie
como engañarla. Y ese algo que quiere puede incluir cosas intangibles como
halago, vanidad y, por supuesto,
puede incluir cosas tangibles como ganancias materiales, conquistas
amorosas. Por muy desconfiada o muy perspicaz que sea una persona con respecto a
las intenciones del otro, el carecer de buena intención hará que vea mal, que se
le escapen muchas cosas dado que su visión está sesgada por sus intereses y ha
perdido la objetividad.
Hay gente que dice que la han engañado, por ejemplo en una relación de
pareja u otras, refiriéndose a que ha obtenido menos de lo que cree haber dado.
Lo que se hace desinteresadamente ya no da lugar a ningún arrepentimiento
posterior, le haya valido al otro o no y nos responda a nosotros de una u otra
forma. Si el otro no responde o no lo vemos bien tenderemos a persistir en tener
buena intención, si la hubiésemos tenido antes, y entonces veremos si podemos
seguir haciendo algo en vez de sentirnos dolidos. Uno tiene que ver cuando
todavía él puede hacer algo más o ya se trata de la decisión del otro. La buena
intención creo que acercará a saberlo de la mejor forma.
No es posible que alguien con buena intención cambie ante una determinada
conducta del otro. La buena intención o se tiene, o no se tiene, pero si se
tiene, ésta no tiene un tope. Si existe un tope, eso quiere decir más bien que
la supuesta buena intención hasta ese momento no era tal sino que estaba bastante condicionada.
No se podría pues decir que se hizo lo máximo que se pudo hasta ese momento. El
fallo en los resultados podría deberse a que lo que se había hecho no había sido
del todo bueno.
2.12. NO ES
COMPATIBLE INTENTAR HACERLO UNO LO MEJOR POSIBLE Y PRETENDER UNO TENER APLAUSO
SOCIAL, O NI TAN SIQUIERA SER ENTENDIDO POR TODOS.
Tenemos que reconocer que el aplauso social nos tira. Nos atrae el ser
entendidos y quedar bien. Sin
embargo, si hemos elegido el camino de hacer las cosas lo mejor posible de cara
al bien común no podemos pretender eso aunque sintamos por el momento atracción
por ese tipo de vanidades.
Al hablar de aplauso social no me refiero sólo a los reconocimientos
públicos sino también a aquellos aplausos en recintos pequeños, pongo por
ejemplo la familia, el barrio, el centro de trabajo o cualquier institución de
cualquier tipo. El aplauso social
efectivamente nos puede atraer, pero está claro que no nos guía
bien. Mientras nos atraiga en gran
medida, tenderemos a sentir envidia de quien sí lo recibe, quizá por sus
cualidades o talentos o quizá por haberse adaptado a las reglas del juego
mundanas, haciendo que hacía. Por tener cualidades se pueden recibir
reconocimientos. El hacer lo máximo
por el bien común con las cualidades de cada uno, sean estas los que sean, no
acerca precisamente a recibir reconocimientos sino todo lo contrario, acercaría
a recibir críticas y a ser poco entendido.
2.13. EL ÓPTIMO DESARROLLO DE LA
CREATIVIDAD SE LOGRARÁ CON UN ÓPTIMO ENFOQUE VITAL
Lo que creo que mejor conduce a una individualidad marcada, a una óptima
expresión de la propia personalidad, es una actitud bienintencionada y
desinteresada. La actitud interesada, por el contrario, adocena y uniformiza,
pone en el camino de equivocarse y causar daño. Con el mejor objetivo ya uno no
pretende como imprescindible lo que no tiene, sino utilizar lo que tiene. Con
una buena actitud, de aportar lo máximo posible hacia el bien común con la
propia actuación, se desarrollan óptimamente las propias cualidades, sean éstas
las que sean.
Se trata de llegar a ser el mejor profesional que cada uno pueda llegar a
ser. ¿Qué es por ejemplo ser el mejor escritor? Sin duda, la buena intención
ayuda a desarrollar las capacidades innatas de cada uno. Lo que mata la
auténtica creatividad es un objetivo interesado.
Por mi trabajo también sé que es fundamental no perder de vista nunca el
objetivo principal. Y este objetivo lejos de interferir con una actuación
concreta, la mejora.
En definitiva, para mí lo que más ejercita la imaginación es tener buena
intención, actuar al margen de intereses particulares en todo en la vida, no
sólo a la hora de ponerse a escribir o a realizar cualquier tarea. Esta
actuación desinteresada consistiría en un enfoque laboral de aportar lo máximo
que uno pueda, no el enfoque habitual de ganar un sueldo, tener un prestigio; y
luego extendiendo esta actitud desinteresada a la familia, amigos y a cualquier
situación que pueda presentarse, viéndole un sentido a cualquier adversidad al
ponerla al servicio de los demás.
2.14. UNA DE
LAS COSAS QUE PRODUCE LIBERTAD Y TRANQUILIDAD ES RECONOCER LAS PROPIAS
LIMITACIONES, LOS PROPIOS FALLOS.
No sé por qué razón siempre tratamos de ocultar nuestros fallos, así como
de exagerar nuestras cualidades. Creo que podemos aprender de una vez por todas
que eso nos limita y nos intranquiliza e impide que nos mostremos como somos,
pidamos ayuda si la necesitamos, y nos acerquemos a recibir de los demás aquello
que nos sienta bien.
Por supuesto, esto no quiere decir estar atormentando al de al lado con
nuestros fallos, sino sencillamente tener la actitud de reconocerlos cuando
venga al caso. No vale tampoco irse al otro extremo y ya reconocer sólo defectos
en nosotros mismos. Esto además de poco sincero, en muchas ocasiones podría ser
incluso más cómodo que reconocerlos en su justa medida. Uno se puede esconder en la exageración
también para no mostrarse como es.
2.15. TODO LO
QUE UNO HAGA EN SU VIDA PRIVADA REPERCUTE EN LA SOCIEDAD
Nada de lo que hagamos en nuestra vida privada deja de repercutir en la
sociedad. En primer lugar, influye porque influye en nuestro propio desarrollo
y, con ello, cambia nuestra forma de ver las cosas.
Muchas veces se ha dicho de un personaje con un puesto de relevancia
política puede hacer lo que quiera con su vida privada. Podrá, pero lo que no se
podrá decir es que la vida privada no influya. La actuación en una dimensión más
social repercute sin duda en la vida privada y al contrario.
Con respecto a esto, tendré que decir que creo que se entienden mejor las
cosas en un sentido positivo. A veces no se entienden bien las cosas como
privación de algo. Hay ciertas formas de vida que conducen a una mayor libertad
personal y, sin duda, eso repercute más positivamente que el estar atado a
alguna apetencia por particular que ésta sea. Las ataduras, el dejarse llevar
por lo que a uno le apetezca, sin duda, ata más que guiarse por lo que uno
considere mejor y, por supuesto esto es muy amplio.
Por ejemplo en el caso de una persona que se guíe al salir un sábado por
la noche por el hecho de tener relaciones sexuales con una persona. Sin duda,
este objetivo no podrá decir que todas las repercusiones de este acto
supuestamente privado permanecen en este contexto, sino que por el contrario
salen de él. En primer lugar, su objetivo va a influir en todas las relaciones
que establezca. No cabe duda que su comportamiento sería muy diferente que si
realmente pensase en hacer algo por alguien, con lo cual se relacionaría con una
persona en su totalidad y no sólo con su físico. Y por supuesto sin hablar de
posibles consecuencias posteriores como infecciones o bien embarazos con una
persona a la que todavía no se le ha dicho el sí a la pregunta de compartir la
vida con él o ella.
2.16. LO QUE
CADA UNO PUEDE HACER ES MUCHO
Nadie que tenga una buena actitud puede menospreciar el efecto de su labor. No, por supuesto, para vanagloriarse inútilmente sino que si tiene buena actitud será consciente del efecto de hacer su parte, lo cual sin duda es mucho. Evitará de la mejor manera sentirse impotente, frustrado, descontento. Evitará de la mejor manera sentirse impotente ya que sin duda sabrá que si hace su parte, puede mucho; no pretenderá por otra parte poderlo todo ya que eso no le corresponde, no está en su mano. Su buena actitud evitará sentirse frustrado ya que sabrá y verá que su intento nunca es vano. Evitará sentirse descontento porque no pierde el tiempo en eso y además confía en haber hecho su parte y en la respuesta de la naturaleza. Utiliza las energías para pensar lo que está en su mano, no en disgustarle por lo mal que lo hace el otro.
3. IMPLICACIÓN
DE ESTAS ACTITUDES EN SITUACIONES CONCRETAS
3. 1. ANTE UNA
POSIBLE AGRESIÓN
Habría fundamentalmente tres formas de actuar ante una agresión, siendo
sólo una de ellas saludable. La primera forma poco saludable sería responder con
la misma moneda o conducta manifiestamente agresiva. Las consecuencias pueden
ser muy perjudiciales como nos podemos imaginar, se puede obtener con ello hacer
o recibir un daño físico y mental y consecuencias legales entre
otras.
La segunda forma poco saludable sería actuar con una conducta
externamente controlada, es decir sin agresividad manifiesta pero abrigando
sentimientos negativos en el interior, ya sean de indiferencia, mala intención o malos
deseos hacia la otra persona. Creo
que esta forma limita al igual que la forma anterior el desarrollo de la
persona. Los sentimientos de hostilidad se han relacionado con todo tipo de
enfermedades psicosomáticas como uno de los factores que influyen e incluso en
algunos estudios de criminología se ha visto que muchas víctimas terminan siendo
agresores. Desde luego el control externo de la conducta y no una solución real
o interna facilita el descontrol en un momento determinado por acúmulo de una
tensión que podría llegar a ser insoportable, además porque todo va creciendo y
la conciencia se puede ir deformando y lo que comienza con un sentimiento
negativo puede ir empeorando si no se trata.
La única respuesta que creo eficaz es la actitud fundamentalmente
interior de buena intención. Se trataría de la única respuesta auténticamente
pacífica, no pudiéndose calificar así a la respuesta de indiferencia. No se
trata pues de adoptar una determinada conducta externa, sino de adoptar una
buena actitud interior. Para ello nos servirá el tener en cuenta lo siguiente
ante una agresión externa: en primer lugar, el mayor bien o el mayor daño sólo
se lo puede hacer una persona adulta a sí misma, nadie del exterior tiene esa
capacidad, porque para mí la mayor desgracia o el mayor mal es la degradación
moral de la persona; en segundo
lugar, el intentar comprender los motivos de la otra persona. En este marco de
buena intención y comprensión se podría pensar en qué se puede hacer por la
persona que agrede. Por supuesto, esto no es incompatible con utilizar una
medida de contención si fuera necesaria, siempre que lo que guíe la conducta sea
el tratamiento y mejora de esa persona. Esta tercera respuesta es curiosamente
la que servirá de mejor protección para la persona que recibe la agresión, y yo
diría que, sin duda, es lo que más la protege. Por supuesto, volvemos a aclarar
que la buena intención no es hacer el tonto. La buena intención permite ver
mejor el estado del otro y la ayuda que necesita. La buena intención no tiene
que manifestarse exteriormente de forma marcada, basta con que uno la tenga de
verdad, generalmente por aprendizaje, elección y hábito, y teniendo como
respaldo una buena actitud de vida.
Si alguien me preguntase cómo vivir todo esto ante una agresión externa,
le diría que el tener un buen objetivo y guiarse por beneficiar a esa persona
sería la actitud más eficaz y, sin duda, la que más le protegería. El no juzgar
a la persona, comprender que puede existir una motivación para su conducta, ya
sea una elección equivocada o la existencia de una enfermedad aunque la
desconozcamos, y el descartar ejercer cualquier tipo de conducta agresiva por
ineficaz y potenciadora de la agresividad sería el marco idóneo para pensar en
la mejor solución, ya que los buenos sentimientos tranquilizan y en ese estado
la mente funciona mejor, es más creativa. Por supuesto, el descartar medidas
agresivas no sería incompatible con observar la necesidad de medidas de
contención o facilitar que uno mismo u otras personas se resguarden para evitar
conductas de riesgo, tanto para el agresor mismo, como para los demás, ya que
también beneficiaremos a la persona de esta forma, evitando que cometa conductas
que posiblemente en el fondo no desea. Es decir, la actitud pacífica no es
pasiva sino que es activa (aunque no necesariamente muy movida) pero en el sentido más eficaz e
idóneo.
Para tratar cualquier tipo de agresión organizada lo primero que creo
conveniente es tener una visión amplia del asunto, no se trata de resolver un
asunto a costa de generar otro tipo de agresividad por otro
lado.
Yo creo que no se trata de optar por el bien de los agresores o de las
víctimas, como si ambos bienes fueran incompatibles, sino que para una respuesta
o solución auténticamente válida es imprescindible incluir a ambos. Porque estamos hablando de soluciones
auténticas, no de complacencias superficiales. De un buen enfoque se benefician
unos y otros. A las víctimas o a los familiares de las víctimas les resultará
saludable el tener la actitud de considerar que, independientemente del daño que
hayan sufrido, en sus manos está el multiplicarlo o el salir fortalecidos de
este episodio, siendo conscientes de que el mayor daño así como el mayor bien
sólo se lo puede hacer uno a sí mismo y pudiendo comprender que existe una
motivación para la conducta de los agresores, así como deseando su recuperación.
Ambos me parecen susceptibles de tratamiento, siempre incidiendo en la libertad
de la persona ya que si no, no serviría, ya que lo único que da estabilidad a la
conducta es la convicción. Por supuesto, no digo en ningún momento que todo esto
sea fácil, sólo puedo decir que es lo más saludable y beneficioso.
Cuando se han descartado agresiones de cualquier tipo, la mente, la cual
tiene mucha capacidad, seguro que encuentra soluciones más
eficaces.
3. 2.
AFRONTAMIENTO DEL ESTRÉS
El estrés figura como un factor que puede actuar como predisponente o
precipitante, así como influir en la evolución de cualquier trastorno mental,
incluso de aquellos con más influencia biológica.
En la actualidad se mide más bien el estrés por una serie de
acontecimientos que requieren una adaptación de la persona, si bien se cree que
la forma de afrontar los mismos es un factor clave, incluyendo el significado
que le atribuye cada uno a los mismos.
No cabe duda de que si una persona piensa que ese acontecimiento supone
el fin de su vida, es definitivo en su vida y no es consciente de la importancia
de su respuesta, tenderá a adaptarse peor que otra persona que sí recalca la
importancia de su respuesta.
Además de la influencia en
el estrés de todas las actitudes referidas, lo que creo que desde luego siempre
conduce al estrés es actuar guiándose por unos resultados concretos que dependen
de otra persona y que creemos imprescindibles. Es mejor elegir una actitud
correcta. También creo que conduce a mucho estrés, guiarse por un objetivo que
no es el mejor, sino que es el más aparente en un momento determinado. A la
larga, lo que queda mejor es lo que es bueno de verdad, e incluso, yo creo que a
la corta también, porque hay algo en la buena conducta que se nota. Si uno se
guía por una imagen, por la apariencia de haberlo hecho bien, por unos
resultados concretos muy aparentes pero que interfieren con la consecución de
unos mejores a largo plazo, puede tener tales contradicciones a nivel mental que
eligiendo esto es imposible evitar el estrés. Además, eligiendo esto se
perjudica toda la familia, porque yo creo que una persona cuanto más se
desarrolla y creo que esto sólo se logra encaminándose al bien, su amor y sus
cuidados en todos los ámbitos serán de mejor calidad. Así, por ejemplo, todo el
mundo puede decir que quiere a sus hijos, pero la calidad del amor es distinta,
y también el saber qué puede ser mejor para los hijos.
A la hora también de
organizarse, lo cual también alivia el estrés, ¿cuántas horas quiero o creo
conveniente dedicarle al trabajo el resto de mi vida?, una organización que esté
al servicio de uno mismo, por supuesto, no para tomarla con rigidez También
quizá por número de horas y no por determinado resultado. Una vez que uno le ha
dedicado las 3, 4, 5 horas diarias que tiene pensado dedicarle, olvidarse del
asunto, teniendo en cuenta, además, que el descanso es muy necesario para
ordenar las ideas. No pretender hacer más de lo que uno puede hacer, ya que se crearía un círculo
vicioso de menor rendimiento y al final rendiríamos menos. Al trabajar alivia el
estrés no dejar nada pendiente, el hacerlo, en la medida de lo posible, todo en
el momento. Una cosa que estresa mucho es tener cosas pendientes. El sentimiento
de que se van haciendo las cosas al día creo que alivia el estrés y tranquiliza.
Si se pierde uno una oportunidad de hacer algo no sabe si en otro momento la
tendrá. Es importante no dejar nada aplazado en la medida de lo que se pueda.
Muy importante es hacer una cosa cada vez y saber que todo es mejor hacerlo
tranquilamente, con calma, ya que la mente trabaja mejor y se perciben más
cosas, se utiliza no sólo el consciente, sino que también el subconsciente. Hacer varias cosas a la vez es la mejor
forma de tratar ambas de una forma muy concreta y reducida, sin la amplia visión
que sin duda requieren.
3.3.
: ACTITUDES QUE PODRÍAN FAVORECER UNA DEPRESIÓN Y ACTITUDES QUE PODRÍAN
PREVENIRLA
La causa exacta de los trastornos del estado de ánimo es desconocida,
estando implicados en algunos de ellos, de forma muy clara e importante, la
existencia de factores biológicos y genéticos.
Entre los factores psicológicos que se han descrito como potencialmente
implicados en una depresión tendríamos los siguientes: el mantenimiento de
relaciones hostiles (Leff y Vaughn 1980), el sentirse desesperanzado frente a
los acontecimientos de la vida y el sentirse inválido (Seligman 1975), y la sensación de
desamparo ( Watts 1983).
Vemos que podrían estar en todo esto implicadas algunas actitudes
potencialmente mejorables. Con respecto a la sensación de desamparo y la
sensación de sentirse inválido, me parecería importante poner la confianza donde
verdaderamente está, no en lo que nos ocurra, sino en lo que uno puede hacer con
ello por difícil que sea la situación en la que nos encontremos, siendo la
dirección constructiva la que creo que más ayuda a ver esto. Con respecto a la
sensación de desvalimiento, creo que podría estar implicado el querer controlar
lo que no depende de nosotros, y no conformarse o no creer en la influencia de
lo que cada uno puede hacer.
Con respecto al mantenimiento de relaciones hostiles, independientemente
de los factores implicados, creo que sería de utilidad algunas de las actitudes
que hemos visto, sobre todo: el tener buena actitud e intención hacia el otro,
en la situación en la que se encuentre. Intentando fijarse en la parte propia y
en lo que uno puede hacer sin caer en demandas inútiles, sino que intentando
mejorar y comprender al otro, intentando descubrir cual puede ser la razón de su
hostilidad, por ejemplo hacia nosotros, de cara a su tratamiento. En cualquier
caso, el tener el objetivo en mente de beneficiar al otro, no cambiándolo en
ningún momento por el de defenderse uno mismo o por el de intentar devolverle la
mala acción al otro. Siendo además
conscientes de la responsabilidad de nuestros sentimientos y nuestra reacción
ante quizá una agresión muy sutil del otro. Es posible que tengamos que aprender
algo de todo aquello que nos siente mal.
Creo que si vamos caminando por el camino de actuar de la forma más
constructiva posible y olvidándonos para ello de nuestro propio egoísmo
personal, aprenderemos y avanzaremos de la mejor forma, además de ser más
eficaces. Las agresiones, por ejemplo, en el medio familiar pueden ser múltiples
e ir encaminadas precisamente a nuestro punto flaco. Si tenemos buena intención
hacia el otro y nos responsabilizamos de nuestras reacciones seguro que
aprendemos algo de esto. Si no nos responsabilizamos de nuestra reacción y le
echamos toda la culpa al otro, así como si nos dejamos llevar por la hostilidad
al otro, al que echamos la culpa del malestar que tenemos, no aprenderemos nada.
Si nos sienta mal que otro nos minusvalore tanto física como mentalmente,
seguramente es que nos queda todavía mucho que aprender. Que nos valoren o no,
no marca la eficacia de lo que hacemos, y además no se trata de tener muchas
cualidades, sino de hacer lo máximo con lo que tenemos, no para quedar lucidos
sino para ser útiles.
Por supuesto que hay agresiones muy sutiles en las que una persona que
las sufre se encuentra con dificultades siquiera de aclarar la situación. ¿Qué
he dicho?, puede decir el agresor. "Si te ha parecido mal es cosa tuya..." Si lo
manifestamos queda más al descubierto que aquello nos ha sentado mal. A veces
uno si reacciona bien ante una agresión franca queda como hábil y bueno, con lo
cual obtiene gratificaciones que no tiene cuando la agresión ha sido sutil,
porque en teoría no ha habido agresión alguna, sino que la agresión
supuestamente nos la hemos inventado o está en nuestra cabeza. El que la ejerce
tampoco está muy dispuesto a reconocer su hostilidad, o sea que seguir por la
vía de comentarlo me parece casi imposible. Lo más aconsejable sería
seguramente: sobreponerse, tener buena intención hacia el otro, intentar
comprender, sentirse responsable de nuestra reacción e intentar aprender del
efecto de la acción del otro en nosotros. Por ejemplo: ¿por qué me sienta mal
que me minusvaloren?, ¿por el otro o por mí mismo? Tenemos casi que agradecerle al otro que
nos permita comprobar cómo vamos por ese difícil camino de olvidarnos de figurar
nosotros mismos. ¿Nos queda todavía mucho que avanzar?
3. 4.,
INCORPORARSE A UNA
ONG:
Al pensar en incorporarse a una ONG o a cualquier institución de tipo
humanitario o religioso, tampoco puede uno olvidarse de que será difícil que la
estructura de la misma no esté contaminada de la misma estructura interesada y
materialista que impera en la sociedad. El interés puede venir revestido de lo
bueno. Puedes en una ONG, por ejemplo, sentirte presionado para atender a unos y
no a otros dado que las ayudas y subvenciones están dadas para atender a unos de
ellos y se pretende que continúen
las subvenciones, "para hacer el bien". El problema es que se puede creer
que para hacer el bien vale todo, y, desde luego, no vale todo. No vale perder
la independencia, no es bueno hacer algo aparente para obtener una subvención,
aunque se crea que con ese dinero se va a dar de comer a muchos. El interés lo
contamina todo y no sirve de ejemplo a nadie. Se terminan viendo las cosas de
forma muy diferente. Para atender una zona con conflictos no se puede excluir a
nadie. Si se excluye a alguien da igual lo que hagamos que todo será inútil, ya
tratemos a 1000 millones de personas. Si los exponemos a las consecuencias de
que tengan odio hacia sus hermanos, estamos facilitando un gran perjuicio.
3. 5., CÓMO
EVITAR QUE HAYA CÁRCELES
Para prevenir que haya cárceles y que las personas ingresen en la cárcel
tendremos que saber en primer lugar por qué ingresan las personas en la cárcel.
Se ingresa en la cárcel por una conducta delictiva o presuntamente delictiva. En
el momento actual se ingresa fundamentalmente por delitos contra la propiedad,
contra las personas o contra la
salud pública.
Una de las actitudes que creo que subyace a estas conductas es considerar
que lo más importante son los bienes materiales en su amplio sentido, el pensar
que estos van a ser la solución de todo y considerar que la vida no depende de
lo que uno haga sino de lo que los demás te hagan, con lo cual uno se quedaría
indefenso frente a las circunstancias y tendería a eximirse de su propia
responsabilidad vital. Esta actitud, ante un mal que recibe del exterior, le
haría sentir odio u hostilidad ya que no sería consciente de que el mal se lo
hace fundamentalmente a sí mismo con su actuación
Vemos que estas actitudes no son muy diferentes a las que predominan en
la sociedad actual, ¿Por qué unos ingresan y otros no? Mi impresión, como
persona sin conocimientos especiales en temas de derecho, es que el código penal
se encarga sobre todo de asuntos muy tangibles. Sin embargo, hay muchas personas
que aunque no cometen directamente el acto ilícito, sí lo favorecen pudiendo
quedarse en muchos casos en el refugio de ser una actuación secundaria a su
opinión personal, ya que aunque sé que hay delitos de este tipo también, muchos
serían muy difíciles de demostrar. Se demostrarían más fácilmente los que fuesen
mal vistos por personas de su mismo nivel social, pero no cuando dañan a un
sector más desprotegido . La persona podría ampararse en su forma de ser, en su
criterio. Así por ejemplo una profesora, que siguiendo el criterio de la
dirección del centro interesada en una ganancia económica y en dar una
determinada imagen y también siguiendo la búsqueda de cubrir su necesidad de
gratificación, hace que prevalezca en su clase un orden externo sobre un
crecimiento real de sus alumnos, quizá con su conducta está favoreciendo que el
día de mañana los niños cometan algún delito. Vemos que los delitos de las
personas de nivel social bajo son más evidentes, más rudimentarios. Ninguna
persona de un nivel social medio se dedica a dar tirones de bolsos si tiene una
inteligencia normal y carece de enfermedad. Hará algo más sofisticado que
incluso pueda ser aplaudido por la sociedad.
Creo que por el mero hecho de encaminarse a un bien material la persona
se pone en el camino de equivocarse y de causar daño. Luego el robo tangible o
la agresión tangible son cometidos generalmente por personas con especiales
dificultades o limitaciones o con una enfermedad y, en definitiva, con pocos
recursos de todo tipo. Sin ir más lejos la cárcel está llena de personas con una
clase social muy baja. ¿Dónde están los robos o las agresiones de la clase
media? La persona que le da igual su trabajo, que sólo trabajo para ganar un
sueldo y que no quiere dificultades, que cuando ve un niño difícil piensa antes
en cómo librarse de él que en ayudarle. Creo que la indiferencia o el no hacer
el trabajo en una persona formada es más grave que la agresión franca en una
persona sin recursos.
La eliminación de la cárcel en la medida de lo posible es tarea de todos.
Si todo el mundo trabajase por el bien común y no para sí mismo sin duda el
panorama cambiaría. Si mejorásemos la actitud generalizada sin duda disminuirían
los ingresados en prisión.
Las actitudes que yo recomendaría para evitar conductas delictivas serían
fundamentalmente: Poner la seguridad en lo que uno hace con buena intención, no
en lo que uno va a recibir en cuanto a bienes materiales se refiere, ya sea
bienes económicos o de prestigio y no creer que actitudes agresivas van a
solucionar nada.
¿Por dónde podríamos empezar? En primer lugar por la revisión de la
actitud de uno mismo en su trabajo y en su entorno. Sería saludable preguntarse,
¿hacia dónde me dirijo con mi trabajo? El que se dirija a un beneficio personal
y no hacia un bien social está causando un daño, aunque sea por omisión. En
segundo lugar y una vez dado el primer paso, favoreciendo el mismo cambio individual
sobre diversas personas o colectivos, siempre en forma de propuesta o
exposición, nunca de imposición, porque por esa vía es imposible acoger una
buena actitud que además va a ir un poco contracorriente con respecto a lo
habitual.
3. 6. EDUCACIÓN DE
HIJOS:
Al hablar de educar a los hijos se suele pensar en qué decir y hacer en
la tarea de educar. Efectivamente, hay técnicas mejores pero lo fundamental, y
lo que orienta todas ellas, es la propia vida de cada uno de los padres, siendo
esto precisamente lo que más cuesta. Es fácil intentar cambiar a otro pero lo
difícil es cambiar uno mismo.
Generalmente, cuando un padre refiere que ha hecho todo lo posible por un
hijo se refiere a todo lo posible menos a lo fundamental, que es lo más difícil.
Generalmente ha hecho todo lo que estaba bien visto y en ese sentido se ha
esforzado, pero, generalmente, no ha hecho nada en lo que pudiera quedar en
entredicho su actuación. Por supuesto que en este buen hacer va a influir la
propia actitud vital del padre. Si ésta fuese buena tendría más fácil el
sobreponerse a su propia imagen y buscar el bien real del hijo. El hacer cosas
que cuestan en este sentido es lo que más escasea incluso por un hijo.
Si un padre pretendiese mejorar la educación que brinda a sus hijos comenzaría preguntándole cómo
enfoca su vida, en el terreno laboral, con sus amistades y en general en
cualquier ámbito. Es posible que le
extrañase y dijese que él no tiene
nada que cambiar. Muchas veces el interés por la mejora del otro, incluso cuando
el otro es un hijo, termina ahí, cuando a uno le cuesta en aspectos tan
delicados como vencer el poder o la esclavitud de la propia imagen personal.
Cuando el dar ya no va a ser aplaudido, sino que puede ser criticado, incluso en
el ámbito familiar, la intención flaquea, aún tratándose de un hijo.
Yo creo que una persona crece más como persona cuando actúa en conciencia
y se dirige a aportar el máximo bien común, tanto en el terreno laboral como en
otros, incluso, aunque esto le cause un esfuerzo a nivel de su propia imagen,
dado que pueden existir presiones que vayan en otra línea menos eficaz, aunque
quizá más aparente. El cubrir las propias necesidades materiales nunca es una
buena guía mirado desde una perspectiva amplia. Creo preferible poner la
seguridad en la propia actuación bien dirigida y según el propio criterio, con
lo cual se abarcan todos los factores. Por esta vía me extrañaría que quedasen
sin cubrir los factores materiales, y además abarcaría otros muchos factores
fundamentales. Sin embargo, queriendo garantizar lo material se descuidan otros
factores, además de no ser el fruto de nuestro trabajo tan beneficioso en el
mejor de los casos, o claramente perjudicial en la mayoría, aunque sólo sea por
omisión.
Además de mejorar la actitud de vida que es básica y fundamental para
educar, para ser fuente de ejemplo y guía, si un padre quiere mejorar la
conducta de su hijo no puede perder este objetivo de la mente en ningún momento.
Deberá eliminar todo lo que no vaya en este sentido, todo lo inútil. Deberá ir a
la raíz de los problemas y sobre
todo en un sentido positivo, con afecto y aceptación incondicionales. Si el hijo
grita, el padre podría perder el rumbo de su actuación y gritar también. Si lo
hace o ha hecho debe reflexionar sobre ello, preguntarse qué buscaba en ese
momento, ¿su orgullo? Eso es lo que tiene que eliminar, y no vale disculparse
diciendo que no se le pueden consentir ciertas cosas precisamente para educarle.
Así, a la fuerza, no se modifican las conductas. Si esa persona se sobrepusiese
a su imagen y buscase el bien real del hijo seguro que se encontraría mejor. Lo
único que tendría que perder sería una falsa autoimagen de perfección, que no le
llena por ser superficial y que sólo serviría para atarle y esclavizarle. Si es
capaz de sobreponerse a ella, renunciar a ella por el bien de su hijo, se
encontrará con la sorpresa de una mayor felicidad.
En cuanto a aspectos más concretos, yo diría lo siguiente con respecto a
la educación de los hijos: intentar fomentar lo positivo, observar la conducta,
observar la conducta que queramos cambiar, intentar ver e incidir sobre la causa
de ello. En líneas generales, para tratar la causa de un problema de conducta en
un niño, generalmente, no nos
equivocaremos con afecto del bueno, realmente encaminado al bien del hijo con el
respaldo de nuestra propia vida, y aceptación sin condiciones hacia el hijo. La
aceptación, si es condicionada, no es saludable, tanto si es aceptación por una
conducta superficialmente buena como si es no aceptación por una conducta
superficialmente mala. La aceptación, así como el amor, no puede estar
supeditada a lo que la otra persona haga. Si esa persona actúa mal precisamente
estará necesitada de más amor, y no sería sano rechazarla en ese momento. La
aceptación, sólo si el niño es o se porta de tal forma, al igual que podría
ocurrir entre adultos, no es en absoluto saludable. La persona, aunque sea un
niño, necesita sentirse libre para actuar, no condicionada. Tanto el que no es
aceptado por su mala conducta como el que es aceptado por su obediencia, por
adaptar su conducta a los deseos de los demás, están sufriendo un daño. Y yo
diría que incluso más el segundo. La aceptación es sin condiciones. Otra cosa,
por supuesto, es que la persona ya no pueda hacer más en un asunto. Lo deja no
por no aceptar a los implicados, sino por creer honestamente que ya ha hecho lo
que podía. Sin embargo, siempre estará dispuesto el que acepta a ocuparse si
algún cambio le hiciera ver que puede hacer algo. No está cerrado como el que no
acepta, porque no lo tolera y no se guía por una buena intención.
Los padres, al igual que los niños, además de actitudes, pueden tener
patologías en las que estén implicados otros factores como los biológicos. Como
dije al principio, creo que la actitud colabora en la buena marcha de todo
absolutamente y no es incompatible con otro abordaje, sino que, por el
contrario, creo que ayudaría a acercarse a recibirlo si fuera necesario.
A veces nacen niños con limitaciones personales, como trastornos de
aprendizaje, incluyendo cálculo, lecto-escritura, nacen niños con retraso
mental, niños hiperactivos con dificultades en la atención. Por supuesto que en
todos estos casos están influyendo factores biológicos, no sólo psicológicos ni
ambientales. Sin embargo, por supuesto que la actitud colabora en la buena
marcha de esto. Es posible que a un niño con una limitación se le haga la vida
imposible si no se le acepta con esa limitación y se pretende que sea como los
demás en ese aspecto. Lo que comienza siendo una dificultad mínima se complica
con el rechazo y la no aceptación de los padres, y por supuesto, todo esto
complica el cuadro y no sabemos a dónde podría llegar. Lo mismo ocurre cuando el
niño por su especial biología o constitución tiene problemas de conducta. No es
infrecuente que se formen círculos viciosos entre la agresión del niño y la poca aceptación
por parte de los padres, lo cual es una agresión grave al niño que necesita
aceptación, con lo que la agresión crece en vez de disminuir. Independientemente
de que exista una patología física y por supuesto que se pueda beneficiar del
tratamiento correspondiente, la actitud, en este caso fundamentalmente de los
padres, la cual transmitirán a sus hijos,
jugará un papel muy importante.
La primera actitud que habría que trabajar sería la aceptación de esa
limitación. Que el niño tenga una limitación no quiere decir que no valga para
nada. En absoluto y además, por el contrario, las limitaciones también tienen su
función y su sentido, abren a mundos diferentes y también enseñan cosas y se
desarrollan otras habilidades. Para aceptar esa limitación nada mejor que
aceptar cada padre a sus hijos como son. Cada niño es diferente, cada niño tiene
sus especiales cualidades y cada padre hará bien en guiar la vida de ese niño
tal como es. Si no lo guía como es, sino que pretende que sea de otra forma, o
pretende imposibles, que tenga más de esto o de lo otro, le hará un gran
daño.
Cada niño con su especial combinación de cualidades y limitaciones es
único, no hay otro igual. Muchas veces, muchas personas refieren que han logrado
grandes cosas precisamente gracias a sus limitaciones, o sea que éstas pueden
tener una utilidad clara. Una persona que haya sufrido por ejemplo siempre puede
ser más sensible y comprender mejor al otro si lo intenta. Lo fundamental es
guiar al niño y encaminarlo para que llegue a ser lo mejor que puede llegar a
ser, no como no es o el mejor del mundo. Muchas veces una persona adulta dice
que él es así porque nació así.
Sabemos que nos hemos hecho como somos en este momento pero, desde luego,
eso no abarca todas nuestras posibilidades. No sabemos cual es la mejor versión
de nosotros mismos y sería bueno conseguirla. Creo que las mejores actitudes nos
irán haciendo que lo consigamos, y las peores actitudes, que nos alejemos, que
no nos conformemos con lo que tengamos, que queramos más de esto o de lo otro y
menos de lo de más allá y en definitiva que no le veamos un sentido a nuestra
particularísima y única forma de ser. Creo que las versiones óptimas de una
persona, el llegar a ser el mejor uno mismo posible, siempre serán una maravilla por muchas
limitaciones y pocas cualidades que se tengan, porque sin duda, lo que más
limita es una mala actitud.
Los padres también pueden tener una patología, ya sea física o
psicológica. Independientemente de los factores que influyan, será bueno
fomentar una buena actitud. Por ejemplo, en el caso una madre sobreprotectora, y
sin entrar en por qué ha llegado hasta ahí, no sería beneficioso darle al hijo
de todo, sino que será bueno darle afecto del bueno, lo que le venga bien.
Desgraciadamente, muchos chicos pueden vivir todavía con una imagen idílica de
la madre, por haberles consentido todo. Sin embargo, como sólo lo bueno tiene
efectos beneficiosos, esa imagen no ha dado lugar a
beneficios.
Algunas madres se quedan atadas a su papel de madraza y perfecta y les es
difícil perder dicha imagen al mejorar su actitud y al permitir que sus hijos
vean sus limitaciones, o les es difícil superar el que las tachen de cualquier
cosa al no atender sus deseos inmediatos.
Muchas veces en el ámbito familiar
surgen las mayores dificultades para el cambio, precisamente por una
mayor atadura emocional.
Los padres no son perfectos y no se les quita honra por ver esto. Es más,
eso seguramente significará una mejor educación el ver las cosas como son y
además seguramente el padre no quiere realmente que el hijo le imite en sus
defectos, sino que se eduque de la mejor forma posible
Con respecto a los trastornos de conducta en el colegio no es infrecuente
que se formen también círculos viciosos si lo que prima es el orden externo más
que la educación integral de la persona, en este caso un
niño.
En líneas generales, el hijo en sus primeros años va a hacer lo que ve.
Por supuesto que lo hará con las manifestaciones propias de su forma de ser, no
con las del padre. Y en este sentido sí que los padres se pueden llevar
sorpresas. Puede que, por ejemplo, el egoísmo de los padres incluya la familia,
se ocupen de su familia y de nadie más, pero si el hijo aprende a ser egoísta, a
lo mejor no incluye a la familia. El padre se llevará una sorpresa. No es más
que lo que ha visto pero con otra manifestación. Además, la actitud o conducta
que no mejora, va a más.
Cuesta trabajo reconocer que uno se ha equivocado, pero es la única forma
de no proseguir la equivocación. Por la vía de reconocer los propios errores se
comenzará un camino de más autenticidad y perfección real.
Lo importante es hacer lo máximo por el bien común con lo que se tiene y,
en ese sentido, cualquier circunstancia, incluida la estancia en prisión, se
puede aprovechar. Ya sabes que
muchas personas reconocen que viven gracias a su ingreso en la cárcel, porque
reconocen que la esclavitud que tenían en la calle con la droga, por ejemplo,
era una peor cárcel. Lo importante a partir de este momento sería estar bien de
verdad y seguro que eso te acerca no sólo a salir antes sino, lo que es más
importante, a salir en las mejores condiciones. Me imagino que ese es el
objetivo que mejor guía a una persona que está ingresada en prisión: estar bien
de verdad.
Si crees que no has hecho nada, o que lo que has hecho no tiene mucha
gravedad alégrate. Si crees que el delito fue hace mucho tiempo y que ya estás
rehabilitado, ¡enhorabuena!. En este sentido creo que nadie podría decir: "Van a arruinar mi vida ingresando en
prisión". El estar bien de verdad es algo que tiene estabilidad, que no se viene
abajo por ingresar en prisión ni por una circunstancia externa. Si estás bien de
verdad en teoría tendrá que haber alguna ley que te apoye y si no, habría que
crearla. Yo te diría que en este sentido utilices los cauces legales, podría
haber más personas en tu situación.
Si crees que no has hecho nada, alégrate porque lo que te influye de verdad es lo
que hagas, no lo que otros digan o decidan. Si lo que has hecho no es muy grave
alégrate porque el asunto se ha cogido a tiempo y ahora que te encuentras en
prisión puedes pensar qué quieres hacer a partir de ahora. Piensa que todo va
creciendo si no se trata y que ese delito no del todo grave, aunque sí con su
gravedad como todo delito, si no se trata tenderá a ir a más, lo cual no te
interesa. Si el delito ha sido
grave, será importante aprender del mismo, siempre de cara al presente y futuro.
Mientras hay vida, eso es posible.
Piensa que las penas privativas de libertad estarán orientadas, según
refleja la Constitución en su artículo 25, a la reeducación y reinserción
social. Quizá me digas que en la cárcel eso no existe y creo que tienes razón,
entre otras cosas porque para educar hay que estar educado. No te puede educar
una institución sino personas concretas y en ese sentido, depende de lo educadas
que estén ellas, depende de las actitudes que tengan. Seguro que si tienen una
buena actitud vital son fuente de educación. Si no te encuentras con ninguna
persona de este tipo, puedes empezar tú mismo con tus propios medios, quizá
tengas que educarlos tú a ellos.
Ingresar en prisión no es malo dado que se supone que ha habido un delito
y dado que no es malo asumir las consecuencias de tus actos. Me han dado más
pena los que habiendo cometido un delito no han ingresado en prisión. Lo que
está mal si no se corrige va a más. Lo que te beneficia realmente a ti
y a los que te rodean son tus actos, no la respuesta a los mismos. Es un buen
momento para la reflexión: "¿Tengo el mejor estilo de vida posible, o es posible
que éste mejore?"
Tu estancia en prisión es una circunstancia como otra y desde luego no es
un tiempo vacío. Si te guías durante tu estancia por buenas actitudes, entre
otras pensar en hacer algo por lo demás en esa circunstancia, seguro que eso te
acercará indirectamente no sólo a salir antes, sino, lo que es más importante, a
vivir lo más plenamente tu estancia en prisión y a salir en las mejores
condiciones. Y, por supuesto, ese hacer algo no es hacer un mínimo mientras no
te comprometa en nada, sino que será preferible el hacer algo que produzca
realmente un beneficio, aunque te comprometa un poco más.
Si tienes esposa o esposo e hijos no te preocupes ya que todo lo que vivas en este momento se lo
transmitirás de una forma u otra. Seguro que ellos se beneficiarán de tu mejora
y no sólo de tu salida. Si la mejora es de verdad ya verás la forma de salir,
porque realmente estarías en condiciones de ello. Pero la mejora nunca es sólo
por fuera, sino fundamentalmente por dentro. Si tienes padres y hermanos, lo
mismo. La mejor forma de beneficiarlos será tu actitud desde este
momento.
Si no has hecho nada, mejor, porque lo fundamental es lo que hagas, no lo
que te hagan, pero si has cometido realmente el delito lo mejor que puedes hacer
es reconocerlo y reflexionar acerca
de las causas que te han llevado a la prisión. Nadie llega a un grave delito por
casualidad. Seguramente antes ha habido pequeñas cosas que han ido modificando
tu conciencia y haciéndote pensar que no pasa nada, pensando que ciertos valores
materiales se tenían que conseguir por encima de todo, que todo valía con tal de
conseguirlos. El poner la confianza en la consecución de dichos bienes
materiales en vez de poner tu confianza en lo que podías hacer de cara al bien
común, seguramente te llevó a equivocarte. Curiosamente, si buscas el bien
común, eso te lleva de la mejor manera al tuyo propio. El bien auténtico es uno,
no existiendo incompatibilidades entre el bien del uno y del otro. Sí las
podría haber si nos limitamos a
tomar el bien por el bien inmediato y material, como por ejemplo el salir de la
prisión.
Lo mejor es que reflexiones y adoptes las actitudes que consideres más
saludables una vez que te encuentras ingresado en prisión. No sería sano
posponerlo para más adelante. Pongo
como ejemplo alguien que está pensando en conseguir un permiso en la cárcel sea
como sea. Puede pensar que lo fundamental para su familia es que salga cuando lo
fundamental es que esté bien, y eso ya le llevará a lo demás.
Pero qué difícil es el cambio. Independientemente de lo mal que lo hayas
podido pasar por diversos motivos, ya sean físicos o en forma de indiferencia o
los maltratos que hayas recibido, ya sean físicos o psíquicos, ahora que ya eres
adulto aunque joven te toca cuidarte a ti mismo, y la mejor forma de hacerlo es
teniendo buenas actitudes en la vida.
Cuantas veces es difícil el cambio por presiones familiares. Quizá estés
demasiado atado a tu papel de buenecito o persona de buen corazón, por ser
sensible, quizá dadivoso. Pasar a ser bueno de verdad te costará sin duda
recibir críticas. Mientras te dediques a dar tu chaqueta, o unos duros no
molestas a nadie, todo sigue como está. Pero el procurar de verdad que mejoren
las cosas, eso sí que ya complica la vida.
Pero, qué bonito es complicarse la vida por hacer el
bien.
Luego veremos al hablar del consumo de drogas que curiosamente cuanta
mejor actitud elijas, más eliges el apartarte realmente de las drogas si
dependes de ellas. Y al contrario, si no eliges lo bueno, por no disgustar
superficialmente a tu familia que en principio, a lo mejor, puede pensar que te
viene mejor otra cosa, por mucha
alegría superficial que les causes, te acercará a perpetuar tu consumo de
drogas. Si se busca hacer el bien para todos y también el bien real por la
familia, no solamente satisfacer sus deseos superficiales, se tendrá una
posibilidad de llegar a ser persona, tener una vida plena y con ello abandonar
la droga.
Curiosamente para una persona que esté en prisión, lo que más puede restarte libertad no
son los barrotes físicos sino los mentales como por ejemplo si piensa que todo
depende de deshacerse de esa circunstancia externa, lo cual no depende de ella
directamente, y no empezar por
pensar qué pueden hacer en dicha circunstancia. Paradójicamente, con esta última
actitud de pensar qué se puede hacer en esa circunstancia, no sólo se puede
acercar uno indirectamente a salir antes, sino que, lo que es más
importante, a salir en las mejores
condiciones y, como consecuencia de ello, a no volver a entrar en prisión,
además de todo el beneficio de aprovechar el tiempo, que es vida, durante la
estancia en prisión. Yo suelo decirles a mis pacientes que cuanto mejor estén en
prisión mejor estarán fuera de ella, ya que la única estabilidad posible es la
que se basa en los propios recursos para afrontar adecuadamente cualquier
situación. La persona que depende para estar bien de unas circunstancias
externas muy favorables no tiene estabilidad. Siempre hay que empezar desde las
que uno tiene, desde donde uno está y ahí mejorar sus actitudes. Las ventajas
son sobradas.
Alguno me podría decir que en su situación no puede hacer nada, que
depende de lo que el Juez decida o de la decisión de otra persona. Una vida
nunca está en manos de otra, aunque sí pueda depender de otra persona una
circunstancia concreta. Pero el qué hacer con lo que se tiene es de cada uno, en
eso la persona siempre tiene libertad plena. Si quieres empezar a mejorar tu
actitud, empieza preferiblemente por lo que está directamente en tu mano. Mira a
tu alrededor, seguro que verás mil cosas que puedes hacer; quizá alguien se esté
perjudicando si las dejas de hacer. Algunas te costarán mucho esfuerzo porque
siempre existen muchas presiones, ya sea en forma de costumbre, hábito,
popularidad, para que dejes de hacer lo que es realmente mejor. Ni que decir
tiene que el que hace lo que tiene que hacer de cara al bien común siempre
aporta un bien y se beneficia de la mejor manera aunque pueda obtener críticas
superficiales por no portarse como la mayoría, quizá dejando pasar las cosas y
permitiendo que todo continúe igual.
Cada uno tiene su parte de responsabilidad en esta vida, parte que si uno
no hace, es posible que se quede sin hacer. Cada uno en su situación, cada uno
muy diferente, sin duda puede hacer o dejar de hacer muchas cosas. ¿Por dónde
habría que empezar? Por la actitud de querer hacerlo, mirando alrededor y
pensando en lo que está en tu mano, no en la del vecino, en la del juez o en la
del funcionario. Se trata de lo que
te corresponde a ti.
El actuar bien es difícil y no va a favor necesariamente de los intereses
más inmediatos, aunque, desde luego, el beneficio está asegurado. Alguno de vosotros puede pensar que lo
fundamental y lo primordial es salir de permiso y para eso vale hacer cualquier
cosa. Es posible que digáis que vuestra pareja o hijos os necesitan a su lado.
Sin embargo, si esa salida viene, digamos, por la vía acertada, estupendo, pero,
sin embargo, si viene después de haber dejado de hacer lo que tenéis que hacer,
sin duda, no es lo mejor para vosotros, ni para vuestra
familia.
El actuar bien es difícil en cualquier situación. En la cárcel no lo es
menos. Existen presiones de todo tipo para hacer lo que hace la mayoría. El
responder constructivamente ante un compañero que está agresivo o que muestra
falta de respeto, no tiene popularidad ni dentro ni fuera de la prisión, aunque,
sin duda, es lo que trae más beneficios y, además, es lo que más protege
realmente. Sin duda, al que tiene
buena actitud le surgen mil oportunidades para hacer
cosas.
En lo que más puedes ayudar a tu familiar es en evitar que vuelva a
cometer el delito y mirado en un amplio sentido, que tenga la vida más llena de
sentido posible. Si tu familiar ha cometido un delito, el ingreso en prisión
será lo mejor que le podía ocurrir, aunque en principio no le apetezca o no os
apetezca u os de la impresión de que le venía muy mal. Hay familiares que no
denuncian a su familiar para que no vaya a la cárcel. Yo creo que muchas veces
eso es un error. Yo creo que a la mala conducta hay que buscarle una solución,
un tratamiento y no continuar hasta que se convierta en irreparable. Los delitos
graves seguramente han tenido lugar después de una serie de delitos que quizá
por un sentimentalismo mal entendido no han sido puestos en conocimiento de las
persona oportunas, o bien sí se han puesto pero no se han tomado las medidas
oportunas. Me podríais decir que no
creéis en el tratamiento que brindan las cárceles. Sin duda, tenéis razón en que
muchas veces no mejora nada, pero
creo que la solución no sería no decir nada sino hacer la oportuna comunicación
o denuncia y luego solicitar que le brinden un tratamiento a vuestro familiar.
Si no lo hacen también sería deseable tomar las medidas oportunas. Y, sin duda,
todo lo que se haga tendrá un efecto.
Solicitar el tratamiento oportuno. No retraerse de todo porque las cosas
están mal. Si uno se retrae ese daño se suma a lo que está mal. Si todo el mundo
solicitase cosas o hiciese su parte sin duda iría todo mucho mejor. Si hay una
conducta delictiva creo que lo mejor sería ponerlo en conocimiento de las
personas que puedan tratar dicha conducta. Lo malo no es ingresar en prisión, lo
malo es cometer los delitos.
El ingreso en prisión quizá haya sido lo mejor que le podía haber
ocurrido a tu familiar. Será bueno que el objetivo no sea ahora salir de prisión
sino estar bien, pensar en tener una conducta saludable. El objetivo no puede
ser salir, sino estar bien. Para estar bien uno necesita necesariamente tener
buena actitud. Sin una buena actitud nadie está bien.
Si quieres colaborar en la mejoría de tu familiar en prisión puedes
pensar qué puedes hacer por tu parte. Por doloroso que sea, puedes ver que tu
parte, como la de todo el mundo,
también es mejorable. Más que darle consejos, lo fundamental sería vivir
tú lo más sanamente posible. Muchas personas piensan que como tienen un familiar
en prisión tienen que abandonarlo todo y ocuparse sólo de él. Posiblemente el
hijo se va a beneficiar más de la vida plena de los padres. Para eso es
necesario que sus vidas tengan un sentido, una dimensión social, en la cual por
supuesto pueden estar incluidos sus hijos o sus familiares. Si sólo miran a sus
hijos y lo demás no les importa, le transmiten esa actitud a sus hijos, la cual
no es la más deseable. Es mejor que los padres tengan un sentido amplio en sus
vidas, incluyendo por supuesto, si así lo consideran, un cuidado a sus hijos,
pero no vivir para sus hijos. Muchas veces no
se da cuenta la familia de que cuanto más piense en hacer un bien por la
sociedad más lo hará por su hijo y, por el contrario, cuanto menos piense en la
sociedad y más únicamente por su hijo, menos hará por él.
El pensar en el mayor bien de tu familiar te puede llevar a cambiar y
puedes tener alguna dificultad aparente, aunque, no lo dudes, siempre es lo
mejor; quizá tengas que
sobreponerte a no ser entendido. Sin duda, si eres capaz de hacerlo notarás los
efectos desde el primer momento. Pongo por ejemplo el caso de que te pida droga
o te pida algo ilegal, lo ideal es que pienses en lo que le viene realmente bien
a él y seas capaz de hacerlo y quizá sobreponerte al hecho de no complacerlo en
sus apetencias inmediatas, quizá arriesgándote a que te lo recrimine. En cuanto
seas capaz de dar el primer paso en este sentido de hacer lo que creas mejor, te
sentirás muy contento. Si le sienta mal a
la persona ingresada en prisión que hagas algo que creas bueno, piensa
que la eficacia de lo que hagas depende de tu intención, no de lo que a tu
familiar le parezca en un momento determinado en el que él quizá sólo vea lo que
le apetece y piensa, equivocadamente, que aquellos que le quieren se lo tienen
que dar. Aunque le siente mal que
le niegues algo que no le convenga o no le siente bien, seguro que ya desde el
principio una parte de él agradecerá el gesto, y captará el amor de su familia
que es capaz de pasar por esta posibilidad de quedar mal por el hecho de que su
deseo de beneficiarlo auténticamente está por encima. El familiar le transmitirá de alguna
forma esa tranquilidad y seguridad que da el hacer lo que uno cree con un buen
objetivo. Si, por ejemplo, tu familiar internado reaccionase, sin hablarte, por
ejemplo, siempre piensa que no le vas a hacer un mal para que te hable. A veces,
efectivamente con lo bueno y lo verdadero se pone de manifiesto lo que hay. Con
la falsedad a veces no hay ningún problema aparente aunque las relaciones, por
supuesto, son pobres y poco enriquecedoras.
Lo mismo sucedería si quiere salir cuanto antes de prisión. No hay nada
de malo en trabajar en ello por los cauces oportunos siempre que se tenga en
mente que el objetivo fundamental, en el que deben estar incluidos todos los
demás, es el de que la persona esté bien de verdad, incluyendo buenas actitudes
vitales.
Si vuestro familiar ha cometido un grave delito, no os podéis engañar
diciendo que no ha hecho lo que ha hecho, si ha sido así. Es mejor reconocerlo
de cara no a estancarse ahí, por supuesto, sino para aprender de ese suceso de
cara al presente y futuro. Siempre queda mucha vida por delante y
siempre es posible mejorar.
Cuando hablamos de violencia enseguida pensamos en alguien causando un
daño físico a alguien. Sin embargo, el concepto de violencia es un concepto más
amplio.
Existe una violencia generalizada en la sociedad. Muchas personas quieren
conseguir sus cosas como sea y a costa de lo que sea. Vivimos en una sociedad
muy materialista con fuertes intereses particulares creados. El trabajo está
enfocado hacia recibir un salario u otros bienes materiales pero no está
enfocado, como sería lo ideal, hacia brindar un servicio. Existe violencia en
todos los campos sociales. No se libra ninguno, aunque sí alguna persona por
supuesto. Existe violencia en los hospitales cuando priman otros intereses y no
el bien del enfermo, existe violencia en los colegios cuando no se asume la
educación de un niño con problemas, existe violencia en los medios de
comunicación, cuando están pendientes de la audiencia y no de aportar un bien a
la población, violencia en el político, cuando está pendiente de una apariencia
y de recibir un voto o de los intereses particulares y no de procurar el bien
común.
Existe violencia siempre que la persona se guía por intereses
particulares y lo demás no le importa o no le importa
tanto.
Existirían en una persona mecanismos internos y mecanismos externos para controlar la violencia o
lo que es lo mismo, para generar conductas pacíficas. Si estos fallan siempre va
a haber violencia, sea ésta franca o no,
Los controles internos son pautas de actuación en las que cree la persona
como forma de actuar. Una actitud ante la vida y ante las circunstancias en la
que la persona se encamine a ver la realidad y a mejorarla, constituiría un
óptimo control interno así como la actitud tanto de hacer un daño activo como
pasivo al pasar indiferentemente ante las dificultades ajenas, constituiría una
falta de control interno para este tipo de conductas.
Este mecanismo de control interno falla de forma generalizada en la
sociedad, dado que vivimos en una sociedad muy materialista con fuertes
intereses particulares creados y en
donde la mayor parte de las personas busca con su trabajo no procurar un bien,
sino sencillamente recibir un salario o su propio bienestar. Si falla este
control interno siempre se cometerá violencia, ya sea activa o pasiva, ya sea
franca o escondida, ya que existe violencia siempre que la persona se guía por
intereses particulares y lo demás no le importa o le importa menos. En esta
sociedad la persona con alguna dificultad especial sufre una violencia
permanente, sufre la violencia de la indiferencia, de la falta de
cuidados.
Al fallar este mecanismo interno de control o bien una orientación
acertada, la persona va acumulando tensión ante muchas circunstancias, ante
cualquier daño que recibe y en el que en vez de tener una actitud constructiva,
se va cargando con el odio u hostilidad hacia los demás a los cuales tenderá a
culpar de su mal.
El control externo de la conducta tiene su utilidad siempre que tenga
lugar con el anterior. Mientras que nuestra actitud no mejore lo suficiente será
conveniente al menos adoptar una conducta tranquila, por ejemplo saber que en
principio enfadarse o gritar no sirve de nada. El control externo se refiere a
todo aquello que hace que controlemos nuestra conducta externamente. Sin duda si
va acompañado de controles internos tiene su utilidad. En este caso, ambos
controles podrían alimentarse recíprocamente.
Sin embargo, si el único control que se ejercita es el externo, por
férreo que sea, sólo necesitará de un cierto ambiente emocional (como podría ser
cualquier momento de estrés, o en un lugar donde sea más fácil dar carta blanca
a las emociones como un partido de fútbol, por ejemplo, o bien estar en un
ambiente de agresiones), un consumo
de drogas o alcohol o alguna sustancia que desinhiba, para que se desaten sus
auténticas intenciones.
A una persona que empieza a descontrolarse le es más difícil parar, dado
que el descontrol genera descontrol, y sobre todo si también está alimentado
desde el exterior y fallan los mecanismos internos o de convicción, de creer en
lo bueno y no en lo malo.
No es tan grave la violencia de ningún grupo como la violencia de la
sociedad, la cual si no se resuelve comenzando cada uno a poner de su parte sin
exigir al otro, porque en el actuar en conciencia y con buena intención no valen
exigencias , siempre dará lugar a diferentes manifestaciones que en realidad son
como avisos de que las cosas no están bien.
Por ejemplo, imaginémonos un chico que es detenido por agresión durante
un partido de fútbol, ¿qué van a hacer por él las personas supuestamente sanas y
adaptadas que lo vean?, si nadie lo atiende y trata, todo irá a
más.
Los problemas hay que tratarlos individualmente, tratar a cada uno de los
detenidos. No consiste en echar la bronca y quedarse en la manifestación
superficial, sino acercarse a él y a su familia y programar una intervención. La
falta de esta asistencia sería una violencia por parte del Estado y por parte de
cada uno de los que intervienen en ese asunto.
El control externo de la conducta en general y de la violencia en particular es sin duda
un control mucho más débil. La conducta ya no se guía por convicción como en el
control interno, sino que consiste en adoptar una conducta con la que se cree
que se va a obtener más beneficios o bien se van a evitar castigos. En este tipo
de control también ayuda el factor más externo de la educación y urbanidad. Sin
duda este tipo de control, cuando va aislado, no tiene mucha estabilidad y
tendería a desaparecer en muchas circunstancias. Un ejemplo sería la violencia
que podría tener lugar durante un partido de fútbol. Las condiciones que se dan
en esta situación y que favorecerían un mayor descontrol de la conducta externa
podrían ser las siguientes: el tratarse de una situación de gran carga emocional
para muchos, en la cual se tiende a dar rienda suelta a dichas emociones, por
ejemplo con gritos o patadas; la existencia de masificación; la posible
existencia de estar rodeados de conducta violenta; un posible consumo de
sustancias( alcohol, cocaína o anfetaminas) durante el efecto desinhibidor de
los mismos; la necesidad de sentirse formando parte de un grupo, de tener una
identidad, un objetivo, aunque éste sea agredir, dada la carencia de objetivos y
orientación sanos. Por supuesto, el no guiarse por convicciones propias favorece
el que ellos sean guiados en masa más fácilmente ya sea por su imagen, por la
opinión ajena o por una ganancia económica. La fuerza física, las conductas de
riesgo, el ser osado y atrevido gozan de popularidad y son aplaudidos en algunos
grupos. Esto se junta con la desmotivación de los jóvenes, su juventud, su falta
de orientación, lo cual facilita que vayan sobrecargándose de tensión u
hostilidad a lo largo de la semana; entonces el fútbol o cualquier disculpa será
buena para liberarse de dicha tensión mediante la agresión; podría incluso
suceder que el fútbol fuese un momento buscado para desahogarse de esa tensión,
o bien para buscar una sensación nueva en un intento desesperado de rellenar por
una vía equivocada el vacío e insatisfacción que se siente ante una orientación
materialista y hedonista de la vida.
El problema se resolvería con relativa facilidad si tuviese una respuesta
óptima por parte de la sociedad, pero me imagino que esto puede chocar con la
indiferencia de la sociedad. Por ejemplo, a la hora de resolver ese problema,
¿quién se interesa por ellos, por su problema individual? Están en un momento
clave, decisivo en sus vidas, están en una situación de riesgo en la cual puede
suceder cualquier cosa.
Yo creo que la única solución es que cada uno desde su puesto, desde su
sitio se encamine al mayor bien posible y no a representar un papel. Para salir
de esta estructura social de intereses creados hay que llamar mucho la atención,
arriesgarse a ser criticado y presionado de múltiples
formas.
Y, por supuesto, dado que esta situación existe, cualquier medida de
seguridad es fundamental que no se quede en lo concreto sino que se encamine a
un bien real y futuro de todos los implicados. Seguro que eso le dará seguridad
y confianza a la persona que hace esta labor con esta dirección, y, sin duda,
mejorará su labor en aspectos como observación y
vigilancia.
Dentro de este marco de violencia, de intereses particulares creados, las
dificultades no interesan, se
apartan y echan fuera, creándose así un círculo vicioso. Todo esto da lugar a
que surjan diversos avisos de que las cosas no marchan todo lo bien que alguien
podría haber llegado a pensar. Surge la violencia manifiesta físicamente por
ciertos grupos generalmente con especiales dificultades o que salen
especialmente perjudicados en esta estructura. Se ha observado la existencia de
más conductas violentas en niños que han tenido dificultades en el aprendizaje
(Lewis), como lecto-escritura o cálculo, niños que han padecido problemas de
hiperactividad con déficit de atención, retraso mental o cualquier tipo de
trastorno orgánico (Kaplan & Sadock). En la génesis de esa violencia pienso
que habrá podido influir la posible falta de cuidados recibidos, las
recriminaciones o la marginación por su limitación.
Uno de ellos podría ser el de los jóvenes, quizá desorientados y sin
motivación porque lo que ven en la sociedad y en sus padres quizá no les
convenza, y eso, a veces, en el mejor de los casos. Les proponen como única
salida el tener un puesto de trabajo y ven que eso es difícil de conseguir.
Están por su edad y situación especialmente desorientados. Todavía son muy
jóvenes para analizar lo que ven y adoptar alguna conducta alternativa a lo que
ven.
La violencia franca es más
fácil de tratar que la violencia oculta del egoísmo y de la indiferencia en la
cual la persona puede pensar que actúa bien por no cometer un acto de violencia física, aunque cometa
graves omisiones u otro tipo de violencia.
La persona con alguna dificultad especial sufre en su propia carne una
violencia permanente, sufre la violencia de la indiferencia, de la falta de
cuidados. Sólo se le hará caso para llevarla a prisión cuando cometa un
delito.
La sociedad tiene una estructura violenta porque es materialista y
egoísta. Esto se puede cambiar. Cada uno tiene una posibilidad de elección entre
buscar el materialismo con su trabajo o buscar el bien común, única forma esta
última de no colaborar con la violencia.
3.10. IMPLICACIÓN DE LA ACTITUD EN EL
TRATAMIENTO DE LA DROGODEPENDENCIA
Los tratamientos a la fuerza no suelen funcionar. Para lograr las cosas
no sólo tiene que hacerse un ejercicio de voluntad.
El dejar la droga no se logra diciéndole que no a la droga sino
fundamentalmente ampliando la visión de las cosas y diciéndole que sí a una
alternativa que llene más, a una forma de vida satisfactoria que facilite
el afrontar de la mejor manera las
dificultades y que impida el tener que recurrir a la droga o a cualquier tipo de
evasión.
Creo que el tratamiento cuando existe este problema no es encaminarse a
no consumir droga sino encaminarse a curar la vida. Ya este objetivo de curar la
vida incluirá el problema
específico de la droga de la mejor manera. En cambio, el objetivo de dejar la
droga sin nada más no significaría nada. Ni siquiera el no consumir droga
tendería a ser estable de esta manera aislada, y si lo fuera, sin duda, podría
aparecer otra manifestación, al persistir el problema de fondo sin
tratar.
No es sano que el que consume droga considere la droga como algo ajeno a
sí mismo y piense que ha llegado ahí por casualidad. Es difícil en ocasiones
reconocer la parte de uno que ha propiciado el consumo de drogas. Es fácil, sin
embargo, reconocer el problema de la droga como algo ajeno a uno o bien echarle
la culpa a los que la venden y demás.
A pesar de que no se ha detectado ningún tipo o trastorno de personalidad
específico asociado al consumo de drogas, sí parece estar habitualmente presente
la característica de intolerancia a la frustración. Independientemente de otros factores, sin duda
el factor actitudinal influye y creo que sería beneficioso poner la confianza
donde está, en la actitud y conducta, más que en un determinado resultado. Nos
acercará a ser más tolerantes a la frustración.
Por eso no sirve de nada solamente decirle que no a la droga, ya que el
consumo de droga no es una casualidad más sino que procede generalmente de una
forma de afrontar las cosas. Yo creo que es básico decirle que sí a una forma de
vida satisfactoria, alternativa a la actual. Siempre es mejor tener un enfoque
amplio de los asuntos y encaminarse a la salud en general, y no sólo a evitar el
consumo de drogas, que además de no ser suficiente para tener una vida
saludable, no sirve como objetivo.
Si el objetivo del tratamiento es única y exclusivamente dejar el hábito
del consumo de drogas o alcohol sin una visión global del asunto, la estabilidad
que se obtendría con este tipo de tratamientos sería precaria. En el caso de que
la persona lograse dejar ese consumo concreto de droga por esta vía, estaría más
expuesto a adquirir otra manifestación si la forma de afrontar los
acontecimientos continuase igual.
Y, por supuesto, en esta forma de afrontar los acontecimientos influye la
forma de afrontar la vida. Una vez cambiada la actitud de vida y con ello la
forma de afrontar las cosas, sólo quedaría el tratamiento concreto de la
dependencia física en sí de esas sustancias, que sin duda sería más fácil que el
cambio de actitudes y de la forma de afrontar la vida.
3. 11. ÓPTIMO ENFOQUE DE LOS ESTUDIOS
CIENTÍFICOS. LA INFLUENCIA DE LA ACTITUD DE LOS PROFESIONALES
La ciencia es una fuente potencial de conocimientos de gran utilidad para
el hombre. Lo malo surge cuando los científicos se ponen, como objetivo último,
al servicio de los intereses materiales particulares de todo tipo, y olvidan el objetivo del bien común o
beneficio de la humanidad.
Yo creo que un amplio enfoque no entorpece la labor del científico sino
que, por el contrario, una amplia visión encauza los trabajos en el mejor
sentido. Si el objetivo es erróneo sólo la casualidad podría hacer que se
consiguiesen unos conocimientos acertados.
Y por supuesto que además del objetivo último y principal del bien común
pueden existir otros objetivos más concretos y cercanos, que de forma deseable
estarán incluidos dentro del objetivo principal. Así por ejemplo la buena
orientación o actitud del científico ayudará en su labor incluso en los estudios
científicos de ciencias básicas o ciencias puras en los cuales por definición se
estudian los fenómenos naturales y otros aspectos del saber por sí mismos, sin
tener en cuenta sus aplicaciones. Sin duda, la actitud vital del científico
conducirá de la mejor manera este tipo de saber, al cual no se le ven las
aplicaciones tan claras como en el estudio de las ciencias
aplicadas.
Con respecto al enfoque óptimo de los profesionales, igual que ocurre en
el caso de los padres, muchos profesionales se preguntan qué hacer en
determinados casos y la respuesta sería la mejora de su propia actitud vital con
su labor. Por ejemplo, un médico general puede preguntar qué hacer ante una
familia con un hijo con trastornos de conducta. Se trata de aspectos en donde la
ciencia no tiene una respuesta salvo en casos muy concretos. Yo creo que lo
fundamental por ejemplo en este caso es la propia actitud vital del médico (al
que he puesto como ejemplo por dedicarme yo a esa profesión). Seguramente esa
familia estará más necesitada de orientación que de otra cosa y sólo si el
médico vive una buena actitud podrá ver de forma acertada la orientación de los
demás y podrá encaminarse a tratar lo que no vea deseable. Para un médico sin
una buena actitud vital será imposible abordar con éxito este problema, en el
cual yo creo que están muy implicadas las actitudes de los
afectados.
Considero que un aspecto descuidado por la medicina actual es el atender
a todos los factores psicológicos implicados en la salud. Pienso que la medicina
actual está demasiado involucrada en criterios de "operatividad": número de
cirugías, número de tratamientos farmacológicos; dentro de este planteamiento la
atención psicológica al paciente apenas cuenta. Sin duda en esas estadísticas no
cuenta toda la patología que se podría evitar con una atención integral de la
persona. Eso en número no existe. Tiene que enfermarse la persona para que
cuente al ser sometida a tal o cual intervención.
No cabe duda de que para tratar cosas concretas como por ejemplo un cáncer, cuandod ésta ya se ha
producido o bien se ha producido una patología de cualquier tipo, hay muchos
adelantos muy beneficiosos. El despliegue de medios cuando existe una urgencia
puede ser tremendo y espectacular. Nos queda por saber cuánta de toda esta
patología podría haberse evitado.
No cabe duda de que las actitudes de los médicos están involucradas en la
atención que brindan. Si se busca el interés particular, se podrá ser un experto
en tal o cual técnica pero, sin duda, un mal médico. Quizá algún médico utilice
una determinada técnica muy sofisticada de forma muy brillante si tiene
cualidades para ello, pero quizá siendo mejor médico podría haber evitado el que
llegase el momento en que fuese necesario utilizarla.
¿Se ven en las estadísticas de atención sanitaria cuántas enfermedades se
podían haber prevenido?
Efectivamente muchas personas no quieren cambiar. Por ejemplo, en todas
las enfermedades psicosomáticas en las que existe una influencia psicológica
clara, se puede pensar en quién va a querer cambiar. Acaban antes dándole una
pastilla y ya está. Sin duda, algo se lograría brindándoles al menos esa
posibilidad. Por ejemplo hace años
leí en una prestigiosa revista americana que el primer tratamiento de la
hipertensión era la meditación. ¿Cuántos médicos brindan a sus pacientes al
menos esta posibilidad o se lo mencionan siquiera?
He puesto el ejemplo de los médicos, sin embargo el interés particular
todo lo contamina y esto abarca a todas las profesiones. Por poner otro ejemplo,
en el caso de los abogados, cuántas veces el satisfacer a los clientes en sus
demandas inmediatas los perjudica realmente, ya sea por ejemplo en el caso de
que alguien se vea en trámites de divorcio y lo que solicita el cliente de forma
inmediata le va a perjudicar gravemente a la larga; o bien en el caso de estar
encargado de la defensa de una persona, situación en la que creo que, sin duda, harían más por su cliente
pensando en su auténtica defensa, y no sólo atendiendo a su deseo inmediato de
salir cuanto antes a la calle. Creo que con una visión más amplia, no sólo
limitada a lo inmediato, así como, por supuesto, con una actuación más
desinteresada, se acertaría más.
3. 12.
VIOLENCIA DOMÉSTICA
Al tratar cualquier caso de violencia doméstica de forma deseable hay que
incluir a todos los implicados. No sirve de nada, intentar tratar a uno y dejar
al otro. Con esto, sin duda, no mejoraría ninguno. No se trata de ver quién es
el culpable sino de solucionar la situación. Comenzar por la persona que nos
presenta el problema, facilitando y orientando en todo aquello que pueda estar
en su mano. En ningún momento dejarla con la sensación de estar indefensa frente
a las circunstancias. Más saludable sería ayudarle a vislumbrar todo lo que
puede hacer en las mismas. Se puede uno encontrar con muchas resistencias en
este sentido. Este acercamiento no sería incompatible, sino que podría incluso
facilitarlo si fuera necesario, con la necesidad de ingreso de uno o ambos,
separación física temporal o incluso para siempre si el caso lo aconsejase. En
cualquier caso, nuestra buena actitud hacia todos los implicados y facilitar
también la buena actitud y comprensión mutuas siempre serán de ayuda. Lo ideal
es que cualquier medida que se adopte, al observar el estado en el que ambos se
encuentran, fuese es este marco.
Independientemente de las limitaciones que puedan tener estar parejas en
el desarrollo de su personalidad, el cual seguramente ha sido muy seriamente
dañado, creo que una buena actitud influye.
Será bueno comenzar a tratarlos por el que comienza la demanda de
tratamiento. Por supuesto, que la demanda puede estar en principio mal
enfocada.
Según referencias (Sadock, Virginia A. 1997) sabemos que:
En una familia donde existe violencia doméstica es habitual que ambos
procedan de hogares donde ha habido violencia.
El abusador puede diagnosticarse de enfermedad mental o bien de persona
inmadura, dependiente, que sufre un gran sentimiento de inadecuación. Persigue
con la agresión el objetivo de fortalecer su propia autoestima. Los abusadores
con frecuencia han vivido en familias con frecuente consumo de alcohol o de
drogas y han sido víctimas de maltrato en la infancia. Es más probable el abuso
cuando el varón se siente amenazado o frustrado en casa, en el trabajo y con
parientes. Generalmente, busca la
propia autoestima y un desahogo de problemas mal
afrontados.
Un marido celoso y posesivo puede intentar aislar a su esposa, bajar su autoestima, que se sienta
inepta, falta de trabajo e incapaz de sobrevivir sin él con la finalidad de
hacer a la esposa dependiente de él.
La víctima de un maltrato doméstico con más frecuencia pertenece a
familias con abuso de drogas (particularmente abuso de alcohol) y procede de
hogares violentos.
Las víctimas del maltrato de familiares tienen como rasgo de personalidad más
frecuente la dependencia. Se perciben a sí mismas como incapaces de funcionar
solas o sin un marido en el mundo. Ellas se definen a sí mismas por su marido.
Más del 50% de mujeres que reciben abusos crecieron en hogares
violentos.
Me imagino que estas limitaciones a nivel emocional pueden estar
agravadas por recursos limitados culturales y sociales.
La demanda inicial puede estar enfocada hacia que le quiten, por ejemplo,
el problema, sin hacer la más mínima autocrítica de su propia conducta. Sería
negativo reforzar la indefensión de la mujer, reforzar su visión de víctima de
las circunstancias, de encontrarse a expensas de las circunstancias externas sin
capacidad para modificar dichas circunstancias o aprovechar su
vida.
Por supuesto que lo que hay que tratar no sólo en aquello secundario a la
propia relación sino que hay que ir más atrás. En la mutua elección como pareja
seguramente también estaría implicada la particular forma de ser de ambos.
Suele tratarse de una patología de ambos miembros de la pareja, no de uno
de ellos, y a ambos hay que encaminarse a tratar, ayudando a que cada uno vea su
parte y se encamine a tratar al otro de la forma que crea más eficaz.
3. 13. SITUACIÓN DE PARO EN JÓVENES Y
ADULTOS
Muchos trabajadores están preocupados porque ven peligrar sus puestos de
trabajos actuales ante los avances tecnológicos. Muchos ven un verdadero
problema en esto que en principio facilita las tareas, ¿cuál es el problema? Que
se quedan sin trabajo como fuente de manutención. Yo me pregunto entonces qué
finalidad tiene el trabajo, ¿hacer un paripé? En una ocasión oí que se ponían en
huelga de hambre y pedían una solución a los empresarios. Yo creo que en este tipo de casos lo ideal
son las soluciones a varias bandas y creo que lo único que soluciona los
problemas es la buena actitud, pero no sólo de los que tienen un poder social
sino de todos, incluyendo a los trabajadores. Nadie duda que existen
circunstancias externas más o menos favorables para una persona, pero, siempre,
lo fundamental es la respuesta de esa persona a dicha circunstancia. No creo que
ningún cambio tecnológico sea causa de nada malo por sí mismo, pero sí lo podría
ser la posición inmovilista de algunos trabajadores que lejos de agradecer y
utilizar los avances de la ciencia ven peligrar con ello su puesto de trabajo y
lo ven con desagrado, aunque sea un bien para la sociedad. No me cabe duda de
que esto supone para el trabajador una mayor incertidumbre que continuar como
siempre, pero no creo que sea sano poner la confianza en el sueldo que se
recibe, sino que en lo que se hace. Por supuesto, que esto no debe confundirse
con cruzarse de brazos como muchos interpretan al oír hablar de buena actitud,
diciendo: “O sea que no hago nada”. No se trata de no hacer nada, sino que yo
creo que es poner la confianza en lo que uno aporta de bueno a la
sociedad.
La solución de
las situaciones laborales no es de unos pocos, sino de todos. Viviendo una buena
actitud, por supuesto, los empresarios y gobernantes lo harán mejor de forma
auténtica, aunque pudiera quizá no gustar en un principio, ya que no
necesariamente iría encaminada su actuación a facilitar que la persona pusiese su
confianza en lo material. Como una buena actitud no se puede obligar a nadie a
vivirla, lo único que creo que se puede hacer es empezar a vivirla uno mismo y,
por supuesto, trabajar en este sentido. No creo que sea bueno dejar a unas
personas con la sensación de indefensión frente a las circunstancias, el pensar
que la solución depende de otro no facilita ir avanzando.
Yo creo que se le hará un gran bien al trabajador si se le facilita el
pensar en aportar algo, poniendo su
seguridad en su propia acción bien dirigida y no en su acción más bien dirigida
a coaccionar a otra persona, ya que
a la larga no sirve. Por supuesto que todo el mundo tiene necesidades materiales
pero no son buenas como enfoque.
Con respecto a las personas que se encuentran en una situación de paro o
sin trabajo remunerado oficialmente, se me ocurren las siguientes actitudes que
pueden ayudarle en su problema concreto: ser consciente de la gran
influencia de la propia actitud y comportamiento en la propia vida, así como
responsabilizarse de la misma. Hacer autocrítica y no adoptar la actitud poco
enriquecedora de echar la culpa a los demás como si éstos tuvieran la obligación
de mantenernos.
Existen muchos factores que favorecen esta situación pero todo podría
reducirse en último término a actuaciones individuales; comencemos por la
nuestra.
Si te encuentras en una situación de paro puedes pararte a pensar: ¿qué
puedo aportar yo a la sociedad con mi trabajo?, ¿qué sé hacer?, ¿qué se me da
bien?, ¿para qué tengo facultades? En relación con lo anterior: ¿qué necesidades existen en las que yo
personalmente pueda colaborar?, ¿qué necesita realmente la gente? Es importante
en todo lo que se haga buscar siempre el cauce legal. El irse por otro camino
significa, además de una falta de progresión y una limitación muy importante, un
pensar sólo en el propio problema personal. El encontrarse dentro de lo ilegal
tiende a callar la boca por propio interés e impide el solucionar las cosas para
todos. Pienso que aunque la persona esté muy apurada por gastos de manutención
familiar, el enfoque de hacer algo siempre es más enriquecedor, más creativo y
cubre más aspectos que el pensar sólo en solucionar el propio problema
económico.
En resumen, hay dos grandes vías de actuación: En una, se pone la
confianza en nuestra propia actuación bien dirigida hacia crear un bien, y en
otra, se pone la confianza en las ganancias personales inmediatas, en el
beneficio personal y económico que se obtiene. Según mi opinión la primera vía
es mucho más segura dado que se construye sobre sólido, y eso ya no hay
corriente que pueda llevárselo. De la otra forma se construye más en el aire, se
pone la confianza en factores externos que ya no dependen totalmente de
nosotros.
Si buscas trabajo, ya puedes
considerar que lo has encontrado, ponte a hacer algo por el bien común, lo que
tú consideres. Si buscas un sueldo lo tienes más difícil, además de que la
orientación no es tan buena. Puedes hacer una prueba por ejemplo de ver qué pasa
si te pones a trabajar por el bien común, por supuesto, dentro de los cauces
legales. Estoy segura de que no terminarías defraudado pero sólo serviría, sin
duda, si es real. Si alguien me dijera que ya la ha puesto en marcha y no le ha
funcionado, le diría que, si se ha vuelto atrás, quizá no lo había puesto
realmente en marcha. Quizá estaba pensando en obtener una
ganancia.
En el terreno laboral y en relación con lo anterior, está muy extendido
aquello de trabajar para comer, habiendo llegado el trabajo a perder su sentido
de servicio a la sociedad. Yo creo
que el enfoque óptimo sería, en primer lugar, buscar hacer un servicio a la
sociedad. Estoy segura de que quien ponga esto en práctica cubrirá sus propias
necesidades de la mejor forma. Si se encamina a trabajar para comer, su trabajo
tenderá a no ser tan bueno, tan libre e independiente y por esta vía creo que su
grado de satisfacción, su estado de ánimo, la educación de sus hijos, la
relación con su cónyuge se resienten. Por esta vía será bueno atender a los
avisos que surgirán con más facilidad, uno de los cuales podría ser la
separación, otro la agresividad de los niños. Yo creo que existen unas
necesidades materiales, pero que no son buenas como enfoque vital, no son buenas
guías. Por el contrario, yo creo que un enfoque material pone a la persona en el
camino de equivocarse y de causar daño.
En esta sociedad se considera casi normal que la gente elija su propio
beneficio en el trabajo. El trabajo se mira más como algo con el que se va a
conseguir un sueldo, más que como la oportunidad de brindar un servicio. Pero no
por ser habitual es saludable.
3. 14. TRATAMIENTO DE LA POBREZA MATERIAL EN EL
MUNDO
Muchos piensan que el tratamiento de la pobreza en el mundo consiste en
una mejor repartición de lo que se haya ganado de la forma que sea. Muchos
incluso creen que es cuestión de que dos o tres den sus ganancias. Aunque la
manifestación de esta pobreza es la carencia de lo mínimo imprescindible para
poder vivir, yo creo que la solución nunca es exclusivamente
económica.
No se trata de repartirse ningún pastel. Eso me parece una visión pobre y
concreta. No sabemos la cantidad de riqueza que se obtendría con una buena
actitud generalizada, así como la cantidad de males que se evitarían. Si todo el
mundo sigue con la misma actitud, siempre seguirá habiendo pobres, siempre habrá
injusticia de una forma u otra y recaerá como una losa muy pesada sobre personas
con menos recursos personales.
La solución de la pobreza en el mundo no es económica, sino que es de la
actitud de las personas, de que cada uno de nosotros nos encaminemos a un mundo
mejor y más justo, pero fundamentalmente con nuestro trabajo en sí, no dando un
poco de lo que nos sobra quizá obtenido en otro sentido. De nada sirve poner la
confianza en lo material, tener un trabajo de ese tipo y luego mandar una
cantidad, aunque sea grande, para solucionar el hambre del mundo.
Si no existe buena actitud y no se ayuda a generar esa misma actitud en
esas personas necesitadas no hay dinero en el mundo que pueda llegar a
solucionar la pobreza en el mundo porque el ritmo de crecimiento de la misma
siempre sería mucho mayor que lo mínimo que se pudiera paliar con alguna ayuda
material. Si la ayuda es sólo material, el daño es mayor que la ayuda, por las
actitudes que se transmiten como no darle la importancia que tienen a factores
tan importantes de cualquier ser humano como es su propia actitud personal, así
como también el no intentar un cambio de raíz de esa situación, la cual
básicamente incluiría la actitud de todas las personas implicadas.
3.
15. CUIDADOS QUE PUEDE BRINDAR LA FAMILIA A UN ENFERMO
MENTAL
¿Qué cuidados familiares creo que más benefician la salud mental de un
paciente?:
1º.
Aceptación de la enfermedad y de sus limitaciones. A pesar del gran impacto y
dolor que pueda suponer en una familia la aparición de una enfermedad mental,
despedirse de la "normalidad" del paciente, todos saldremos beneficiados de
hacer frente a este dolor y dado que no parece fácil, ¿cómo podemos hacerlo? En
primer lugar, siendo conscientes de que de nuestro dolor o preocupación no se va
a beneficiar nadie, ni nosotros ni los pacientes, ya que, por el contrario, va a
suponer un perjuicio para todos los miembros de la familia, siendo además
conscientes de que nuestro dolor depende más de la interpretación que hagamos de
la enfermedad, que de la enfermedad en sí (cualquier circunstancia externa nos
repercute en mayor o menos medida dependiendo de nuestra actitud); En segundo
lugar, sabiendo que de nuestra actitud depende la felicidad de la familia y si
ponemos en práctica esta actitud saludable, la transmitiremos tanto al paciente
como al resto de la familia, la cual es aplicable a muchos asuntos en los que no
es deseable que nos preocupemos por asuntos que no están bajo nuestro control.
Esto es muy importante ya que nos permite ocuparnos de lo que sí depende de
nosotros, lo cual en muchas ocasiones tendemos a dejarlo en el olvido intentando
que cambien nuestras circunstancias externas sin pasar por nuestro cambio
personal, y, además, nos permite ser conscientes de la influencia de las
interpretaciones que hacemos de las mismas. Ante cualquier circunstancia o
limitación externa preguntarnos ,¿qué puedo hacer yo en esta circunstancia?
Desde luego, nunca esperar a que cambien las circunstancias externas para
cambiar nosotros, ya que situaciones perfectas no existen y menos van a llegar
con una actitud pasiva. Así pues, ante una dificultad cualquiera se puede elegir
en hacer algo a pesar de esa limitación o no hacer nada dado que existe esa
limitación.
2º.
A la hora de atender a cualquier paciente es fundamental tener siempre presente
el objetivo hacia el que nos dirigimos. Siempre es preferible encaminarnos hacia
lo que consideremos un mejor desarrollo y una mejor salud mental del paciente.
Si no existe este objetivo todo lo que hagamos no tendrá mucho valor, así como
si existen interferencias al mismo, como un interés personal. El interés
personal que podría interferir con un óptimo objetivo podría consistir en
la búsqueda de la propia imagen,
una necesidad de reconocimiento, la imposibilidad de decir que no a un paciente
o de dejar de complacerlo en un momento determinado, el dejarnos llevar por las
normas institucionales haciendo primar en ocasiones el orden o el beneficio
inmediato sobre cambios más permanentes, la necesidad de lograr cambios
inmediatos en el paciente y no encaminarse a cambios reales, o bien el estar demasiado preocupados por
cubrir el 100% de posibilidades de cara a unos determinados resultados sin tener
en cuenta la participación de la persona. Todo esto interfiere con unos óptimos
cuidados. Si bien no es aconsejable encaminarse a un reconocimiento del
paciente, es bueno que surja el agradecimiento no por nosotros sino por él. Así
yo diría que si surge algún resentimiento por ambas partes, yo creo que habría
que reflexionar acerca de la calidad de esos cuidados: en primer lugar, si surge
por parte del cuidador nos indica que los cuidados no eran del todo
desinteresados, si surgen por parte del cuidado, yo diría que el paciente, el
cual suelen tener mucha sensibilidad para captar los buenos cuidados, no aprecia
cuidados en los que se le juzgue, sólo se le acepte si adopta una determinada
conducta, se le considere inferior, se le brinden cuidados materiales
encaminados a que permanezca en su situación y considerando implícitamente que
él no puede hacer nada. Si nosotros consideramos que es bueno aportar algo, una
proyección externa del ser humano, también es bueno facilitárselo a los enfermos
mentales, no considerar que para ellos sólo es bueno recibir. El aportar algo es
una actitud más saludable que encaminarse a recibir cosas, con lo cual es una
actitud que es bueno que adopten. En definitiva, transmitirle todas aquellas
actitudes que creamos saludables viviéndolas o intentando vivirlas nosotros
mismos.
3º. La aparición de una enfermedad mental
en una familia origina poner en marcha unos mecanismos de adaptación de cara a
hacer frente a las necesidades especiales que va a originar el paciente (tiempo,
dinero). Si bien es necesario implicar a cada uno de los miembros de la familia,
no sería conveniente olvidar las necesidades o el proyecto vital de cada uno de
ellos. El paciente genera unas necesidades especiales, pero no se beneficia de
que alguno de los miembros de la familia viva en función exclusiva de él,
amargado por regla general. Lo mejor que se puede hacer por el enfermo es vivir
la propia vida, ya que le sirve de ejemplo, incluyendo en la misma su necesidad
de cuidados. A veces es cuestión más de organización más que de dedicarle 24
horas.
4º.
Ser sensibles a las necesidades del paciente. El individuo que padece una
enfermedad mental no es necesariamente un incapaz. Nuestros cuidados deben ir
encaminados a suplir las deficiencias producidas por la enfermedad. El paciente
no ha perdido su individualidad y se beneficiará de que alguien sea sensible a
sus necesidades y pueda facilitarle el seguir sus propias inclinaciones que, si
son auténticas, se dirigirán al bien y fomentarán su salud. El paciente también
tiene que convivir con esa limitación que es su enfermedad pero no se convierte
en una proyección de ningún familiar, lo ideal es facilitarle el mayor
desarrollo posible, los mejores cuidados serán los que se encaminen a
facilitarle la mejor salud posible y no sólo a tratar la enfermedad. No se debe
premiar ni en la familia ni en ninguna institución que el paciente adopte una
actitud demasiado sumisa u obediente, ya que esto no favorece el desarrollo de
la persona y no brinda motivaciones sólidas a la conducta, ya que éstas siempre
serían fruto de la propia elección y convicción.
5º.
¿Cuáles son las limitaciones que podemos suplir en el enfermo mental? Nos
interesa para ello conocer algunas de las características de los enfermos
mentales. En primer lugar, es posible que estas personas no sean conscientes de
su enfermedad y por ello, es posible que no estén capacitados para decidir sobre
la necesidad de tratamiento. Para facilitar que el paciente tome el tratamiento
puede ser beneficioso el que le sea dado por una persona que ejerza autoridad
sobre el paciente fruto, generalmente, de una actuación correcta y
bienintencionada, por ejemplo en un centro al que el paciente acuda regularmente
a hacer actividad o de cualquier otro modo dependiendo de la habilidad de la
familia o institución. En caso de que agotada esta primera fase no sea posible y
siempre que seamos informados por el psiquiatra de que el paciente necesita esa
medicación (ya que quizá en algún caso tenga poco efecto) es que sin dilación se
busque algún modo de que el paciente se la tome o que le sea administrada.
Consultar cada uno a su psiquiatra o bien por ejemplo acudir al fiscal de
discapacitados y exponerle el problema preferiblemente con informe psiquiátrico
que indique la necesidad de su tratamiento y su poca capacidad para decidir
sobre la conveniencia del mismo, el cual podrá estudiar si se pueden instaurar
medidas que faciliten la administración de esta medicación. Todo esto es
preferible hacerlo con tranquilidad, pero con eficacia. El paciente tiene que saber
que vamos a ser inflexibles en esto, ya que precisamente afecta a una de las
limitaciones de su enfermedad, aunque no necesitamos hacerlo excesivamente
explícito, con nuestra actuación es suficiente.
En el caso de recaída o fase aguda de la enfermedad: el paciente puede
tener alterada su capacidad de juicio, los cuidados irán encaminados a proteger
de posibles conductas poco juiciosas tanto a sí mismo como a los que le rodean.
Se necesita una consulta psiquiátrica para valorar la necesidad de un ingreso
hospitalario. Si el paciente no accede a ir al hospital, aparte de lo que tenga
previsto el psiquiatra o el centro de salud correspondiente para estos casos,
puede ser conveniente el ponerse en contacto con el Juzgado de Primera Instancia
que en ese momento se encargue del tema de incapacidades temporales o ingresos
involuntarios (artículo 211 del código civil) para que autorice el mismo. Es aconsejable llevarle un informe
psiquiátrico del paciente o una nota del psiquiatra de esos días a la vista de
lo que se le informa al menos verbalmente, el cual puede recomendar al menos que
a la vista de la información recibida sería aconsejable una valoración
psiquiátrica. Una vez que el juez autorice su valoración e ingreso si fuera
necesario desde el punto de vista clínico, de forma deseable se pondrá en marcha
un dispositivo (policial por ejemplo) para el traslado del paciente a un centro
sanitario.
En la fase de remisión de la sintomatología activa será conveniente
suplir las deficiencias causadas por la enfermedad y tener en cuenta que en el
caso por ejemplo de la esquizofrenia lo ideal es suplir esa falta de motivación
y de iniciativa. El paciente tiene dificultad para acceder a ciertas actividades
y relaciones de las que, sin embargo, puede verse muy beneficiado si alguien se
las brinda y le facilita dicho acceso. No estaría pues indicado el intentar sólo
estimularle a que él se busque actividades, ya que puede tener dificultades para
ello. Depende del caso pero por lo general en un primer momento se puede
beneficiar de que alguien supla esta dificultad, sin descartar, por supuesto, el
fomentar su iniciativa cuando sea posible.
Será beneficioso para el paciente el facilitarle una actividad con
proyección externa y utilidad que le guste. Muchos pacientes tienen dificultad
para organizar su tiempo de ocio, pudiendo facilitar el permanecer inactivos: el
comienzo de consumo de bebidas alcohólicas, el consumo de tóxicos, una vida
marginal y, en definitiva, poca calidad e vida e infelicidad personal, así como
la aparición de trastornos de conducta. Tanto la esquizofrenia, como el retraso
mental, fundamentalmente, y también las demencias se benefician de una actividad
siguiendo sus propios gustos y adaptada a sus capacidades. Estos pacientes
necesitan una atención individualizada, tiempo, y esto no se suple con
nada.
Es importante distinguir lo esencial de lo accesorio, no pretender que el
enfermo mental tenga un aspecto lo más "normalizado" posible a costa de una
infelicidad personal. Yo particularmente creo que no es aconsejable hacer
excesivo hincapié en que haga labores domésticas, que a lo mejor no le gustan,
sino que, al menos en principio, encaminarse preferiblemente a lo esencial o a
facilitarle estas actividades.
En cualquier situación, por ejemplo en una urgencia, es importante actuar
siempre tranquilamente, lo cual nos permitirá percibir mejor lo que le puede
sentar mejor al paciente. Huir de pensar que las actuaciones más complicadas o
más intervencionistas son las más eficaces, cuando suele ser todo lo contrario.
Así por ejemplo, una persona que está desbordada por sus emociones no puede ni
siquiera pensar. El paciente salvo alguna excepción es muy sensible y esto le va
a influir. El estar tranquilos nos permitirá ver la actuación más eficaz, ver si
hay que llevar al paciente al hospital o hacer otra cosa. Por ejemplo, si el
paciente está agresivo, nuestra actitud de aceptación, comprensión y no juzgarlo
tenderá a disolver la agresividad, independientemente de la necesidad de otras
medidas quizá urgentes. La actitud confiada (no por supuesto imprudente) protege
frente a posibles agresiones así como la desconfianza la vive el paciente como
una agresión que tenderá a generar más agresión. Las actuaciones generalmente
son más eficaces cuanto más desapercibidas pasan; así por ejemplo, si el
paciente necesita observación es conveniente hacerla de forma no evidente, ya
que quizá si fuese demasiado aparente generaría una expectativa negativa que
facilitaría lo que queremos evitar. Todas las actuaciones tienen que ser muy
cuidadas pero no muy movidas.
Una vez que hayamos actuado desocuparnos de los resultados, no en el
sentido de indiferencia o de que no podamos aprender de los mismos sino en el
sentido de que no intentemos controlar aquello que ya no depende de nosotros o
querer estar siempre seguros de todo al 100% cuando esto haría más mal que bien ya que posiblemente haría al
paciente retraerse de todo. Nuestra confianza genera una expectativa al paciente
que le beneficia.
No creo que fuese conveniente en ninguna ocasión acciones como levantarle
la voz al paciente, responder con agresión (aunque sea mental, un juicio ya es
una agresión) a la agresividad del paciente, molestarse por los comentarios del
paciente perdiendo en este momento nuestro objetivo y poniéndonos a la
defensiva.
Por último: ¿Cómo se podría ayudar a la familia de un enfermo mental?. Se
me ocurre que dando ideas, ayudando a las actitudes anteriores. Todo lo que
favorezca nuestra salud mental favorece toda la conducta que tengamos. Para
quien quiera quizá puede brindarse a reunir a algunos enfermos y llevarlos de
excursión. Hablar claro, no fomentar conversaciones inútiles y contraproducentes
del tipo: pobrecito, ya que todo lo que se atiende se refuerza y de esa actitud
no se beneficia nadie. No fomentar que el familiar piense que su vida ha quedado
interrumpida por tal circunstancia, haciéndole ver esa circunstancia desde otra
perspectiva, facilitando esto, pero sin forzar por supuesto. No creo que fuese
conveniente limitarse a decir que puede contar con nosotros para lo que
necesite. Lo ideal sería que esto ya quedase implícito con nuestra ayuda. Creo
que hay cuidados que para que sean óptimos tiene que salir de uno. Además una
familia puede necesitar ayuda y no ser consciente de ello. Cuando una persona ya
sabe lo que quiere no necesita tanta ayuda como otra que no sabe lo que quiere.
En definitiva, existen cambios ambientales que modelan el curso de la
enfermedad. Las mejoras en estos factores pueden aumentar la calidad de vida de
los pacientes. Los pacientes con trastorno mental son sensibles al ambiente,
responden favorablemente a un ambiente afectuoso, de aceptación incondicional y
sin juicios. En la conducta influyen factores educativos y es importante
fomentar motivaciones sólidas de la conducta las cuales dan estabilidad a la
misma. Los puntos clave en el cuidado óptimo a un paciente, además del
tratamiento psiquiátrico específico, creo que son: tener un objetivo claro de
ayudar al paciente, actuar siguiendo el propio criterio, ya que en muchas
ocasiones las demandas externas van en otra línea, quizá más intervencionista
pero menos eficaz, y tener confianza en que uno está haciendo lo que puede hacer
y no intentando garantizarse un determinado resultado. Dedicándole tiempo en
este sentido, estoy segura de que a cada persona le irán surgiendo ideas. Ser
conscientes de que nosotros estamos influyendo en todas las situaciones con
nuestro pensamiento y actuación y nuestra propia vida y tenemos una
responsabilidad en este sentido.
3.
16. INTERESADOS EN PROMOVER LA
PAZ
Todo el mundo parece estar de acuerdo en querer la paz. En lo que creo
que hay discrepancias es en la forma de conseguirla. Muchas personas dicen que
quieren conseguir la paz, pero no creen en su eficacia. Intentan conseguirla a
la fuerza, mediante un control externo de la conducta, pensando que la paz va a
venir ordenada por una determinada estructura o institución. Yo creo que la paz
auténtica nunca se conseguirá por esta vía de control. Lo más que podría
conseguirse por esta vía sería un orden externo precario. Lo único que da
estabilidad a la conducta es la actuación por convicción, haberle encontrado un
auténtico sentido a lo que se hace, y esto no se consigue a la fuerza, sino que
incidiendo sobre la libertad de la persona y facilitando que vislumbre los
beneficios de la conducta pacífica en cualquier circunstancia. Los métodos
pacíficos incluyen afecto, comprensión, aceptación incondicional y búsqueda del
bien auténtico de las personas como ingredientes fundamentales, y realmente hace
falta mucha valentía para ponerlos en práctica y arriesgarse a ser tachado de
débil, pasivo o incluso de colaborar con la agresión por no criticarla
duramente, aunque esto último sea una actitud totalmente ineficaz y no sólo no
resuelve la agresión, sino que la perpetúa y la genera. Creo que con la intolerancia no se
transmite ningún valor, se transmite más bien que no se cree en la utilidad de
los mismos y necesita recurrirse a otros métodos. Sólo puede transmitirse lo que
se vive o intenta vivirse. Si sólo
vivimos la paz ante circunstancias externas favorables y nos olvidamos de la
misma ante circunstancias adversas, ya nos podemos olvidar de transmitir y
generar paz.
La paz es una elección personal, una elección que abarca toda la
vida, y no puede condicionarse a la
actuación del otro. Si la conducta pacífica de una persona tiene un tope,
realmente no es pacífica, no cree en la eficacia de la paz y en un momento
determinado cambia de método. Porque,
¿por qué cambiar de método
si realmente se cree en el mismo y no se cree en otro?
La persona que cambia de actitud ante una situación determinada, pone de
manifiesto que no creyó nunca en la paz real. Podía quererla o exigirla por
comodidad. Procurar la paz es algo muy exigente, no es no hacer nada y no es
indiferencia. Es una opción que se contrapone a la actuación en apariencia
generadora de injusticia y por ello de falta de paz.
La paz nunca se va a conseguir con odio, sino con amor. ¿Quién empieza?
Pues el que tenga la gran suerte de creer en el amor como solución de los
problemas. Y, por supuesto, el que actúa encaminándose al bien común y no al
egoísmo, va viendo las cosas de forma muy diferente, ya que la conciencia se
forma y se deforma. Así cualquier decisión que tomemos siempre está respaldada
por toda nuestra vida, pudiendo por supuesto la persona mientras viva cambiar de
dirección.
Si la persona se ha dejado
llevar por el egoísmo, aunque éste haya estado revestido de bondad, y casi
consiga engañarse a sí misma, llegará a considerar buenos métodos que sin duda
no considerará buenos el que haya seguido otro camino. Pongo por ejemplo el
aborto. Quizá alguien piense que se puede solucionar algo haciendo daño, matando
a un feto. Sin duda, esto sólo hará agravar el problema. Habrá gente que crea en
la eutanasia como método. Una persona que ante una circunstancia de una
enfermedad grave deje de verle un sentido a la vida es, sencillamente, porque
nunca se lo ha visto. Sólo vivía mientras las circunstancias eran cómodas y
favorables. La dificultad para mí es una prueba y yo creo que la mejor forma de
afrontarla es poniendo esa circunstancia al servicio de los demás, y desde luego
no creyendo en lo malo como solución de los problemas.
Lo que da estabilidad a una conducta es la convicción y esto no se puede
imponer. Sí por supuesto se puede y se debe actuar si se ve que una persona no
está en condiciones de convivir con los demás, pero nunca de forma agresiva sino
con buena intención e intentando ver la causa de su conducta e incidiendo en la
misma, no quedándose en la manifestación superficial. Es como la fiebre: uno
debe preguntarse a qué obedece, no se va a limitar a tratar algo que es como un
aviso, una manifestación de un problema.
En definitiva pedir la paz es fácil. Vivirla no tanto, porque muchas
veces no se trata de hacer lo más aparente, con el consiguiente costo
personal, y eso cuesta mucho.
3.
17. ANTE LA INJUSTICIA. ANTE UNA
CONTRARIEDAD
Existen acontecimientos indeseados o hechos injustos. Ante cualquier
acontecimiento que no nos guste o ante una injusticia es bueno pensar en la
posibilidad de aportar algo para solucionarlo, si nos sentimos llamados a ello.
No quedarse enfrascado en comentarios inútiles que no aportan soluciones. Es muy
importante eliminar cualquier comentario, si no se va a derivar un beneficio
concreto de los mismos. Es bueno guiarse por una eficacia y por satisfacciones a
largo plazo y huir de satisfacciones mediocres del tipo devolver la mala acción
o críticas, las cuales perjudicarían nuestra salud a pesar de la posibilidad de
un aparente beneficio o desahogo inmediato.
Ante cualquier contrariedad, dirigirse a su resolución, a aportar algo en
beneficio de la situación, ver el lado positivo que toda situación tiene, y
pensar qué se puede hacer, al igual que en el caso anterior, pensando qué
podemos aportar. No tener nunca como objetivo dañar a otro aunque sea
psíquicamente, ni cruzarse de brazos diciendo que la solución depende de otros.
No encaminarse a defendernos ni añadir nuevas complicaciones como agredir
nosotros buscando satisfacciones superficiales. El buscar soluciones eficaces y
sólidas nos beneficiará más a nosotros y a los demás. Es importante tener un objetivo claro en
cualquier acontecimiento y no perderse en detalles que nos distraigan.
Claramente, cuando el objetivo falla, todos los pasos también, y esto lo vemos
tanto en asuntos globales como en asuntos cotidianos.
Creo, y por mi trabajo lo puedo ver diariamente, soy psiquiatra, que a
pesar de todas las injusticias que existen, la mayor injusticia es la que uno
puede hacerse a sí mismo. A pesar de las circunstancias difíciles, a pesar de
las presiones externas, siempre existe una gran parcela de libertad y elección
personal. Creo que nuestras decisiones son determinantes en el aprovechamiento
de nuestra vida, no, por supuesto, en el hecho de alcanzar tal o cual resultado,
lo cual seguramente depende de varios factores.
Creo que el que quiere colaborar con la justicia tiene múltiples
posibilidades. Tiene que aportarla con su trabajo en positivo, no sólo haciendo
demandas, lo cual puede ser algo socialmente reconocido y que requiere menos
exigencia personal. Me espanta cuando alguien refiere que se siente impotente,
generalmente haciendo referencia a que pone su seguridad en la actuación de los
demás y no en la suya propia.
Yo creo que tenemos que ser conscientes de lo que cada uno puede hacer y
responsabilizarnos de nuestra vida. Creo que es la única forma que conduce a
crear justicia. La justicia creo que pasa por el cambio individual de todas las
personas y para poder transmitirla lo que tenemos que hacer primero es intentar
vivirla nosotros. ¿Cómo creo que puede hacerse?: Creo que con algo tan difícil
como sería poner nuestros talentos
al servicio de lo que vayamos creyendo que es el mayor bien común y actuando, en
esta línea, en conciencia. Realmente poner la seguridad en nuestra propia
actuación bien dirigida creo que es lo más eficaz, pero creo que tiene su
dificultad, al menos inicialmente, aunque ya desde el primer momento también
muchas gratificaciones. En cambio, el buscar nuestro único beneficio personal
nos conduce a equivocarnos seguro, además de no beneficiarnos, ya que
pensaríamos que nuestro bien depende de asegurarnos una serie de bienes
materiales, ya sean económicos o de imagen y en definitiva poner nuestra
seguridad donde no está. Por supuesto que tenemos unas necesidades materiales,
pero creo que el enfoque material particular es desacertado, en cambio, con el
enfoque de hacer algo útil se cubren, y de la mejor manera, todas las facetas
necesarias. Nadie puede sumarse a
la injusticia de los demás diciendo que no le queda otro remedio, que en otro
caso se quedaría sin comer él y sus hijos. Ni para él ni para sus hijos es bueno
que nadie cree un mal que, al igual que el bien, también se expande
rápidamente.
3. 18. A LA HORA DE ACERCARNOS A UN ENFERMO
Es primordial tener la intención de procurar el máximo bien por esa
persona o conjunto de personas. Por supuesto, que esto tiene que venir
respaldado por la actitud de nuestra vida. Si nosotros no vivimos
coherentemente, ¿hacia qué bien del otro nos vamos a
dirigir?
El tener este objetivo de buscar lo mejor para la persona nos permite
darle un pleno sentido a cualquier acción en concreto. Sabemos por ejemplo que
un abrazo puede volverse del signo contrario en un momento si no subyace una
buena intención.
Si intentamos concretar y dado que también puede haber una forma mejor de
llevar a cabo todo esto:
1º. Será bueno brindar afecto real y tener buena intención. Considero
preferible una actitud afectuosa silenciosa y muchas veces incompatible con
manifestaciones superficiales y gestuales de afecto. Incompatible, dado que
nuestro trato y acercamiento tiene
que ser muy sensible a la persona, con un profundo respeto por su psique y por
su físico. No intentar traspasar insensiblemente su espacio íntimo. Cualquier
necesidad de traspasar esta barrera siempre se haría con mucho tacto y
delicadeza. Nada de movimientos inesperados, bruscos y toscos. No suelen ser
bienvenidas imposiciones ni invasiones desconsideradas. En una ocasión leí que no era
infrecuente el empeoramiento de la flebitis en niños con suero y por la
desconsideración de sus visitantes. Desde mi punto de vista: no intentar tocar a
un niño recién nacido que lo tiene su madre como un primor y está tranquilo si
no tenemos las manos y la cara recién lavadas; y aún así, hacerlo únicamente
siempre que tengamos la seguridad, no la suposición, de que esas manifestaciones iban a ser
bienvenidas. No guiarse por lo que
apetezca, sino por lo mejor.
2º. Cualquier
cuidado es preferible si pasa desapercibido. Nada de comportamientos solícitos
molestos.
3º. Aceptación
incondicional de la persona, no juzgarla, sino entender que existe un motivo
para cualquier cosa que hace. No poner condiciones para su aceptación. No se
trata de crear sumisos, sino de ayudar desde la libertad. Queremos ayudar a la
persona desde donde esté. No creemos en conductas que sean coaccionadas, ya que
no tienen estabilidad. Nosotros nos dirigimos a lo más estable y sólido.
4º. No actuamos
a demanda, nosotros nos encaminamos a lo que creemos mejor. Esta actitud nos
protege y es la que da valor a nuestra actuación, independientemente de los
resultados.
5º. Muchas
cosas las comunicaremos mejor con nuestra actuación que con nuestras palabras.
No intentar disculparnos si no accedemos a algo que nos pidan. Si lo que dirige
nuestra actuación es bueno, eso tiene un efecto.
6º. Brindar a
la persona un marco en el que pueda ordenar sus ideas, descubra lo que realmente
quiere hacer con su vida y en definitiva se encuentre consigo misma y con lo
realmente importante.
7º.
Confidencialidad. No es aconsejable comentar nada de lo que oigamos de forma
confidencial en este marco, excepto si lo consideramos conveniente para una
mejor ayuda y siempre preferiblemente con la autorización de la
persona.
3.19. ES FUNDAMENTAL ESTAR MENTALMENTE ACTIVOS
EN LA TERCERA EDAD
Muchas veces se equipara jubilación con el fin de nuestra aportación a la
sociedad, cuando no tiene nada que ver. La jubilación por supuesto sería el fin
de un trabajo de unas determinadas horas y responsabilidades diarias quizá ya
excesivas a esta edad pero terminar con este trabajo no significa el fin de
aportar algo, ¿por qué creo eso? sencillamente porque creo que es fundamental
para la salud el estar activos y el pensar en aportar algo. Dedicarse únicamente
a hacer demandas sería como la muerte en vida. Es bueno que pensemos en aportar
algo: es fuente de salud y la mente
se ejercita y funciona mejor. Por supuesto que no me refiero a ponerse de chacha
de nadie o hacer lo que otro diga que hagamos, ya que podríamos estar fomentando
por esta vía la actitud demandante de otra persona, sino hacer lo que nosotros
creamos que puede beneficiar auténticamente a una persona, lo cual no tiene por
qué coincidir con sus demandas inmediatas. No penséis que dependéis de lo que
digan de vosotros. Que a nadie extrañe que en una sociedad materialista como la
nuestra el hecho de ser mayor sea
algo muy poco cotizado. Esa es la realidad y ahora nos toca encaminarnos
a mejorarla. Pero no haciendo demandas de que nos hagan caso a nosotros, sino
pensando en los demás, en su propia actitud. Muchas veces, y ocurre en la tercera
edad con frecuencia, enfocamos nuestra felicidad hacia recibir afecto, cuidados,
cosas. A que nos quieran estamos todos dispuestos, pero aunque efectivamente nos
beneficiaremos del afecto de los demás, creo que el enfoque más saludable, sería
hacia lo que está en nuestra mano, ¿qué está en nuestra mano? Querer. Pues hacia
eso es hacia donde tendríamos que enfocarlo. Una persona cuando quiere ya se
está beneficiando y, por si esto no fuera poco beneficio, es lo que más le
acerca, si el cariño es totalmente desinteresado, ya que si no, no sirve, a ser
querido. Pondrá su felicidad en el amor que da y esto le acercará a recibirlo,
aunque también le puede acercar a recibir críticas, no perdiendo por ello su
eficacia nuestra actuación. Por eso, conviene que nuestro buen hacer sea
totalmente desinteresado y no estar pendientes de lo que puedan decirnos. Sin
embargo, si nos enfocamos hacia recibir afecto y atenciones, no encontraríamos
por esta vía la felicidad. Pensaríamos que nuestra infelicidad se debe a que no
nos dan lo suficiente, nos haríamos insaciables y nos convertiríamos en una
pesada carga para nuestra familia, y llegaría un momento que, por esta vía, todo
lo más que podríamos conseguir es que nos soporten, pero a nadie le gusta que lo
soporten. Así que animaría a todas las personas de la tercera edad que quieran
conservar su salud mental y ser felices, que piensen en lo mucho que está en su
mano y que puedan aportar a los demás, siempre de forma desinteresada, guiándose
por el beneficio auténtico de las personas y no por las apariencias. Nos
equivocamos cuando creemos que ya solo estamos para recibir, cuando nuestra
mayor felicidad está en dar y además esto no tiene que ser muy aparente, ya que
lo auténtico no suele ser aparatoso. En principio, con la actitud es suficiente,
ya irán surgiendo ideas. Ante cualquier situación en la que tengamos la
tentación de sentirnos heridos, intentar comprender, darle la vuelta y pensar
qué podemos hacer por esa persona en positivo. Esto no tiene efectos
secundarios, así es que yo invitaría a probarlo. Afectuosamente.
3. 20. EL MATRIMONIO
El que se casa se compromete a amar a su cónyuge en la salud y en la
enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Este compromiso es recíproco, pero es
individual, cada uno se compromete a cumplir el suyo, sin excepciones. No hay
ningún apartado que diga, ¿te comprometes a querer a ..., siempre que él te
quiera? No, eso no se pregunta. No exime, pues, de ese compromiso el que uno de
los dos lo incumpla. El otro puede seguir cumpliéndolo o no. Yo creo que sólo si
hay amor puede una persona sobreponerse a esta prueba. Si hay falta de amor,
esto puede tener múltiples manifestaciones siempre dañinas, siendo las víctimas
más indefensas los niños.
Según varios autores
(Alexander, 1973, Birchley, 1975) la comunicación entre matrimonios conflictivos
es una comunicación defensiva y con poca comunicación de apoyo. Con una
comunicación defensiva se hace cada vez más difícil resolver problemas o crisis.
Según Gibb (1961) tal comunicación suele ser tendente a evaluar y controlar la
conducta del otro y procuran impresionar a los demás.
Lo que empieza siendo una dificultad, si no hay ayuda mutua, puede
terminar siendo una patología. Para que haya una pareja tiene que haber dos
personas con mayúsculas. Para mí la persona va creciendo como persona en la
medida que crece en su amor. El hombre se manifiesta en varios ámbitos pero su
grado de amor o desinterés va a ser igual en todos los campos. Si amar es desear
y procurar lo que uno considera bueno para otra persona, lo que uno considera
bueno dependerá de lo que viva en toda su vida. Podría considerar que el máximo
bien es tener una vida plena, llena de sentido, con lo cual se encaminaría a
ayudar a la otra persona a vivirlo, o bien podría pensar que es lo material el
máximo bien, con lo cual no acercaría al otro a su crecimiento como persona, con
los efectos perjudiciales que ello conllevaría.
3.21. INFLUENCIA DE LOS FACTORES PSÍQUICOS EN LA
ENFERMEDAD
Aunque se cree que los factores psicológicos influyen en el desarrollo de
todas las enfermedades, en algunas de ellas, denominadas trastornos
psicosomáticos, esta influencia es mayor.
Por eso, como dice López-Ibor: "... cualquier médico en su práctica
cotidiana, habrá de tener en cuenta los aspectos psicosociales de sus enfermos,
a menos que quiera ser sólo un mal veterinario...".
Sabemos por ejemplo que la hostilidad, sobre todo la reprimida, se ha
relacionado con todo tipo de enfermedades psicosomáticas (Cooper 1983). Pongo
como ejemplo de enfermedad que se ha relacionado específicamente con este factor
a la hipertensión arterial; enfermedad en la que se ha recomendado como primera
medida la meditación.
Para resolver la hostilidad creo que son beneficiosas el poner en
práctica las actitudes que hemos visto en la primera parte y, en concreto y como
fundamental: una revisión de la actitud vital, y una revisión de la actitud
hacia las situaciones y personas, procurando que ambas sean lo más constructivas
posible.
No es habitual que en la medicina tradicional se atiendan los factores
psicológicos. López-Ibor analiza con
acierto los motivos de rechazo a la inclusión, dentro de los programas de las
facultades de medicina, de los programas de prevención de enfermedades y
promoción de la salud recomendados por la Declaración de Edimburgo (Federación
Mundial de Educación Médica, 1988) :
la aducción de que no se sabe lo suficiente del tema, considerándolo un
tema trivial y de corta vida, que sólo sirve para irritar y "que carece de la
aureola de la evidencia científica".
Me diréis que hace falta tener ganas por parte del médico para
procurar al paciente un tratamiento que ni pide, ni que desea en principio, ya
que le costaría cambiar, por el que no se obtendría ningún prestigio sino que,
por el contrario, podría ser uno acusado de mil cosas, entre otras de crear
sentimientos de culpa al paciente, como una de las defensas que tendría el
paciente para evitar el cambio. Llega uno a creer que lo ideal es el autoengaño,
que el paciente siga creyéndose perfecto. Y por si esto no fuera poco, presiones
por parte de los organizadores de falta de operatividad, de entretenerse mucho
con los pacientes. Es más cómodo
dar una pastilla o aplicar un tratamiento solamente atendiendo a la parte más
física, no psíquica, y seguir en el papel de médico tradicional, con las quejas
habituales pero no otras. Sin duda es fácil autoengañarse aludiendo a falta de
eficacia demostrada o ni siquiera eso. Sin duda, el bien real no siempre es bien
recibido, aunque siempre hay algo que se capta, pero, desde luego, si se brinda
el tratamiento oportuno, se hace un bien, aunque a la persona le cueste mayor
esfuerzo en un momento determinado.
Por ejemplo, en el caso del cáncer existen muchos factores que pueden
influir en la aparición del mismo. Cuando surge un cáncer se
pone de manifiesto un desequilibrio entre el crecimiento de determinadas células
tumorales y la capacidad del organismo para defenderse de ellas o, en
definitiva, la capacidad del organismo para curarse en general. Habitualmente la
atención médica se centra en hacer desaparecer las células tumorales, lo cual
está muy bien como parte fundamental del tratamiento, pero, sin duda, podía ser
más completo y abarcar más factores. Generalmente, hay escasa intervención sobre
algunos de los factores que podrían haberlo propiciado, así como factores que
podrían estar interfiriendo en mantener unas óptimas defensas o inmunidad del
organismo, aunque en algunos cánceres ya se habla de tratamientos químicos en
este último sentido.
Uno de los factores que sin duda influye tanto en la aparición como en la
evolución del cáncer son los factores psicológicos (Lederberg). Estos factores
psicológicos podrían estar alterando las defensas del organismo o afectando a la
respuesta al tratamiento, además de otras posibilidades de intervención con
respecto al propio crecimiento tumoral en sí. Se han visto relacionados tanto
con el inicio como con la evolución (Lederberg) . Hay que reconocer el mérito de
aquellas personas dedicadas a terapias alternativas que al menos tuvieron en
cuenta la capacidad de curación o la capacidad de defenderse del organismo, tan
relegada a un segundo plano hoy en día. Y por supuesto, no me refiero a las
terapias fraudulentas o a los que tenían otra visión parcial diferente, quizá
considerando únicamente la influencia de lo psíquico, y no el asunto de forma
global, dejando por ello sin atender a todos los factores implicados en el
tratamiento, así como privándose del beneficio de los
mismos.
El tratamiento psicológico que podría beneficiar a un paciente con cáncer
no consiste sólo en favorecer la adaptación a la enfermedad, sino que es
fundamental tratar aquellos factores psicológicos que podrían haberlo
propiciado. Pienso que todo lo que sea encontrarle un sentido a la enfermedad
poniéndola al servicio del bien común, dirección que siempre orienta, aunque
suene un poco raro en un momento en el que uno se encuentra más necesitado de lo
habitual; por supuesto incluyendo en esa dirección todo lo que podemos aprender
de la enfermedad, utilizándola como un aviso de que algo puede mejorar. El
encaminarnos a curar la vida, incluyendo cualquier tratamiento específico del
cáncer, creo que será beneficioso. El repasar la actitud de vida, la actitud
ante los acontecimientos y personas, nuestros sentimientos hacia las persona,
revisando, muy especialmente, si albergamos sentimientos de hostilidad, tan
dañinos para nuestra salud. Sin duda, todo esto es mejorable para cualquier
persona. Una persona con cáncer hará bien en aprovechar el beneficio que le
puedan brindar el tratamiento de todos los factores implicados. El encontrarle
un sentido a la enfermedad será la mejor forma de aceptarla y, sin duda, esto
tendrá un efecto beneficioso en nuestra salud. No se trata por supuesto de ver
en qué podemos mejorar para sentirnos culpables, ya que eso sería un nuevo mal,
sino para aprender, gracias quizá al aviso que nos brinda el cáncer, y mejorar,
de cara al futuro. Eso siempre es
bueno y saludable.
3.22.
"TENGO QUE OCUPARME DE MÍ"
Cuantas veces oímos: "no puedo ocuparme de nada ni de nadie, tengo que
ocuparme de mí". Y yo me pregunto, ¿cómo se ocupa uno de sí mismo? Generalmente
la persona que dice eso se refiere a ocuparse de sí estando pendiente de ella
misma, de tener todo tipo de comodidades, pendiente de lo que otros le brinden,
pendiente de que nadie la moleste con sus comentarios o le dañe. Esta actitud se
podría resumir en que la persona piensa más en recibir que en aportar algo y que
sitúa el origen de su bienestar en algo ajeno a sí misma, no es capaz de
reconocer la influencia de su propia interpretación de los hechos o de su propia
conducta en su felicidad. Por esta vía, la persona llega a hacerse insaciable en
sus demandas, todo le molesta y todo le parece poco, sigue pensando que la
felicidad le va a venir de fuera y no de ella misma.
La que no quería que la molestasen o tenía que ocuparse de sí va
incrementando su grado de ansiedad o nerviosismo, cada vez más convencida de que
tiene que ocuparse de sí.
En definitiva vemos que la persona nunca está satisfecha, todo le parece
mal, se siente injustamente tratada, poco valorada, lo cual puede dar lugar a
sentimientos de hostilidad, tan dañinos para la salud y tan relacionados con
todo tipo de enfermedades psicosomáticas, piensa que su felicidad se debe a
algún factor externo.
Pueden ocurrir entonces dos cosas, que continúe por esta vía, o bien que
reflexione, que cambie de actitud, lo cual es siempre posible mientras hay vida,
bien de forma espontánea o ante alguna circunstancia de la vida, y vislumbre
otra forma de ocuparse de sí sin estar pendiente de sí, ocuparse de sí
ocupándose de los demás, lo cual no tiene nada que ver con dejarse manipular por
ellos, sino que pensando más en lo que ella misma puede aportar que en lo que
recibe, lo cual le hará sentirse más responsable de su felicidad, lo cual,
aunque en un principio abrume un poco, está lleno de posibilidades. El pensar en
los demás, siempre que sea de forma desinteresada, la hará ser más creativa,
fomentará el desarrollo de sus capacidades y le facilitará el ir superando las
limitaciones que todo el mundo tiene, ya no sentirá que su felicidad depende de
lo que otros le hagan, sino que depende de sí misma, de lo que ella haga, lo
cual está en su mano.
Paradójicamente nos ocupamos mejor de nosotros mismos cuanto más nos
ocupamos del otro de la forma más desinteresada posible.
3.23. EDUCACIÓN EN LA
ESCUELA:
La educación en la escuela es el segundo eslabón en importancia con
respecto a la educación de los niños. Iría en importancia después de la
educación de los padres.
Cuando un niño está falto de educación, y eso se detecta en la
escuela generalmente, la familia
entera está necesitada de la misma.
El maestro ahorrará tiempo si ve la realidad y se encamina a mejorarla
sin dilación. No diciendo que eso correspondía a los padres o algo parecido. Si
no asume su papel y se empeña en que la realidad tiene que ser distinta de como
es, que el niño tenía que estar ya educado y los padres también, el asunto sin
duda se irá complicando y seguirá pasando a nuevos escalones hasta es posible
que pudiese llegar, si nadie lo atiende, a la cárcel.
Yo creo que dentro de la función del maestro está educar al niño. De
hecho el maestro educa o deseduca con su comportamiento, con su forma de
comportarse y de afrontar lo que ocurra en clase. Si existe un niño con
especiales dificultades en una clase, todos los alumnos de esa clase se
beneficiarán de que el profesor haga lo que pueda por la educación y carencias
de ese niño. No es cierto que la clase se vaya a beneficiar de que no haga nada
o emita multitud de quejas al respecto, empeorando, sin duda, el asunto. Para el
resto de los alumnos, sin duda, el tratar a aquella persona necesitada en vez de
pedir que se la lleven a otra parte para no verla, sería una fuente de educación
porque estar educado tampoco consiste en estar sólo bien externamente, sino que
se necesita educar la buena actitud hacia todas las personas. Es posible que el
mismo profesor que no se encamina a mejorar las dificultades de un alumno suyo
con dificultades, pretenda que los niños sean como él dice. No se trata de crear
sumisos, sino de facilitar y guiar el crecimiento de personas con su
individualidad propia.
La actitud que creo más implicada en esta situación es el objetivo hacia
el que se dirige el profesor con su actuación con cada alumno, así como una
visión amplia del asunto. De manera deseable creo que el objetivo no debiera
perderse nunca, pase lo que pase. El objetivo siempre tiene que estar en la
mente del profesor, lo cual le llevará a no hacer nada con otro objetivo, como
por ejemplo defenderse a sí mismo. El que sea o no un buen maestro dependerá en
gran medida de eso. ¿En qué piensa el profesor cuando por ejemplo es insultado?,
¿en sí mismo o en el niño?. Creo que tiene que pensar siempre en el niño y
curiosamente haciéndolo se beneficiará mucho más. Salvaguardando su ego no hará
sino hacer lo que hace una gran mayoría inútilmente. Frases como "esto no se
puede consentir", "esto es intolerable", tendrían que estar fuera de su lenguaje
porque realmente no solucionan nada, sino que, sin duda, empeoran.
¿Quién se arriesga a educar a un niño difícil a riesgo de ser considerado
tonto? La respuesta es que muy pocos. ¿Quién tiene más responsabilidad, el niño
difícil de un ambiente marginal que ocasiona problemas en la clase o bien
aquellas personas que no utilizan sus recursos para ayudarle? El niño quizá
pegue, golpee las cosas, ¿es peor eso que la indiferencia con la que puede ser
tratado? Sin duda, no.
CONCLUSIONES:
Tener salud podría equipararse a tener una vida plena, llena de sentido,
hacer lo máximo con lo que se tiene.
El hacer lo máximo con lo que uno tiene requiere una serie de actitudes
que guían la vida en el mejor sentido. De estas actitudes, la fundamental es la
actitud vital o la dirección que se le pone a la propia vida, a la propia
existencia con sus características particulares y únicas. Lo más saludable sería
elegir poner la propia vida al servicio del bien común. Elegir esto no es fácil
en una sociedad con tantos intereses particulares creados, pero, sin duda, está
al alcance de todo el mundo.
La actitudes saludables además de ayudar a prevenir enfermedades físicas
y patología psíquica, son fuente de bienestar personal y de un óptimo desarrollo
de la persona.
La elección de unas actitudes u otras tiene sus efectos. En la sociedad
del momento actual estamos más bien sufriendo las consecuencias de las actitudes
más materialistas, hedonistas y egoístas, aquellas en las que cada uno piensa en
sí mismo y sus asuntos. Sería deseable pararse a pensar hacia qué mundo nos
dirigimos con esto.
El cambio siempre empieza por uno mismo. Esto, sin duda, llevará a la
persona a transmitirlo con el ejemplo de su conducta, y a querer
comunicarlo, ya que ésta es una
característica de la persona que ha descubierto una forma más sana y más humana
de vivir.
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