VII    CONCLUSIONES

            Tener salud podría equipararse a tener una vida plena, llena de sentido, hacer lo máximo con lo que se tiene.

                El hacer lo máximo con lo que uno tiene requiere una serie de actitudes que guían la vida en el mejor sentido. De estas actitudes, la fundamental es la actitud vital o la dirección que se le pone a la propia vida, a la propia existencia con sus características particulares y únicas. Lo más saludable sería elegir poner la propia vida al servicio del bien común. Elegir esto no es fácil en una sociedad con tantos intereses particulares creados, pero, sin duda, está al alcance de todo el mundo.

            La actitudes saludables además de ayudar a prevenir enfermedades físicas y patología psíquica, son fuente de bienestar personal y de un óptimo desarrollo de la persona.

            La elección de unas actitudes u otras tiene sus efectos. En la sociedad del momento actual estamos más bien sufriendo las consecuencias de las actitudes más materialistas, hedonistas y egoístas, aquellas en las que cada uno piensa en sí mismo y sus asuntos. Sería deseable pararse a pensar hacia qué mundo nos dirigimos con esto.

            El cambio siempre empieza por uno mismo. Esto, sin duda, llevará a la persona a transmitirlo con el ejemplo de su conducta, y a querer comunicarlo,  ya que ésta es una característica de la persona que ha descubierto una forma más sana y más humana de vivir.