LEYENDA EN POTOSÍ.....

 

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Los Escritos de Fray Juan de Sata Gertrudis posiblemente contenga algunas inexactitudes, propias de una persona que lo confiaba todo a la memoria para luego escribirlo, algunas veces hasta después de años. Sin embargo, Fray Juan sigue siendo la fuente más antigua y exacta de la existencias y culto de Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas.

 

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María Mueses de Quiñones, descendiente de los caciques de Potosí, viajaba a pie con su hija Rosa, sordo muda de nacimiento, cargada a la espalda.

Al llegar a la cueva, descrita por el misionero, se sienta a descansar, baja a su hija de las espaldas, la niña comienza a trepar por entre las piedras, cuando María se da cuenta ya su hija Rosita está muy arriba y de pronto y ante su asombro de su madre le grita: "Mamita, vea esta mestiza que se ha despeñado con un mesticito en los brazos y dos mestizos a los lados". María no puede creer, al mismo tiempo que siente inmensa alegría porque su hija ya está hablando, siente gran temor, vuelve a cargar a su hija y regresa a su casa en Potosí.

Deja a Rosita allí y va apresuradamente a Ipiales, a la casa de sus patrones, los señores Torresano, a quienes contó la historia de su hija, ellos no le creyeron, e incluso hasta se burlaron de su sirvienta.

Ella insistió todo lo que pudo para convencer a la familia Torresano. Terminados sus relatos en la casa patronal, regresó a Potosí, al otro día, tan pronto apareció el sol tomó a su hija, totalmente sana y emprendió marcha hacia Ipiales.

Al pasar por la cueva, la niña se suelta de la mano de su madre y grita "MAMITA, MAMITA, LA MESTIZA ME LLAMA", María sigue a su hija y se encuentra frente a frente con la hermosísima imagen de Nuestra Señora del Rosario. Fuera de sí, de gozo y temor, carga a Rosita a su espalda y hecha a correr hacia Ipiales, va nuevamente a la casa de los Torresano, quienes al comprobar la curación de la niña se dirigen inmediatamente a la casa cural para dialogar con el Párroco de San Pedro Mártir de Ipiales.

Entre tantas idas y venidas, entre tantas preguntas y respuestas, ya serían las diez de la noche, cuando finalmente se resuelven a golpear las puertas de la Casa Cural. El padre Gabriel de Villafuerte se levanta presuroso, pensando que se trata de algún enfermo. Al mirar a toda la familia Torresano, junto con María y su hijita Rosa, los hace entrar al patio de su casa y les pregunta que les sucede para venir a esas horas de la noche. Le piden a María que narre la historia y le pregunta a Rosita lo que ella vio. El señor cura párroco se torna muy serio, las preguntas se repiten de diferentes maneras para ver si la madre y la niña se contradicen; las respuestas de las dos sencillas campesinas siempre son las mismas y finalmente María les dice: "LO MEJOR ES QUE VAMOS TODOS A LA CUEVA Y MIREMOS SI ES MENTIRA O VERDAD".

Por el correo de brujas, ya medio pueblo de Ipiales se había enterado del suceso e iban llegando familia tras familia a la casa cural. Serían las cinco de la mañana y el padre Villafuerte le dice a María, amenazándola: "NOS VAMOS A LA CUEVA DEL GUAITARA, A VER SI ES VERDAD LO QUE DICES".