VI.- DISCUSION

 

1.- Prueba neuroendocrina

     1.1. Validez de la prueba. Elección del agente serotonér­gico. 

 

          Los test de función neuroendocrina han sido amplia­mente usados como un método de monitorización de la función de monoaminas cerebrales en pacientes con enfermedades psiquiátri­cas (35). El método ha sido usado sobre todo en el estudio de enfermedades depresivas y con menor frecuencia en el estudio de los trastornos de ansiedad y esquizofrenia (35).

      

          La estrategia consiste en administrar una droga que actúe selectivamente sobre un sistema monoaminérgico  y medir los cambios hormonales resultantes.

 

          Se sabe que la serotonina influye en la secreción de hormonas por la pituitaria (368) y se presupone que las respuestas de hormonas de la hipófisis anterior después del estímulo serotonérgico resultan de la estimulación de los receptores serotonérgicos (369).

 

          Por ello tienen gran utilidad las pruebas neuroendo­crinas que miden la respuesta hormonal a un estímulo serotonér­gico (368), ya que nos reflejan la sensibilidad de los receptores serotonérgicos.

 

          Para que el test tenga validez es imprescindible asumir que la respuesta hormonal surja del estímulo de un único neurotransmisor, por lo que los otros factores que influyan en la secreción de las hormonas a estudiar deben mantenerse constantes.

 

          La mayor fuente de discusión sobre la validez de las pruebas neuroendocrinas ha sido debido a que ninguna sustancia es totalmente específica para el sistema serotonérgico y que la secreción por la pituitaria anterior no puede considerarse dependiente de un único neurotransmisor. Para llevar a cabo este tipo de pruebas es fundamental evitar la interferencia de cualquier otro neurotransmisor, por lo que se busca un agente que sea específico y que no desencadene efectos secundarios que puedan inducir la liberación de hormonas de estrés.

 

          En este estudio se utiliza CMI  por las ventajas que ofrece:

 

1.   La posibilidad de una administración intravenosa, la cual evita en gran parte el efecto metabólico hepático del primer paso y las diferencias farmacocinéticas individua­les marcadas que ello conlleva.

 

2.  La CMI es un potente inhibidor de la recaptación de serotonina a concentraciones que tienen poco efecto en la recaptación de norepinefrina (370, 374).

          El metabolito demetilado de la CMI: demetilclomipra­mina, inhibe la recaptación de norepinefrina. Con la administración intravenosa de dosis bajas de CMI se retrasa la formación de D-CMI, al evitarse el efecto metabólico hepático de primer paso, y se minimiza su efecto sobre la recaptación de norepinefrina durante el tiempo dedicado a la medición de la respuesta de hormonas (371, 372, 373).

          Golden (374) no encontró aumento de norepinefrina ni melatonina plasmáticas después de la infusión de CMI en sujetos sanos; también fue determinado el metabolito principal de la norepinefrina, el MHPG, no detectandose aumento en su valor.

          Estos datos apoyan la especificidad de la infusión aguda de CMI por los sistemas serotonérgicos.

 

3.   Se ha visto que la CMI a dosis bajas carece de efectos secundarios (374), efectos que podrían estimular la secreción de hormonas de estrés. Quizá un cierto nivel de náusea es inevitable si los 5-HT son suficientemente estimulados para producir respuestas neuroendocrinas, ya que se cree que el centro emético está parcialmente bajo control 5-HT en el hombre. Las náuseas también han sido asociadas con incrementos de Prl.

 

4.   La CMI penetra la barrera hematoencefálica rápidamente después de una simple dosis parenteral. La concentración cerebral es diez veces mayor que en plasma.

 

5.   La existencia de antagonistas, aunque por el momento sean inespecíficos en su mayoría (28).

 

6.   La CMI aumenta la 5-HT liberada endógenamente, por lo que su accion no se ve limitada a tipos particulares de receptores.

 

          Otros fármacos utilizados por diversos autores para este tipo de pruebas neuroendocrinas han sido: precursores de la síntesis de serotonina tales como l-triptófano, 5-hidroxi­triptófano y 5 hidroxitriptófano éster; inhibidores de la recaptación de serotonina: clomipramina, fluoxetina, citalo­pram, fluvoxamina, zimelidina; agentes que inducen la libera­ción de serotonina: fenfluramina, dl-fenfluramina; agonistas de receptores como mclorofenilpiperazina, trifluorometil-fenilpiperazina , 8-OH-DPAT (agonista 5-HT1A), Quipacina, MK-212 y RU-24969 (agonista 5-HT1D).

 

          Los precursores como el l-triptófano necesitan ser absorbidos, transportados a la neurona, transformados en 5-HT, y entonces liberados (35). Como hemos dicho anteriormente, sólo el 1% del triptófano administrado oralmente llega a las células cerebrales, y eso después de competir con otros aminoácidos, entre ellos la tirosina, para atravesar la barrera hematoence­fálica.

 

 

          La competencia del triptófano con la tirosina por el transporte  a través de la barrera hematoencefálica (375) puede alterar el sistema noradrenérgico. Además, el triptófano puede provocar efectos secundarios que pueden estimular la respuesta de hormonas de estrés.

 

          El 5-HTp puede ser reconocido también por neuronas noradrenérgicas e incorporarse a ellas (35).

 

          El agonista serotonérgico m-clorofenilpiperazina (m-CPP) causa efectos secundarios como náuseas y dolor de cabeza. Además, dado que es un agonista directo con dificultad para clasificar los receptores sobre los que actúa, no puede decirse que imite los efectos del 5-HT liberado endógenamente, al igual que los otros agonistas serotonérgicos utilizados (376).

 

          En resumen, la clomipramina intravenosa es una buena alternativa para explorar el papel que el sistema serotonérgico puede jugar en la patogénesis de diversos trastornos psiquiá­tricos, ya que dado que inhibe la recaptación de serotonina, aumenta la 5-HT liberada endógenamente, por lo que su accion no se ve limitada a tipos particulares de receptores serotonér­gicos.

 

     1.2.- Estado hormonal basal del trastorno de pánico

 

          Muchos autores han estudiado los pacientes con trastorno por angustia en un estado supuestamente basal. Es, a menudo, poco claro cómo es el estado basal, dado que muchos de estos pacientes experimentan aprensión anticipatoria ante la expectación de tener un nuevo ataque de pánico. Además las personas con este trastorno parecen tendentes a reaccionar con más ansiedad ante situaciones novedosas, lo cual se sabe activa el sistema neuroendocrino.

 

 

 

          Los niveles basales de hormonas encontrados en este estudio son mayores en los sujetos con trastorno de pánico. Esta diferencia es estadísticamente significativa en el caso del cortisol, hallazgo que también fue encontrado en pacientes con historia de intentos de suicidio después de descartar depresiones y psicosis (377).                                                       

          Varios estudios encuentran un aumento del cortisol basal por la tarde (378, 152) y por la noche (215, 379) en el trastorno de pánico en comparación a controles; Sin embargo, otros estudios han reportado aumento del cortisol basal por la mañana y por la  tarde (380, 381), aunque sólo Roy-Byrne encuentra una diferencia sustancial (215).

 

          Los pacientes con trastorno de pánico no han mostrado excretar cantidades incrementadas de la hormona de estrés cortisol, a menos que la condición se acompañe de una depresión secundaria o agorafobia (382). Se han encontrado también niveles de cortisol elevados en pacientes con depresión mayor (383), sobre todo aquellos que se acompañaban de ideación suicida (44). En este estudio la mayoría de los trastornos se acompañan de agorafobia, lo que puede explicar la detección de niveles de cortisol elevados. La falta de cambios en la excreción de cortisol en los pacientes con trastorno de pánico con depresión con respecto a la edad sugiere una diferencia cualitativa en la causa de hipercortisolemia entre la depresión primaria y la secundaria, ya que se ha visto que las cifras de cortisol elevadas en la depresión mayor primaria se relacionan con la edad. Se ha visto que la excreción de cortisol elevada en el trastorno de pánico disminuye después de un tratamiento con benzodiacepinas (382).

 

          Roy-Byrne, como explicación al encuentro de una hipercortisolemia en el trastorno de pánico, sugirió la existencia de una hiperactividad hipotalámica de la CRH en el trastorno de pánico (384). Esta hiperactividad podría ser responsable de una médula hiperplásica con excesiva producción  hallazgo de una inhibición de la respuesta de ACTH  a la inyección de CRH encontrada (215).

 

          También encontramos diferencias significativas en los niveles de cortisol basales con respecto al sexo, siendo mayor en varones.  En la literatura no encontramos diferencias en las cifras de cortisol entre los distintos sexos (385).

 

          No tenemos datos en la literatura que hablen de la existencia de diferencias en los niveles basales de Prolactina y hormona de crecimiento entre los trastornos de pánico y los controles normales (386).    

 

          En este estudio se observan niveles de prolactina basales mayores en el trastorno de pánico, sin alcanzar la diferencia nivel de significación. Este resultado es similar al encontrado en depresiones (386, 387).

    

          En los valores de hormona de crecimiento basal no encontramos variaciones significativas con la edad. Se observan valores más elevados en mujeres, siendo la diferencia con los varones estadísticamente significativos, lo que concuerda con los datos de la literatura (385). Luego veremos que la respuesta de hormona de crecimiento al estímulo serotonérgico no varía en cuanto al sexo en este estudio.

 

          Varias hormonas influyen sobre la liberación de hormona de crecimiento. Casi todos los factores que estimulan la liberación de hormona de crecimiento son más potentes en las mujeres que en los hombres por un efecto dependiente de estrógenos (388), de forma similar a lo que ocurre con la prolactina (389). Aunque los estrógenos aumentan la concentra­ción de hormona de crecimiento, disminuyen su efecto biológico porque inhiben la producción de somatomedinas.

 

 

     1.3. Respuesta clínica y hormonal a la infusión de clomipramina.

 

           La mayor parte de los sujetos con trastorno de pánico experimentaron una respuesta de ansiedad acusada y una respuesta hormonal mayor que los controles después de la infusión de CMI, respuesta similar a la encontrada por Insel y col. en un grupo de trastorno obsesivo-compulsivo con m-CPP (390).

 

          La secreción de cada hormona obedece a distintos mecanismos. En primer lugar consideraremos cada una aisladamen­te.

 

          1.3.1. Respuesta de prolactina (Prl)

 

          En este estudio se encuentra un aumento de los niveles hormonales de prolactina después de la infusión de clomipramina, tanto en el trastorno de pánico como en contro­les, siendo mayor en el trastorno de pánico, no alcanzando la diferencia nivel de significación.

 

          Varios estudios humanos han mostrado que la libera­ción de prolactina puede ser estimulada por los agonistas 5-HT e inhibida por los antagonistas 5-HT. Sin embargo los efectos parecen ser poco intensos, y parece que el control excitatorio de 5-HT es menor que el control dopaminérgico inhibidor; esto puede explicar que el l-triptófano estimule la liberación de prolactina en algunos estudios (386) y no en otros (391,392) , dependiendo de la dosis. De igual modo, el 5-hidroxitriptófa­no  estimuló la liberación de prolactina en grandes dosis (393) y, sin embargo, pequeñas dosis no tuvieron efecto (391).

 

          En estudios experimentales con animales los agonistas 5-HT en dosis elevadas estimularon la prolactina más consisten­temente, aunque debe tenerse en  cuenta la posible interferen­cia de factores estresantes con estas dosis.

 

          La prolactina también es estimulada por el ácido gammaaminobutírico (GABA), la morfina, la metadona y las      betaendorfinas (388). La morfina puede estimular la liberación de prolactina (388), lo que quizá contribuya a la amenorrea que se presenta en la adicción a narcóticos. Los antagonistas opiáceos no alteran su secreción basal de prolactina, ni la secreción provocada en humanos (388). La hormona de liberación de tirotropina (TRH) también estimula la liberación de prolactina (394).

 

          En general la norepinefrina parece tener poco efecto en la liberación de Prl en el hombre (388). La desipramina, potente inhibidor de la recaptación de la norepinefrina, que estimula la liberación de hormona de crecimiento, apenas tiene efecto sobre la secreción de Prl (395).

 

          Las drogas anticolinérgicas no influyen en la secreción espontánea de Prl (396), aunque antagonizan la respuesta de Prl a drogas neurolépticas (396,397). Así, parece haber una interacción colinérgica-dopaminérgica en el sistema tuberoinfundibular o en otros sistemas dopaminérgicos. La acetilcolina no parece ejercer ningún efecto directo sobre la estimulación de Prl.

 

          La Prl es secretada episódicamente y en respuesta al estrés (398). Otros factores que alteran su liberación son: la obesidad, el sueño, el alcoholismo y las enfermedades (388). Todos estos factores fueron controlados en el estudio.                                                                           Varios tipos de manipulaciones estresantes incremen­tan, al menos en parte, las concentraciones de prolactina sérica; se cree que esto tiene lugar por disminución del tono dopami­nérgi­co inhibitorio en la secreción de esta hormona por la pituita­ria anterior con una pronta reducción en la síntesis y recambio de dopamina en la eminencia media, no así en el núcleo estriado o NIL (399).

 

          La inducción de inhibición de neuronas tuberoin­fundibulo­dopaminérgicas (TIDA) por estrés es más pronunciada en mujeres (400).

 

          Se sabe que el incremento de los niveles de Prl desencade­nados por estrés y la disminución de la actividad TIDA son bloqueadas por el tratamiento con 5-HT y antagonistas muscarí­nicos colinérgicos, pero no por antagonistas opiáceos. Esto sugiere que los sistemas neuronales 5-HT y colinérgicos juegan un rol en los cambios inducidos por el estrés en la actividad neuronal TIDA.

 

          En concordancia con nuestros resultados, numerosos autores han encontrado aumentos de la prolactina como respuesta a la CMI (395). Laakmann (395) encuentra el mayor incremento de la respuesta de Prl en el minuto 60, con 25 mgr de CMI, lo cual coincide con los resultados de este trabajo.

 

          No se encuentran diferencias estadísticamente significativas en la respuesta de Prl en cuanto a sexo, aunque se encuentran mayores niveles en las mujeres que en los varones; estos resultados coinciden con los encontrados por Cole en 1976 (401).

 

          Los estrógenos facilitan la liberación de prolactina, por lo que los niveles de Prl están incrementados en mujeres desde la pubertad hasta después de la menopausia (389); en edades avanzadas se pierde la diferencia de sexo y se encuen­tran niveles bajos de Prl tanto en hombres como en mujeres (389). Se cree que hay un aumento en la mitad del ciclo menstrual, en el embarazo, y durante la lactancia (389).

 

          El mecanismo de acción de la serotonina para la liberación de Prl parece ser mediado por mecanismos suprahipo­fisarios que incluyen modulación intrincada excitatoria e inhibitoria de otros sistemas neurotransmisores y una posible estimulación del factor de liberación de prolactina (402,403), los cuales parecen ser mediados por el núcleo dorsal del rafe y el hipotálamo mediobasal (403,404); se ha visto que el sistema muestra supersensibilidad después de la denervación.

 

          Algunos autores pusieron en duda que la liberación de prolactina secundaria a la administración del precursor de serotonina, l-triptófano, se debiese a un mecanismo serotonér­gico (369, 405) y pensaron que se debía a una disminución en la actividad dopaminérgica, dado que el l-triptófano, además de aumentar el recambio de 5-HT, disminuye el recambio de dopamina tal y como se demuestra por la disminución del ácido homovanílico secundaria a su administración (406).

 

          Varios autores (369) se explicaban esta disminución dopaminérgica por una disminución en la disponibilidad del precursor dopaminérgico tirosina, el cual compite con el triptófano por el transporte en el cerebro. Korsgaard en 1985 (406) sugirió que la 5-HT por sí misma podía inhibir la función dopaminérgica.

 

          Actualmente parece claro que la secreción de prolactina, después de un estímulo serotonérgico, es indepen­diente de la dopamina (407), lo que se ha demostrado por la observación de que la liberación de Prl no difería administran­do tanto estimulantes (408) como bloqueantes dopaminérgicos (409) antes de utilizar el agonista serotonérgico.

 

          1.3.2. Respuesta de cortisol (Cor)

 

          Hay mayor controversia sobre si la serotonina estimula la secreción de cortisol. Hay autores que corroboran esta hipótesis (379),  y otros la ponen en duda (410). Los resultados de este estudio favorecen la hipótesis afirmativa, dado que se encuentra aumento de la secreción de cortisol con la clomipramina tanto en el trastorno de pánico como en el grupo control.

 

          Varios estudios farmacológicos en animales han apoyado la existencia de un papel estimulador de las neuronas 5-HT en el cerebro en el procesamiento de pro-opiomelanocortina (POMC), resultando en un incremento de las concentraciones de beta-endorfina, adrenocorticotropina (ACTH), y cortisol (404,411, 412, 413). Resultados similares han sido referidos en humanos (414, 415, 416, 417).

    

          La respuesta de cortisol encontrada es mayor en el trastorno de pánico, siendo la diferencia con los controles estadísticamente significativa. Estos resultados coinciden con los encontrados en depresiones (418). En las depresiones esta respuesta de cortisol fue inversamente correlacionada con niveles de 5-HIAA en el CSF (418), lo cual habla a favor de la implicación de la serotonina en la respuesta de cortisol a un estímulo serotonérgico.

 

          La secreción de cortisol sigue un ritmo circadiano y es estimulado también por la NA (419).

 

          1.3.3. Respuesta de hormona de crecimiento (GH).    

 

          La liberación de GH es controlada por influencias excitatorias alfa 2 adrenérgicas, dopaminérgicas, gabaérgicas y opiáceas, y por influencias inhibidoras beta adrenérgicas y alfa 1 adrenérgicas (388).

 

          El papel del sistema 5-HT en la regulación de la secreción de GH es debatido. La mediación del sistema seroto­nérgico en la secreción de GH fue sugerida por Takahashi el cual administrando el precursor  serotonérgico 5-HTp  de forma aguda encontró diferencias en la respuesta de GH en depresivos y controles (420), y ha sido corroborado por otros autores (421).

 

 

 

          Se han observado ante estímulos serotonérgicos respuestas de hormona de crecimiento con menor frecuencia que respuestas de prolactina y Cortisol, siendo también la hormona de crecimiento con menor frecuencia incluida en este tipo de estudios neuroendocrinos.

 

          Dado que el principal estímulo de la hormona de crecimiento es la norepinefrina (421), siempre se ha intentado buscar una explicación noradrenérgica a la secreción de GH ante un estímulo serotonérgico como hizo Golden en 1990 al obtener un aumento de GH con CMI (387).

 

          El bloqueo de los receptores alfa adrenérgicos impide la activación de GH por una variedad de estímulos como la administración de arginina, la hipoglucemia secundaria a la infusión de insulina, el ejercicio, y la terapia electroconvul­siva.

 

          El bloqueo de los receptores alfa adrenérgicos no influye en los valores basales ni en las fluctuaciones espontáneas de GH, ni en el episodio de mayor secreción de GH que tiene lugar durante la fase de movimientos lentos de los ojos (NREM). La secreción de GH durante el sueño se ha relacionado con el sueño delta (420). Esta secreción de GH nocturna parece estar influida por la edad y la relación altura/peso y parece estar mediada por un mecanismo serotonér­gico (423), siendo inhibida por la cyproheptadina.

 

          Las crisis de pánico son frecuentes durante el sueño NREM; (195, 196), pudiendo coincidir con el mayor pico de secreción de GH. Se podría pensar que existiese una correlación entre ambos factores, ya que la somatostatina estimula la liberación de serotonina (126).

 

          La respuesta de GH a ciertos estímulos en humanos es influida por los siguientes factores; todos ellos han sido tenidos en cuenta en este estudio:

 

1.   Niveles de GH basales altos: La liberación espontánea de GH  es el factor que más altera los estudios de libera­ción de GH, ya que se sabe que la GH inhibe su propia liberación (424), lo cual explica el hallazgo de una correlación negativa entre GH y la respuesta de GH en nuestros resultados. Por esta razón, pacientes con elevada GH en la medición basal deben ser excluidos del estudio de liberación de GH, por lo que suele perderse un tercio de la población del estudio (388) .No se conoce con exactitud los valores de niveles basales a partir de los cuales se interfiere la subsecuente respuesta de GH. Una práctica convencional es excluir pacientes con concentraciones plasmáticas de GH de más de 3 ó 5 ng/ml al tiempo de administrar el estímulo aunque esta práctica es arbitraria. En nuestro estudio se han eliminado aquellos casos con valor basal por encima de 3 ng/ml, por lo que se han excluido 7 (31.8%) trastornos de pánico y 2 (16.66%) controles.

         

2.   Edad. La secreción de GH es máxima durante la adolescen­cia, declina rápidamente después de esta edad, y poste­riormente se mantiene más o menos constante durante la edad adulta disminuyendo su secreción sobre todo a partir de los 40 años (389).

          Aunque las respuestas de GH a algunos estímulos no varían con la edad, parece deseable controlar este factor. En este trabajo encontramos una respuesta de GH en el grupo de edad entre 30 y 45 años mayor que en la segunda década, lo cual no concordaría con los datos anteriores, o bien podría pensarse en un factor añadido.

                

3.   Hormonas periféricas. La liberación de GH aumenta debido a los estrógenos por lo que varía a través del ciclo menstrual en el período premenopáusico.  En este estudio no se han detectado diferencias en la respuesta de GH en cuanto a sexo, aunque la GH basal sí fue mayor en muje­res.

 

 

4.   Otros factores que influencian la secreción de GH son: obesidad (388), inanición, embarazo, puerperio, o enfer­medad física debilitante (388) y alcoholismo (425).

 

          Las benzodiacepinas estimulan la liberación de GH (426), por lo que debe tenerse en cuenta si ha habido ingesta de benzodiacepinas antes de comenzar las pruebas neuroendocri­nas, sobre todo una administración aguda. Finalmente, se sabe que la GH es una de las hormonas pituitarias que se secretan como respuesta al estrés, al ejercicio, la euforia (388) y la ingesta de comida.

 

          Observamos un incremento de GH después de la infusión de CMI significativamente mayor en el trastorno de pánico con respecto al grupo control (gráfica III). En el grupo control (gráfica IX) se observan diferencias entre la respuesta de GH a placebo y a la CMI.

 

          Podría necesitarse un cierto umbral serotonérgico para el estímulo de GH el cual podría no ser alcanzado por una pequeña dosis de un agente serotonérgico en personas con receptores setonérgicos no hipersensibles.

 

          Dadas las interacciones del sistema serotonérgico con el sistema noradrenérgico y opiáceo y GABA (427), podría tratarse también de una modificación de estos sistemas. Se piensa que la serotonina podría también disminuir la actividad dopaminérgica. La dopamina estimula la liberación de GH y por tanto el descenso de dopamina podría disminuir la liberación de GH.

  

 


     1.4. Comparación con los resultados hormonales de otros estudios.

          1.4.1. En el Trastorno de pánico

          Los hallazgos en los estudios neuroendocrinos previos son muy contradictorios. Algunos autores obtuvieron una mayor respuesta de ansiedad y mayor respuesta de prolactina y cortisol en el trastorno de pánico con respecto a los volunta­rios sanos: Targum en 1989 con fenfluramina oral (428) y Kahn en 1990 (429) con m-CPP intravenoso. Otros autores obtuvieron respuestas similares en cuanto a ansiedad y respuesta hormonal en ambos grupos diagnósticos: trastorno de pánico y control (386).

 

          Laakmann (422) no obtuvo una respuesta significativa de hormona de crecimiento con la infusión intravenosa de 25 mgrs de clomipramina, a diferencia de la obtenida con la misma dosis de desmetilimipramina.

 

          La comparación de estos resultados es difícil debido a las diferencias en la vía de administración, en los diseños de dosis, y en la potencia como agentes serotonérgicos de los diversos agentes utilizados en este tipo de pruebas neuroendo­crinas.

    

          No está bien establecida la relación dosis respuesta pero quizá se necesite un cierto umbral serotonérgico para producir ansiedad y una respuesta hormonal después de un estímulo serotonérgico.

    

          Otro elemento que podría crear confusión en este tipo de pruebas sería el uso subrepticio de benzodiacepinas, sobre todo de forma aguda. Nutt y colaboradores en 1987 (430) vieron que una simple dosis de diazepam atenuaba significativamente la respuesta de prolactina a la administración de triptófano; la respuesta de GH estaba también reducida significativamente, lo que no nos extraña dado que las benzodiacepinas estimulan la liberación de GH (426).  Sin embargo, después de tres semanas de tratamiento benzodiacepínico, las respuestas de ambas hormonas al 5-HTp eran similares a las previas al tratamiento a pesar de que los niveles plasmáticos de diazepam y sus metabolitos eran mayores. Estos resultados sugieren que la dosis aguda de diazepam reduce agudamente la función serotoninérgica pero se desarrolla tolerancia a este efecto.


 

          Charney en 1986 (386) no encontró diferencias en el test de triptófano después de un tratamiento prolongado con alprazolam en pacientes con trastorno de pánico pero no estudiaron el efecto agudo, que es donde se aprecian las diferencias en la respuesta hormonal (430).

 

          Practicamente la totalidad de nuestros pacientes tenían un diagnóstico reciente y todavía no se les había prescrito en ninguna ocasión medicación ansiolítica, lo cual hace improbable el hecho de que estuviesen tomando medicación sin prescripción.

 

          Otro factor que puede alterar la medición de los resultados sería no tener en cuenta los valores basales de GH, dado que la GH inhibe su propia liberación (388).

 

    1.4.2. En otros trastornos psiquiátricos.

          Estas pruebas neuroendocrinas obtienen resultados diferentes en diversas enfermedades.

 

          En la depresión, enfermedad cuya patofisiología se ha relacionado en múltiples ocasiones con el trastorno por angustia, encontramos: la respuesta de Prl a la CMI (387), al l-triptófano, y a la fenfluramina (431, 432) fue menor en depresiones que en controles, sin encontrar diferencias farmacocinéticas que pudiesen explicar tales diferencias.  Koyama y Meltzer en 1986 intentaron replicar estos encuentros y efectivamente se encontraron con una baja respuesta de Prl aunque encontraron que se correlacionaba con un menor incremen­to del triptófano plasmático. Sin embargo, el estudio mostró una inhibición de la respuesta de GH que persistió aún después del ajuste a las diferencias de los niveles de triptófano. Koyama y Meltzer en 1986 (101) también midieron el 5-HTp Y el 5-HIAA siguiendo a la infusión de triptófano , acompañando a un menor incremento en el triptófano plasmático. Fue observada una tendencia no significativa hacia niveles más bajos de 5-HTp, mientras que fue encontrado un nivel de 5-HIAA marcadamen­te disminuido, lo cual podría significar que el triptófano podría ser metabolizado por otros caminos o quizá ser incorpo­rado en las proteínas en los pacientes depresivos.

 

          Un punto en común entre nuestros resultados y los referidos para la depresión es una respuesta de cortisol aumentada significativamente con el precursor serotonérgico, 5-hidroxitriptófano (433); la magnitud de la respuesta de cortisol a un agente serotonérgico en las depresiones se correlacionó con la severidad de la depresión y con la actividad suicida (434).

López-Ibor (432) observó con 60 mg de fenfluramina por vía oral en pacientes depresivos y observó que la respuesta hormonal podía correlacionarse con la severidad de la intensidad de la depresión y con la presencia de endogeneidad.

 

          La actividad suicida se ha relacionado con una disfunción de la serotonina (377). López-Ibor (377)  y Coccaro 1989 (435) encontraron una respuesta de prolactina a la fenfluramina disminuida en sujetos con historia de intentos autolíticos. En los trastornos de pánico, el suicidio no es una complicación infrecuente.

 

          En el trastorno obsesivo-compulsivo (372) y en jugadores patológicos (373) se realizaron varios estudios con el mismo diseño y agente serotonérgico. Se obtuvieron los siguientes resultados: en el caso del trastorno obsesivo-compulsivo una correlación negativa entre el incremento máximo de prolactina y la intensidad de la depresión; en jugadores patológicos se obtuvo una respuesta de prolactina aplanada con respecto a controles.

 

     1.5.- Hipótesis serotonérgica

 

          Los resultados de mayor ansiedad y mayor respuesta hormonal en los trastornos de pánico a un agente serotonérgico, son consistentes con la hipótesis de que la actividad seroto­nérgica está alterada en los trastornos por angustia y concuerdan con la noción soportada por varios autores (436)  sobre la existencia de una hipersensibilidad de los receptores serotonérgicos en los trastornos de pánico, lo cual predispone a los pacientes a una activación serotonérgica exagerada.

 

          Una explicación alternativa, sugerida por Gelder en 1986 (437) en algunos ataques de pánico inducidos por sustan­cias, sería que dicha sustancia, produjese sensaciones corporales que fuesen interpretadas negativamente por los sujetos, desencadenando un ataque de pánico por un mecanismo cognitivo (438); el hallazgo de la disminución de la inducción de un ataque de pánico mediante la inhalación de 5% de CO2 después de la terapia cognitiva (359) concuerda con esta posible explicación, lo cual no descarta un factor biológico que pueda explicarlo, al menos en parte; vemos, por ejemplo que la repetición de este estímulo también disminuye su capacidad para desencadenar un ataque de pánico (439).

 

          La posibilidad de que los efectos secundarios de la clomipramina causen un ataque de pánico por un mecanismo secundario de tipo cognitivo parece improbable dado que los pacientes no refirieron otros efectos secundarios y manifesta­ron que nunca se habían encontrado más ansiosos.

    

          Los estudios experimentales han mostrado que la mayor parte de las secreciones hormonales reaccionan a los estímulos estresantes y/o ansiógenos, ya sea en el sentido de aumento como en el caso de prolactina, cortisol y hormona de crecimien­to o disminución en el caso de testosterona (440). No existen datos concluyentes sobre si existen alteraciones hormonales en un ataque de pánico.

 

          A causa de la brevedad y de la impredecibilidad de los ataques de pánico, hay sólo datos escasos de cambios hormonales durante los ataques que ocurren espontáneamente. Varios estudios han buscado cambios neuroendocrinos en los ataques de pánico inducidos por lactato, consiguiendo resulta­dos negativos fundamentalmente; Una excepción fue la hormona de crecimiento la cual cambió más fuertemente en pacientes que en controles (441).

 

          Cameron y sus colaboradores (442) tuvieron éxito en obtener datos endocrinos durante un ataque de pánico espontá­neo. A pesar de reportar intensa ansiedad, los cambios hormonales fueron mínimos. La hormona de crecimiento, cortisol, norepinefrina y, especialmente, la prolactina se incrementaron algo durante algunos ataques, pero hubo diferencias individua­les en los patrones de respuestas endocrinas. No se apreciaron cambios consistentes en la epinefrina ni de 3-metoxi-4-hidroxifenilglicol (MHPG), metabolito de la norepinefrina.

 

          No podemos descartar que parte o la totalidad de la respuesta hormonal al estímulo serotonérgico se deba al ataque de pánico, lo cual no descartaría la involucración del sistema serotonérgico en dicha respuesta, ya que si hubiese secreción hormonal acentuada en un ataque de pánico podría deberse a un  estímulo serotonérgico elevado. El que la respuesta hormonal se debiese al ataque de pánico y no al estímulo serotonérgico independientemente no invalida la hipótesis serotonérgica.

    

          Con respecto a atribuir estos hallazgos a la enfermedad en sí y no a un síntoma, Van Praag (443) relaciona la disminución de la actividad serotonérgica con una agrupación particular de dimensiones psicopatológicas, fundamentalmente con un aumento de la ansiedad y de la agresión con independen­cia del diagnóstico sindrómico y nosológico. No tenemos datos de este tipo de pruebas neuroendocrinas en otros trastornos de ansiedad, sin embargo en el trastorno de ansiedad generalizada no han demostrado su eficacia los antidepresivos tricíclicos.

 

     1.6.- Hallazgos bioquímicos

 

          No se aprecian diferencias en las concentraciones de CMI en el trastorno de pánico, con respecto al grupo control, lo cual concuerda con datos anteriores (371,387). No se aprecian diferencias significativas en los niveles del fármaco en cuanto a diagnóstico, sexo y edad.

 

          Los niveles son descendentes como corresponde a una única administración intravenosa.

 

2.- Otros datos de implicación serotonérgica en el trastorno de pánico

 

          Existen muchos datos que concuerdan con la implica­ción serotonérgica en el trastorno de pánico. Se describen algunos de ellos a continuación.

1.   La buena respuesta del trastorno de pánico a los inhibi­dores de la recaptación de serotonina (444) e IMAOs (445).

          Dado que los antidepresivos tricíclicos más eficaces en este trastorno son aquellos con acción predominante­mente serotonérgica, y que los IMAOs aumentan claramente la disponibilidad de serotonina, parece razonable presu­mir que parte de la acción terapéutica de esas drogas se deba a un incremento en la actividad serotonérgica central.

          La administración aguda de inhibidores de la recap­tación de serotonina incrementa el 5-HT en la sinapsis con lo que se produce una disminución en el recambio de serotonina con una disminución en la proporción de descarga de 5-HT y su síntesis, probablemente debido a una retroalimentación de los autorreceptores serotonérgi­cos presinápticos (443),los cuales pueden estar hipersen­sibles en este trastorno. Sin embargo, el efecto neto de estos fármacos sobre la actividad 5-HT es una potencia­ción.

          Se ha visto en depresivos que los niveles de 5-HIAA en el líquido cefalorraquídeo disminuyen después de la administración aguda de inhibidores de la recaptación de serotonina y de IMAOs (446).

          La administración a largo plazo produce cambios adaptativos, dando lugar a una falta de cambios en el recambio de serotonina o a un incremento en los niveles de los metabolitos del fármaco.

          Sin embargo, algunas aminas secundarias como la desmetilimipramina, cuyo mecanismo de acción suele ser predominantemente la inhibición de la recaptación de norepinefrina, han mostrado ser efectivas en el trastorno de pánico. Esta paradoja puede ser explicada por la existencia evidente de interacciones importantes entre serotonina y norepinefrina, lo cual es de importancia considerable. Algunos agentes específicamente serotonér­gicos como por ejemplo la zimelidina, aumentan la función noradrenérgica tanto como otros agentes con propiedades mixtas o solamente noradrenérgicas. Es menos claro si ocurre lo contrario.

2.   La respuesta bifásica de los trastornos de pánico a estos agentes serotonérgicos.

          Fue descrita por Kahn y sus colaboradores en 1988 (436), el cual sugirió que el inicial empeoramiento de síntomas por estas drogas podía ser explicado por una hipersensibilidad de los receptores 5-HT, posiblemente fruto de una retroalimentación positiva y secundario a una baja actividad serotonérgica central, seguido después de unas semanas de tratamiento de una retroalimentación negativa de dichos receptores al restablecerse la función serotonérgica central normal, lo cual se asociaría con la mejoría clínica.

          También Ballenger en 1986 (447) decía que más de un 20-30% de los trastornos por angustia experimentaban una reacción de hiperestimulación con imipramina e IMAOs, en la cual sus síntomas empeoraban inicialmente y/o tenían síntomas "anfetamina-like".

 

3.   La remisión de las crisis de pánico con benzodiacepinas.

          Este dato apoya también la implicación serotonérgica en este trastorno dado que las benzodiacepinas en una administración aguda disminuyen la estimulación seroto­nérgica (80).

4.  Las medidas del líquido cefalorraquídeo.

          No han contribuido, por el momento, a aclarar la inclusión de la serotonina en la patogenia de los tras­tornos por angustia. George en 1990 (448) no encontró diferencias en el 5-HIAA medido en el LCR.

5.   Estudios postmortem.

          No se han llevado a cabo estudios postmortem encami­nados a la medición de la serotonina cerebral en los trastornos por angustia.

6.   La hormona de la pineal, melatonina,sintetizada a partir de la serotonina, se ha encontrado disminuida en trastor­nos por angustia en comparación con controles (449).

          Varios estudios han demostrado que los betarrecepto­res adrenérgicos están implicados en el control nocturno de la secreción de melatonina en animales de laboratorio. Según McIntyre en 1989 (220),la norepinefrina, por un estímulo beta adrenérgico, estimula el enzima encargado de la transformación de serotonina en melatonina.

          La disminución de melatonina nocturna en el trastor­no de pánico (449), ha sido interpretada por muchos autores como una alteración noradrenérgica, una subsensi­bilidad de los receptores beta-adrenérgicos, pero también puede ser debida a una disminución de la disponibilidad de la serotonina, sustrato del cual deriva la melatonina. Namboodiri en 1983 (450) encontró un aumento de melatoni­na plasmática después de la administración de 5-HTp a ovejas.visto aumentos de los niveles de melatonina, después de los tratamientos agudos y crónicos de antide­presivos, incluyendo inhibidores de la recaptación de 5-HT (451), aunque no fue corroborado por algún autor después de la ingesta oral de 5-HTp por vía oral (452).

 

7.   La disminución de ansiedad por al alfa 2 agonista cloni­dina y el aumento con el alfa 2 antagonista yohimbina.

          Es digno de notarse que la clonidina es aún efectiva para disminuir la ansiedad de separación en animales cuyos sistemas noradrenérgicos están destrozados (453).

          La respuesta a la clonidina y yohimbina en los pacientes con trastorno de pánico contrasta con la respuesta mucho más normal en los pacientes deprimidos (454).

           Los receptores alfa 2 inhiben la liberación de serotonina (79). No se ha podido demostrar que antagonis­tas alfa 2 aumenten la liberación de serotonina. El efecto ansiolítico de la clonidina podría deberse a una inhibición de la liberación de serotonina; la yohimbina, aunque no se sabe si aumenta la liberación de serotonina, podría causar ansiedad por la falta de inhibición de la liberación de serotonina, la cual podría estar mantenien­do el estado precario de estos pacientes. Hay evidencia, procedente de estudios animales de que un incremento o disminución en la respuesta a la clonidina o yohimbina podrían reflejar cambios en la función y sensibilidad de los autorreceptores alfa-2 presinápticos. Un incremento en la sensibilidad del sistema autorreceptor adrenérgico podría dar lugar a un incremento en la respuesta a la clonidina y una disminución en la respuesta a la yohimbi­na.

          Se ha observado que el MHPG disminuye y aumenta como consecuencia de la administración de clonidina y yohimbi­na respectivamente; esta respuesta es mayor en pacientes con trastorno de pánico que en sujetos sanos y no se correlaciona con un simple aumento o descenso en la sensibilidad del sistema autorreceptor alfa 2 adrenérgi­co. Los cambios en el MHPG producidos por clonidina y yohimbina se sabe que dependen de otros factores en adición a la sensibilidad intrínseca del sistema  auto­rreceptor alfa 2 (299).

 


              Además, el diazepam revierte la ansiedad producida por yohimbina en sujetos normales sin reducir el MHPG libre plasmático (455). Esto indica que el diacepam probablemente tiene un efecto ansiolítico sin disminuir el recambio de norepinefrina.

 8. La respuesta de GH a la clonidina está abolida en los trastornos por angustia, al igual que en la depresión. Varios autores (169) encontraron una respuesta disminuida de la GH  a la clonidina.

          Es de interés que tanto los pacientes con trastorno de pánico como los deprimidos muestren un embotamiento similar de esta respuesta. Muchos autores consideran esta respuesta como un reflejo de la actividad serotonérgica (456), otros piensan que es un reflejo de la actividad noradrenérgica. A favor de lo primero tenemos que la yohimbina, antagonista alfa 2, no ha mostrado alteración de la liberación de GH como respuesta a la clonidina.

9.   No es posible obtener conclusiones definitivas sobre la implicación de la serotonina en el trastorno de pánico fruto de los estudios plaquetarios.

          Varios autores (457) encontraron un aumento de la recaptación de la serotonina plaquetaria en el trastorno de pánico. La serotonina plaquetaria fue encontrada elevada por Norman (457) y ligeramente descendida por Balon en el trastorno de pánico (458). Los estudios con binding plaquetario de imipramina resultaron equívocos, primeramente fue encontrada disminuida la afinidad del ligando por el receptor en el trastorno de pánico (459) y posteriormente normal (460, 461, 462, 463, 464, 465).

          La imipramina es un ligando no específico que se une a los receptores colinérgicos muscarínicos y alfa adre­nérgicos (465); así, cambios en esas otras poblaciones podrían influenciar los resultados.

          Otra explicación a esos resultados discordantes podría ser la adopción de diferentes criterios diagnósti­cos, el corto período de lavado de los pacientes de Surany- Cadotte (462), o las diferencias estacionales (466).


          En 1985 Surany- Cadotte y colaboradores (467), encontraron que la administración crónica de imipramina disminuía la afinidad plaquetaria por la imipramina ya que se apreciaba un incremento de Kd o constante de disociación. Estos estudios, junto con los de Plenge y Mellerup en 1982 (468) y las observaciones de Uhde en 1987 (464) sobre dos pacientes con valores más elevados de Kd después de haber sido tratados en las 6-8 semanas previas con imipramina, sugiere que debemos ser cautos en la interpretación de los parámetros de unión a imipramina marcada, especialmente valores Kd, en pacientes tratados recientemente con agentes psicotrópicos (468), particu­larmente imipramina, debiendose considerar el posible uso subrepticio de antidepresivos tricíclicos en pacientes con trastorno por angustia.

          Con respecto a la influencia de la estación, Maraz­ziti y sus colaboradores en 1988 (466) observaron una mayor unión de la imipramina plaquetaria en la primavera en los voluntarios sanos, faltando esta diferencia en los pánicos. Aunque la cuestión de la estacionalidad no ha sido resuelta, hay varios estudios conflictivos (469, 470, 471, 472, 473). Egrise en 1983 (469) y Whitaker 1984 (474) notaron variaciones estacionales en la unión a la imipramina plaquetaria. Sería posible que algún trastorno psiquiátrico pudiese influenciar y/o suprimir la ritmici­dad estacional de la unión a la imipramina.

10. Schneider en 1987 (475) halla una disminución de la serotonina plasmática en el trastorno de pánico.

          La administración de p-clorofenilalanina, inhibidor de la síntesis de serotonina en pacientes con síndrome carcinoide (476) produce ansiedad como efecto secundario.

          Se ha correlacionado el nivel de 5-HIAA en el CSF en deprimi­dos y su nivel de ansiedad (477).

11. Existen datos, por el momento poco concluyentes, que apuntan hacia la existencia de una hiperactividad de la TRH en el trastorno de pánico. Una de las explicaciones posibles a este hecho sería la disminución de la activi­dad serotonérgica central, aunque también podría tratarse de una hiperactividad noradrenérgica.

12. Efecto de los salicilatos.

          Muchos de los pacientes con trastorno de pánico han sufrido su primera crisis de pánico coincidiendo con la ingesta de salicilatos. Sabemos que los salicilatos son capaces de desplazar el triptófano de las proteínas séricas y así incrementar los niveles de triptófano plasmático, resultando en mayores concentraciones de triptófano, 5-HT y, su principal metabolito, 5-HIAA, en el cerebro (25). Lo mismo puede ocurrir con otros fárma­cos que desplazan el triptófano de las proteínas séri­cas.

13. La observación de que los pacientes se despierten en la fase N-REM (típicamente durante la fase 2 y 3) del sueño con ataques de pánico (192, 478), sugiere un disturbio neurofisiológico primario en el trastorno de pánico. La aparición de estos ataques de pánico nocturnos podrían coincidir con el pico de mayor secreción de GH, también en la fase N-REM del sueño. La secreción nocturna de GH parece estar mediada por un mecanismo serotonérgico (423) y parece que la somatostatina estimula la liberación de serotonina (126), por lo que ambos hechos podrían estar relacionados, lo cual iría a favor de la existencia de un mecanismo serotonérgico causante de los ataques de pánico.

14. El curso recortado de un ataque de pánico, de aproximada­mente 10, 15 minutos de duración, también concuerda con la implicación de la actividad serotonérgica en la patogénesis del trastorno de pánico ya que las células serotonérgicas se caracterizan por su actividad marcapaso (65, 66).

 

 

3.- Datos de alteración noradrenégica en el trastorno de pánico.

 

          Una hipótesis adrenérgica de los trastornos por angustia ha sido sugerida por muchos autores siendo los hallagos poco concluyentes. Durante muchos años fue considerada la posibilidad de que los ataques de ansiedad fuesen debidos a descargas masivas del sistema nervioso beta-adrenérgico.

 

          Actualmente los encuentros son inconsistentes y contradictorios. Muchos de los datos considerados durante años como indicio de una implicación noradrenérgica tienen una explicación alternativa serotonérgica, por lo que han sido citados en el apartado anterior. Además, debemos considerar:

 

1.   La evidencia de un incremento de la función adrenérgica ha sido buscada en la medida de epinefrina, norepinefrina y 3-metoxi, 4-hidroxifenilglicol (MHPG) en la periferia.

          En el cerebro, el MHPG inconjugado o libre es el metabolito mayor de la norepinefrina y su medida suminis­tra una buena información del recambio de norepinefrina. Se ha observado una correlación positiva entre concentra­ciones de MHPG en plasma y LCR en humanos (98).

          Muchos autores no han encontrado diferencias en los niveles de catecolaminas en plasma y orina entre trastor­no de pánico y controles (152); otros autores encontraron niveles elevados de epinefrina y norepinefrina en el plasma en sujetos que reunían criterios de DSM-II de neurosis de ansiedad y criterios DSM-III de trastorno por angustia (478, 479). Estudios en sujetos normales expues­tos a una situación estresante novedosa, también demos­traron elevaciones de catecolaminas en plasma o incremen­to de las catecolaminas urinarias (480).

          Sin embargo, la elevación de la epinefrina plasmáti­ca no es un acompañante frecuente de ataques de pánico inducidos en el laboratorio (481).

 

           También hay controversia con respecto a los valores de MHPG en el trastorno de pánico; muchos autores no han encontrado diferencias entre los niveles de MHPG en LCR en pacientes y controles (482) y algún autor encontró niveles menores de MHPG urinario en el trastorno de pánico (483). Sin embargo, algunos trabajos (484) mues­tran una correlación entre los niveles plasmáticos de MHPG plasmáticos y en LCR con los estados de ansiedad.

          Debe tenerse en cuenta que muchos factores influen­cian la función catecolaminérgica; entre otros tenemos: la actividad motora, temperatura, ejercicio, función sexual, tareas mentales que requieren concentración y la dieta.

          No se ha demostrado un aumento del MHPG plasmático en los ataques de pánico espontáneos (485), en ataques de pánico inducidos experimentalmente ante situaciones fóbicas temidas (161), en los ataques de pánico inducidos por lactato (486), ni en los ataques de pánico inducidos por CO2 (161). Este aumento sería esperable si la hiperac­tividad noradrenérgica fuese un factor importante en la patofisiología de los ataques de pánico. Sólo un autor (487), en una muestra de 6 agorafóbicos, detectó un mayor MHPG plasmático, en los días en los habían sufrido un ataque de pánico.

 

2.  Ha sido encontrado disminuido el número de receptores adrenérgicos, tanto central como periféricamente, posi­blemente debidos a una retroalimentación negativa.

          Cameron y asociados (478) señalaron una reducción en el número de receptores alfa 2 adrenérgicos, medidos por la unión de yohimbina en las plaquetas de pacientes con trastornos de pánico. La disminución de la unión a la yohimbina fue correlacionada fuerte y negativamente, con los niveles de catecolaminas, sugiriendo retroalimenta­ción negativa, siendo una posibilidad la hiperactividad previa. 

 


3.   Los efectos de la epinefrina, norepinefrina, y el agonis­ta beta adrenérgico, isoproterenol, han sido estudiados en pacientes con síndromes de ansiedad, pero los resulta­dos son difíciles de interpretar a causa de que esos agentes fallan al penetrar al cerebro (488, 489). El análisis de la frecuencia cardíaca y la respuesta de catecolaminas a la inyección en bolo de isoproterenol, mostró que los pacientes con trastorno de pánico no tenían una respuesta fisiológica exagerada a los agonis­tas beta-adrenérgicos (460).

 

4.  Clínicamente, los beta bloqueantes no han sido encontra­dos eficaces en el tratamiento del trastorno de pánico (490). La infusión de propanolol a pacientes con trastor­no de pánico antes de la infusión de lactato no bloqueó la inducción de ataque de pánico o taquicardia (491).

 

4.- Explicaciones posibles a la hipersensibilidad serotonér­gica en el trastorno de pánico.

 

          La hipersensibilidad puede manifestarse por aumento del número de receptores y/o aumento de su afinidad. La hipersensibilidad se puede dar por denervación o por deplección de un fármaco neurotransmisor de una vía determinada.

 

          Si suponemos una hipersensibilidad de uno o varios subtipos de receptores serotonérgicos, secundarios a una disminución de la transmisión serotonérgica eficaz, sería interesante determinar el defecto o defectos primarios en este sistema. Podrían ser causantes de esto, además de la denervación:

 

1.   mecanismos bioquímicos de disminución de la actividad serotonérgica como:

   . disminución de la disponibilidad del triptófano o una excesiva competición de otros aminoácidos para entrar en el cerebro.


   . disminución de la conversión del triptófano a 5-hidroxi­triptófano a causa de una deficiente actividad triptófano hidroxilasa. Se postula que la deficiencia de piridoxina altera la conversión de triptófano a serotonina, que es también una reacción dependiente de la piridoxina o vitamina B6 (492). Es frecuente en alcohólicos las crisis de pánico (232), pudiendo influir en su aparición el déficit de vitamina B6.

   . un aumento en la degradación del triptófano, por un aumento en la recaptación de serotonina o un aumento de la actividad MAO o un aumento de la síntesis de melatoni­na.

 

2.   disminución de la descarga de las neuronas 5-HT debido a un aumento en la actividad del autorreceptor serotonérgi­co o a influencias adrenérgicas alfa 2, los cuales inhiben la liberación de serotonina (79).

 

          Varios autores han supuesto que la existencia de cambios en la sensibilidad de los autorreceptores alfa 2 es un determinante importante en los ataques de pánico (169) , lo cual no sería incompatible con la implicación de la serotonina en la patofisiología del trastorno de pánico, ya que los receptores alfa 2 disminuyen la liberación de serotonina (32).

 

          Hay un número de drogas que alteran la síntesis y degradación de la serotonina. El inhibidor selectivo de la triptófano hidroxilasa, p-clorofenilalanina (p-CPA) ha sido usado para depleccionar la serotonina cerebral. En los animales este tratamiento ha producido marcados efectos conductuales en el sueño y otros ritmos circadianos (492), y produce conducta hiperactiva y a menudo agresiva (493).

 

          La angiotensina, dopamina, sustancia P y receptores nicotínicos se presume que facilitan la liberación y/o síntesis de 5-HT. El ácido gamma-aminobutírico, adenosina y los receptores muscarínicos, los receptores alfa 2  y los autorre­ceptores 5-HT se presume que inhiben la liberación y/o síntesis de 5-HT (32).

 


          Es frecuente la existencia de una circunstancia estresante antes de la aparición del trastorno de pánico. Se cree que el estrés estimula la secreción de melatonina (31), lo cual podría disminuir la concentración de serotonina en personas predispuestas, ya que la síntesis de serotonina es un proceso limitado por la disponibilidad de los precursores (67, 68), a diferencia de otras monoaminas neurotransmisoras tales como la norepinefrina.

 

          Es posible que cada uno de estos posibles causas de disminución de la transmisión serotonérgica tenga mayor o menor importancia en los diferentes pacientes.

 

5.- Receptores serotonérgicos implicados en el trastorno de pánico.

 

          Si suponemos la existencia de una hipersensibilidad serotonérgica sería interesante conocer el subtipo de receptor serotonérgico responsable de la respuesta de ansiedad y respuesta hormonal. La falta de especificidad de los ligandos serotonérgicos disponibles restringe el trabajo en este campo. 

          Los datos siguientes orientan en este sentido:

 

     5.1. El subtipo 5-HT2 no parece responsable de forma directa de contribuir positivamente al estímulo de la respuesta de ansiedad y hormonal secundaria a un estímulo serotonérgico. Charig (84) encontró que la ritanserina, antagonista 5-HT2, incrementa la respuesta hormonal al triptófano. Esto sugiere que la actividad de los receptores 5-HT2 puede inhibir el subreceptor 5-HT que controle la liberación hormonal o, menos probablemente, que la actividad 5-HT2 disminuyese directamente la respuesta hormonal. Los tratamientos eficaces en el trastorno de pánico disminuyen la afinidad de este receptor 5-HT2, entre otras acciones.

    

 


          La falta de un claro efecto ansiolítico de la ritanserina, antagonista selectivo 5-HT2, también va en contra de que la acción ansiogénica tenga lugar a través de los receptores 5-HT2 (28).

 

     5.2.- La diferencia en la respuesta hormonal a un estímulo serotonérgico después de un tratamiento crónico con litio o con inhibidores de la recaptación de serotonina.

 

          La respuesta de cortisol y prolactina provocado por fenfluramina en depresivos aumentó con un tratamiento prolonga­do con carbonato de litio, al igual que la respuesta de cortisol al 5-HTp (494) mientras que el tratamiento con inhibidores de la recaptación de serotonina normalizó ambas respuestas (214).

 

          El litio disminuye la concentración plasmática de aminoácidos neutrales que compiten con el triptófano para entrar en el cerebro, lo cual puede estimular la síntesis de 5-HT y se sabe que el litio disminuye la afinidad por los receptores 5-HT2 (494). Se ha señalado que un tratamiento crónico con litio disminuía la densidad de los receptores 5-HT2 pero no de los receptores 5-HT1, en el cortex de la rata frontal, y disminuía los receptores 5-HT1 en el hipocampo (494).

 

          Un autor mostró que el LiCl era 5 veces más potente que la NACl o KCl en disminuir la aparente afinidad de los receptores 5-HT2 (494).

 

          Ha sido consistentemente demostrado que los antide­presivos tricíclicos disminuyen la afinidad del 5-HT2 (370) y se sabe que disminuyen también la afinidad de los autorrecepto­res serotonérgicos (370).

 

          Ambos tratamientos tienen en común la disminución de la afinidad de los receptores 5-HT2, aunque no sabemos en qué grado lo hace cada uno. Sabemos que es probable que los receptores 5-HT2 disminuyan la respuesta de uno de los receptores serotonérgicos responsables de la respuesta hormonal. La disminución de la afinidad de los receptores 5-HT2 podría tender por sí sola a aumentar la respuesta hormonal. En el caso de los antidepresivos tricíclicos no lo hace, lo cual se explica por la disminución también de la afinidad de uno de los receptores responsables de la respuesta hormonal (se sabe que dichos fármacos disminuyen la afinidad de los autorrecepto­res serotonérgicos). En el caso del litio, la respuesta hormonal aumenta, con lo cual quiere decir que no disminuyen la afinidad del receptor responsable de dicha respuesta, o por lo menos que ésta no contrarresta la disminución de la afinidad del receptor 5-HT2.


    

     5.3. Tanto los inhibidores de la recaptación de serotonina e IMAOs, ambos tratamientos eficaces en el trastorno de pánico, producen desensibilización de los autorreceptores serotonérgi­cos.

 

          Se ha sugerido, al menos en ratas, que los receptores 5-HT1A los cuales están situados en el cuerpo de las células y/o dendritas y los receptores 5-HT1B o el equivalente en humanos en las terminales presinápticas actúan como autorrecep­tores (66). Se cree que el receptor 5-HT1D es el autorreceptor terminal en humanos (495).

 

          Blier en 1988 (496)  afirmó que un tratamiento prolongado con fluoxetina o inhibidores de la recaptación de serotonina produce una desensibilización de los autorreceptores 5-HT tanto somatodendríticos como terminales. Sleight en 1989 (497) supuso que un tratamiento prolongado con IMAOs producía una desensibilización de los autorreceptores somatodendríticos, pero no de los autorreceptores terminales.

 

          Ambos tratamientos, los inhibidores de la recaptación de serotonina y los IMAOs tienen en común el cambio en la sensibilidad de los autorreceptores serotonérgicos somatoden­dríticos y difieren en el cambio en la sensibilidad de los autorreceptores terminales.

 

          Dado que la eficacia de los IMAO es muy elevada en el trastorno de pánico (301, 330, 331), es razonable deducir que la modificación en la sensibilidad de los autorreceptores terminales no es responsable de la mejoría clínica del trastorno de pánico y sí parece responsable de tal mejoría la modificación en la sensibilidad de los autorreceptores somatodendríticos, los cuales se cree que son los 5-HT1A ( 53,498, 499,500).

    

          Esto podrá analizarse con seguridad cuando se tengan ligandos específicos de este receptor.

 

     5.4  El LSD, agonista de los autorreceptores somatodendrí­ticos (66), a veces causa intensa ansiedad, causando en ocasiones crisis de angustia, dato que está a favor de la implicación de los autorreceptores serotonérgicos somatodendrí­ticos en la patofisiología de los trastornos de pánico.

 

     5.5. Se ha encontrado en un estudio que el antagonista serotonérgico metergolina, antagonista serotonérgico no selectivo, es ansiogénico (501).

 

     5.6. La buspirona, agonista parcial 5-HT1A. es bastante ansiogénica y puede exacerbar los ataques de pánico (502).

    

          Dado que todos los datos orientan hacia la inclusión de los receptores 5-HT1A en la respuesta hormonal y de ansiedad ante un estímulo serotonérgico, sería interesante realizar la misma prueba neuroendocrina realizada en este estudio y añadir un antagonista específico 5-HT1A y ver si se contrarrestan las respuestas de ansiedad y hormonal.

 

6.- Correlación.

 

     6.1. Niveles hormonales basales

 

          6.1.1. Cortisol-hormona de crecimiento

 

          Los glucocorticoides inhiben la liberación de hormona de crecimiento y pueden también disminuir la acción de las somatomedinas lo que explica los potentes efectos inhibitorios del crecimiento que se presentan en los niños con este tipo de medicamentos.

 

          El cortisol inhibe la liberación de hormona de crecimiento al menos en pacientes con el síndrome de Cushing (389) aunque no se sabe si pequeños incrementos en el cortisol tienen este efecto (389). En los varones con trastorno de pánico, a pesar de unos niveles mayores de cortisol, se observa una correlación entre el cortisol y la hormona de crecimiento basales positiva e importante sin alcanzar nivel de significa­ción. Esta correlación entre el cortisol y la hormona de crecimiento basales es positiva pero poco importante en el caso de las mujeres con trastorno de pánico y es negativa en el caso de varones control, donde el cortisol basal es menor.

 

          No parece que el efecto inhibitorio del cortisol tenga mucha importancia en varones con trastorno de pánico a no ser que esté contrarrestado por algún factor. No tenemos datos de que otros autores hayan estudiado tal correlación.

 

          6.1.2. Cortisol-Prolactina

 

          Se ha referido que el cortisol disminuye el contenido hipotalámico de la hormona inhibidora de prolactina o PIF e incrementa la actividad de Prl. Concuerda con esta afirmación el hallazgo de una correlación positiva y significativa entre los niveles basales de cortisol y prolactina en el caso de varones con trastorno de pánico, y una correlación positiva aunque no significativa en varones controles; en las mujeres se aprecia una correlación muy poco intensa.

 

          Vemos que la correlación entre niveles basales de cortisol y  prolactina es mayor en varones con trastorno de pánico, coincidiendo con unos niveles basales de cortisol significativamente mayores, por lo que se podría pensar que se necesitase un cierto nivel de cortisol para disminuir el PIF, o bien que, a pesar de ser igual la disminución de PIF por el cortisol, en las mujeres influyesen otros factores en la liberación de Prl.

 

          6.1.3. Prolactina-Hormona de crecimiento

 

          Hay evidencia en la rata de que la prolactina y la hormona de crecimiento dependen de diferentes mecanismos (503).

 

 

          En nuestro estudio, el valor basal de la hormona de crecimiento se correlaciona de forma positiva y significativa con la prolactina basal en varones con trastorno de pánico; en las mujeres con trastorno de pánico, en los controles y en los controles varones la correlación es también positiva aunque poco intensa y no significativa.

 

          Existen varias factores que podrían explicar la correlación positiva entre la prolactina y la hormona de crecimiento en varones con trastorno de pánico:

    

          La prolactina podría aumentar la liberación de dopamina y ésta estimular la liberación de hormona de creci­miento. Por otro lado, se piensa que la GH estimula el factor inhibidor somatostatina y la somatostatina inhibe la liberación de TSH; la TSH disminuida estimula la liberación de TRH, la cual podría estimular la liberación de prolactina (504).

 

 

          Si la correlación se debiese a este último factor, la estimulación de TRH secundariamente a la liberación de somatostatina, esperaríamos que la correlación existiese con mayor motivo en mujeres ya que la TRH aumenta su respuesta por los estrógenos y la disminuye por el cortisol, el cual está aumentado en varones con trastorno de pánico, a no ser que en las mujeres con trastorno de pánico exista alguna alteración a nivel de TRH que disminuyese la respuesta de prolactina, muy improbable ya que luego veremos que la concentración basal de hormona de crecimiento en mujeres con trastorno de pánico se correlaciona con la respuesta de prolactina.

 

          Como explicaciones a esta diferencia en la correla­ción prolactina-hormona de crecimiento, entre los varones y las mujeres podría ser que la GH basal es significativamente mayor en las mujeres y que la Prl se ve influenciada por otros factores en las mujeres, lo cual podría alterar la correlación.

 

     6.2. Correlación de las respuestas de las diferentes hormonas

 

          No parece existir una correlación significativa entre las respuestas de las distintas hormonas, lo  cual concuerda con una de nuestras hipótesis ya que la secreción de cada una de las hormonas depende de un mecanismo diferente.

 

     6.3. Correlación entre los niveles hormonales basales y la respuesta hormonal.

 

          Dado que la GH inhibe su propia liberación (389), era esperable encontrar una correlación negativa entre la GH basal y su respuesta al estímulo, lo cual parece que es más evidente en mujeres.

 

          La correlación entre la GH basal y la respuesta de Prl es positiva en las mujeres y negativa en varones. La somatostatina no tiene un efecto directo significativo sobre la liberación de Prl. Como sabemos, la somatostatina inhibe simultáneamente la GH y la TSH; la disminución de TSH, aumentaría la TRH y por tanto la Prl.

 

          Sabemos que los estrógenos aumentan la respuesta a la TRH en tanto que los glucocorticoides la disminuyen, lo cual podría explicar estas diferencias entre los hombres y las mujeres en la correlación entre valores basales de GH y los niveles de respuesta de Prl (505).

 

          Otra posible explicación sería que tanto el valor basal de GH como la respuesta de prolactina a un estímulo serotonérgico estuviesen influenciadas por algún otro factor común.

 

          La medición de los valores de TSH basal y la medición de la respuesta de TSH a TRH exógeno, reveló consistentemente una alta prevalencia de una disregulación del eje HPT en el trastorno de pánico (213). Loosen y Prange (506) han propuesto dos hipótesis intentando explicar la reducida respuesta de TSH A TRH. La primera hipótesis hace referencia a una crónica hipersecreción de TRH con la consecuente hiporresponsividad de las células pituitarias anteriores tirotrópicas; la hipersecre­ción de TRH puede ser debido a un aumento de la actividad noradrenérgica o a una disminución de la actividad serotonérgi­ca. La segunda hipótesis propone que las células tipotropas son primariamente trastornadas o se les previene de la liberación de cantidades normales de TSH por sustancias inhibidoras, la más potente de las cuales son las hormonas tiroideas. Los resultados con respecto a la secreción de Prl en respuesta a la TRH exógena son contradictorios.

 

     6.4. Correlación entre el nivel del fármaco y la respues­ta hormonal

          Algunos autores han referido la relación de los niveles de CMI con los niveles postinfusión de Prl y lo han interpretado como una relación dosis respuesta (507).

 

          En nuestro grupo se correlacionan los niveles de clomipramina con los niveles de Prl basal en las mujeres con trastorno de pánico.

 

          No hemos hallado correlación entre los niveles de CMI y el incremento de los niveles de prolactina y sí entre los valores de CMI y los valores de prolactina postinfusión. No parece pues tratarse de una relación dosis respuesta, ya que la relación de los niveles de CMI con los valores postinfusión de prolactina parece ser secundaria a la correlación de los niveles de CMI con los valores basales de prolactina. Apoyando esto tenemos que en los varones, donde no existe tal correla­ción entre los niveles del fármaco y los niveles basales de Prl, tampoco existe entre los niveles del fármaco y los niveles de Prl postinfusión.

 

          En nuestro estudio no se detecta la existencia de una relación dosis-respuesta con ninguna hormona.

 

7.   Variables sociodemográficas y clínicas

 

          Ballenger en 1986 (508) estudia numerosos casos de agorafobia con ataques de pánico y observa que la mayoría tienen una historia de al menos varios años de sintomatología severa, generalmente diagnosticada incorrectamente y tratada inefectivamente; refiere que los pacientes a menudo se sienten avergonzados de sus síntomas y creen que ellos deben de estar locos y, a menudo, han sido vistos por una variedad de médicos no psiquiatras para la evaluación y tratamiento de sus múltiples quejas somáticas; observa también que estos pacientes pueden ser extremadamente hipocondríacos y pueden tener historias largas de visitas a las salas de urgencia como resultado de su creencia de que están teniendo un ataque al corazón.

    

          En nuestra muestra, los pacientes era la primera vez que acudían al psiquiatra en la mayoría de los casos; ninguno de los pacientes tenía una evolución mayor de dos años y medio y la mayoría de menos de tres meses, sólo uno tenía historia de haber sido visto por otros especialistas.  La mayoría procedían de la sala de Urgencia y habían sido remitidos con rapidez al psiquiatra. Las diferencias entre nuestros hallazgos y los referidos por Ballenger  pueden explicarse por el conocimiento de los médicos de la Urgencia del Hospital donde es realizado el estudio de los trastornos de ansiedad, la presencia cercana del Psiquiatra en la Urgencia, lo que facilita el diagnóstico y orientación inmediatos;  también podría influir en la corta evolución de los pacientes incluidos en el estudio, la frecuente derivación de este tipo de pacientes hacia centros de atención primaria, no quedando en el Hospital pacientes de este tipo con larga evolución; además, la evolución, aunque suele ser hacia la cronicidad, los pacientes no siguen cumpliendo necesariamente al cabo del tiempo los criterios DSM-III-R de trastorno de pánico. En la práctica clínica vemos que el síntoma que responde con relativa facilidad al tratamiento son las crisis de angustia.


 

          Los 5 años que median los trabajos también es una importante factor dado que existe en la actualidad un mayor conocimiento de este trastorno por un mayor número de médicos.

 

          El dato de no consumo alcohólico en la mayoría de estos pacientes no parece ser un reflejo de la población general dado que uno de los criterios de exclusión del estudio es el consumo de alcohol excesivo, aunque no nos hemos visto obligados a eliminar a nadie del estudio por este motivo aunque parece probable que muchos de los casos de trastorno de pánico estén enmascarados si tienen un consumo de alcohol excesivo.

 

          La evaluación global del paciente durante el último año refleja la instauración brusca del cuadro.

 

          Hemos encontrado resultados de mala adaptación social, factor de mal pronóstico en el trastorno de pánico, sobre todo relacionado con la vida interpersonal maladaptativa.

          Algún autor se ha referido a la introversión como uno de los factores que existen en la agorafobia (509); en este estudio no se aprecia una elevada frecuencia de introversión.

 


          De acuerdo con múltiples estudios anteriores, el trastorno de pánico parece ser más frecuente en mujeres y es muy frecuencia la presencia de agorafobia acompañando al trastorno.

 

          El bajo índice de la existencia del antecedente de separación temprana de los padres concuerda con el hallazgo de Raskin en 1982 (510) de una similar proporción en el trastorno de pánico y sujetos sanos en este aspecto.

 

          Existe una elevada incidencia de antecedentes familiares psiquiátricos en nuestra muestra, coincidiendo con múltiples estudios anteriores (228).

 

          Casi la mitad de los pacientes estan extremadamente incapacitados, la otra mitad, moderada o marcadamente molestos.

 

          El antecedente alérgico es muy frecuente sobre todo en las mujeres. Estudios previos sugieren que existe una correlación entre la timidez, la ansiedad y los procesos alérgicos (511) . Los pacientes con trastornos afectivos tienen una mayor prevalencia de alergia atópica que la población general (511).

 

          Las pacientes con trastorno de pánico padecen frecuentemente el síndrome premenstrual, lo cual tiene interés ya que pacientes con síndrome premenstrual sin historia de ataques de pánico sufren ataques de pánico durante la infusión de lactato más frecuentemente que la población general, constituyendo la única excepción de la especificidad del test de lactato para los ataques de pánico (143).

 

          No se puede pues descartar la existencia de una patofisiología común subyacente tanto al síndrome premenstrual como al trastorno de pánico.

 

    

          Se ve una porcentaje alto de situación estresante, predominando de intensidad no demasiado intensa y de curso crónico. Muchos autores coinciden con nosotros en afirmar que los trastornos de pánico suelen aparecer en el contexto de una mayor ansiedad debido a una situación estresante, existiendo muchas veces existen acontecimientos vitales significativos en los meses anteriores a la aparición del trastorno de pánico.

 

          Se ha referido la comorbilidad del trastorno de pánico con un trastorno en el funcionamiento social y marital, lo que concuerda con nuestros resultados de mala adaptación social y familiar en un alto porcentaje de casos.

 

          La edad promedio de nuestros pacientes es de 34.5 años, difiriendo de los encontrados por otro autor, el cual encuentra la edad promedio a los 24 años, estando el 96% por debajo de los 40 años; en este estudio el x% está por debajo de los 40 años.