II. REVISION BIBLIOGRAFICA
1.- Trastorno por angustia. Definición y características clínicas.
La característica principal de los trastornos por angustia es la
instauración brusca e inesperada de un sentimiento de terror y aprensión
acompañado de síntomas somáticos en múltiples aparatos y sistemas del
organismo, tales como disnea, palpitaciones o desmayo, a menudo asociada con
sentimientos de catástrofe inminente, con una duración de varios minutos, y más
rara vez de horas.
1.1. Criterios diagnósticos del DSM-III-R
Los criterios que exige el DSM-III-R (4) para su diagnóstico son
los siguientes:
A. En algún
momento durante la alteración se han presentado una o más crisis de angustia
(períodos concretos de miedo o molestias intensas) que han sido
1) inesperados, es decir, que no
se han presentado inmediatamente antes o durante la exposición a una situación
que casi siempre causa ansiedad, y
2) no han sido desencadenadas por
situaciones en las cuales el individuo ha sido el foco de atención de los
demás.
B. Por lo
menos cuatro crisis tal como se definen en el criterio A durante un período de
cuatro semanas, o bien una o más crisis seguidas de miedo persistente a presentar
otro ataque por lo menos durante un mes.
C. Por lo
menos, cuatro de los síntomas siguientes durante alguna de las crisis:
1) falta de aliento (disnea) o sensaciones de
ahogo;
2) mareo, sensación de inestabilidad, sensación
de pérdida de conciencia;
3) palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado
(taquicardia);
4) temblor o sacudidas;
5) sudoración;
6) sofocación;
7) náuseas o molestias abdominales;
8) despersonalización o desrealización;
9) adormecimiento o sensaciones de cosquilleo en
diversas partes del cuerpo (parestesias);
10)
escalofríos;
11)
dolor o molestias precordiales;
12)
miedo a morir;
13)
miedo a volverse loco o a perder el
control.
D. En alguna
de estas crisis, por lo menos cuatro de los síntomas C han aparecido
rápidamente y han aumentado en intensidad durante los diez minutos siguientes
al comienzo del primer síntoma.
E. No es
posible establecer la presencia de algún factor orgánico que haya iniciado o
mantenido la alteración, por ejemplo, intoxicación por anfetamina o cafeína, o
hipertiroidismo.
Subtipos
clínicos
El
DSM-III-R diferencia los siguientes subtipos de
trastorno por angustia.
a) Con
agorafobia
A- Se cumplen
los criterios de trastorno por angustia.
B- Agorafobia:
miedo de encontrarse en lugares o situaciones de las cuales pueda ser difícil
(o embarazoso) escapar, o en las que no es fácil obtener ayuda en el caso de
tener una crisis de angustia. (Se incluyen aquí aquellos casos en los que la
conducta de evitación persistente se ha originado durante una fase activa de
trastorno por angustia, aun cuando el individuo no atribuya la conducta de
evitación al miedo a tener otra crisis.) Como resultado de este miedo, el
individuo o bien restringe su capacidad de desplazamiento, o necesita algún
tipo de compañía cuando se encuentra fuera de casa. La tercera posibilidad es
que resista las situaciones agorafóbicas a pesar de la intensa ansiedad. Las
situaciones agorafóbicas más frecuentes son el hallarse solo fuera de casa,
encontrarse entre una multitud o haciendo cola, pasar por encima de un puente y
viajar en autobús, en tren o en coche.
En el diagnóstico, según esta clasificación, debe
especificarse la gravedad actual de la evitación agorafóbica de la siguiente
forma:
Leve: Algún
tipo de evitación (o resistencia de las situaciones con malestar) pero vida
relativamente normal; por ejemplo, el sujeto puede viajar sin compañía cuando
es necesario, como en el caso de ir al trabajo o de compras, aunque por lo
general evita desplazarse solo.
Moderada: La
evitación da lugar a un tipo de vida bastante restringida; es decir, el
individuo es capaz de salir solo de casa pero no lo es de desplazarse más allá
de algunos kilómetros sin compañía.
Grave: La
evitación obliga a estar casi por completo dentro de casa o hace al individuo
incapaz de salir de ella sin compañía.
En remisión parcial: No
existe evitación agorafóbica actual pero en cambio la hubo durante los últimos
seis meses.
En remisión total: No existe evitación
agorafóbica actual ni tampoco durante los últimos seis meses.
Se especifica también la intensidad actual de las crisis de
angustia:
Leves: Durante
el último mes todas las crisis han consistido en síntomas limitados (menos de
4 síntomas) o no ha habido más de una.
Moderada: Durante
el último mes las crisis han sido intermedias entre las que pueden
considerarse leves y graves.
Graves: Durante
el último mes se han presentado por lo menos 8 crisis de angustia.
En remisión parcial: la
intensidad "leve".
En remisión total: Durante los últimos seis
meses no ha habido crisis de angustia o crisis de síntomas limitados.
b) Sin agorafobia
A. Se cumplen
los criterios de trastorno por angustia.
B. Ausencia
de agorafobia tal como se definió anteriormente.
Debe especificarse la intensidad actual de crisis de
angustia, de acuerdo con lo definido anteriormente.
1.2.-
Capítulo V de la CIE-10
La décima revisión de la Clasificación Internacional de las
Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, CIE-10 (5), en el capítulo
de Trastornos Mentales y del Comportamiento, clasifica el trastorno de pánico
en el apartado "otros trastornos de ansiedad", dentro de la sección
de "Trastornos neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y
somatomorfos". Los trastornos por angustia con agorafobia de la
clasificación DSM-III-R (4), quedarían incluidos en la CIE-10 (5) en el
apartado de ansiedad fóbica: agorafobia con o sin trastorno de pánico.
A continuación exponemos las versiones "Descripciones
Clínicas y Pautas para el Diagnóstico" de la CIE.10 y "Criterios
Diagnósticos de Investigación" del
borrador de la CIE-10 (6) del Trastorno de pánico y de la Agorafobia.
1.2.1.-
Descripción clínica del trastorno de pánico
Su característica esencial es la presencia de crisis
recurrentes de ansiedad grave (pánico) no limitadas a ninguna situación o
conjunto de circunstancias particulares. Son por tanto imprevisibles. Como en
otros trastornos de ansiedad, los síntomas predominantes varían de un caso a
otro, pero es frecuente la aparición repentina de palpitaciones, dolor precordial,
sensación de asfixia, mareo o vértigo y sensación de irrealidad
(despersonalización o desrealización). Casi constantemente hay un temor
secundario a morirse, a perder el control o a enloquecer. Cada crisis suele
durar sólo unos minutos, pero puede durar más. Tanto la frecuencia como el
curso del trastorno, que predomina en mujeres, son bastante variables. A
menudo el miedo y los síntomas vegetativos del ataque van creciendo de tal
manera que los que los padecen terminan por salir, escapar, de donde se
encuentran. Si esto tiene lugar en una situación concreta, por ejemplo, en un
autobús o en una multitud, como consecuencia el enfermo, puede en el futuro
tratar de evitar esa situación. Del mismo modo, frecuentes e imprevisibles
ataques de pánico llevan a tener miedo a estar sólo o a ir a sitios públicos.
Un ataque de pánico a menudo se sigue de un miedo persistente a tener otro
ataque de pánico.
1.2.2.- Pautas para el diagnóstico
En esta clasificación, las crisis de pánico que se
presentan en una situación fóbica consolidada se consideran expresión de la
gravedad de la fobia y ésta tiene preferencia para el diagnóstico. El
trastorno de pánico es el diagnóstico principal sólo en ausencia de cualquiera
de las fobias de F40.
Para un diagnóstico definitivo deben de presentarse varios
ataques graves de ansiedad vegetativa al menos durante el período de un mes:
a) en
circunstancias en las que no hay un peligro objetivo;
b) no deben
presentarse sólo en situaciones conocidas o previsibles y
c) en el
período entre las crisis el individuo debe además estar relativamente libre de
ansiedad aunque es frecuente la ansiedad anticipatoria leve.
Incluye: ataques de pánico
estados
de pánico
Diagnóstico diferencial
Los episodios de pánico deben distinguirse de las crisis
de pánico que se presentan en los trastornos fóbicos claros, como ya se ha
mencionado. Las crisis de pánico pueden ser secundarias a un trastorno
depresivo, en especial en varones. Trastorno de pánico no debe ser el
diagnóstico principal si simultáneamente se satisfacen las pautas de trastorno
depresivo.
1.2.3.- Criterios diagnósticos de investigación del trastorno de pánico
A- Ataques de
pánico recurrentes que no se asocian de modo constante a una situación u objeto
específicos, y que a menudo se presentan de forma espontánea (es decir, de un
modo imprevisible). Los ataques de pánico no se deben a un ejercicio intenso o
a la exposición a situaciones peligrosas o a amenazas para la vida. El grado de
variabilidad individual, tanto del contenido como de la gravedad, es muy
grande, por lo que mediante un quinto carácter se especifican dos grados:
moderado y grave.
F41.00
moderado: AL MENOS TRES ATAQUES DE PANICO EN UN PERIODO DE TRES SEMANAS.
F41.01
grave: AL MENOS CUATRO ATAQUES DE PANICO POR SEMANA EN EL PERIODO DE UN MES.
B. Un ataque
de pánico es un episodio recortado de miedo, acompañado de otros síntomas, que
se inicia bruscamente, aumenta la intensidad en pocos minutos y dura por lo
menos varios minutos. Deben hallarse presentes por lo menos en alguna ocasión
dos síntomas de los de la lista 1 a 9
del criterio B de agorafobia, código F40.0, uno de los cuales debe pertenecer a
los grupos 1 a 4 (correlatos vegetativos de ansiedad).
C. El
trastorno no es debido a un trastorno somático ni a otros trastornos mentales
tales como esquizofrenia y trastornos relacionados, código F20-29, trastornos
del humor (afectivos), código F30-39, o trastornos somatomorfos, código F45.
1.2.4.-
Descripción clínica de la agorafobia
El término "agorafobia" se utiliza aquí con un
sentido más amplio que el original y que el utilizado aún en algunos países. Se
incluyen en él no sólo los temores a lugares abiertos, sino también otros
relacionados con ellos, como temores a las multitudes y a la dificultad para
poder escapar inmediatamente a un lugar seguro (por lo general el hogar). El
término abarca un conjunto de fobias relacionadas entre si, a veces
solapadas, entre ellos temores a salir del hogar, a entrar en tiendas o
almacenes, a las multitudes, a los lugares públicos y a viajar solo en trenes,
autobuses o aviones. Aunque la gravedad de la ansiedad y la intensidad de la
conducta de evitación son variables, este es el más incapacitante de los
trastornos fóbicos y algunos individuos llegan a quedar completamente
confinados en su casa. A muchos enfermos les aterra pensar en la posibilidad
de poder desmayarse o quedarse solos, sin ayuda, en público. La vivencia de
la falta de una salida inmediata es uno de los rasgos clave de muchas de las
situaciones que inducen la agorafobia. La mayor parte de los afectados son
mujeres y el trastorno comienza en general al principio de la vida adulta.
Están presentes a menudo síntomas depresivos y obsesivos y fobias sociales,
pero no predominan en cuadro clínico. En ausencia de un tratamiento efectivo la
agorafobia suele cronificarse, aunque su intensidad puede ser fluctuante.
1.2.5.-
Pautas para el diagnóstico
Para satisfacer un diagnóstico definitivo se requieren
todas las condiciones siguientes:
a) los
síntomas, psicológicos o vegetativos, son manifestaciones primarias de
ansiedad y no secundarias a otros síntomas, como por ejemplo ideas delirantes
u obsesivas;
b) esta
ansiedad se limita o predomina en al menos dos de las siguientes situaciones:
multitudes, lugares públicos, viajar lejos de casa o viajar solo y
c) la
evitación de la situación fóbica es, o ha sido, una característica destacada.
La presencia o ausencia de trastorno de pánico (F41.0) en
la situación que induce la agorafobia en la mayoría de los casos puede ser
recogida mediante un quinto carácter:
F40.00 Agorafobia sin trastorno de pánico
F40.01 Agorafobia con trastorno de pánico
Incluye: Trastorno de pánico con agorafobia
Diagnóstico diferencial
Debe recordarse que algunos agorafóbicos experimentan muy
poca ansiedad, porque son capaces de evitar sistemáticamente sus situaciones
fóbicas. La presencia de otros síntomas tales como depresión,
despersonalización, síntomas obsesivos y fobias sociales no invalida el
diagnóstico, con tal de que no sean predominantes en el cuadro clínico. Sin
embargo, si el enfermo ya estaba claramente deprimido cuando los síntomas fóbicos
aparecieron por primera vez, el diagnóstico más adecuado puede ser episodio depresivo.
Esto último es más frecuente en los casos de comienzo tardío.
1.2.6.- Criterios diagnósticos de investigación de la agorafobia. F40.0.
A. Miedo
manifiesto o conducta de evitación ante POR LO MENOS DOS de las siguientes
situaciones:
1) multitudes.
2) lugares
públicos.
3) viajar
solo.
4) viajar
lejos de casa.
B. Síntomas
de ansiedad en la situación temida, en algún momento desde el inicio del
trastorno, con la presencia simultánea en una ocasión por lo menos de dos
síntomas de la lista siguiente, uno de los cuales tiene que ser de los 4
primeros (correlatos vegetativos claros de ansiedad):
1) Palpitaciones o sensación de que el corazón
golpea contra el pecho (no únicamente extrasístoles ocasionales).
2) Escalofríos.
3) Temblores o sacudidas
de los miembros.
4) Sequedad de boca (no debida a la medicación o
deshidratación).
5) Sensación de ir a perder el control o de
volverse loco o de muerte inminente.
6) Sensación de malestar o dolor en el pecho o
epigastrio (por ejemplo "nervios" en el estómago o estómago
revuelto).
7) Dificultad para respirar o sensación de
ahogo.
8) Sensación de mareo,
inestabilidad o desvanecimiento.
9) Sensación de irrealidad, de sentirse lejos de
la situación, "fuera" de ella.
C. Malestar
emocional significativo, secundario a la conducta de evitación o a los
síntomas de ansiedad, pero reconociendo el sujeto que son excesivos o carecen
de sentido.
D. Los
síntomas se limitan o predominan en las situaciones temidas o al pensar en
ellas.
E. El
criterio A no es debido a ideas delirantes, alucinaciones u otros síntomas de
trastornos tales como la esquizofrenia o trastornos relacionados, trastornos
del humor (afectivos) o trastorno obsesivo-compulsivo, ni tampoco son
secundarios a creencias de la propia cultura.
La
presencia o ausencia del trastorno de pánico en la mayoría de ocasiones en que
se presenta la situación agorafóbica puede especificarse mediante un quinto
carácter:
F40.00 sin trastorno de pánico
F40.01 con trastorno de pánico
CIE 10 vs DSM-III-R
La CIE 10 clasifica la agorafobia dentro de la sección de
trastornos de ansiedad fóbica, considerando que la ansiedad fóbica no se
diferencia, ni vivencial, ni comportamental, ni fisiológicamente, de otros
tipos de ansiedad. En esta clasificación las crisis de pánico que tienen lugar
en una situación fóbica consolidada son consideradas como una expresión de la
gravedad de la fobia y por lo tanto tiene ésta preferencia diagnóstica. Las
crisis de pánico propiamente dichas deben ser consideradas sólo en ausencia de
las fobias que aparecen en F40.
En el DSM-III-R, por el contrario, tiene preferencia el
diagnóstico de trastorno de pánico, pudiendo acompañarse o no de agorafobia y
aunque en el DSM-III-R también figura el diagnóstico de agorafobia sin historia
de trastorno por angustia, la historia de trastorno de pánico impedirá este
diagnóstico.
2.-
Antecedentes históricos
Los ataques de pánico han sido observados y notificados
durante cientos de años, pero su significado fue pasado por alto, y sólo
recientemente han sido definidos e incluidos en sistemas nosológicos (7).
La mayor parte de los hoy llamados trastornos por angustia
han estado incluidos dentro del grupo de las neurosis; Cullen en el siglo XVIII
crea este término para referirse a una "enfermedad sin lesión". Al no
encontrar un fundamento anatomopatológico, se trataba de una concepción
negativa de las neurosis, distinguiéndose así de la psicosis, a la que se le
presuponía una etiología orgánica (8).
Los pacientes con ataques de angustia con predominio de
síntomas somáticos y sin agorafobia eran frecuentemente tratados por médicos
internistas y cardiólogos. Estos especialistas consideraban los ataques de
angustia como trastornos orgánicos de etiología incierta. Así, en 1871, DaCosta
describió un síndrome que encontró en unos 300 pacientes que atendió en la
guerra civil de los Estados Unidos de América. Este síndrome se caracterizaba
por palpitaciones y mareo, y se originaba sin una causa clara; Da Costa lo
llamó "síndrome del corazón irritable" (9). En Inglaterra, durante la
primera guerra mundial, Lewis (10) describió una condición a la que llamó
"síndrome de esfuerzo", ya que se desarrollaba en soldados durante el
ejercicio físico realizado en actividades de combate.
Los términos "astenia vasorreguladora",
"taquicardia nerviosa", "neurosis vasomotora" y otros han
sido asimismo utilizados para designar los trastornos por angustia (11).
Freud (12) creía que una anormalidad fisiológica era el
origen de la vulnerabilidad de un individuo a las neurosis. Pero también
pensaba que, en vista del estado rudimentario de la neurofisiología
contemporánea, la búsqueda de modelos orgánicos sólo podría dar por resultado
hipótesis muy especulativas e inútiles. Por lo tanto, se dedicó a explicar los
síntomas que parecían ser producto de factores psicológicos.
Freud (13) distinguió tres tipos de ansiedad: ansiedad
expectante, ansiedad fóbica y ataques de ansiedad. Basándose en su descripción,
esos ataques de ansiedad serían hoy llamados ataques de pánico. De hecho, en
1895, Freud pareció describir los procesos del desarrollo de la agorafobia
cuando comentó " En el caso de la agorafobia, nosotros a menudo
encontramos una recolección de ataques de ansiedad; y lo que el paciente teme es
que ocurra un ataque bajo las condiciones especiales en las cuales él cree que
no puede escapar"(13). Desafortunadamente, como Klein apuntó en 1983 (14),
las claras observaciones de Freud fueron ignoradas.
Desde Freud, el término neurosis permaneció vinculado a una
interpretación psicodinámica y psicoanalítica.
La clasificación de los trastornos de ansiedad siempre
presentó dificultad dada la presencia del síntoma ansiedad en muchos trastornos
psiquiátricos, variando en cuanto a su presentación, curso, desenlace y
etiología y debido al emparejamiento entre ansiedad y depresión (8).
Algunos autores han considerado que los estados ansiosos
forman un continuum con los desórdenes afectivos dentro de una más amplia
familia de trastornos afectivos generales (15).
Otros autores han considerado a los trastornos de ansiedad
como manifestación de una depresión enmascarada o atípica (16). López Ibor en
1950 considera que algunas neurosis son timopatías y describe la angustia vital
como diferente de la angustia reactiva (17) y en 1966 describe todas las
neurosis como enfermedades del ánimo o timosis (18) y considera que la angustia
neurótica es equivalente a la angustia vital. El psicoanálisis ha sido una de
las corrientes que ha enfocado a la ansiedad y la depresión como entidades
diferentes.
Durante los últimos treinta años se ha incrementado la
especificidad diagnóstica de los trastornos de ansiedad, ya que hasta entonces
se había considerado la ansiedad un continuum entre normal y patológica. Klein
en 1961 (19) propuso que la ansiedad con ataques de pánico era cualitativamente
diferente de la ansiedad sin ataques de pánico dado que, tras la administración
de imipramina, los pacientes que presentaban ataques de pánico mejoraban su
sintomatología, al contrario que los pacientes con ansiedad sin ataques de
pánico. Posteriormente, Pitts y McClure (20) demostraron que el lactato sódico
precipitaba ataques de pánico, en pacientes predispuestos.
En 1978, el Research Diagnostic Criteria (21) dividió las
neurosis de ansiedad en trastorno de ansiedad generalizada y trastorno de
pánico, e incluyó tres subtipos de trastorno fóbico, incluyendo la
agorafobia,fobia social y fobia simple.
En 1980, el Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders, en su tercera edición (1) adoptó los dogmas centrales de esta
nosología con tres modificaciones conceptuales. A la agorafobia le fue dada un
estatus de enfermedad separada y, aunque permanecía en la categoría general de
los trastornos fóbicos, se dividió en dos subgrupos dependiendo de la presencia
o ausencia de ataques de pánico. La fobia social y simple fue también
considerada separadamente, sugiriendo la posibilidad de una etiología distinta.
El Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders en su tercera versión
revisada, conocido como DSM-III-R (4) subdivide el trastorno de pánico en
trastornos por angustia con o sin agorafobia.
3.-
Etiopatogenia de los trastornos por angustia.
La cantidad abundante de investigación en los trastornos
por angustia en los últimos años se ha focalizado fundamentalmente en aspectos
biológicos, dejando al margen los psicológicos, considerados primordiales
anteriormente.
3.1.- Bases
neurobiológicas de los trastornos por angustia.
Los modelos de investigación biológicos han tenido un gran
impacto en el entendimiento y tratamiento de los trastornos por angustia.
3.1.1.- Neurotransmisores implicados en el trastorno por angustia.
El disponer de tratamientos efectivos para el trastorno por
angustia y el hecho de poder ser provocado por drogas nos permite formular la
hipótesis de la contribución de los neurotransmisores en la generación del
pánico.
Se ha implicado una alteración de varios sistemas de
neurotransmisión, noradrenérgico y serotonérgico fundamentalmente, sin haberse
llegado a ninguna conclusión definitiva, dado las frecuentes interconexiones y
los múltiples agentes moduladores que influyen en este proceso y que todavía no
conocemos en profundidad. Por ello, es
difícil asignar un papel primario a uno u otro neurotransmisor. Sin embargo,
estudios recientes muestran que drogas con efectos relativamente selectivos en
los sistemas serotonérgicos también son efectivas en los trastornos por
angustia.
A) Serotonina (5-hidroxitriptamina)
La
serotonina es una amina biógena o monoamina que pertenece al grupo de las
indolaminas, con acciones farmacológicas variadas. Los fisiólogos conocían la
existencia de una sustancia endógena vasoconstrictora desde la mitad del siglo
XIX.
Twarog y Page en 1953 (22) fueron los primeros en
identificar la sustancia en el cerebro. Estudios histoquímicos identificaron el
núcleo del rafe como el sitio con mayor abundancia de neuronas serotonérgicas
en el cerebro (23). La caracterización de su síntesis específica, de sus
mecanismos de liberación y almacenamiento de 5-HT confirmaron que la amina
biogénica era un neurotrasmisor central.
El papel de la 5-HT en el SNC ha sido estudiado mediante la
utilización de técnicas variadas. El
análisis de los receptores ha sido de gran ayuda en el entendimiento de las
diferentes acciones de 5-HT. La farmacología de la serotonina ha sufrido un
renacimiento en los años recientes, gracias fundamentalmente al desarrollo de
nuevos agonistas y antagonistas, con la subsiguiente caracterización de
subtipos de receptores diferentes.
Se considera a la serotonina como una sustancia con gran
potencial terapéutico.
A.1) Localización, bioquímica y fisiología
La serotonina está ampliamente distribuida a través del cuerpo
humano. Sólo el 2% de la 5-HT corporal
total se localiza en el SNC. Un 8% está localizada en las plaquetas y
aproximadamente el 90% en las células enterocromafines del tracto
gastrointestinal (24).
Su distribución en el encéfalo es desigual. Su concentración
suele ser inferior a 0,5 ng/g, aunque puede alcanzar hasta 1-2 ng/g en el
mesencéfalo e incluso de 50 a 70 ng/g en la epífisis. Entre las zonas
cerebrales ricas en serotonina están el hipotálamo, el rafé del mesencéfalo,
los ganglios basales y la médula espinal (25).
Se conocen detalladamente las vías serotoninérgicas gracias
a las técnicas autorradiográficas (26) e histoquímicas (27).
La vía serotonérgica parte de los cuerpos celulares
situados en la línea media de los núcleos del rafe. Las fibras se proyectan
desde los núcleos mediano y dorsal del rafe a diversas partes del tronco
cerebral, médula espinal y prosencéfalo.
Estructuras neuronales del cortex, hipotálamo, tálamo,
ganglios basales, sustancia negra, caudado, putamen , amígdala, hipocampo, septum
y cuerpos del tegmento mamilar están inervados por neuronas serotonérgicas
(26).
La serotonina, al igual que todas las monoaminas se
sintetiza en el organismo. En los mamíferos la serotonina se deriva del
aminoácido de la dieta triptófano. La síntesis de serotonina consta de dos
pasos (28). El primer paso es la conversión de triptófano, aminoácido esencial
que se obtiene a partir de la alimentación, en 5 hidroxitriptófano, paso
mediado por el enzima triptófano 5-hidroxilasa, precisando como cofactor el
tetrahidrobiopterin (29). Esto representa un camino menor en el metabolismo del
triptófano, ya que gran parte es convertido en ácido nicotínico por la vía de
la kinurenina. El segundo paso, la conversión de 5-hidroxitriptófano en
5-hidroxitriptamina o serotonina, es mediado por la enzima 5-hidroxitriptófano
decarboxilasa; se utiliza como cofactor el fosfato de piridoxal o vitamina B6.
La triptófano-5-hidroxilasa está presente en cantidades
mucho menores que la decarboxilasa y parece ser un factor limitante en la
síntesis de serotonina (29). La decarboxilasa es muy similar a la que convierte
la L-Dopa en Dopamina, pudiendo reconocer ambas enzimas el sustrato 5-HTP (29).
Cuando los precursores de la serotonina, tales como el 5-hidroxitriptófano, son
usados para incrementar la función serotonérgica, ellos pueden ser convertidos
a serotonina en neuronas catecolaminérgicas (30). Esto complica la interpretación
de los estudios con esas drogas.
El
metabolismo de la serotonina es diferente en el cerebro y en la glándula pineal
(28). En la glándula pineal, la serotonina es convertida a melatonina en dos
pasos. La luz tiene un efecto inhibidor de la formación de melatonina (31),
aunque se cree que la fototerapia no actúa inhibiendo la síntesis de melatonina
(31). Por tanto, será durante la noche cuando empiece a secretarse ésta (31).
Se cree que el estrés estimula la secreción de melatonina (31).
En el cerebro, la actuación sobre la serotonina de la
aldehidodeshidrogenasa, y la oxidación por monoaminooxidasa, especialmente MAO
A, da lugar a la producción de 5 hidroxiindolacético, 5-HIAA (32). El 5-HIIA,
metabolito desaminado, es el producto final principal del metabolismo de 5-HT.
Así, las concentraciones de 5-HIAA cerebrales o en el líquido cefalorraquídeo
pueden ser un índice útil de la actividad serotonérgica en el Sistema Nervioso
Central (33). Otros metabolitos de la serotonina son: 5 hidroxiindol
acetaldehido, 5-hidroxitriptolol.
La serotonina se almacena en el terminal presináptico y se
libera por activación iónica y exocitosis.
La recaptación desde la hendidura sináptica hasta el terminal produce la
inactivación de la serotonina.
Los IMAO disponibles clínicamente en el momento actual
generalmente no discriminan entre la serotonina y las catecolaminas, y así, la
acción terapéutica de esas drogas en los trastornos de ansiedad, puede reflejar
una acción u otra. Dado el recambio rápido de la serotonina, los IMAO, pueden
duplicar el contenido de serotonina cerebral en una hora (34).
Las funciones de las neuronas serotonérgicas en el cerebro
son aún materia de debate intenso (35); no dependen sólo de su función
neurotransmisora, dado que el porcentaje de varicosidades neuronales que hacen
una función sináptica no es muy elevada y la mayor parte de estas monoaminas
se liberan en espacios no sinápticos
siendo capaces de alcanzar inespecíficamente a un gran número de células (36).
Parece bien establecido que la actividad serotonérgica es
importante en el ciclo sueño-vigilia (37,38); en el dolor,(39); la actuación de
la serotonina sobre los receptores 5-HT1A facilita la eyaculación y tiene
efectos de hipotermia e hipotensos (23); influye en el apetito y la ingesta de
carbohidratos (40), y en el mantenimiento
de los ritmos circadianos (41), la estabilización del humor y la agresión
(42,43). Se ha implicado en multitud de trastornos psiquiátricos y también en
conductas específicas, que no pueden ser consideradas patológicas (35, 44). Su
función en la ansiedad, que discutiremos más tarde, es aún controvertida (45).
A.2) Receptores serotonérgicos
En el cerebro, la existencia de receptores 5-HT fue
sugerida por primera vez basándose en estudios microiontoforéticos en el
cortex cerebral (46) y en las regiones subcorticales (47). En estos experimentos,
los antagonistas 5-HT tales como metisergida y cinanserina, bloquearon los
efectos excitatorios pero no inhibitorios de 5-HT, sugiriendo la existencia de
dos tipos de receptores 5-HT cerebrales, uno para la excitación y otro para la
inhibición. Posteriormente las técnicas de binding con radioligando indicaron
la presencia de múltiples receptores.
La terminología para el número creciente de subtipos de
receptores está en evolución. En el momento actual sabemos que existen en el
cerebro de rata tres subtipos de receptores serotonérgicos, con 4 subcategorías
diferentes para el primer subtipo. Serían: 5-HT1A, 5-HT1B,5-HT1C, 5-HT1D,5-HT2,
y 5-HT3 (48, 49, 50). Esta clasificación ha sido posible gracias a los estudios
de binding, basado en la habilidad de los radioligandos para competir
selectivamente por uno u otro receptor, y gracias a los adelantos de los
estudios moleculares, basados en los clonajes de receptores. Todavía no existe
una evidencia completa de que la serotonina actúe en el cerebro sobre todos
estos receptores.
Parece que los receptores 5-HT1A, 5-HT1B y 5-HT1D inhiben la adenilato ciclasa, utilizando así
el mismo mecanismo de transducción que los receptores alfa 2 (51). El 5-HT1C y
5-HT2 tendrían como mecanismo de transducción el fosfatoinositol (52).
Los agonistas 5-HT1A, como por ejemplo el 8-hidroxi(di-n-propilamino)
tetralina (8-OH-DPAT), reduce la liberación y el recambio de la serotonina por
actuar sobre los autorreceptores del cuerpo celular. Esos son receptores que se
localizan en el rafe nucleico y su activación reduce la descarga de esas
neuronas (53). También tienen acciones postsinápticas, en particular una
marcada disminución de la actividad neuronal hipocámpica (54).
Aunque la serotonina tiene tanto acciones excitatorias como
inhibitorias, los agonistas 5-HT1A tienen sólo acciones inhibitorias (54). Las
benzodiacepinas también reducen la actividad hipocámpica y esto puede explicar
algunos de los efectos comunes de esas dos clases de drogas. Recientes estudios
han sugerido que ciertos antagonistas adrenorreceptores incluyendo el
propanolol pueden poseer propiedades antagonistas 5-HT1A (55).
Los receptores 5-HT1B tiene una alta afinidad por ciertos
beta bloqueantes, como por ejemplo el pindolol ( 56, 57). Se ha sugerido,
basándonos en estudios con binding, que este receptor no existe en humanos
(58).
Dada la alta densidad del receptor 5-HT1C en el plexo
coroide (59), se podría pensar en la posibilidad de que tenga un papel en el
metabolismo (60). El receptor 5-HT1C ha sido el primer receptor serotoninérgico
clonado (61).
Los conocimientos sobre el receptor 5-HT1D son muy escasos (56).
Han sido descritos un gran número de antagonistas con gran
afinidad por el receptor 5-HT2 (62). Muchos neurolépticos tienen tanta afinidad
por los receptores dopaminérgicos como por los 5-HT2 (62), lo cual complica su
farmacología. Datos recientes sugieren que los receptores 5-HT1C y 5-HT2 pueden
tener características comunes (63).
Finalmente, a los receptores 5-HT3, aunque han sido usados
como antagonistas periféricos para su uso en la migraña y emesis, se les ha
atribuido una acción central (29).
Gracias a los estudios radiográficos y a partir de las
curvas de afinidades, se construyó un perfil de afinidades de los receptores
serotonérgicos por el radioligando en las siguientes regiones circunscritas: El
subtipo 5-HT1A estaría localizado en el hipocampo y rafe nucleico (64), el
5-HT1B estaría en el subículo dorsal, sustancia negra y globus palidus, el
5-HT1C en el plexo coroideo (23)
A.3) Regulación de la
actividad funcional de la 5-HT cerebral
La actividad funcional de 5-HT en el cerebro es regulada tanto
por factores presinápticos como postsinápticos (25).
Los factores presinápticos incluyen la disponibilidad del
precursor triptófano, su relación con otros aminoácidos neutrales en el plasma,
el transporte de triptófano a través de la membrana neuronal, la presencia de
enzimas y cofactores implicados en la síntesis de serotonina, la degradación
intraneuronal de 5-HT por monoaminooxidasas, y mecanismos de liberación y
recaptación.
Los factores postsinápticos incluyen un mecanismo iónico
intrínseco, la sensibilidad de los receptores postsinápticos, los péptidos que
pueden alterar la respuesta postsináptica, y
otros neurotransmisores que controlan la magnitud de la respuesta
postsináptica (ej. dopamina y GABA).
El mecanismo iónico intrínseco es el causante de la actividad
marcapaso que caracteriza a las células serotonérgicas, y está regulado al
menos por dos neurotransmisores:
a) norepinefrina,
la cual acelera el marcapaso (65), actuando a través de un adrenorreceptor
alfa 1, y
b) La 5-HT o
serotonina que, actuando a través de los autorreceptores somatodendríticos,
enlentece el marcapaso (66).
La serotonina difiere de otras monoaminas neurotransmisoras
tales como la norepinefrina, en que su síntesis está limitada por la
disponibilidad de los precursores (67,68). Esto significa que la función
serotonérgica en el cerebro puede ser directamente afectada por el suplemento
en la dieta de triptófano. Se cree que la concentración de triptófano
plasmático controla la actividad de triptófano hidroxilasa (69). Han sido
encontrados niveles significativamente inferiores en mujeres depresivas (69).
Hace
tiempo Fernstrom y Wurtman observaron en ratas que muy pequeños cambios en el
triptófano plasmático podían influir en el 5-HT cerebral (70). Más
recientemente el mismo grupo sugirió que el 5-HT cerebral y el triptófano
plasmático podían ser influenciados por la glucosa de la dieta (71); los
carbohidratos aumentan la liberación de insulina, la cual aumenta la captación
de aminoácidos de cadena ramificada en el músculo; dado que estos aminoácidos
utilizan el mismo sistema de transporte que los aminoácidos aromáticos para
entrar en el cerebro, un bajo nivel de los aminoácidos ramificados disminuye la
competencia por el sistema de transporte e incrementa la captación de los
aminoácidos aromáticos en el cerebro, entre los que se encuentra el triptófano
(72,67). Cuando la proteína se añade a los carbohidratos, los niveles en el
cerebro de los aminoácidos aromáticos triptófano y fenilalanina disminuyen ,
mientras que la tirosina se incrementa (73). En cada caso, esos cambios son
explicados por los cambios en la proporción de la concentración de cada
aminoácido a la suma de los otros aminoácidos, los cuales compiten en la
captación cerebral.
Si la ingesta y el catabolismo fueran los únicos factores
que controlasen los niveles de aminoácidos libres, estos fluctuarían
considerablemente a lo largo del día. Sin embargo, el metabolismo de las
proteínas disminuye estas oscilaciones. La rápida incorporación de los
aminoácidos aromáticos en la proteína en el hígado después de la ingesta de
comida limita el aumento de su concentración en plasma, mientras que su
liberación, como consecuencia del catabolismo de las proteínas en el estado
postabsortivo, previenen un largo declinar en los niveles de aminoácidos (73).
Por lo tanto, no parece que el triptófano plasmático sea el
determinante principal del contenido cerebral en triptófano y serotonina, sino
más bien la proporción de este aminoácido con otros aminoácidos neutrales
(tirosina, leucina, isoleucina, fenilalanina, y valina) los cuales compiten con
el triptófano para la entrada en el cerebro (70,74).
Varias drogas, entre ellas los salicilatos,influyen en el
contenido de 5-HT cerebral por interacción con el triptófano disponible. Los
salicilatos desplazan el triptófano de las proteínas séricas, y así, incrementan
el triptófano libre plasmático, lo cual produce mayores concentraciones de
triptófano, 5-HT y su metabolito principal, 5-HIAA, en el cerebro (25).
La serotonina interactúa con las catecolaminas, el GABA y
los sistemas opioides. Parece que los mecanismos serotonérgicos juegan un papel
en la modificación de los receptores noradrenérgicos por los tratamientos
antidepresivos (75, 76). Por el contrario, las catecolaminas modulan la función
serotonérgica. Por ejemplo, los agonistas del receptor betaadrenérgico
potencian (77,78) y los antagonistas del receptor betaadrenérgico inhiben el
síndrome serotonérgico (79). La actividad adrenérgica alfa 2 inhibe la
liberación de serotonina (32).
Las interacciones Serotonina-GABA se basan en que la
función aumentada del GABA reduce la actividad neuronal serotonérgica (80).
La importancia de la serotonina en el dolor está bien
establecida. Existen interacciones serotonina-opiáceos (39); La serotonina
estimula la liberación de opiáceos endógenos.
Ha sido demostrado que las neuronas serotonérgicas del rafe
dorsal pueden ser inhibidas por un autorreceptor 5-HT. Este receptor,
localizado en la región somatodendrítica de la célula, puede mediar la
inhibición lateral dentro del rafe nucleico (81). Receptores similares pueden
servir para deprimir la excitabilidad de los nervios serotonérgicos terminales
(82). Desde un punto de vista farmacológico, este receptor parece tener un perfil de 5-HT1A agonista. La dietilamina
del ácido lisérgico (LSD) y otros alucinógenos son poderosos agonistas de los
autorreceptores 5-HT (83).
Parece probable la existencia de interacciones entre los
diferentes subtipos de receptores serotonérgicos, y posiblemente exista una
interdependencia funcional.
Por ejemplo, en los tests de bloqueo de los receptores 5-HT2 con
ritanserina se ha visto que la respuesta de prolactina al L-triptófano aumenta
(84). Esto sugiere que la actividad de los receptores 5-HT2 puede inhibir
cualquier receptor 5-HT que controle la liberación de prolactina. Estudios
electrofisiológicos han mostrado una interacción similar en que la ketanserina
incrementa las acciones de 5-HT (85).
Hay
hallazgos que apoyan la hipótesis de que las hormonas gonadales son importantes
en el desarrollo de los sistemas serotonérgicos. Así,en un estudio con ratas se
vio que la gonadectomía determinaba un incremento en los niveles de 5-HT en el
día 12 si los animales eran machos, y niveles francamente inferiores si eran
hembras. Por otra parte, la administración de estradiol o dietil estilbestrol en ratas en el momento
del nacimiento determinó un aumento de la 5-HT en ambos sexos detectable los días 8 y 12 (86). La testosterona podría
ejercer un efecto enzimático, reduciendo de este modo la concentración de 5-HT
en los machos, o tal vez los estrógenos actúen directamente sobre el tejido
cerebral incrementando su capacidad para producir 5-HT en la hembra neonata.
Hay ciertos estudios que ponen de manifiesto una evolución
cíclica de varios parámetros relacionados con la serotonina: el número de
sitios de unión a la imipramina, el 5-HIAA en LCR y la serotonina plasmática;
los niveles más bajos parecen producirse en otoño e invierno (31), lo cual
puede explicarse teniendo en cuenta que la luz tiene un efecto inhibidor en la
formación de melatonina (31), por lo que estaría más elevada la formación de
melatonina en estas épocas de poca luz, lo cual podría suponer un consumo mayor
de serotonina.
Szadoczy realizó un estudio en el que demuestra que esta
reducción de los receptores imipramínicos en otoño e invierno es capaz de ser
revertida con fototerapia (33).
Marazziti (87) también encontró un aumento de la afinidad de los
receptores imipramínicos en primavera.
A.4) Indicadores
bioquímicos y neuroendocrinos de la función serotonérgica central.
La medición de la actividad serotonérgica central en sujetos
humanos vivos puede ser llevada a cabo sólo a través de métodos indirectos
(35,28).
Con este fin han sido utilizados los siguientes métodos:
1- La medición de serotonina, sus precursores,
triptófano y 5-hidroxitriptófano, y su metabolito principal,
5-hidroxiindolacético en los fluidos corporales: plasma, orina y líquido
cefalorraquídeo. En general los metabolitos dan una información clara sobre el
recambio de las sustancias activas (88), aunque no está claro que la serotonina
periférica sea un índice válido de la actividad serotonérgica central.
Durante
años, la punción lumbar ha sido la vía preferida para esta clase de
investigaciones, pero actualmente está casi abandonada por la cantidad de
problemas metodológicos que presenta (35, 89).
2- Las alteraciones en la recaptación y mecanismo
de almacenamiento serotonérgico central pueden ser inferidas usando técnicas in
vitro gracias al modelo plaquetario, propuesto por primera vez por Paasanon en
1965 y reiterado en muchas ocasiones desde entonces. Este modelo ha sido
utilizado también para la medición de las concentraciones plaquetarias de
enzimas incluidas en la síntesis de 5-HT y en el catabolismo de serotonina
(89), además del estudio de la función de los diferentes receptores (90).
Las
plaquetas son las únicas células no neuronales que tienen la propiedad de
acumular, almacenar y metabolizar sustancias que son denominadas transmisores
neurohumorales (91); Se especula que las neuronas serotonérgicas centrales y
las plaquetas tienen un origen embriológico común (92); Por esta razón, la
recaptación de serotonina, el almacenamiento y liberación de las plaquetas
sanguíneas pueden ser estudiadas in vitro y usadas con seguridad como modelo
de los mecanismos de recaptación en las neuronas serotonérgicas centrales
(91,92). Esta propiedad se aplica muy particularmente a la serotonina, en un
nivel muy inferior a la dopamina y norepinefrina y algo a sus precursores
aminoácidos.
La
recaptación de serotonina, proceso mediado por transportador (93), sigue la
cinética de la saturación. El marcador presináptico más informativo del sistema
serotonérgico es el estudio de binding con imipramina marcada (90). Se piensa
que este receptor está localizado en los nervios terminales 5-HT y es asociado
con el transportador de 5-HT (94, 95, 96). Así, el sitio de unión de la
imipramina es un índice del número y estatus funcional de los nervios
terminales 5-HT. El mecanismo puede ser
representado por la densidad de receptores (Bmax), reflejada por la hipotética
máxima capacidad de fijación, y Kd, constante de disociación en el equilibrio,
la cual es un índice de afinidad de un ligando por un receptor determinado, lo
que aumenta ante una afinidad menor.
3- Los
cambios bioquímicos inducidos por drogas psicotrópicas con actividad
serotonérgica; se han utilizado antagonistas serotonérgicos como la metisergida,
precursores de la síntesis de serotonina como triptófano y 5-hidroxitriptófano,
y los IMAO o inhibidores de la recaptación de serotonina (29).
El
5-HTP, cuando es periféricamente administrado, es capaz de entrar al cerebro,
mientras que 5-HT no pasa la barrera hematoencefálica.
4- Pruebas neuroendocrinas: La respuesta neuroendocrina a agentes
serotoninérgicos se considera un reflejo de la actividad serotonérgica central
(97). La actividad serotoninérgica influye en la liberación hormonal por la
hipófisis, desconociéndose el mecanismo exacto de acción (97).
Dichas
pruebas consisten en la administración de sustancias que interfieran con la
actividad serotonérgica y la medición de las modificaciones en la concentración
hormonal periférica, cuya secreción está controlada por factores hipotalámicos
influenciados por la serotonina.
B) Norepinefrina
El papel de la norepinefrina en las respuestas del miedo
fue sugerido ya en 1910 por Cannon. La elevación de la epinefrina y la
norepinefrina en plasma han sido demostrada en respuesta a una variedad de
estímulos (98).
La actividad del locus ceruleus ha sido muy estudiada en
monos usando estimulación eléctrica, lesiones y manipulaciones farmacológicas.
Así, Redmond y colaboradores, en 1976 (99), muestran que la activación
eléctrica del locus ceruleus produce ansiedad en monos, mientras que su
destrucción es seguida de disminución del miedo.
Sin embargo, dado que no se ha notado aumento de la ansiedad en
estudios similares humanos (100), las conductas de ansiedad observadas por
Redmond podían haberse debido al estímulo de circuitos adyacentes al locus
ceruleus. Muchos estudios han encontrado que lesiones en la amigdala, el núcleo
central y su adyacente núcleo lateral reducen la adquisición de conductas de
evitación (101, 102, 103).
Los agentes farmacológicos con efectos conocidos en el
locus ceruleus producen respuestas conductuales en monos similares a las
producidas con estimulación eléctrica o lesiones. Por ejemplo, el piperoxano,
un alfa 2 agonista,que activa el locus ceruleus posiblemente por interacción
con autorreceptores, produce respuestas cualitativa y cuantitativamente
similares a las producidas por estimulación eléctrica (104).
Las neuronas noradrenérgicas, tales como las del locus
ceruleus, son reguladas no sólo por el autorreceptor alfa 2 adrenérgico, sino
también por otros sistemas neuronales, incluyendo receptores benzodiacepínicos,
opiáceos endógenos, serotonina, acetilcolina, ácido gamma aminobutírico,
epinefrina y factor liberador de corticotropina (105).
Existen factores diversos que alteran la relación entre la
conducción del impulso neuronal y la liberación de NA. La disminución de la
temperatura y la acidosis, por ejemplo, reducen la cantidad de NA liberada en
respuesta a impulsos simpáticos.
Diversos mediadores químicos que operan a nivel de la
terminaciones nerviosas simpáticas periféricas o porción presináptica modifican
la transmisión de los impulsos nerviosos periféricos al influir en la cantidad
de NA liberada en respuesta a los impulsos nerviosos. La regulación presináptica
puede ser inhibitoria o facilitadora. Algunos moduladores como las
catecolaminas y la acetilcolina, pueden inhibir o estimular la liberación de
NA; estos efectos antagónicos de inhibición y estimulación están mediados por
diferentes receptores adrenérgicos y colinérgicos.
Dentro de los compuestos que ejercen un efecto inhibitorio
en la liberación de NA en las terminaciones nerviosas presinápticas está el
efecto de las catecolaminas sobre los receptores alfa y la acetilcolina sobre
los receptores muscarínicos.
B.1) Fisiología
Las neuronas del locus ceruleus contienen al parecer entre el 50
y 70% del total de norepinefrina encontrada en el cerebro según indican los
estudios realizados en los primates. En humanos, las distintas vías aferentes
al locus ceruleus incluyen aquellas procedentes de la formación reticular, la
sustancia gris central adyacente, el prosencéfalo, núcleos catecolaminérgicos
en el tallo cerebral, núcleo sensorial del tallo cerebral y neuronas sensitivas
al dolor en el asta dorsal de la médula espinal. El locus ceruleus proporciona
la cantidad mayor de norepinefrina suministrada a la corteza cerebral y
cerebelosa, al tallo cerebral, y a la médula espinal.
La norepinefrina es una catecolamina y requiere para su
síntesis la actividad de cuatro enzimas: la tirosina hidroxilasa, que cataliza
el paso de tirosina a dihidroxifenilalanina (l-Dopa); la l-aminoácido
aromático decarboxilasa, que cataliza la conversión de la l-Dopa en dopamina;
la dopamina beta-hidroxilasa, que convierte la dopamina en norepinefrina; y la
fenilacetanolamina N-metiltransferasa, que cataliza la conversión de
norepinefrina en epinefrina (106).
La síntesis de norepinefrina requiere que la dopamina sea
captada por los gránulos. La reacción necesita O2 molecular y ácido
ascórbico. La actividad de los cuatro enzimas está sometida a múltiples
influencias reguladoras. El producto final inhibe la tirosina hidroxilasa. El
estrés mantenido incrementaría la concentración de tirosina hidroxilasa y
dopamina-beta-hidroxilasa; los glucocorticoides estimulan la síntesis de
feniletanolamina N-metiltransferasa en las células cromafines de la médula
suprarrenal, favoreciendo así la síntesis de epinefrina (107).
La liberación de norepinefrina está sometida a múltiples
influencias reguladoras, de carácter facilitador e inhibidor. Muchos autores
afirman que el primer elemento regulador es la misma norepinefrina liberada que
actúa sobre los receptores inhibitorios alfa 2, inhibiendo la liberación de más
norepinefrina; sería un mecanismo de retroalimentación.
Estimulan la liberación de norepinefrina: la angiotensina,
la acetilcolina a ciertas concentraciones y la epinefrina y la norepinefrina a
través de receptores beta. Inhiben la
liberación de norepinefrina: las prostaglandinas E2, los péptidos opioides, la
acetilcolina y la dopamina.
La inactivación de la norepinefrina se produce por un
mecanismo enzimático y por un mecanismo de captación de carácter neuronal y
extraneuronal. Las dos enzimas que intervienen en la degradación son: la
catecol-O-metiltransferasa y la MAO, convirtiendo la norepinefrina en
normetanefrina y ácido 3-metoxi-4-hidroximandélico (ác. vanililmandélico). Pero
la norepinefrina liberada endógenamente dentro de la terminación es oxidada por
la MAO mitocondrial en 3,4-dihidroxifenilglicoaldehido, pudiendo seguir ésta
un doble camino: la reducción para convertirse en alcohol 3,4-dihidroxifenil
etilenglicol, que es metilado por la catecol-O-metiltransferasa en
3-metoxi-4-hidroxifeniletileneglicol, o bien el otro camino, que tendría lugar
en células extraneuronales, sufriendo otra oxidación el aldehido por la
aldehido-deshidrogenasa, para convertirse en ác. 3,4-dihidroximandélico y,
posteriormente en ácido, vanililmandélico.
Las catecolaminas periféricas siguen preferentemente la vía oxidativa
para convertirse en ácido, mientras que las del sistema nervioso central sufren
preferentemente la reducción en alcohol.
B.2) Medición de la actividad noradrenérgica central
Los cambios de la NE cerebral pueden medirse mediante los
niveles de MHPG en plasma (104). El recambio periférico de NE o MHPG plasmático
se correlaciona con los niveles de MHPG en LCR. La plaqueta no es un buen
modelo para medir la actividad noradrenérgica central.
Al igual que la serotonina, la actividad noradrenérgica
también puede medirse por la respuesta bioquímica, hormonal y conductual a
estímulos noradrenérgicos.
B.3) Papel de la neurotransmisión noradrenérgica
El
locus ceruleus, compuesto por neuronas con contenido en norepinefrina, es una
estructura llave en la organización de la fase de sueño con movimientos rápidos
de los ojos (fase REM) (108).
El
aumento de vigilancia y atención parecen partir del sistema del locus ceruleus
mediante el sistema noradrenérgico. Las benzodiacepinas actúan inhibiendo la
conducta y vigilancia, produciendo sedación e inhibiendo la atención por
afectación psicomotora.
C) Acido gammaaminobutírico (GABA)
Durante la década pasada, la investigación básica de la ansiedad
ha estado focalizada en el efecto inhibidor del neurotransmisor aminoácido
GABA. Sin embargo, la influencia del GABA en los trastornos por angustia no es
obvia. El fundamento de esta hipótesis es el hecho de que benzodiacepinas
convencionales actúan influenciando este neurotransmisor y parecen poco
efectivas en el tratamiento del trastorno de pánico, exceptuando la fase aguda
del ataque de pánico. Sin embargo, algunas observaciones indican que la
activación de mecanismos gabaérgicos puede también influir en el pánico. Así,
se afirma a menudo que los barbitúricos y el etanol son efectivos en el ataque
de pánico (109, 110, 111). Tampoco serían excluidas las benzodiacepinas como
tratamiento efectivo del trastorno de pánico las cuales podrían ser efectivas a
dosis apropiadas (112).
D) Sistema opioide
La
inclusión de los opioides cerebrales en la patofisiología de los ataques de
pánico ha sido sugerida debido al hallazgo de que las neuronas noradrenérgicas
del locus ceruleus son inhibidas por agonistas de receptores opiáceos. El
agonista adrenorreceptor alfa 2 reduce la ansiedad tanto en abstinencia de
opiáceos como en ataques de pánico (113, 114) y puede causar liberación de beta
endorfinas en el cerebro (115).
Klein (116) ha abogado por una disregulación del sistema opioide como uno más de los
mecanismos panicogénicos. El estrés provoca en ratas un descends de beta
endorfinas hipotalámicas y septales, activándose los sistemas endorfínicos
hipofisarios y centrales con un aumento en la ocupación de los receptores
opioides cerebrales.
En el trastorno de pánico se ha visto un aumento de las
betaendorfinas en el Líquido cefalorraquídeo (LCR) (117) en un estudio en el
que fueron suprimidos los pacientes con largo consumo de benzodiacepinas; en
dicho estudio las beta endorfinas fueron medidas por métodos inmunorreactivos
que captan no sólo la beta endorfina sino pequeños fragmentos y no se tuvieron
en cuenta consumos moderados de benzodiacepinas (se sabe que el consumo de
benzodiacepinas aumenta el nivel de beta endorfinas en LCR).
La administración de naloxona en el test de inducción de
pánico con lactato, no alteró la sintomatología ansiosa (118); esto no excluye
la implicación opiácea totalmente, dado que la naloxona no antagoniza todos los
subtipos de receptores opiáceos y la dosis usada podía haber sido insuficiente.
Así dosis altas de naloxona han sido encontradas ansiogénicas cuando fueron
administradas a sujetos normales (119). No han sido publicados efectos con
agonistas opiáceos.
E)
Somatostatina
La somatostatina es un neurotransmisor tetrapéptido y neuromodulador (120), que puede estar
implicado en la patofisiología de los trastornos de pánico (121, 122). La
somatostatina ha influenciado la investigación sobre neuropéptidos en la
pasada década.
La somatostatina inhibe simultáneamente la liberación de GH
de la pituitaria y la TSH (123). La somatostatina incrementa el recambio de
neurotransmisores aminérgicos (norepinefrina, dopamina y serotonina) y
colinérgicos (124), inhibe la liberación de acetilcolina (125), estimula la
liberación de serotonina (126) y tanto estimula como inhibe la liberación de
norepinefrina (127).
Por el contrario, la somatostatina liberada es disminuída por el
ácido gammaaminobutírico (128) y es estimulada por dopamina (129) y por acetilcolina sobre el receptor
muscarínico (128). Las diferencias señaladas en los efectos de los
neurotransmisores en la somatostatina parecen reflejar diferencias en las
regiones cerebrales y métodos utilizados.
Varias hormonas (neurotensina, sustancia P, glucagón,
somatomedina A, GH, secretina , T3) estimulan la liberación de somatostatina
del hipotálamo y otras la inhiben (VIP) (130).
3.1.2.- Neuromoduladores implicados en el trastorno por angustia
El efecto de un neurotransmisor está sometido a la
modulación de los neuromoduladores.
1) Prostaglandinas
Las prostaglandinas han sido estudiadas en las enfermedades
neuropsiquiátricas. Se piensa que las prostaglandinas actúan como
neuromoduladoras tanto de catecolaminas centrales como de sistemas endocrinos.
Anormalidades de esos sistemas han sido descritos en trastornos afectivos en
general y en agorafobia con ataques de pánico en particular. En un estudio
realizado por Raymon F. Anton (131) no se encontró una diferencia significativa
en el nivel de prostaglandinas en LCR entre sujetos con agorafobia y ataques de
pánico y controles. Sheehan y sus colaboradores en 1984 en un principio
sugirieron que el TXB2 estaba elevado en pacientes con pánico, pero
posteriormente no encontraron diferencias en un estudio más exhaustivo (132).
Hay razones para estudiar la producción de prostaglandinas en el Sistema
Nervioso Central, basadas en las respuestas clínicas anormales tanto a
agonistas como antagonistas de estas sustancias.
Ha sido estudiado que el litio disminuye la estimulación
de la adenilatociclasa por PG1 , y se ha supuesto que los antidepresivos
tricíclicos y los IMAO actúan a través de la retroalimentación de la actividad
PG2.
Anton en 1990 (133) encuentra una falta de correlación
entre el sistema de NA y PGE, sugiriendo que los PGE pudieran no haber sido
producidos en el mismo nivel cuando el receptor postsináptico es estimulado y,
así, no proveer la amplificación necesaria para la mediación de la inhibición presináptica
alfa 2. No encontró diferencias en el nivel de prostaglandinas en el LCR de sanos y pacientes.
2)
Neuropéptidos
Es interesante reconocer que muchos neurotransmisores se
localizan con péptidos (134), los cuales pueden ser liberados al mismo tiempo y
modular los efectos del transmisor, tanto en magnitud como en duración.
En el caso de la serotonina han sido descubiertos varios
neuropéptidos que podrían modular su actividad incluyendo la sustancia P
(135), TRH (136) y galanina. Dado que no todas las neuronas serotonérgicas
contienen los mismos neuropéptidos, y algunas pueden contener varios, el nivel
de complejidad de la transmisión serotonérgica es muy grande. Parece que tanto
la sustancia P como la TRH podrían potenciar las respuestas mediadas por el
receptor 5-HT2 (136).
3.1.3.-
Test de inducción de los ataques de pánico
El test de inducción farmacológica más estudiado ha sido la
infusión con lactato de sodio; este test ha sido de gran utilidad no sólo para
estudiar la fenomenología del ataque de pánico inducido por lactato, sino
también por tratarse de un método seguro en la inducción de ataques de pánico
para el estudio de imágenes cerebrales (137,138).
La infusión de lactato sódico en los trastornos por
angustia tiene su origen en los trabajos de Mandel Cohen y Paul Dudley White en
los años 1940 (139). Cohen y White (139) mostraron que los pacientes con el
diagnóstico de astenia circulatoria, una condición con algún solapamiento con
el trastorno por angustia actual, desarrollaban niveles sanguíneos de lactato
mayores comparándolos a sujetos control, al caminar y correr. Cohen y White
sugirieron que esos pacientes tenían un defecto primario en el metabolismo
aeróbico que conducía a mayores niveles de lactato durante el ejercicio;
actualmente se ha descartado esta hipótesis.
Pitts y McClure (21) continuaron estos experimentos; infundieron
lactato de sodio en la forma racémica a pacientes con ataques de pánico
espontáneos. Esta infusión produjo ataques de pánico en muchos trastornos de
pánico,pero en casi ningún sujeto control. Una infusión con dextrosa
hiperosmolar no desencadenó un ataque de pánico, mientras que la adición de
calcio al lactato pareció disminuir los signos de pánico.
A
partir de este experimento, Pitts y McClure plantearon varias hipótesis sobre
la causa de la inducción de un ataque de pánico por lactato y sobre la
naturaleza en sí del ataque de pánico. Sugirieron que existía un sistema
nervioso betaadrenérgico hiperactivo causante de la crisis de pánico mediante
la inducción de un descenso de los niveles de calcio, produciendo así una
irritabilidad del sistema nervioso.
El encuentro de la inducción de pánico mediante la infusión
de lactato fue corroborado por muchos autores desde entonces (140, 141).
A pesar de las muchas especulaciones, no está claro por qué
el lactato causa en pacientes ataques de pánico espontáneos.
Los ataques de pánico inducidos por lactato aparecen no sólo en
pacientes con trastorno por angustia sino también en sujetos con ataques de
angustia aislados o acompañando a otra patología. Así, se ha visto en pacientes
con trastorno por angustia, depresión atípica, trastorno por ansiedad
generalizada, depresión mayor, siempre que hubiesen experimentado ataques de
pánico (142); la única excepción a la especificidad del lactato por los sujetos
con ataques de pánico ha sido un estudio publicado con pacientes con síndrome
premenstrual sin historia de ataques de pánico que tuvieron ataques de pánico
durante la infusión (143). Los sujetos voluntarios sanos sufren un ataque de
pánico durante la infusión de lactato en el 10% de los casos.
Los tratamientos que bloquean los ataques de pánico,
también bloquean los ataques de pánico inducidos por lactato. Esto se aplica a
los tratamientos efectivos en el trastorno de pánico, tales como antidepresivos
tricíclicos (19,144), inhibidores de la monoaminooxidasa (141), y el alprazolam
(145).
Evidencias preliminares sugieren que, aunque el tratamiento
cognitivo/conductual puede modular la respuesta del trastorno de pánico a
varios test de provocación de un ataque de pánico, tales manipulaciones no
hacen que los pacientes reaccionen como controles normales (146).
Los ataques de pánico inducidos por lactato parecen
similares a los que ocurren espontáneamente y con niveles similares de ansiedad
(147).
Una evaluación de varias teorías sobre las propiedades
panicogénicas del lactato indica que ninguna ha sido concluyente por el
momento. La teoría inicial de Pitts y McClure sobre la hipocalcemia fue
invalidada por los mismos autores en un trabajo realizado con EDTA, un quelador
del calcio muy potente; los pacientes experimentaron casi tetania sin
experimentar pánico (148). Fyer y col. (149) no encontraron diferencias en el
calcio ionizado entre sujetos que sufrieron un ataque de pánico y aquellos que
no lo sufrieron, durante la infusión de lactato. Liebowitz (150) no encontró
disminución del calcio durante la infusión de lactato.
La hipótesis beta-adrenérgica tuvo dificultades similares
en ser soportada. Gorman (151) observó que la infusión del bloqueante beta
adrenérgico propanolol a pacientes antes de la infusión con lactato, no
bloqueaba ni la taquicardia ni el pánico inducido por lactato.
Neese (152) no encontró respuestas fisiológicas exageradas
al agonista beta adrenérgico isoproterenol, aunque un autor notificó la
capacidad del isoproterenol para desencadenar un ataque de pánico (153).
Clínicamente, los bloqueantes beta adrenérgicos no han sido encontrados
eficaces en el tratamiento del trastorno por angustia (153).
También parece haber poca evidencia experimental que apoye
la teoría sobre la alcalosis de Grosz y Farmer (154). La hiperventilación
suficiente para causar alcalosis respiratoria marcada no causó ataques de
pánico en la mayoría de los pacientes que sufrieron un ataque de pánico con
lactato (150). La infusión con bicarbonato sódico mostró una respuesta de
pánico menos intensa y con menor frecuencia (155); sorprendentemente, los
ataques de pánico inducidos por bicarbonato fueron asociados a una caída en el
CO2.
Finalmente, la teoría del incremento de CO2 o
hipercapnia ha sido difícil de evaluar. La evidencia única sugestiva de este
dato viene de la observación de un aumento del volumen respiratorio (156), más
que de la frecuencia cardíaca, durante los ataques de pánico inducidos por
lactato.
Reiman usó el test con lactato para delinear un grupo de
pacientes que tenían flujo sanguíneo anormal en el lóbulo límbico (138).
La idea de usar la inhalación de dióxido de carbono para
desencadenar ataques de pánico provino de encuentros y hipótesis generados por
la infusión de lactato. Varios investigadores han encontrado ataques de pánico
después de la inhalación de un 5% de CO2 en más de un 70% de los
pacientes con trastorno de pánico (157, 158, 159, 160, 161, 162), disminuyendo
después de exposiciones repetidas (159), después de terapia cognitiva (158) y
posiblemnete pudiendo ser modificado mediante manipulación cognitiva (163).
Debido a la no utilización de criterios aceptados ampliamente (163), estos
resultados deben ser interpretados con precaución.
Los sujetos que experimentaron un ataque de pánico durante
la inhalación de CO2 mostraron un mayor incremento en la ventilación
por minuto que los sujetos que no sufrieron un ataque de pánico (156) y un
incremento en el flujo inspiratorio; este último parámetro se cree que es
reflejo de control central más que periférico. Estos encuentros sugieren una
hipersensibilidad biológica al CO2 en los quimiorreceptores
cerebrales en un subgrupo de pacientes con trastorno por angustia. Carr (164)
también apoyó la existencia de hipersensibilidad al CO2 en
pacientes que sufrieron un ataque de pánico mayor que en sujetos control sin
ataque de pánico. Woods y colaboradores (157) no encontraron una mayor
sensibilidad al CO2 entre pacientes y controles, pero a diferencia
de Carr no separaron sujetos que sufrieron un ataque de pánico durante la
infusión de los que no lo sufrieron. Lonsberg (165) encontró también un aumento
de la sensibilidad al CO2 en trastornos de pánico. Gorman (166) mostró que varones con
trastorno por angustia que no sufrieron un ataque de pánico durante la
inhalación de CO2, demostraron sensibilidad mayor al CO2
comparándolos con varones sanos que no sufrieron ataque de pánico; no tenemos
datos del mismo estudio en mujeres. Este hecho sugiere fuertemente que, aún en
la ausencia de una respuesta ansiogénica, los pacientes con trastorno por
angustia pueden tener una hipersensibilidad biológica al dióxido de carbono. No
se encontró un aumento de MHPG durante la inducción de pánico con CO2
(161).
La tercera sustancia más usada en la inducción de pánico ha
sido la yohimbina hidroclorido, un alfa 2 antagonista que incrementa el
recambio de norepinefrina (167), el nivel de MHPG plasmático (168), y la
descarga del locus ceruleus. La clonidina redujo los niveles de ansiedad y MHPG
en proporción mayor en los trastornos por angustia que en pacientes con ataques
de pánico (169,170).
Además de estos agentes estudiados más frecuentemente, la
administración de otras sustancias coincidió en alguna ocasión con el
desencadenamiento de un ataque de pánico en pacientes susceptibles. Estas
sustancias son: norepinefrina (171), cafeína (172), el antagonista benzodiacepínico flumazenil (173),la
2-chloroprocaína (1 caso notificado por Ackerman en 1989) (174), y uno de los
neuropéptidos con mayor prevalencia en el neocortex, la
colecistoquinina-tetrapéptido (CCK-4) intravenosa (175). Bradwejn y sus colaboradores observaron que
el CCK-4, un agonista del receptor CCKb inducía ataques de pánico en el
trastorno de pánico y con menos frecuencia normales (176), observando
posteriormente que éstos no se modificaban con un pretratamiento con el
flumazenil, antagonista de los receptores benzodiacepínicos (177), aunque sí con un pretratamiento con
L-365,260, antagonista del receptor CCKb (178).
Más recientemente, el agonista serotonérgico m-CPP, provocó
en un grupo (179), pero no en otro (180), ataques de ansiedad en pacientes con
trastorno por angustia en mayor medida que en controles normales. Las
beta-carbolinas, con propiedades antagónicas sobre el receptor
benzodiacepínico, han demostrado inducir ansiedad intensa en animales de
laboratorio y humanos (181).
Entre los estímulos que parecen no provocar ataques de
pánico, tenemos: epinefrina (182), hipoglucemia provocada por la infusión de
insulina (183), dolor (184) y el inhibidor de la anhidrasa carbónica,
acetazolamida (185).
Es difícil encontrar denominadores comunes a todas las
sustancias capaces de provocar ataques de pánico en el trastorno por angustia.
Se cree que parte de ellos tienen en común el disparo de receptores en el
tronco cerebral que controlan la función autonómica periférica.
3.1.4.- ELectrofisiología y la imagen clínica cerebral en el trastorno de
pánico. Flujo sanguíneo cerebral (CBF)
En 1880, Westphal (186) había reconocido que los pacientes
neuróticos no revelan, por lo general, ninguna lesión anatómica en la autopsia,
pero expresó la creencia de que tales lesiones acabarían por descubrirse.
Las propiedades electrofisiológicas de las simples neuronas
pueden ser explicadas por el movimiento de cuatro iones: sodio, potasio, cloro
y calcio, a través de las membranas neuronales. Los efectos de los
neuromensajeros y drogas psicoactivas son últimamente traducidos en cambios en
los flujos de estos iones. Varios test, entre ellos el Electroencefalograma,
potenciales evocados y mapa computarizado de actividad eléctrica cerebral,
miden la mayor parte de los efectos de esos cambios iónicos.
La relación entre ansiedad y flujo sanguíneo cerebral es de
considerable significado clínico y científico. En el pasado, la investigación
del flujo cerebral estaba limitada seriamente debido a la existencia de métodos
muy invasivos. El desarrollo de técnicas tan simples como tomografía
computarizada por emisión de fotones (SPECT) y la tomografía por emisión de
positrones (PET) han hecho posible la medición de flujo cerebral sanguíneo
subcortical.
El número de estudios sobre cambios del flujo sanguíneo cerebral
asociado con la inducción de ansiedad es demasiado pequeño para deducir
conclusiones definitivas (187).
Fontaine y colaboradores en 1990 (188) en estudios de mapas
cerebrales han mostrado cambios anormales en el volumen cerebral sanguíneo y
consumo de oxígeno y otras anomalías neurofisiológicas en los pacientes con
trastorno por angustia.
Los estudios electrofisiológicos soportan la inclusión de
la región parahipocámpica en la neurobiología de la ansiedad: Gloor y sus
colegas (189) informaron que la estimulación del hipocampo, el girus
hipocámpico y, más comunmente, la amígdala produjeron sensaciones de miedo en
pacientes epilépticos. La estimulación de otras regiones cerebrales no dió
lugar a esta respuesta (190). La ansiedad inducida por infusión de epinefrina
en pacientes con ansiedad generalizada fue correlacionada inversamente con el
flujo cerebral global. Sujetos con trastorno de pánico que se volvieron
ansiosos después de acetazolamida mostraron menos incremento en el flujo
sanguíneo cerebral que los que no se hicieron ansiosos. La ansiedad inducida
por marihuana fue asociada a una disminución del CBF.
Reiman en 1984 (191) estudió el flujo cerebral en pacientes con
trastorno de angustia antes de la infusión de lactato, y encontró que los
pacientes que posteriormente sufrían un ataque de pánico con el lactato, se
distinguían de aquellos que no sufrían ataque de pánico con el lactato y de
aquellos controles normales por una asimetría anormal (izquierda menor que
derecha) en el flujo cerebral y en el metabolismo de la región parahipocámpica
posterior. Estudios posteriores sugirieron que la asimetría se debía a un
aumento del flujo sanguíneo y del metabolismo en la región parahipocámpica
derecha más que a una disminución en el lado izquierdo (138).
Los sujetos con trastorno de pánico que sufren un ataque de
pánico después de la infusión de lactato sódico tuvieron un menor incremento o
una disminución del flujo sanguíneo cerebral que aquellos que no sufrieron un
ataque de pánico. La inducción de ansiedad por yohimbina fue asociado a un
decremento bilateral del flujo sanguíneo frontal. Aunque la hipocapnia puede
influir en la disminución del CBF en algunos casos, no siempre sucede así.
3.1.5.-
Estudio del sueño
La
observación de que los pacientes se despierten en la fase del sueño NO-REM
(típicamente durante las fase 2 y 3) con ataques de pánico (192, 193), sugiere
un disturbio neurofisiológico primario en el trastorno de pánico.
Los resultados de estudios sobre parámetros del sueño han sido
inconsistentes o negativos. Varios estudios (194, 195), encontraron aumento en
la fase del sueño con movimiento rápido de los ojos o fase REM y otros no
encontraron diferencias (192, 193, 196).
Uhde y colaboradores en 1984 (194) encontraron una disminución en
la latencia del sueño y un incremento en el porcentaje de la fase REM, y una
correlación negativa entre el número de ataques de pánico y la cantidad de
sueño delta. Esos resultados no fueron corroborados por Dubé (196) y Hauri
(195), aunque Grunhaus (197) encontró una latencia del sueño menor en
depresivos con ataques de pánico que en depresivos sin ataques de pánico. De
igual modo, sólo Hauri (195) encontró el sueño delta elevado.
Los ansiosos, comparados con los depresivos, tienen un porcentaje
de REM menor, mayor latencia del sueño (está disminuida en menor proporción que
en depresivos), menor actividad y mayor porcentaje de estadio 2, lo cual
diferencia los pacientes deprimidos de aquellos con trastorno por ansiedad.
Se sabe que la duración del sueño REM está influenciada
por la acción de diversos neurotransmisores y fármacos. La atropina, los
barbitúricos y los IMAO disminuyen la
duración del sueño REM. Los agentes colinérgicos, la reserpina, el LSD, el
L-triptófano y la alfa metilparatirosina lo aumentan.
3.1.6-
Cambios hormonales en el trastorno de pánico
Muchos pacientes con trastorno por angustia manifiestan un
eje hipotálamo-pituitario-adrenal hiperactivo (198). Ha sido demostrado que la
secreción de ACTH tiene lugar sincrónicamente con la beta-endorfina, uno de
los péptidos opiáceos principales, (199), dado que ambas hormonas tienen un
precursor común, la pro-opiomelanocortina (200).
Los pacientes con trastorno de pánico no han mostrado excretar
cantidades incrementadas de la hormona de estrés cortisol, a menos que la
condición se acompañe de una depresión secundaria o agorafobia (201, 202, 203),
a diferencia de los mayores niveles en pacientes con depresión mayor (204, 205,
206, 207). Esto puede ser explicado en parte por la diferencia de edad
existente entre pacientes con pánico y con depresión. La falta de cambios en la
excreción de cortisol en los pacientes con trastorno de pánico con depresión
con respecto a la edad, sugiere una diferencia cualitativa en la causa de
hipercortisolemia entre la depresión primaria y la secundaria. Se ha visto una
relación entre los niveles de cortisol y la edad en pacientes con depresión
mayor primaria.
Los
resultados del test de supresión por Dexametasona en los trastornos de pánico
son controvertidos. Muchos estudios han encontrado una incidencia baja de
supresión de cortisol siguiendo a la dexametasona (208). En dos estudios no
hubo diferencia en el test entre pacientes con depresión y pánico (200, 209).
Curtis y cols. en 1982 (210) afirman que la no supresión
con dexametasona es rara en los pacientes con trastorno de pánico, siendo
encontrada por Kopp en 1988 en un 29,6% (211).
Roy Byrne y sus colaboradores en 1986 (212) detectaron una
disminución en la secreción de TSH tras estimulación con TRH en los trastornos
por angustia, sugiriendo como implicados en este hecho un hipercortisolismo, la
disminución de las hormonas tiroideas, el aumento de la dopamina hipofisaria,
y el aumento de la somatostatina; tanto la hiperactividad noradrenérgica como
la hipoactividad serotonérgica podrían provovar una hiperactividad de la TRH y,
consecuentemente, una desensibilización de la TSH (213).
Geracioti (214) propone una disregulación del factor de
liberación de corticotropina (CRH) en los trastornos por angustia.
El primer dato que sugirió una activación del CRH en los
pacientes con trastorno de pánico fue la demostración por Geracioti (214) de
una disminución de la respuesta de ACTH a la administración de CRH en
asociación con hipercortisolismo significativo durante la administración de CRH
(215). Como en la depresión, esto sugiere que la célula pituitaria corticotropa
responde apropiadamente a la retroalimentación negativa de cortisol.
Una segunda línea de evidencia que sugiere un papel para la
CRH en el trastorno por angustia son los datos que muestran que el alprazolam,
uno de los tratamientos más efectivos del trastorno de pánico, produce una
profunda supresión dosis-dependiente de la liberación in vitro de CRH (216).
El CRH puede, simultáneamente, activar y coordinar el
metabolismo (217), respuestas circulatorias (217) y conductuales adaptativas en
situaciones de estrés. El CRH está distribuido ampliamente. Por ejemplo, la
administración icv de CRH en ratas conduce, no sólo a la activación del eje
HPA, sino también a la activación del sistema simpático (217).
A pesar de que la activación experimental de los sistemas
del CRH y de la norepinefrina en el locus ceruleus en animales de laboratorio
(218) puede producir síntomas de ansiedad intensa; estudios clínicos en
pacientes durante el pánico inducido por lactato han mostrado sólo una
activación moderada del sistema nervioso y poca evidencia, si alguna, de una
activación pituitario adrenal.
Geracioti (214) encontró que el alprazolam normaliza la
respuesta del ACTH al CRH.
La no inclusión de la activación del eje HPA en la crisis
de angustia asociada a la infusión de lactato ha sido una poderosa evidencia
contra la inclusión de CRH en el trastorno de pánico, pero debe tenerse en
cuenta lo siguiente a la hora de interpretar estos datos:
(1)
la
infusión de lactato de sodio representa una carga de volumen y osmótica, la
cual puede afectar a la célula pituitaria corticotropa. Por ejemplo, un volumen
de la magnitud de la infusión de lactato conduciría claramente a la liberación
de un factor natriurético, el cual ha mostrado inhibir significativamente la
respuesta de la célula pituitaria corticotropa a la CRH y vasopresina. En este
caso, la activación del CRH por lactato no sería asociado con una activación
del eje Hipotálamo-hipofiso adrenal, conduciendo a un aumento aún mayor de la
liberación de CRH que puede ser secretado sin la inhibición procedente de la
retroalimentación normal por los corticoides.
(2)
los
efectos activadores del CRH en el sistema nervioso central puede ocurrir por
vía hipotalámica, o por vía extrahipotalámica, localizado en áreas dispares
como el sistema límbico y el cortex cerebral. Datos recientes sugieren que hay
una relación inversa entre la función pituitario adrenal y la secreción de CRH
en el LCR. La acción extrahipotalámica del CRH sería facilitada por una función
baja pituitario adrenal (219).
McIntyre en 1989 (220) ha visto niveles de melatonina nocturnos
menores, tal como ocurre en depresiones. La melatonina es el producto
endocrino mayor de la glándula pineal, es producida por la noche al actuar la
norepinefrina en los receptores beta adrenérgicos estimulando los enzimas que
catalizan la formación de melatonina a partir de la serotonina; se cree que los
niveles de melatonina nocturna reflejan la función del beta receptor, aunque
también estaría mediada por la disponibilidad de serotonina o del enzima
catalizador .El ritmo de la melatonina se piensa que es una índice de la
ritmicidad circadiana.
3.2.- Conductismo
No
existen teorías del aprendizaje convincentes para explicar los trastornos por
angustia aunque sí ofrecen una explicación verosímil sobre el mantenimiento de
las conductas de evitación fóbicas. Estas teorías no resuelven la cuestión de
la emergencia de las crisis, ya que estas aparecen frecuentemente de forma
espontánea, previamente a cualquier condicionamiento. Después de instauradas
las crisis, el condicionamiento podría influir en el desarrollo de ansiedad
anticipatoria y conductas de evitación (221).
3.3.-
Teoría social
Hasta el Renacimiento, los valores aceptados por el
individuo eran claros, así como el modo de alcanzarlos. Con el Renacimiento se
produce un cambio radical, se confía en el individuo y en sus capacidades
racionales, el hombre tiene libertad para elegir su futuro, lo cual, junto a
los efectos beneficiosos, acarrea un aumento de ansiedad (222). No tenemos
conocimiento de trabajos llevados a cabo con trastornos por angustia.
A pesar de la actual mayor urbanización, industralización,
cambios en la estructura familiar y liberación sexual,no se ha visto un
incremento en la prevalencia de trastornos de ansiedad, al contrario de lo que
ha ocurrido con la depresión; no se descarta que cambios acontecidos en el
trabajo hayan actuado en sentido contrario.
3.4.- Teoría Psicoanalítica.
Las teorías psicodinámicas tienen sus orígenes en los
escritos de Freud. En el modelo psicodinámico, la respuesta de ansiedad sería
un intento de movilizar y desviar un peligro para el yo procedente de la
presencia inminente de pensamientos, impulsos o deseos inaceptables para el
individuo.
Hasta 1926, hallamos en los escritos de Freud lo que podemos
llamar la primera teoría de la ansiedad. De acuerdo con esta teoría, Freud
consideraba que la ansiedad era el resultado directo de la insatisfacción de la
libido, en su vertiente concreta de impulsos sexuales, es decir, la libido no
descargada se transformaba en ansiedad. Desde esta perspectiva, no importaba
que las causas de la insatisfacción libidinal fueran internas o externas
(abstinencia voluntaria o represión
inconsciente de la sexualidad a consecuencia de los conflictos que se alzan
alrededor de ella). En cualquiera de estos casos el resultado era, según la
teoría Freudiana, el mismo: la libido retenida era transformada en ansiedad, y
en alguna obra como "La interpretación de los sueños" (223), se
apuntó el concepto de la ansiedad, no como un mero subproducto biológico, sino
como un proceso más psicológico, con una función y un objetivo determinados,
advertir de la existencia de un peligro.
En 1926 Freud publicó una de sus obras fundamentales
"Inhibición, síntoma y angustia"(224). En esta obra, sin abandonar totalmente
la idea de la transformación de la libido en ansiedad, concibe a ésta
primordialmente como una señal de alarma que advierte al yo de un posible
sufrimiento. Hemos de tener en cuenta que cuando se intenta establecer una
diferencia entre el miedo y la ansiedad, suele decirse que el miedo es la
respuesta frente a un peligro conocido, al que se juzga, con razón o sin ella,
como real y externo, aún cuando es preciso aclarar que en el concepto de
externo debe incluirse la parte somática del organismo. La ansiedad, en cambio,
se refiere a un peligro desconocido, no real, un peligro puramente intrapsíquico,
a pesar de que este rasgo de peligro puramente intrapsíquico o interno no
sería tal en los comienzos de la vida del sujeto.
3.5.- Teoría cognitiva
Desde hace tiempo, un grupo de autores (225) enfatizaron el
papel que tiene en la génesis de la angustia la valoración cognitiva permanente
de los estímulos externos, que se interpretan ineludiblemente en términos
amenazantes. Algunos autores han constatado cogniciones anticipatorias
peligrosas (219) y experiencias estresantes previamente a la irrupción de las
crisis de angustia (226).
Lo cierto es que los mecanismos cognitivos desempeñan un
papel relevante en el mantenimiento del estado de angustia, ya que, tras las
crisis, el paciente desarrolla una ansiedad anticipatoria, paso previo que
conduce a las conductas de evitación y conforma el síndrome agorafóbico.
4.- Antecedentes familiares: Factores genéticos y
ambientales
Pocos estudios han examinado la contribución relativa de factores
hereditarios y ambientales en la aparición de trastornos por ansiedad. Todos
los estudios parecen mostrar una frecuencia de la enfermedad mayor de lo
esperado en familiares de pacientes. El problema es, sin embargo, que los
estudios familiares no discriminan entre la influencia de los genes comunes y
la influencia del ambiente similar.
El incremento en la
prevalencia familiar de los equivalentes al trastorno de pánico en anteriores
clasificaciones fue ya notificado a mediados del siglo XIX y discutido por
Freud en 1895 (227).
Estudios más recientes han encontrado un riesgo de morbilidad en
familiares de individuos con trastorno de pánico del 15 al 25%, siendo el
riesgo mayor para familiares mujeres que varones (228, 229, 230).
Estudios realizados en la Universidad de Iowa en EEUU de
América por Crowe, Noyes y colaboradores (229), utilizando la metodología del
estudio familiar y los realizados en la universidad de Londres con gemelos,
concluyen que todo parece indicar que la transmisión familiar de los trastornos
ansiosos, principalmente la agorafobia y los trastornos de pánico, es
hereditaria, mientras que el trastorno de ansiedad generalizado no muestra
evidencia alguna de estar influido por factores hereditarios. Aunque se
encuentra una prevalencia mayor en familiares de ambos trastornos, es más
acusada en el caso de trastorno de pánico y, los estudios con gemelos
monocigóticos, con dotación genética idéntica, han demostrado una concordancia
tres veces mayor en el trastorno de pánico en comparación con los gemelos
dicigóticos adultos del mismo sexo. En contraste, hubo una frecuencia similar
en gemelos monocigóticos y dicigóticos afectos de ansiedad generalizada.
Estos datos sugieren que los factores genéticos pueden jugar un
papel más prominente en los trastornos por angustia que en los trastornos por
ansiedad generalizada. Los resultados del estudio tienen tres implicaciones:
1- La diferenciación entre trastorno de ansiedad
generalizada y otros trastornos de ansiedad, en particular trastorno de pánico,
parece estar validada.
2- Los trastornos de ansiedad generalizada
parecen ser diferentes etiológicamente de los trastornos afectivos y los
trastornos somatoformes.
3- La mayor incidencia familiar del trastorno de
ansiedad generalizada no parece estar influenciada por trastornos genéticos,
mientras que la herencia parece ser importante en el origen de otros trastornos
de ansiedad, como el trastorno de pánico, al igual que en otras enfermedades
psiquiátricas severas como esquizofrenia y trastornos afectivos mayores.
El riesgo de morbilidad encontrado entre los familiares de
primer grado de pacientes con trastorno de pánico fue de 42% en el sexo
femenino y del 22% en el masculino, lo cual iguala al trastorno de pánico, en
cuanto a riesgo de morbilidad, a cualquier otra enfermedad reconocida por la
psiquiatría genética. La proporción monocigoto/dicigoto de 3/1 es casi la misma que poseen la esquizofrenia,
la psicosis depresiva unipolar y la psicosis depresiva bipolar.
Torgersen
dedujo de un estudio con gemelos (231) que los pacientes con ataques de pánico
espontáneos ocasionales pueden ser genéticamente similares a los pacientes con
trastorno de pánico. Torgensen en 1986 (232) también encontró una mayor
proporción de trastornos afectivos y alcoholismo relacionados con el trastorno
de panico que con el trastorno de ansiedad generalizada.
Otros muchos autores han sugerido un componente genético de
la enfermedad dada la alta frecuencia, alrededor del 55-60%, de pacientes con
familiares afectados (229, 233, 234).
Crowe
en 1987 (235) encontró una relación entre el trastorno por angustia y el locus
alfa-haptoglobulina y el cromosoma 16q22 en 26 familias, descartando tal
relación en 1990 (236).
Noyes en 1978 (228) encontró un riesgo de morbilidad del 18% para
neurosis de ansiedad en familiares de neuróticos y un 3% en familiares de
sujetos control. La morbilidad entre familiares de trastorno por angustia y
pacientes controles fue del 24,7% y 2,2% respectivamente en un estudio llevado
a cabo por Crowe en 1983 (229) y de un 33% y 15% respectivamente en un estudio
realizado por Harris en 1983 (237).
Noyes en 1986 (234) en un estudio más numeroso encontró una
morbilidad de trastornos de ansiedad del 17,3% en familiares de trastorno de
pánico y un 4,2% en familiares de controles. Balon en 1989 (238) estudió la
prevalencia de trastornos de ansiedad en familiares de primer grado de sujetos
sanos que habían experimentado ataques de pánico bajo la inducción de lactato
sódico, resultando ser mayor que en los familiares de controles.
Crowe en 1987 (239), usando las modernas técnicas de
genética molecular, demostró que el gen de la proopiomelanocortina, el
precursor de la proteína betaendorfina, no era responsable del trastorno por
angustia en una familia con varios miembros afectados. Sin embargo esto no
excluye que la alteración de la neurotransmisión endorfínica esté a nivel pre o
postsináptico.
5.- Datos biográficos. Factores desencadenantes.
Personalidad.
Los trastornos de pánico suelen aparecer generalmente en el
contexto de una mayor ansiedad debido a una situación estresante. La
resistencia a la ansiedad varía con las condiciones físicas; las personas están
más predispuestas a ella cuando se encuentran cansadas, enfermas o han sufrido
alguna lesión.
Los
acontecimientos externos capaces de precipitar la enfermedad en ocasiones se
refieren a hechos que han amenazado la seguridad de un sujeto, y, entre ellos,
el fallecimiento, las enfermedades o la separación del padre, del esposo o de
otra persona muy vinculada al paciente (240). En otros pacientes ese suceso se
refiere a una enfermedad padecida por el propio paciente.
Raskin
en 1982 (241) encontró una incidencia similar de separación temprana de los
padres en los sujetos con trastorno de pánico; la separación temprana de los
padres se consideró presente cuando el niño fue físicamente separado de uno o
ambos progenitores durante varios meses o permanentemente antes de la edad de
10 años.
Aunque el trastorno por separación está incrementado tanto en el
trastorno de pánico como en la agorafobia, la diferencia es especialmente
pronunciada en el grupo con agorafobia (242) así como en otros trastornos
psiquiátricos infantiles (243). Varios autores encontraron una incidencia mayor
de ansiedad de separación en la infancia de los sujetos con trastorno de pánico
(244, 240), siendo estos datos cuestionados por Thyer en 1985 (245). La
naturaleza episódica del trastorno de pánico hizo posible distinguir entre
depresión primaria y secundaria; casi todos los episodios de depresión mayor
ocurrieron en ausencia de ansiedad severa, y siguiendo a un precipitante
externo, generalmente una pérdida afectiva. Así, parece que las depresiones
frecuentes en personas en el grupo con trastorno de pánico son manifestaciones
de una vulnerabilidad subyacente que les predispone tanto al trastorno de
pánico como a la depresión, particularmente en respuesta a una pérdida. Muchos
sujetos en ambos grupos venían de una clase media, fueron bien educados, y
trabajaban como profesionales de oficina. Casi todos los sujetos vivían en
diferentes lugares a su familia de origen.
5.1.- Factores desencadenantes
Los hallazgos preliminares sugieren que, previamente a la
aparición de la enfermedad de trastorno de pánico, los sujetos experimentan un
número mayor de acontecimientos vitales que los sujetos controles (246). Aunque
el primer ataque generalmente surge durante alguna actividad rutinaria, hay
varios sucesos que son a menudo concurrentes con la aparición de los ataques de
pánico. No infrecuentemente, el primer ataque ocurre en el contexto de una
amenaza de enfermedad o accidente, la pérdida de una relación interpersonal, el
nacimiento de un hijo o la separación de la familia (por ejemplo, comienzo del
colegio o trabajo fuera de la ciudad). No existe una relación causa-efecto
entre los acontecimientos vitales y la enfermedad, aunque sí parece tener
importancia al sumarse a una personalidad y a una vulnerabilidad biológicas
determinadas.
En los pacientes que desarrollan hipotiroidismo o
hipertiroidismo, puede surgir un ataque; también es frecuente en el
puerperio.
Finalmente, muchos pacientes tienen su primer ataque
durante el consumo de drogas especialmente marihuana, LSD, sedantes, cocaína y
anfetaminas. Sin embargo, aunque esas condiciones concomitantes se resuelvan,
los ataques continúan. Esta situación podría dar la impresión de que algunos
factores estresantes pueden actuar como desencadenantes del comienzo de los
ataques de pánico en individuos ya predispuestos.
Ha sido reconocido que algunos pacientes con trastorno de
pánico tienen ataques después del ejercicio (247).
Parece que la deprivación del sueño empeora la
sintomatología del trastorno de pánico (248), teniendo algunos de ellos severos
ataques de pánico al día siguiente de dicha deprivación,a diferencia de lo que
ocurre en los pacientes deprimidos. El
exceso de trabajo también parece empeorar el curso de este trastorno (248).
5.2.- Personalidad
En
el caso de las neurosis de ansiedad hay pocos datos que nos informen de cuál es
el tipo de personalidad que hace a un individuo susceptible a las crisis. Hay
más información en torno a las enfermedades depresivas, pero en general no
contamos tampoco con demasiados datos.
El examen clínico del perfil de personalidad de los sujetos
fóbicos o ansiosos demuestra, casi invariablemente, que suelen padecer ciertos
síntomas de ansiedad en situaciones normales. En general tienden a caracterizarse
por su ansiedad anticipatoria, preocupación por sucesos y peligros poco
probables, sentimientos de ansiedad e inseguridad ante los pequeños cambios en
el entorno.
Es
difícil someter estas observaciones clínicas a tests objetivos y rigurosos, ya
que no hay medidas válidas y fiables que evalúen la ansiedad en cuanto a rasgo.
En lo referente a las neurosis de ansiedad se han localizado con
bastante precisión los rasgos de personalidad que son más vulnerables ante las
situaciones de estrés psicológico y de otro tipo. En el primer estudio aparecieron más cercanos a la ansiedad que a
la depresión, los siguientes: rasgos de inmadurez, dependencia emocional,
ansiedad, ánimo inestable y neuroticismo (249). En otro estudio se apreció que
los pacientes neuróticos diferían de los controles en la frecuencia mayor de la
ambivalencia hacia la madre, lo que implica una mezcla de emociones positivas y
negativas, lo cual supone un sentimiento
displacentero (250).
Un trabajo reciente ha sugerido que los agorafóbicos tienen
un alto nivel de sensibilidad interpersonal e ideación paranoide así como
características de personalidad dependiente (251). Sin embargo, los rasgos de dependencia tienden a mejorar con el
tratamiento, sugiriendo que pueden ser una manifestación de la enfermedad más
que un factor de riesgo, mientras que otros rasgos de la personalidad tales
como los evitativos e histriónicas no mejoran con la terapia.
Varios
investigadores (252) han mostrado un amplio espectro de variables de
personalidad. Se ha afirmado a menudo que la personalidad de los trastornos de
pánico implica una inhibición de la agresividad, aunque otros autores creen que
esto era una sobregeneralización.
Mavissakalian (253) estudió 187 pacientes con pánico con o
sin agorafobia y sugirió que no había una específica relación entre el
trastorno de pánico o agorafobia y el trastorno de personalidad. Este autor vió
también que no había diferencias de las variables del trastorno de personalidad
entre los pacientes con o sin agorafobia. Observó una preponderancia de
trastorno de personalidad o rasgos de dependencia, evitación e histrionismo y
borderline, (siendo más frecuentes estos rasgos en el trastorno
obsesivo-compulsivo).
6.-
Prevalencia. Epidemiología
La investigación epidemiológica indica que esas condiciones
de ansiedad son altamente prevalentes, particularmente en atención primaria
(254); producen un sufrimiento personal intenso y un coste social grande, con
repercusión clínica notable en otras áreas
médicas.
Los trastornos de ansiedad son bastante comunes. Robins (255),
estimó que la prevalencia en el transcurso de la vida de trastornos de ansiedad
variaba del 10 al 25%, con una prevalencia de los trastornos por angustia de
aproximadamente 1,5%. Según los datos del "Epidemiologic Catchment
Area" (ECA), la prevalencia del trastorno por angustia era en un estudio
realizado entre 1980 y 1982 del 0,4 al 1,2 % (256), oscilando en los últimos
años alrededor del 1.6% (2).
Muchas personas pueden también experimentar síntomas de ansiedad
o ataques de pánico esporádicos sin reunir criterios diagnósticos para el
trastorno por angustia. En un estudio llevado a cabo por Norton en 1985 (257),
el 34,4% de los jóvenes adultos presumiblemente normales habían experimentado
uno o más ataques de pánico en el último año.
El programa de área de captación del National Institute of
Mental Health, estudio de investigación epidemiológico multizonal y de
servicios sanitarios (Epidemiologic Catchment Area Program), que valora la
prevalencia e incidencia de trastorno mental, así como los índices de uso de
servicios aproximadamente en unos 20.000 residentes comunitarios e
institucionalizados, informa de una asociación del diagnóstico de trastorno por
angustia con consecuencias sociales y de salud graves, similares o mayores a
las asociadas con la depresión mayor.
Markowitz (258) examina los factores psicológicos y sociales
concomitantes con el trastorno por angustia, factores generalmente considerados
bajo la rúbrica de calidad de vida, debiendo ser tenido en cuenta
particularmente a la hora de valorar riesgos y beneficios inherentes a los
tratamientos cortos o prolongados del trastorno de angustia.
Estos
factores psicológicos se basan en sentimientos subjetivos de salud física y
emocional deficiente (259), la comorbilidad con abuso de alcohol y otras drogas
según criterios DSM-III, riesgo de intentos de suicidio, no comparable al
existente en la depresión mayor aunque superior a la población general, trastorno
en el funcionamiento social y marital, dependencia financiera e incremento en
el uso de drogas psicoactivas, servicios de salud y el departamento de urgencia
hospitalaria, no explicando estos encuentros la comorbilidad del trastorno por
angustia con depresión mayor, agorafobia y abuso de alcohol y otras drogas.
Los intentos de suicidio tienen una prevalencia diferente
según se trate de trastorno de pánico complicado o no complicado según un
estudio llevado a cabo por Johnson en 1990 (260), entendiendo por trastorno de
pánico complicado, aquel que cursa sin otros diagnósticos en el eje I y II
diferentes a la agorafobia. También se vio una probabilidad mayor de intentos
de suicidio en sujetos con ataques de pánico que no cumplían criterios para
trastorno por angustia.
Otros autores también han corroborado un aumento del
consumo de alcohol en pacientes con trastorno de pánico y sus familias (261), y
un aumento del riesgo de suicidio (209, 262). Para Coryell (262) el incremento
en la tasa de suicidio podría deberse a una predisposición mayor en este grupo
de enfermos a la depresión mayor y al alcoholismo. Sin embargo, Weissman en
1989 (263), en un estudio realizado con una amplia muestra encuentró que el 20%
de los trastornos de pánico y el 12% de los que padecen ataques de pánico
habían realizado algún intento de suicidio, y considera que el aumento de la
ideación suicida y de los intentos de suicidio en el trastorno de pánico no
puede ser explicado por la coexistencia de depresión mayor ni por la coexistencia
de abuso de drogas o alcohol.
Antes de 1975, no había estudios populares de la frecuencia de
los trastornos de ansiedad con diagnósticos terminológicos específicos.
Los trastornos de ansiedad en general y los trastornos por
angustia en particular son más comunes en mujeres, y varios estudios sugieren
una proporción varones/ mujeres en el trastorno por angustia y agorafobia de
1:3 (255, 229).
La prevalencia de los trastornos de ansiedad puede también
estar influenciada por la edad de los sujetos.
El trastorno de pánico suele aparecer en la segunda década,
pudiendo presentarse el trastorno por ansiedad generalizada preferentemente
antes aunque también después.
La edad promedio de aparición de un trastorno de angustia
es de 24 años y se encontraba por debajo de los 40 años en el 96% de los
pacientes en un estudio llevado a cabo por Sheehan y sus colaboradores en 1984
(110).
7.- Enfermedades asociadas al trastorno por angustia
Katon y Noyes señalaron un incremento en los pacientes con
trastorno de pánico de úlcera péptica e hipertensión. Woods en 1987 no asoció
hipertensión a los trastornos de pánico (264).
Estudios retrospectivos realizados por Coryell (209)
sugieren un riesgo de mortalidad prematura por enfermedad cardiovascular en
varones con enfermedad de pánico. Existen varias explicaciones posibles a este
hecho: la existencia de un nivel de colesterol elevado en estos pacientes; la
tendencia a vivir vidas sedentarias, algunos pacientes dicen que el ejercicio
les produce pánico y lo evitan en cualquier situación; el consumo de
cigarrillos intenso, relacionado con un incremento del consumo de alcohol,
también contribuye a aumentar la enfermedad vascular.
Se sugiere que algunos pacientes con pánico pueden tener cambios
miocárdicos subclínicos. Kahn en 1990 (265) encontró ecocardiográficamente un
aumento del tamaño del ventrículo izquierdo en 8 de 35 personas diagnosticadas
de trastorno de pánico en comparación a 1 de entre 35 del grupo control; este
autor encontró un aumento de la masa ventricular izquierda en 7 pacientes.
En un estudio de 30 pacientes, el 5% padecían el síndrome
de colon irritable, coincidiendo la aparición de este trastorno con el comienzo
del trastorno de pánico.
Hayward en 1989 (266) midió los lípidos plasmáticos a 102
pacientes con trastorno de pánico o agorafobia y encontró un número
significativamente mayor de pacientes mujeres con aumento del colesterol total
y LDL, por encima del percentil 75 de
los valores para su sexo y edad; esta diferencia no fue encontrada en varones.
Teóricamente, la alteración en la función adrenérgica
supuestamente observada en pacientes con trastorno de pánico (152), podría
alterar el metabolismo lipídico por afectar la regulación simpática de la actividad
de la lipoprotein-lipasa. No se encontraron cambios significativos en el nivel
de triglicéridos o HDL en mujeres ni se encontró ningún hallazgo significativo
en los lípidos en hombres.
Ha
sido demostrado por muchos psiquiatras que hay una relación entre el trastorno
de pánico y el prolapso de la válvula mitral. Esta relación es de magnitud
incierta, ya que la relación encontrada varía entre el 38% referido por
Venkatesh A. en 1980 (267) y sólo el 8% encontrado por Shear en 1984 (268). Es
interesante que sólo algunos cardiólogos encuentren trastornos de pánico entre
sus pacientes con prolapso de la válvula mitral, mientras que el prolapso de la
mitral está sobrerrepresentado entre los pacientes con trastorno de pánico. La
presencia o ausencia de prolapso no marca ninguna diferencia en el tratamiento
del trastorno de pánico (269). Se ha afirmado que los trastornos de pánico con
prolapso de la válvula mitral muestran disminución de la eficiencia pulmonar
(270).
Según
Matuzas (271), los pacientes con prolapso mitral suelen ser más jóvenes, tienen
ataques de pánico más frecuentemente, tienen un índice ponderal mayor, peso
menor y niveles de triiodotironina más bajos que los pacientes sin prolapso de
la válvula mitral.
No hay mucha información disponible de impactos
fisiológicos específicos de los ataques de pánico en el curso del embarazo.
Cohen y colaboradores en 1989 (272), describieron un caso de ataque de pánico
asociado a desprendimiento de placenta. Mientras que una relación causal puede ser
sólo sospechada entre su ataque de pánico y las complicaciones obstétricas, la
estimulación simpática y el incremento de la presión arterial asociados al
ataque de pánico pudieron contribuir al desprendimiento de placenta. Cohen
(272) nos comunica el empeoramiento habitual de los ataques de pánico durante
el embarazo, no siendo la morbilidad de un embarazo anterior predictiva de la
intensidad de la sintomatología ansiosa en un posterior embarazo. Esto nos
lleva a ponernos en la disyuntiva sobre la utilización o no de fármacos durante
el embarazo, dado el posible riesgo de que los ataques de pánico afecten la
unidad fetoplacentaria.
8.- Curso y pronóstico. Factores perpetuantes
El pronóstico a largo plazo de los trastornos de pánico
está en controversia, variando con factores tales como el nivel de estrés
ambiental en la precipitación de la enfermedad, la naturaleza biológica de la
enfermedad, la madurez del ego, la estabilidad de las relaciones interpersonales
del paciente, la ejecución del trabajo y la duración de los síntomas.
Según Hyler en 1985 (273), la presencia de un estilo de vida
interpersonal maladaptativo, como un trastorno de personalidad, parece ser un
predictor importante de la respuesta al tratamiento. Después de repetidos
ataques de pánico, la mayoría de los pacientes desarrollan ansiedad
anticipatoria en cierto grado y tratan de evitar las situaciones relacionadas.
A
causa de la adición relativamente reciente del trastorno por angustia a la
nomenclatura diagnóstica, ha habido poca oportunidad de examinar el efecto de
diagnósticos posiblemente concurrentes en el eje I y II en el pronóstico.
Muchos de los estudios disponibles fueron previos al DSM-III y
pueden ser o no ser aplicados a las categorías diagnósticas actuales (1).
Estudios revisados por Greer en 1966 (274) y más tarde por Noyes en 1989 (275),
han mostrado que los estados de ansiedad son crónicos; sólo una pequeña minoría
se recuperan totalmente. Por otro lado, entre el 50 y 60% de los pacientes
tienen un pronóstico favorable, con síntomas ligeros y con limitación social
poco relevante (276, 277, 278, 279, 280, 281, 282).
Noyes en 1989 (275) estudió el seguimiento entre 1-4 años
de 107 pacientes y encontró que el 80% permanecían sintomáticos en ese tiempo,
pero menos de la mitad experimentaban ataques de pánico y sólo 40% evitaban
situaciones fóbicas. Aunque los pacientes con agorafobia estuvieron enfermos
más severamente durante más tiempo, su respuesta a corto plazo a los
antidepresivos tricíclicos fue similar a los trastornos por angustia sin
agorafobia.
Se ha observado depresión secundaria aproximadamente en el
50% de los pacientes con trastorno de pánico y agorafobia (283, 275) ; este
trastorno afectivo tiende a ser ligero y corto en duración, a menudo se
desarrolla en respuesta a acontecimientos vitales o al empeoramiento de los
síntomas de ansiedad (283). La desmoralización por el estrés sostenido y la
incapacidad producida por la enfermedad puede también conducir a una depresión
atípica. Uno de los motivos para mantener el tratamiento con antidepresivos
tricíclicos puede ser la prevención de episodios de este tipo.
Noyes
en 1989 (275) demostró que el 44% de pacientes con neurosis de ansiedad
desarrollaban una depresión secundaria en un período de 6 años. Este mismo
autor encontró que la depresión era la complicación más frecuente durante el
seguimiento; encontró al menos un episodio de depresión mayor en el 22% de los
pacientes. Tales episodios de depresión mayor a menudo ocurrían en pacientes con
historia de depresión mayor, como Buller en 1986 (284) había observado. Los
episodios depresivos ocurrieron más frecuentemente en pacientes sin tratamiento
antidepresivo.
El
pronóstico parece estar muy influenciado por la existencia en el eje I de depresión
Mayor (283, 285, 286) y agorafobia (287) y en el eje II de trastorno de
personalidad,existente en el 27-58% de los pacientes (288, 289, 290, 291,
292).
Se ha constatado una relación entre el
síndrome agorafóbico y la frecuencia e intensidad de las crisis de angustia, lo
cual se traduce en una ansiedad anticipatoria más elevada y una probabilidad de
estructurar un síndrome agorafóbico mayor. Según nos dice Raskin en 1982 (241)
muchos de los sujetos con trastorno de pánico del grupo de su estudio tuvieron
un curso fluctuante de su enfermedad con episodios con pánicos intensos y
períodos de bienestar que a veces duraban años.
David A. Katerndahl en 1989 (293) intentó delinear esos
pacientes con ataques de pánico que tenían mayor riesgo para el desarrollo de
evitación fóbica y apreció que los cuatro síntomas de pánico siguientes: el
miedo a morir, el miedo a perder el control o a volverse loco, el temblor, el
malestar torácico y la disnea, estaban relacionados con los miedos a ciertas
situaciones y con la ansiedad anticipatoria.
La severidad de la sintomatología, no pareció ser mayor en
pacientes agorafóbicos; parece así que ciertos síntomas claves se relaciona más
que la severidad con la agorafobia. Katerndahl (293) concluyó también que el retardo
de tiempo entre la aparición de pánico y la aparición de miedos fue relacionado
fuertemente, con la presencia de depresión.
La literatura médica ha sugerido que hay hechos premórbidos en
los pacientes que desarrollan agorafobia incluyendo variables tales como
historia familiar, desarrollo de la vida, rasgos de ansiedad, introversión,
narcisismo y dependencia emocional.
Lesser en 1988 (283) estudió la sintomatología depresiva en
un número importante de trastornos de pánico con evitación fóbica, excluyendo a
los sujetos que habían tenido un episodio de depresión mayor previo a la
aparición del trastorno de pánico, y encontraron que el 31% tuvieron un
episodio depresivo mayor que fue relacionado con el tiempo de enfermedad;
encontraron que estos sujetos tenían previamente mayor puntuación en cuanto a
ansiedad y depresión sin tener mayor frecuencia de ataques de pánico a la
semana.
9.- Delimitación del trastorno de pánico
Los límites entre los trastornos de ansiedad y la depresión han sido
estudiados de tres formas: mediante el uso de métodos estadísticos, en estudios
de familias y en investigaciones de seguimiento.
Roth y Mountjoy (294) han revisado estudios usando técnicas
estadísticas multivariables para determinar si los trastornos de ansiedad o
depresión eran grupos separados o caían en un continuum.
En
un estudio de familias de probandos con trastorno de pánico, Crowe y
colaboradores (1983) (229) examinaron la frecuencia de trastornos depresivos en
familiares, y no encontraron incremento en trastornos depresivos primarios.
Estudios
de seguimiento han mostrado que las proporciones de posterior trastorno
maníaco-depresivo no son mayores que en la población general (295), y hay poco
solapamiento entre los grupos diagnósticos durante el seguimiento (294). Sin
embargo, muchos pacientes con trastorno crónico de ansiedad presentaron
episodios depresivos breves que se superponían a la ansiedad. Diversos estudios
han demostrado una estrecha relación entre el trastorno por angustia y la
depresión (261, 296, 297), lo cual podría hacer pensar en la existencia de una
"vulnerabilidad común" (113).
La
relación entre la ansiedad y los trastornos depresivos ha sido reconocida
durante años, pero la naturaleza de la relación es discutida. La respuesta
favorable de pacientes con trastorno de pánico a antidepresivos tricíclicos y a
antidepresivos inhibidores de la monoaminooxidasa (144), la alta prevalencia de
episodios depresivos mayores en pacientes con trastorno de angustia (285, 294),
y la frecuencia de depresión mayor en familiares deprimidos con trastorno por
angustia en comparación con familiares de deprimidos sin trastorno por angustia
(296), sugiere una concordancia entre depresión mayor y trastorno por angustia,
aunque no hay una mayor frecuencia de depresivos entre pacientes con sólo
trastorno de pánico (229) y no todos los antidepresivos tienen actividad
antipánico (298).
Respuestas neuroendocrinas similares a la clonidina (208,
299), TRH, y CRH (297) y las semejanzas en el sitio de unión plaquetaria a la
dihidroergocryptina (208) también sugieren una relación neurobiológica entre
las dos enfermedades. Breier (113) en
un estudio realizado con 60 sujetos diagnosticados de trastorno de pánico según
Research Diagnostic Criteria, fobia mixta y/o agorafobia, encontró que el 22%
habían tenido un episodio de depresión mayor previamente, el 35% lo tuvieron
sólo secundariamente, un 11% previa y secundariamente y un 32% no tuvieron
depresión en ningún momento. Buller y colaboradores (284) empleando entrevistas
estructuradas y la misma definición primaria y secundaria, encontró que el 35%
de 97 pacientes con trastorno de pánico no tuvieron episodio depresivo, el 26%
lo tuvieron de forma primaria y el 38% de forma secundaria. Otros
investigadores, empleando criterios menos estrictos y, a menudo sin separar
depresión primaria de secundaria, han señalado la incidencia de episodio
depresivo mayor entre 38 y 90%. Se ha correlacionado la aparición de los
ataques a una temprana edad y una agitación mayor y la existencia de agorafobia
en sujetos que desarrollaron posteriormente depresión sin encontrar diferencias en cuanto a respuesta al
tratamiento o salida social (285).
El test de supresión de la dexametasona, el cual algunos consideran
útil en el diagnóstico de la depresión, es con más frecuencia normal en el
trastorno de pánico, relacionandose la no-supresión con un trastorno más
crónico y persistente (300).
La cuestión sobre los límites entre el trastorno de ansiedad y el
obsesivo se ha evidenciado menos, debido en parte a la baja frecuencia de los
trastornos obsesivos. Sin embargo, dos estudios serán mencionados: Rosenberg en
1967 (301) encontró que parecía haber una mayor proporción de trastornos de
ansiedad en familiares de trastornos obsesivos. Al contrario, en un estudio de
20 gemelos, uno de los cuales tenía un diagnóstico de trastorno de pánico,
ansiedad generalizada o trastorno fóbico, ninguno de los gemelos tuvieron un
trastorno obsesivo (231).
Mellman y Uhde (302), encontraron que el 9% de 70
trastornos de pánico reunían criterios de trastorno obsesivo-compulsivo. En
ambos trastornos ha sido descrito una reducción en en la respuesta conductual y
ansiogénica a m-CPP (303), con el tratamiento con clomipramina, sugiriendo el
desarrollo de una subsensibilidad del receptor serotonérgico a los agonistas
(304).
Desafortunadamente el alcohol puede aliviar temporalmente
los síntomas de pánico, pero pronto éstos vuelven a rebotar los síntomas, lo
cual conduce a una ingesta etílica excesiva. La relación entre problemas de
ansiedad y alcoholismo parece ser variable en diferentes trastornos de ansiedad
(305); mientras que en la fobia social y agorafobia se relacionaría con un
intento de automedicación , en el trastorno por ansiedad generalizada estaría
más relacionado familiarmente con un consumo patológico de alcohol.
El
trastorno de ansiedad generalizada parece ser una enfermedad más crónica que el
trastorno de pánico con unos cuantos períodos de remisión espontánea (241). Con
frecuencia se observa la asociación del trastorno de ansiedad generalizada con
síntomas disfóricos y con el abuso de alcohol, barbitúricos y medicación
ansiolítica. Los datos adecuados de la verdadera edad de aparición de esta
condición, su natural historia, y el pronóstico no están disponibles en este
momento.
10.- Diagnóstico diferencial del trastorno de pánico
10.1.-
Condiciones psiquiátricas
Aunque
la ansiedad puede ser un hecho prominente en cualquier trastorno psiquiátrico,
los trastornos por ansiedad primarios se confunden raramente con otras
enfermedades psiquiátricas.
Mucha de la confusión surge al diferenciar los trastornos de
ansiedad y los trastornos del humor, comprensible por el solapamiento de
sintomatología entre ambos trastornos.
Los pacientes que sufren depresión a menudo manifiestan signos
de ansiedad y agitación y pueden tener ataques de pánico francos. Por otro
lado, los pacientes con trastorno por ansiedad generalizada o trastorno de
pánico, si no se tratan, llegan a la desmoralización, debido a que su
enfermedad restringe progresivamente su habilidad para disfrutar de una vida
normal. Además, complicando el cuadro, está el hecho de que algunos de los estudios realizados han
mostrado que pacientes con trastorno de ansiedad tienen una historia familiar
incrementada de trastorno afectivo. Hemos comentado la posible relación entre
trastorno de pánico y depresión (114, 285, 296).
Habrá
que hacer también diagnóstico diferencial con trastornos por somatización,
trastorno por despersonalización y esquizofrenia.
Finalmente, en la evaluación de cualquier paciente con abuso de
sustancias, la posibilidad de su comienzo con ataques de pánico o ansiedad
generalizada debe ser considerada, pudiendo contribuir también a este consumo
la fobia social.
10.2.-
Condiciones médicas.
La inicial experiencia de ataques de pánico a menudo
conduce a los pacientes a buscar atención médica, frecuentemente en los
servicios de Urgencia. El psiquiatra prudente deberá tener conocimiento de las
condiciones médicas que pueden asociarse con ataques de pánico o con ansiedad
generalizada, debiendo recibir cada paciente un cuidadoso examen físico,
incluyendo electrocardiograma, análisis de laboratorio, particularmente estudio
de función tiroidea, y un examen neurológico.
Deberán también descartarse, por la posibilidad de sintomatología
similar:
. Infarto agudo de miocardio
. Hiperparatiroidismo, el cual puede cursar con
ansiedad.
. Feocromocitoma. Pueden desarrollar ataques de
pánico similares a los trastornos de panico, aunque sin la severa aprensión y
miedo característicos de éstos y sin acompañarse de agorafobia (306).
. Abuso de sustancias: tanto la intoxicación como
la abstinencia de cocaína puede asociarse a ansiedad generalizada y ataques de
pánico. La relación de la cocaína con los ataques de pánico en pacientes
vulnerables permanece poco clara. Pacientes que experimentan ataques de ansiedad
con la cocaína pueden desarrollar más tarde ataques de pánico espontáneos y
agorafobia. Se desconoce si estos pacientes tienen una respuesta típica a
fármacos antipánico estándar.
. Un número significativo de pacientes tienen su
primer pánico durante el consumo de marihuana,desconociendose si esto es debido
a la marihuana o a otra variable psicosocial.
. La abstinencia de alcohol es asociada a menudo
con ansiedad, y algunos pacientes han señalado el comienzo de sus crisis de
ansiedad o ansiedad generalizada el día después de una intoxicación etílica.
. El sentimiento de muerte inminente y la
ansiedad son síntomas centrales en la abstinencia a opiáceos. Otros síntomas
comunes a trastornos por ansiedad y abstinencia a opiáceos incluyen
sudoración,incremento de la presión sanguínea, taquicardia, incremento en la
frecuencia respiratoria y en la profundidad de la respiración, temblor, e
inquietud. Los síntomas siguientes son frecuentes en la abstinencia a drogas
opiáceas pero no en los trastornos de ansiedad: dolor severo en huesos y
músculos, rinorrea marcada, vómitos, diarrea, piloerección, suspiros y
eyaculación espontánea.
. Hipertiroidismo e hipotiroidismo. Debe recordarse que la enfermedad tiroidea
puede actuar como desencadenante del trastorno de pánico pudiendo necesitar
tratamiento específico después de la correción de la enfermedad tiroidea.
. Hipoglucemia. Es una causa extremadamente rara
de ataques de pánico. Los ataques de pánico inducidos por lactato no están
asociados con hipoglucemia, y la hipoglucemia inducida por insulina no produce
ataques de pánico típicos en pacientes con trastorno de pánico.
. Cafeína. Cantidades excesivas de cafeína (más
de 700 mg) puede asociarse con clásicos ataques de pánico en individuos
normales; en individuos con trastorno de pánico se puede agravar su
sintomatología con una taza de café. Así, en individuos con aparición de
ataques de pánico reciente o ansiedad libre flotante que funcionan en un
ambiente de trabajo asociado con deprivación de sueño (estudiantes, conductores
de largo recorrido, médicos residentes) debe investigarse la posible existencia
de cafeinismo.
. Prolapso de la válvula mitral. A pesar de ser
mayor la prevalencia del prolapso de la válvula mitral en el trastorno de
pánico, lo opuesto puede no ser verdad. Esto significa que el trastorno puede
no ser más prevalente en pacientes con patología cardiaca y con prolaso de la
válvula mitral comparado con otra patología cardiaca sin prolapso. En general,
los pacientes con prolapso son eutímicos y libres de ansiedad. Por lo tanto,
parece no existir una relación causa-efecto clara. Algunos han especulado que
el prolapso de la válvula mitral y el trastorno de pánico podían representar
manifestaciones de la misma enfermedad subyacente del sistema nervioso
autonómico (307). La presencia del prolapso tiene importancia clínica y
pronóstica escasa.
. Crisis epilépticas parciales complejas. La
epilepsia del lóbulo temporal ha sido asociado con ataques de pánico. Además,
reportajes anecdóticos sugieren que los pacientes con crisis parciales
complejas pueden subsecuentemente desarrollar agorafobia. A pesar de tener
sintomatología común varios hechos alertarán al clínico hacia la posibilidad
de la existencia de una crisis epiléptica como son la amnesia transitoria, los
automatismos motores, la incontinencia urinaria o fecal y las convulsiones.
. Otros trastornos cuya sintomatología puede
asemejarse al trastorno por angustia de forma menos frecuente serían (308):
aura de migraña, neoplasia cerebral, delirium, demencia temprana, arritmias cardiacas,
todos los tipos de hipoxia crónica, porfiria intermitente aguda, síndrome
carcinoide, síndrome de Cushing e insulinoma.
11.- Tratamiento del trastorno de pánico
11.1.-
Terapias orgánicas
Dentro de las terapias orgánicas, el tratamiento farmacológico
para el trastorno de pánico es ahora aceptado como modalidad terapéutica
principal.
11.1.1.- Antidepresivos heterocíclicos e inhibidores
de la recaptación de serotonina.
La expansión rápida de la investigación en este área
durante los últimos años ha cambiado la visión tradicional de los trastornos de
ansiedad, los cuales eran tratados hasta entonces con sedantes o
tranquilizantes menores, preferentemente benzodiacepinas, eligiéndose en
ocasiones neurolépticos y compuestos relacionados para evitar dependencia y problemas de abuso. Los antidepresivos
eran recomendados sólo si la ansiedad era parte del síndrome depresivo.
En 1962 , Klein y Fink (309) informaron que la imipramina,
un antidepresivo tricíclico, era efectiva en los trastornos de ansiedad que
cursaban con ataques de angustia. Desde el reportaje original de Klein y Fink
en 1962 (309) la efectividad de la imipramina ha sido evaluada por un largo
número de estudios, demostrando ser más eficaz que el placebo (310), terapias
conductuales (144,311), y
benzodiacepinas.
Mavissakalian en 1984 (312) sugirió que el efecto terapéutico de
la imipramina en la agorafobia es mediado predominantemente a través de la
acción serotonérgica de la droga.
Posteriormente ha ido evidenciandose la eficacia de otros
antidepresivos en este trastorno. Entre los antidepresivos tricíclicos con
eficacia demostrada en el trastorno de pánico están: la clomipramina (117) y la
desipramina (117, 298), teniendo ésta última la ventaja de tener pocos efectos
secundarios anticolinérgicos lo cual la hace más tolerable (311, 313). Los
inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina son eficaces en el
trastorno de pánico (314, 315), y más concretamente la fluvoxamina (314), la fluoxetina
(316), zimelidina (317) y la trazodona (318).
Hay controversia con respecto a la eficacia de la maprotilina en
este trastorno (315).
Se ha demostrado que la eficacia de la clomipramina (319,
320), fenelzina (321) y zimelidina (317) es superior a la imipramina en
pacientes con agorafobia y ataques de pánico.
El efecto terapéutico de los antidepresivos con acción
serotonérgica es bifásico. Después de una exacerbación inicial de los síntomas,
los signos del pánico subsecuentemente mejoran (314).
Es digno de mención el hecho de que los trastornos de
pánico pueden ser tratados con dosis considerablemente menores de
antidepresivos, como es el caso de la clomipramina, que las requeridas para el
tratamiento de la depresión (320). Hay aún alguna discusión sobre la dosis
óptima de imipramina en el trastorno de pánico y fobias; algún autor afirma que
el efecto beneficioso de la imipramina en el trastorno de pánico es dosis
dependiente, siendo la dosis óptima de 150 mg/día o más (322); otros estudios
sugieren que la dosis óptima de imipramina en el tratamiento de pacientes con
trastorno por angustia puede estar entre 10 y 300 mg/día (323).
Por otro lado el tiempo de latencia desde el inicio del
tratamiento hasta la respuesta clínica parece ser aproximadamente el mismo
(1-3 semanas).
El mecanismo de acción que parece el responsable de la respuesta
terapéutica es un aumento de la actividad serotonérgica central.
Otros autores han sugerido otros mecanismos de acción
responsables de la eficacia de los fármacos en el trastorno de pánico, no
incompatibles con el anterior. Breslow en 1989 (324) apunta que todos los
antidepresivos y ansiolíticos efectivos en el trastorno por angustia, aumentan
los efectos del ácido gammaaminobutírico o GABA, el mayor neurotransmisor
inhibidor en el SNC incluido en el 30-50% de todas las neuronas (325), mediante
la unión a proteínas específicas en el complejo receptor
benzodiacepina/GABA. La activación del
receptor GABA incrementa la permeabilidad del canal cloro en las membranas
postsinápticas, permitiendo una entrada de los iones cloro en la neurona y
lograndose una hiperpolarización de la membrana postsináptica de la neurona,
haciendose menos excitable, inhibiendo así la despolarización de las
membranas(325, 326). El tratamiento agudo con antidepresivos tricíclicos e IMAO
incrementa la actividad cerebral GABA en ratas, posiblemente por la inhibición
de la recaptación y de la degradación (327). Con el uso crónico, la fenelcina e
imipramina y desipramina ejercen una retroalimentación positiva de los
receptores GABA (328). El antidepresivo
bupropion no tiene efecto en el GABA y no tiene actividad antipánico (298).
La interacción del alprazolam, clonazepam y diazepam con
los receptores benzodiacepínicos incrementa el número de receptores GABA
funcionales y su afinidad por el GABA. En contraste, el ansiolítico buspirona
no tiene efecto en los receptores GABA (329) y no tiene actividad antipánico
(298). Breslow y colaboradores trataron a 9 pacientes con el agonista GABA
baclofén (308).
Otra explicación alternativa al mecanismo por el cual ejerce su
efecto beneficioso el GABA en los ataques de pánico, sobre todo en su etapa
aguda,sería la disminución de la excitabilidad serotonérgica ejercida por los
GABA.
11.1.2.- Inhibidores de la
Monoaminooxidasa:
Los
IMAO son actualmente aceptados como una de las terapias más efectivas para los
trastornos de pánico (321, 330, 331), siendo limitado su uso por las
restricciones dietéticas y farmacológicas necesarias con su uso. Los IMAOs
afectan el sistema serotoninérgico y reducen los receptores 5-HT2 al
administrarse durante largo tiempo.
Este hecho también refuerza la impresión de que la serotonina tiene un
papel importante en la fisiología de estos trastornos (332).
Sheehan en 1980 (321) fue el primero en señalar la eficacia
de los IMAO para el trastorno de angustia del DSM-III, encontrándolo más eficaz
que la imipramina y el placebo (321). Desde entonces ha sido confirmado por
muchos autores su efecto beneficioso en el trastorno por angustia (109,330).
Debido al espectro terapéutico amplio de los IMAO, podemos
deducir que su acción no se limita a un mecanismo simple de acción terapéutica.
Se ha demostrado su efectividad en varios trastornos, entre ellos: trastornos
de conducta, trastorno obsesivo-compulsivo,fobia social, trastorno por déficit
de atención y dolor crónico. También es de interés su aparente superioridad con
respecto a los antidepresivos tricíclicos en aliviar los síntomas de ansiedad y
pánico asociados con enfermedad depresiva (333).
Se ha sugerido que la ventaja de la fenelzina consistiría
en el alivio de la ansiedad anticipatoria (334) y la evitación fóbica.
Aunque los únicos estudios doble ciego con IMAO, han sido hechos
con fenelzina e iproniacida, se piensa que la isocarboxacida y tranilcipromina
(335) también son efectivas (335).
Varios autores (336) encontraron que L-deprenyl, un inhibidor
selectivo de la MAO B, era inefectivo en el tratamiento de pacientes
depresivos que tenían asociados ataques de pánico y síntomas fóbicos.
11.1.3.-
Benzodiacepinas.
En las crisis agudas de pánico las benzodiacepinas constituyen el
tratamiento más eficaz. Las benzodiacepinas aumentan los efectos del GABA. Se
sabe que las benzodiacepinas disminuyen el recambio de la serotonina (80) y
disminuye la descarga de las neuronas serotonérgicas (337).
Estudios clínicos numerosos y la experiencia clínica indican que
las drogas antidepresivas son más efectivas que las benzodiacepinas en el
tratamiento del trastorno de pánico, ocurriendo lo contrario en el trastorno de
ansiedad generalizada, aunque peor documentado. Una excepción a esta regla es
el alprazolam (338) que, de acuerdo a estudios recientes, parece ser tan
efectivo como la imipramina en el bloqueo de los ataques de pánico.
El
efecto de las benzodiacepinas tradicionales sobre los trastornos por angustia
es objeto de controversia. Aunque a menudo se prescriben a pacientes con
trastorno por angustia, parece existir una común opinión de que las
benzodiacepinas convencionales no previenen los ataques de pánico, al menos no
a una dosis clínica habitual. Varios autores (339) compararon el
clordiacepóxido e imipramina mostrando una mayor eficacia de ésta última.
Sin embargo las benzodiacepinas pueden reducir la ansiedad
anticipatoria, que es a menudo una importante contribución al trastorno por
angustia.
Noyes encontró en 1984 (340) una mejoría con diacepam de ligera a
moderada, no limitada a la ansiedad anticipatoria.
Han sido encontradas eficaces las siguientes
benzodiacepinas: El alprazolam, que es una triazolobenzodiacepina
(110,111,112,341), el clonacepam (342) y el diacepam (340).
El alprazolam disminuye la ansiedad y la conducta de
evitación fóbica (343). El mecanismo neuroquímico subyacente a la eficacia
clínica del alprazolam ha sido difícil de encontrar (343). La dosis media suele
ser de 6 mg diarios; los efectos colaterales más frecuentes son: somnolencia,
ataxia y voz pastosa. También aparecen lagunas mnésicas, cefaleas e
irritabilidad.
11.1.4.- Terapia electroconvulsiva.
Se desconoce de forma segura la repercusión sobre el
trastorno de pánico. No se ha señalado su efectividad.
11.1.5.-
Otros.
Otros fármacos que han demostrado en alguna ocasión ser
eficaces en el trastorno de pánico, a pesar de no haber datos concluyentes
sobre su eficacia son: el antagonista 5-HT2 ritanserina (345); los precursores
de la serotonina, triptófano y 5-hidroxitriptófano (106, 319, 346); la
adenosina; el ácido valproico, antiepiléptico que aumenta la transmisión
gabaérgica (347) y el baclofén, agonista selectivo para un subtipo de
receptores GABA, el GABA B (348).
La clonidina, agonista alfa 2 adrenérgico, parece ser
eficaz en el trastorno de pánico (112, 341, 349); las limitaciones de la
utilidad de la clonidina pueden ser sus efectos secundarios de hipotensión
significativa, fatiga y sedación; los neurolépticos no tienen propiedades
antipánico, excepto los que son antagonistas beta adrenérgicos, los cuales parecen
tener algún efecto paliativo reduciendo la taquicardia.
Abelson (350) trató exitosamente con somatostatina a cuatro
pacientes con un perfil de síntomas similar a un trastorno de pánico. La
posibilidad de que la somatostatina pueda bloquear los ataques de pánico
actuando sobre el eje hipotalamo-hipofisario-adrenal es sugerida por lo
siguiente: la sobresecreción de CRF puede mediar el pánico (215), los bajos
niveles de somatostatina del LCR son asociados a estimulación del eje HPA
(121). La somatostatina inhibe tanto la respuesta de ACTH al CRH (125) como la
respuesta del CRH al estrés (125), y se piensa que inhibe la liberación de
ACTH, cortisol y catecolaminas a través de su papel como neuromodulador
inhibidor del CRH (125). Por último, la inhibición del CRH puede ser el
mecanismo por el cual otros agentes antipánico ejercen su efecto (351). No se
sabe todavía si la somatostatina cruza la barrera hematoencefálica y activa el
eje HPA en el hombre. La somatostatina suprime la liberación de GH de la
pituitaria y la liberación de ACTH ectópica de un carcinoma medular de
tiroides, pero no bloquea la respuesta de ACTH ni cortisol a la hipoglucemia
aguda.
Otros posibles mecanismos que expliquen la actividad antipánico
de la somatostatina sería su interferencia con las catecolaminas y con los
sistemas GABA (352). La somatostatina también inhibe un número de neuropéptidos
vasoactivos, tales como sustancia P y VIP, quienes pueden mediar síntomas
somáticos del pánico.
El agonista 5-HT1A buspirona no parece ser
eficaz en el trastorno de pánico (353, 354, 355).
En general, los beta bloqueantes no han sido encontrados
eficaces para controlar los ataque de pánico, a pesar de mejorar los
síntomas periféricos adrenérgicos (342). El beta bloqueante propranolol tampoco
bloqueó el ataque de pánico inducido por lactato (356). Sin embargo, 1 mg I.V.
de propanolol ha sido encontrado efectivo para disminuir el incremento de la
frecuencia cardíaca después de la infusión de lactato (357).
Varios autores han informado sobre una remisión temporal
del trastorno de pánico con placebo (358).
11.2.- Terapias no somáticas.
Aunque tanto los tratamientos somáticos como los
farmacológicos o la terapia electroconvulsiva afectan directamente a factores
biológicos, el tratamiento psicológico también puede conducir a cambios
fisiológicos.
Desde la instauración de tratamientos antidepresivos
eficaces se han abandonado otros abordajes de eficacia dudosa en este trastorno
(psicoterapia, antipsicóticos, benzodiacepinas).
11.2.1.- Terapia cognitiva
Los pacientes con frecuentes ataques de pánico tienen en especial
una convicción fuerte de que los síntomas específicos de ansiedad son
evidencia de una enfermedad física seria. Esas convicciones que a menudo se
refieren a una enfermedad cardíaca, crean un círculo vicioso en el cual
síntomas de ansiedad tales como taquicardia, generan más ansiedad. Si los
ataques de pánico son muy frecuentes es necesario un tratamiento alternativo.
La terapia cognitiva ha sido usada para reducir los miedos
de los efectos físicos de la ansiedad, asumiendo que tales miedos prolongan la
enfermedad. Esta demostración es seguida por una explicación mayor del origen
de los síntomas de miedo, y cuestionando al paciente sobre la veracidad de
tales creencias.
Varios autores han informado sobre mejoría importante con
este método (359).
11.2.2.- Terapia conductista
La terapia comportamental sólo tiene una indicación precisa en
los trastornos por angustia. Se trataría de aquellos casos con agorafobia
secundaria, cuya respuesta a antidepresivos hayan yugulado las crisis, pero no
resuelto conductas de evitación cristalizadas excesivamente.
La relajación en algunos pacientes desencadena ataques de
pánico con respuesta autonómicas muy intensas (360). Se encontraron una
disminución de NE y epinefrina siguiendo al tratamiento de relajación.
11.2.3.- Psicoterapia
Es obvio que la psicoterapia de apoyo complementa el plan
terapéutico incidiendo tanto sobre la ansiedad anticipatoria como en las
conductas de evitación.
No conocemos trabajos en los que se informe del efecto
terapéutico beneficioso del tratamiento psicoterapéutico, como único
tratamiento en los trastornos por angustia.