Juglares en tiempo de
Alfonso VIII de Castilla.-
Bodas de Alfonso VIII con Leonor de Inglaterra.-
Alfonso VIII, aún no cumplidos sus quince años, casaba con Leonor, de unos once
años, hija de Enrique II Plantagenet de Inglaterra y hermana de Ricardo Corazón de
León, reyes por cierto muy aficionados a juglares. Estas bodas tuvieron gran importancia
en el desarrollo de las relaciones hispano-occitánicas.
Por agosto de 1170, estando Alfonso VIII en Zaragoza con el rey de Aragón. Alfonso II,
envió a Burdeos, donde se hallaba la reina de Inglaterra (Enrique II poseía desde
Gascuña a Normandía todo el occidente de Francia), una embajada de obispos, condes y
ricos hombres de Castilla, para traer a la novia. El desposorio se celebraría con
asistencia del rey de Aragón, y se escogió como lugar Tarazona, ciudad episcopal
aragonesa en frontera con Castilla.
Uno de los ricos hombres que fue en embajada a Burdeos era Gonzalvo Ruiz, que iba
acompañado de sus hermanos: era, es de suponer, un joven, y era de muy noble alcurnia,
pues los diplomas le nombran el primero después de los condes.

Una fiesta en la comitiva nupcial
Estando esta comitiva en Gascuña, en un Puch-vert (lugar no identificado, que
estaría, acaso, en el camino de Burdeos a Canfrac, por donde la embajada regresó a
España), se celebró una festiva reunión de trece trovadores, uno de ellos, y de los
más insignes, el juglar Peire de Alvernha, que doce años antes había estado en la corte
del malogrado Sancho III. El escribió, para divertir esa reunión, una chistosa burla
zahiriendo a sus compañeros, un "vejamen" como los que tan en uso estaban en
las reuniones de los literatos españoles del siglo XVII, una amistosa sátira que
comienza Chantarai d'aquestz trobadors, y acaba diciéndonos que "la canción
fue hecha para los soplagaitas, en Puch-vert, todo jugando, riendo:

Lo vers lo faitz als enflabots,
En Puch-vert, tot jogan rizem.
Peire de Alvernha dedica una sextilla encasilábica a cada trovador. El primero es
Peire Rogier, a quien echa en cara el dejar el estado eclesiástico para cantar de amor;
el segundo es Giraut de Bornelh, de cantar adusto y desdichado; el tercero es Bernart de
Ventadorn, un palmo más chico que Bornelh, hijo de unos sirvientes de hornero (probable
lenguaje metafórico, habitual en los escarnios); el noveno es el vano alabancioso en
Raimbaut (d'urenga); el décimotercero y último satirizado es el mismo Peire de Alvernha,
que canta como rana en un pozo, y en lenguaje tan oscuro que no le entiende nadie.

Los demás nombrados en el vejamen son poco o nada conocidos.
Entre ellos el séptimo es Peire de Monzó, a quien el conde de Tolosa le dio,
cantando, la tonada conveniente, y no entendemos qué más le pasó de robo y de cortarle
un pie; hay quien interpreta (V. Crescini) que Peir era un juglar que cantó como suya
propia una canción que le encomendó el conde Tolosa, pero el vejamen más bien dice que
Peire fue el robado y no el ladrón; el lenguaje equívoco de los escarnios trovadorescos
no está hecho apra darnos a conocer anécdotas, sino para hacer reír al que ya las
conoce; lo único que llegamos a saber es que Peire de Monzó tuvo relación, amistosa o
discorde, con el conde de Tolosa, Ramón V, el cual, en 1170, era enemigo de Alfonso II de
Aragón por la posesión del condado de Provenza, y era, a la vez, adversario de Enrique
II Plantagenet. Sabemos también que Peire de Monzó era español, pues no hay en ninguna
parte pueblo "Monzón" sino en España; Peire era, muy probablemente,
castellano, de Monzón de Campos, ya que parece ir en la comitiva de la que va a ser del
Monzón aragonés de Huesca.
El undécimo trovador nombrado en el vejamen es el que sabemos iba en el séquito de
Leonor, Guossalbo Roitz, que está tan ufano con su canto, que presume de hechos
caballerescos, aunque jamás dio un buen golpe, si no es que se lo encontró huyendo. Esta
broma irónica sólo se podía dirigir a un joven que ya gozase fama de valiente, y el
joven satirizado (si es exacta mi identificación) reafirmó espléndidamente esa fama en
su vejez, cuando Alfonso VIII creía llegada la hora de su derrota y de su muerte en las
Navas de Tolosa, y entró en la pelea Gonzalvo Ruiz con sus hermanos, decidiendo la gran
victoria española.-
.
Haya combatido o no en las Navas el Gonzalvo Ruiz que acompaño a la reina Leonor en
1170, el vejamen de Peire de Alvernha nos da a conocer dos trovadores españoles,
castellano el uno, y probablemente también el otro, que en una fiesta cortesana aalternan
con los trovadores occitánicos y son por esto tratados como iguales. No es verosimil,
entonces, que un castellano escribiese en lengua de oc, caso siempre rarísimo; tampoco es
de suponer que escribiese en gallego, pues los raros casos gallegnizantes comienzan más
tarde, en el siglo XIII; y, por otra parte, los trovadores provenzales no viajaban a
Portugal y no conocian el galaico-portugués como lengua hispánica, así que cuando
Rimbaut de Vaqueiras quiere poetizar en una lengua de España, lo hace en aragonés, y
Ramón Vidal mezcla en un poema suyo versos de un anónimo trovador escritos en
castellano; en suma,. Conocemos ciertas ocasiones en que los versos castellano-aragoneses,
no los gallegos, se codean con los provenzales, y esto debió suceder igualmente en el
viaje de Leonor desde Burdeos a Canfrac: Gonzalvo Ruiz y Pedro de Monzón poetizaban en
castellano, o acaso el de Monzón, en aragonés. Nada chocante es que Peire de Alvernha,
antiguo visitante del reino castellano, en su vejamen de Puch-vet, para divertir al
cortejo nupcial de la que iba a ser reina de Castilla, se ocupe de trovadores de lengua
española mezclados con los maestros provenzales.
El Chantarai d'aquestz trobadors, en una deliciosa escena íntima, nos pone
delante de los ojos la ajuglarada vida literaria de Occitania, como si allí estuviésemos
presentes. A la vez, podemos considerar esa regocijada reunión de trovadores como la
fiesta natalica de la lirica cortesana de Castilla, apadrinada por la poesía provenzal.
En esa fiesta de 1170. Gonzalvo Ruiz y Pedro de Monzón aparecen como los más antiguos
poetas españoles de nombre conocido, si bien sus versos nos sean desconocidos. Poco
después, en 1197, aparece "Gómez trobador", también poeta cuyo nombre sabemos
y cuyos versos ignoramos. Sólo mucho más tarde, hacia 1230, en otro género de poesía,
muy diverso del cortesano, hallamos al devoto juglar de Santo Domingo de Silos. Gonzalo de
Berceo, el primer poeta que nos deja conocer sus versos al par que su nombre.
La comitiva de la novia
Plantagenet llegó a Tarazona y allí se celebró el desposorio con Alfonso VIII, en
septiembre de 1170, en medio de fiestas que fueron como para señalarse entre todas las
que por entonces se celebraban. Con la comitiva castellana venía el acompañamiento de
nobles ingleses y franceses, entre los que figura, nombrado oficialmente, el trovador
gascón Arnaut Guilhem de Marsan, que por cualquier causa no fue incluido en el vejamen de
Puch-Vert, y que seguramente entro en España con la novía.-
.
En cuanto a los trece
trovadores del vejamen, Gonzalvo Ruiz, que tambien formaba parte de la comitiva oficial,
seguramente asistió a las bodas regias, y con él debieron asistir la mayoría de los
otros doce, en las Fiestas de Tarazona y después en las de Castilla.
El primero de los
satirizados por Peire de Alvernha, Peire Rogier, el canónigo de Clemont hecho juglar, nos
dice su vieja biografía que estuvo en España con Alfonso de Castilla y con Alfonso de
Aragón; evidentemente fué ahora, en 1170, cuando estuvo. Con él estuvieron otros varios
de los satirizados.
Uno de los principales, en
Reimbaut, el señor d'Aurenga (Orange), debio de estar en Aragón a fines de 1170, y es
seguro que allí también estuvo Girant de Bornelh desde septiembre cuando las bodas
reales, y de él se conserva una tenson con Alfonso II, el rey trovador, el rey
enamoradizo, de tenoriesca fama. Giraut con el más audaz desenfado, dice que el
rey, como los demás poderosos, no aman lentamente a la dama, sólo quieren gozarla;
mientras, en su réplica, el rey contesta que él no se ensoberbece con su poder y ama con
fiel corazón.
Esta extraña intimidad en
la literatura, que la tensón nos muestra entre el rey y el trovador, hace que varios
críticos piensen que los gustos literarios de Alfonso pudieron influir en el cambio de
estilo que ahora se opera en Giraut de Bornelh.
Lo cierto es que Giraut en
Aragón, se dió a maldecir del "trovar clus", el trovar cerrado, oscuro de
ritmas difíciles, de palabras y construcciones rebuscadas, raras, caprichosas, de sentido
arcano.
Este estilo estaba muy en
moda, practicado sobre todo por Raimbaut d'Aurenga, quien hallándose en España también
él, entabla un tensón preguntando a Giraut de Bornelh por qué anda reprobando el
trovador clus; él, Raimbaut, no quiere lo que es común y facíl, lo que hace iguales a
todos los trovadores; aquello que se divulga a toda clase de gentes no tiene dignidad.
Gireaut responde que la canción facíl y corriente es más apreciada; ¿para que
trovais si no os place que lo comprendan todos?, la canción no tiene otro provecho sino
éste.

Los dos
altercantes recaen en un tema amoroso y se despiden en las navidades del año 1170,
diciendo Gireaut que va a una corte real, rica y poderosa.
Esa corte es sin duda,
la de Alfonso VIII. Una vieja biografía de Giraut dice que "este
maestro de los trovadores" andaba siempre por las cortes, llevando consigo dos
juglares que cantaban las canciones que el componía. A uno de estos cantores lo quiere
enviar a Provenza con una canción para su desdeñosa dama: "Tú, que vas a llevar la
misiva no te detengas, pues sales de España con buen agüero y toda deteción será
dañosa, según me ha dico un español muy entendido en augurios." Y la primera
estrofa de esta cancioncilla al juglar mensajero, nos dice cómo Giraut de Bornelh
continuaba en Castilla aligerando su estilo del grave peso de la oscuridad:
"Suavemente y paso a paso, riendo, jugando, allano una cancioncita, quitando dichos
oscuros, que no quede ni uno solo: si fuere sencilla, bien podrá entre los catalanes
pasar a Provenza, ya que una canción facíl de entender tiene allá valor y es
estimada." Nos dice aquí, también Giraut, cuánto influía en su cambio de estilo
el medio español en que se hallaba, especialmente el medio catalán, afín al provenzal
lingüísticamente.
A modo de comentario de esta
estrofa, por entonces mismo, en Cataluña, Guillém de Bergarán expresa su propósito de
escribir versos fáciles, llanos, ligeros y sin ufanía orgullosa:
Chansoneta leu e plana,
leugereta,
ses ufana....
y todavía un
siglo después, cuando ya estaba decaída la poesía provenzal, Serverí de Gerona vuelve
a manifestar que los catalanes eran tachados de no saber hilar primores de palabras ni de
rimas, aunque bien hilaban de otro modo para adornar sus alegres dictados.

Cómo el
juglar se esforzó en alegrar al caballero y su compaña.
El casamiento
de Leonor y de Alfonso VIII hizo que Castilla viniese a ser centro preferido para los
juglares y trovadores, viajeros de corte en corte, de las cuales eran ellos ornato,
esplendor y recreo. La corte castellana se entrego gustosa al influjo de Ultramontes.
Tenemos de esto una animada estampa que hace pareja con la de Puch-vert.
Un trovador
catalán, el agraciado narrador de "novas", Ramón Vidal de Besalú, nos pone
ante los ojos una brillante sesión juglaresca presidida por Alfonso y Leonor, el éxito
instantaneo de un juglar errante, que llega de improviso a reanimar la alegria del palacio
castellano. Nos cuenta el poeta, en una de sus "novas", haber presenciado el
esplendor de la corte de Alfonso de Castilla, el rey más sabio, valiente, cortés y
dadivoso que hubo jamás en ninguna de las tres religiones. Alfonso mandó juntar muchos
caballeros, muchos juglares, muchos ricos hombres, y cuando la corte estuvo llena, entró
por medio del gentío la reina Leonor; el cuerpo de la reina aparecía estrechado entre
los pliegues de un manto de seda bermeja, con lista de plata y con un león bordado en
oro; se inclinó ante el rey su marido, y se sentó apartada de él.

En seguida, he aquí que un gran rumor se levantó por la corte, y un
juglar que entra y, puesto ante el rey, le dice: "Rey de prez, emperador, pues así
he llegado a vos, mucho os ruego que mis palabras sean escuchadas". El rey asintió:
"Quien hable antes que el juglar haya acabado de decir lo que quiere, perderá mi
gracia". Y el juglar continuó con donaire: "He venido para contaros una
aventura que acaeció allá, en la tierra de donde vengo, a un señor aragonés, don
Alfonso de Barbastro..."; y la narración del juglar se dilata en un cuento
Bocaccesco, que parecería una página del Sendebad, cuajada de engaños femeninos, si no
pretendiera dar a éstos alguna justificación en la conducta del marido. El señor de
Barbastro prueba neciamente con celos injustos a su mujer doña Elvira, y ésta, ofendida,
se entrega a su amante don Bascuel de Cutanda, el mejor caballero aragonés, dándose
maña para dejar al marido afrentado y contento. Cuando el cantor errante hubo acabado
esta narración, el rey castellano le dijo: "Juglar, mucha estimación hago de estas
nuevas y de ti, que me las has contado: tal soldada te haré dar que conocerás ser verdad
el agrado que las nuevas recibo, y quiero que se las llame desde ahora entre nosotros
"Amonestamiento de celosos". Castia-gilos. Al oir las palabras del rey, no hubo
en la corte barón ni caballero, doncella ni doncel, que todos no se aficionasen de las
nuevas, no las alabasen y no entrasen en ganas de aprender el "Amonestamiento de
celosos".

La poesía provenzal dió origen a una importante producción
trovadoresca y trovera, de la que nos han llegado unas 5.000 poesías, algunas recopiladas
en bellísimos códices miniados. El motivo central del motivo trovadoresco fue el amor
cortés, que algunos historiadores ligan con el tema del amor y otros lo atribuyen a la
influencia árabe. La idea del amor cortés encontró su expresión más directa en la
cansó, de estructura muy similar a la de las composiciones himnódicas. En el repertorio
trovadoresco aparecen ejemplos de elevado lirismo: algunas de estas composiciones
constituyen, por su elegancia poética y perfección métrica el origen de las literaturas
romances. Las figuras del juglar y del trovador ocupan un lugar protagonista en la cultura
medieval. Las canciones trovadorescas se transmitieron durante mucho tiempo de forma oral,
lo que explica la existencia de diferentes versiones para un mismo canto. Además, según
el comcepto de ejecución de la época, ningún cantor consideraba traición al original
el introducir sus propias variantes. La lírica provenzal, cuya influencia se irradió por
la Península Ibérica gracias entre otras cosas a los peregrinos que recorrían el Camino
de Santiago, se plasmó en obras como Las Cantigas de Santa María, de Alfonso X el Sabio,
la más grandiosa colección de la monodia ibérica en la que se recogen más de 400
canciones. El trovero más antiguo que conoces es Chrétien de Troyes, autor de Perceval
le Gallois.

Ramón Vidal de Besalú, y bajo su influjo, al paracer, toda la corte de
alfonso VIII, están a punto de dar al traste con el rigido concepto castellano del honor
conyugal, haciendo imposible los futuros dramas de Lope y de Calderón.
Juglares en tiempo de Alfonso VIII de Castilla.-
Bodas de Alfonso VIII con Leonor de Inglaterra.-

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